Los dilemas para frenar al líder libertario
El triunfo del líder libertario generó en los días post-paso un replanteo del mapa político que dejó a sus dos principales rivales ante la necesidad urgente de adoptar definiciones complejas
Jorge Liotti
Milei le dio sentido a su triunfo con el raid mediático poselectoral
Eran casi las 20 del domingo pasado cuando empezaron a sonar las alarmas. Hasta ese momento Sergio Massa estaba convencido de que sería el candidato más votado individualmente y Patricia Bullrich disfrutaba de alcanzar su gran objetivo de derrotar a Horacio Rodríguez Larreta.
Pero a esa hora la historia empezó a cambiar; la de la elección, pero quizás también la del país. La consolidación de los primeros datos oficiales generó estupor. Javier Milei estaba en 35 puntos a nivel nacional según el conteo oficial. Un empresario amigo la notificó a Cristina Kirchner de la novedad. Y se decidió esperar un poco más allá de las 21 para la difusión de los primeros datos, con la expectativa de que se moderara la diferencia. Cerca de las 22.30 la realidad era inocultable y fue revelada: la Argentina había dado uno de esos giros que cada tanto sacuden toda su estructura política y social. Un grito desesperado que se gestó en silencio y que reveló el grado de hartazgo contenido. La emboscada perfecta.
Hay evidencias de que el fenómeno Milei terminó de cobrar forma en los últimos diez días antes de la elección. Los sondeos difundidos sobre el límite de la veda dieron cuenta de un leve repunte, pero fue el vértice de un iceberg que empezaría a visualizarse posteriormente. Allí los trackings lo mostraban llegando a los 25 puntos, pero ninguna medición pudo identificar los 30 que obtuvo en las PASO, ni siquiera el equipo del propio Milei. A último momento se produjo un corrimiento fuerte de Juntos por el Cambio (al que las encuestas sobreestimaron en unos 7 puntos) a La Libertad Avanza (al que los sondeos subestimaron en igual proporción). Pudieron haber influido la inestabilidad del dólar y los casos de inseguridad de los últimos días, pero lo cierto es que el voto al líder libertario pareció representar algo más profundo. Como señala un estudio de la Universidad Austral, Milei encontró adherentes en diferentes estratos sociales, en todas las edades y en votantes anteriores de JXC y de UP. Incluso lo eligieron en ciudades que podrían verse perjudicadas por sus políticas, mucho más en el interior que en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires, donde salió tercero como espacio.
Cuando un electorado está dispuesto a asumir los riesgos de un cambio radicalizado por rechazo al statu quo, es muy difícil detenerlo. Y en ese sentido, Milei fue el vehículo preferido de cambio, aunque cada uno haya visto en ese concepto lo que desea y no lo que denota en realidad. Por eso el fenómeno es mucho más complejo de lo que parece. Parafraseando a Guillermo Oliveto, se podría decir que un sector de los argentinos entró en modo Thelma y Louise, que en la escena final de la película se ven frente a un precipicio, rodeadas de decenas de patrulleros y helicópteros de la policía que las quieren capturar, y ante esa opción deciden acelerar hacia el vacío, rumbo a lo desconocido. Nadie sabe exactamente qué hay en ese abismo. ¿Solo habita allí una figura extravagante y cautivante que desafía a la “casta” o se trata de una amenaza encubierta para todo el sistema democrático? ¿Quién es Milei realmente; un populista liberal dispuesto a subvertir el orden establecido a cualquier costo o un líder que se dispondrá a acordar en el caso del llegar al poder para lograr mayor sustentación política? Es la última encrucijada que la Argentina debe atravesar para saber qué futuro le depara después de tantos años de crisis.
En los primeros días posteriores a las primarias el triunfo de Milei quedó cristalizado en el inmediato interés que generó. Hizo un raid mediático de 15 entrevistas televisivas en 72 horas, donde no sufrió sobresaltos y recibió un tratamiento de futuro presidente. Es decir que no solo ganó la elección, sino también la disputa por la interpretación del sentido de la elección. Por ese motivo es la variable independiente para saber qué puede pasar en las elecciones generales de octubre: Milei depende de sí mismo; la discusión solo parece girar en torno de quién ocupará el segundo puesto para forzar un eventual ballottage. Es el nuevo vector que divide a la política: se está a favor de Milei o en contra de él. Nace otra grieta. Lo único que puede frenarlo es el miedo al desorden que puede generar su plan de gobierno. Si el temor se impone por sobre la ola triunfalista que despertó, encontrará un techo; en caso contrario, la contienda estará definida a su favor.
En cualquier escenario, aun en el de una derrota libertaria en octubre, Milei se habrá transformado en un actor central de la política argentina, que condicionará a quien asuma. Encarna una agenda que ya no podrá ser desatendida y que interpela conceptos muy arraigados en torno del rol del Estado, e incluso del papel del gobierno y del Congreso (casi no habló de la Justicia) como articuladores del sistema. Milei propone una lógica de democracia plebiscitaria, que conecta al líder con el pueblo y soslaya la intermediación institucional. Tras el desgaste de los partidos y de las coaliciones que las reemplazaron, sobrevendría una reinterpretación de la arquitectura organizacional.
El regreso de Macri
Más allá de este panorama, desde una perspectiva cuantitativa, el resultado del domingo demostró que el electorado quedó repartido en tercios. Es más, si se contabilizan los más de 10 millones de personas que no votaron, más los casi cinco puntos del voto en blanco, la proporción es menor. Es decir que la elección aún está abierta y en los próximos meses puede evolucionar en diferentes sentidos. Así lo interpretan en los campamentos de Bullrich y de Massa, a pesar de los desafíos por delante.
La candidata de JXC expresó toda su satisfacción por haber vencido en la interna y no está claro que haya interpretado profundamente la situación incómoda en la que quedó de cara a octubre. Por primera vez, la coalición dejó de ser la principal expresión opositora al kirchnerismo, la razón de ser original de su surgimiento. Fue tan absorbente la disputa con Larreta que la nueva situación le demandará a Bullrich un reajuste de su estrategia. El primer dilema pasa por reubicarse en el espectro de opciones: ¿debe confrontar con Milei por el espacio de derecha, a riesgo de quedar solapada debajo de su rival, o girar hacia el centro para capturar a los votantes huérfanos?
Tremendo desafío para una figura que construyó su candidatura bajo la premisa del cambio profundo, pero se encontró de pronto con que ese casillero le fue hurtado por un arribista de la política. “Patricia se acostó el domingo siendo Bullrich y se despertó el lunes siendo Larreta”, ironizaba un agudo consultor para retratar la extraña situación de que ahora ella quedó en el centro de la oferta electoral. En una elección con tres figuras, la estrategia pasa por agrupar a los otros dos de algún modo para enfrentarlos. Para Milei, Bullrich y Massa son “la casta”. Para Massa, Milei y Bullrich son “la derecha”. Y para Bullrich, ¿qué son Massa y Milei? Algo de esta desorientación se percibió en su mensaje del domingo a la noche. Testigos de esa jornada coincidieron en que en el búnker reinaron el desorden y una convivencia forzada entre ganadores y perdedores.
El otro gran dilema es Mauricio Macri, un claro ganador de las PASO, ya que perdió Larreta, se impuso su primo en la ciudad y él quedó como el main sponsor de la nueva derecha. El expresidente paseó su ambiguo discurso sobre Milei sin medir el daño que le estaba generando a Bullrich (quien en la intimidad expresó su enojo). Hubo una conversación entre ambos para que moderara ese mensaje, algo que recién hizo en su última entrevista del miércoles. Ya era tarde. En el universo de la política quedó la sensación de que Macri tiene dos candidatos para octubre.
Milei lo aprovechó: ventiló detalles de sus intercambios con el expresidente, pero ocultó que Bullrich también le mandó un mensaje y que él no le respondió, una forma de ningunearla. “Macri siente que en Pro varios lo quisieron jubilar antes de tiempo, entre ellos Patricia, y que en cambio Milei fue más respetuoso y lo reivindica sin ruborizarse”, dicen en el campamento libertario. Astuto, Milei ayer propuso a Macri como su “representante ante el mundo”, y sumó más ruido en el espacio. Ante esta ambigüedad de su mentor, Bullrich podría rebelarse y responder a la pregunta anterior: Massa es Cristina y Milei es Macri. Parece difícil que lo haga; está rodeada de exfuncionarios macristas. Es más, en su entorno admiten que si el libertario es presidente, su sector lo acompañará. Si esta idea se filtra, el recorrido de Bullrich habrá llegado a su fin.
En términos operativos, en el equipo de Bullrich esperan los resultados de estudios cualitativos para ver cómo replantear su estrategia. Solo tienen algo en claro: debe cambiar. Llamó mucho la atención el traspié en provincias como Córdoba o Mendoza, consideradas propias. Pero el dato más significativo vendrá por el lado de anticipar una decisión que parece tomada: que Carlos Melconian será ministro de Economía en caso de ganar. Ella lo blanqueó en una reunión reservada y el economista lo asume, aunque en el equipo de campaña no lo dan por cerrado. La intención es pararlo en el ring mediático para ofrecer un esquema bimonetario y desarticular el discurso dolarizador de Milei (el gobierno de Joe Biden hizo llegar el mensaje al mundo financiero y político de la inviabilidad de esa propuesta). Pero Melconian, que todavía está en EE.UU., espera que se defina una estrategia nítida antes de salir al ruedo. También hay que terminar de ver cómo se articula con los equipos de Luciano Laspina. Tanto Melconian como Laspina hablaron por separado con el FMI, pero después se enteraron de lo que había dicho cada uno a través de Bullrich, porque no hablaron entre sí.
En el cuartel de Massa ocurrió algo similar a lo de Bullrich, pero por razones diferentes. La declamada satisfacción por mantenerse competitivos pese a sufrir la peor derrota de la historia del peronismo oculta la enorme dificultad para revertir la situación. Hay una realidad: discursivamente Massa emerge más cómodo que Bullrich porque solo debe posicionarse como guardián de los derechos adquiridos y disparar contra quienes se supone que vienen a quitarlos. Pero al mismo tiempo enfrenta dos déficits muy complejos.
El primero quedó expresado en la prescindencia del peronismo territorial, el que había clamado por su postulación. Tres provincias sorprendieron en particular: Tucumán, Salta y La Rioja, donde el oficialismo ganó ampliamente las elecciones provinciales y ahora quedó debajo de Milei. En la primera, existe la convicción de que Juan Manzur le pasó una factura porque lo bajaron de su papel de vicepresidente. Por eso Massa le pidió a Osvaldo Jaldo que él asuma el protagonismo de la campaña. También se reunió con el salteño Gustavo Sáenz, para preguntarle cómo puede ser que en una provincia que el libertario ni siquiera pisó terminó ganando. Un dirigente que cenó con él en los días previos a las PASO había quedado sorprendido por la escasa preocupación que percibió por el resultado de la elección. Otro ejemplo de armonía interior lo dieron tres importantes gobernadores peronistas que esta semana, en medio de la crisis poselectoral, se fueron de vacaciones.
En el equipo de Massa admiten que es un tema a resolver. Igual que la fiscalización, pero la de Milei. “Los que le cuidamos la boleta fuimos nosotros, porque teníamos que forzar este escenario. No vamos a volver a ser tan democráticos”, dicen con ironía en el equipo de UP. La gran esperanza está depositada en los ausentes. Desde 2015 entre las PASO y las generales se sumaron entre uno y dos millones de votantes, aunque siempre el que más se benefició fue JXC, excepto en 2021. El candidato hará ahora una campaña más en su estilo, sin tanto kirchnerismo, y con su discurso sobre seguridad y clase media.
Pero el adversario mayor que tiene enfrente el ministro es la realidad económica, más complicada desde que el lunes devaluó la moneda. Si bien vendió como una épica que haya sido solo del 22%, lo cierto es que se vio forzado a hacerlo ante un cambio de la actitud del FMI. En las semanas previas tuvo un zoom muy tenso con Kristalina Georgieva que demostró agotamiento en la cúpula del organismo y que anticipó un giro en su postura: primero debería pagar el vencimiento, y aprobar el desembolso recién después de las PASO. Generó mucho descontento en el directorio lo que entienden que fue un uso electoralista de las reservas.
En Economía aseguran que con el viaje que hará esta semana Massa se conseguirán no solo los US$7500 millones para el repago, sino otros US$2500 millones adicionales para intervenir en el mercado. Quienes hablaron con el FMI dicen que es imposible. Esto quiere decir que el Gobierno carece de herramientas para evitar que continúe la inestabilidad de los últimos días. Massa se desesperó para alcanzar rápidos acuerdos con los sectores más sensibles en un intento de evitar un mayor impacto en precios. Emergió el riesgo de una espiralización inflacionaria y una paralización de las transacciones comerciales. Fueron tres días sin parámetros que contribuyeron al discurso de Milei de que el caos no es él, sino el Gobierno. Si esa dinámica no se detiene, Massa está terminado.
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Dolarización. Secretos, puntos claves y riesgos del proyecto al que le dio luz verde Milei
Los economistas que elaboraron la propuesta monetaria que eligió el candidato responden sobre el tipo de cambio, el efecto en los precios y cómo imaginan la instrumentación técnica
Eran casi las 20 del domingo pasado cuando empezaron a sonar las alarmas. Hasta ese momento Sergio Massa estaba convencido de que sería el candidato más votado individualmente y Patricia Bullrich disfrutaba de alcanzar su gran objetivo de derrotar a Horacio Rodríguez Larreta.
Pero a esa hora la historia empezó a cambiar; la de la elección, pero quizás también la del país. La consolidación de los primeros datos oficiales generó estupor. Javier Milei estaba en 35 puntos a nivel nacional según el conteo oficial. Un empresario amigo la notificó a Cristina Kirchner de la novedad. Y se decidió esperar un poco más allá de las 21 para la difusión de los primeros datos, con la expectativa de que se moderara la diferencia. Cerca de las 22.30 la realidad era inocultable y fue revelada: la Argentina había dado uno de esos giros que cada tanto sacuden toda su estructura política y social. Un grito desesperado que se gestó en silencio y que reveló el grado de hartazgo contenido. La emboscada perfecta.
Hay evidencias de que el fenómeno Milei terminó de cobrar forma en los últimos diez días antes de la elección. Los sondeos difundidos sobre el límite de la veda dieron cuenta de un leve repunte, pero fue el vértice de un iceberg que empezaría a visualizarse posteriormente. Allí los trackings lo mostraban llegando a los 25 puntos, pero ninguna medición pudo identificar los 30 que obtuvo en las PASO, ni siquiera el equipo del propio Milei. A último momento se produjo un corrimiento fuerte de Juntos por el Cambio (al que las encuestas sobreestimaron en unos 7 puntos) a La Libertad Avanza (al que los sondeos subestimaron en igual proporción). Pudieron haber influido la inestabilidad del dólar y los casos de inseguridad de los últimos días, pero lo cierto es que el voto al líder libertario pareció representar algo más profundo. Como señala un estudio de la Universidad Austral, Milei encontró adherentes en diferentes estratos sociales, en todas las edades y en votantes anteriores de JXC y de UP. Incluso lo eligieron en ciudades que podrían verse perjudicadas por sus políticas, mucho más en el interior que en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires, donde salió tercero como espacio.
Cuando un electorado está dispuesto a asumir los riesgos de un cambio radicalizado por rechazo al statu quo, es muy difícil detenerlo. Y en ese sentido, Milei fue el vehículo preferido de cambio, aunque cada uno haya visto en ese concepto lo que desea y no lo que denota en realidad. Por eso el fenómeno es mucho más complejo de lo que parece. Parafraseando a Guillermo Oliveto, se podría decir que un sector de los argentinos entró en modo Thelma y Louise, que en la escena final de la película se ven frente a un precipicio, rodeadas de decenas de patrulleros y helicópteros de la policía que las quieren capturar, y ante esa opción deciden acelerar hacia el vacío, rumbo a lo desconocido. Nadie sabe exactamente qué hay en ese abismo. ¿Solo habita allí una figura extravagante y cautivante que desafía a la “casta” o se trata de una amenaza encubierta para todo el sistema democrático? ¿Quién es Milei realmente; un populista liberal dispuesto a subvertir el orden establecido a cualquier costo o un líder que se dispondrá a acordar en el caso del llegar al poder para lograr mayor sustentación política? Es la última encrucijada que la Argentina debe atravesar para saber qué futuro le depara después de tantos años de crisis.
En los primeros días posteriores a las primarias el triunfo de Milei quedó cristalizado en el inmediato interés que generó. Hizo un raid mediático de 15 entrevistas televisivas en 72 horas, donde no sufrió sobresaltos y recibió un tratamiento de futuro presidente. Es decir que no solo ganó la elección, sino también la disputa por la interpretación del sentido de la elección. Por ese motivo es la variable independiente para saber qué puede pasar en las elecciones generales de octubre: Milei depende de sí mismo; la discusión solo parece girar en torno de quién ocupará el segundo puesto para forzar un eventual ballottage. Es el nuevo vector que divide a la política: se está a favor de Milei o en contra de él. Nace otra grieta. Lo único que puede frenarlo es el miedo al desorden que puede generar su plan de gobierno. Si el temor se impone por sobre la ola triunfalista que despertó, encontrará un techo; en caso contrario, la contienda estará definida a su favor.
En cualquier escenario, aun en el de una derrota libertaria en octubre, Milei se habrá transformado en un actor central de la política argentina, que condicionará a quien asuma. Encarna una agenda que ya no podrá ser desatendida y que interpela conceptos muy arraigados en torno del rol del Estado, e incluso del papel del gobierno y del Congreso (casi no habló de la Justicia) como articuladores del sistema. Milei propone una lógica de democracia plebiscitaria, que conecta al líder con el pueblo y soslaya la intermediación institucional. Tras el desgaste de los partidos y de las coaliciones que las reemplazaron, sobrevendría una reinterpretación de la arquitectura organizacional.
El regreso de Macri
Más allá de este panorama, desde una perspectiva cuantitativa, el resultado del domingo demostró que el electorado quedó repartido en tercios. Es más, si se contabilizan los más de 10 millones de personas que no votaron, más los casi cinco puntos del voto en blanco, la proporción es menor. Es decir que la elección aún está abierta y en los próximos meses puede evolucionar en diferentes sentidos. Así lo interpretan en los campamentos de Bullrich y de Massa, a pesar de los desafíos por delante.
La candidata de JXC expresó toda su satisfacción por haber vencido en la interna y no está claro que haya interpretado profundamente la situación incómoda en la que quedó de cara a octubre. Por primera vez, la coalición dejó de ser la principal expresión opositora al kirchnerismo, la razón de ser original de su surgimiento. Fue tan absorbente la disputa con Larreta que la nueva situación le demandará a Bullrich un reajuste de su estrategia. El primer dilema pasa por reubicarse en el espectro de opciones: ¿debe confrontar con Milei por el espacio de derecha, a riesgo de quedar solapada debajo de su rival, o girar hacia el centro para capturar a los votantes huérfanos?
Tremendo desafío para una figura que construyó su candidatura bajo la premisa del cambio profundo, pero se encontró de pronto con que ese casillero le fue hurtado por un arribista de la política. “Patricia se acostó el domingo siendo Bullrich y se despertó el lunes siendo Larreta”, ironizaba un agudo consultor para retratar la extraña situación de que ahora ella quedó en el centro de la oferta electoral. En una elección con tres figuras, la estrategia pasa por agrupar a los otros dos de algún modo para enfrentarlos. Para Milei, Bullrich y Massa son “la casta”. Para Massa, Milei y Bullrich son “la derecha”. Y para Bullrich, ¿qué son Massa y Milei? Algo de esta desorientación se percibió en su mensaje del domingo a la noche. Testigos de esa jornada coincidieron en que en el búnker reinaron el desorden y una convivencia forzada entre ganadores y perdedores.
El otro gran dilema es Mauricio Macri, un claro ganador de las PASO, ya que perdió Larreta, se impuso su primo en la ciudad y él quedó como el main sponsor de la nueva derecha. El expresidente paseó su ambiguo discurso sobre Milei sin medir el daño que le estaba generando a Bullrich (quien en la intimidad expresó su enojo). Hubo una conversación entre ambos para que moderara ese mensaje, algo que recién hizo en su última entrevista del miércoles. Ya era tarde. En el universo de la política quedó la sensación de que Macri tiene dos candidatos para octubre.
Milei lo aprovechó: ventiló detalles de sus intercambios con el expresidente, pero ocultó que Bullrich también le mandó un mensaje y que él no le respondió, una forma de ningunearla. “Macri siente que en Pro varios lo quisieron jubilar antes de tiempo, entre ellos Patricia, y que en cambio Milei fue más respetuoso y lo reivindica sin ruborizarse”, dicen en el campamento libertario. Astuto, Milei ayer propuso a Macri como su “representante ante el mundo”, y sumó más ruido en el espacio. Ante esta ambigüedad de su mentor, Bullrich podría rebelarse y responder a la pregunta anterior: Massa es Cristina y Milei es Macri. Parece difícil que lo haga; está rodeada de exfuncionarios macristas. Es más, en su entorno admiten que si el libertario es presidente, su sector lo acompañará. Si esta idea se filtra, el recorrido de Bullrich habrá llegado a su fin.
En términos operativos, en el equipo de Bullrich esperan los resultados de estudios cualitativos para ver cómo replantear su estrategia. Solo tienen algo en claro: debe cambiar. Llamó mucho la atención el traspié en provincias como Córdoba o Mendoza, consideradas propias. Pero el dato más significativo vendrá por el lado de anticipar una decisión que parece tomada: que Carlos Melconian será ministro de Economía en caso de ganar. Ella lo blanqueó en una reunión reservada y el economista lo asume, aunque en el equipo de campaña no lo dan por cerrado. La intención es pararlo en el ring mediático para ofrecer un esquema bimonetario y desarticular el discurso dolarizador de Milei (el gobierno de Joe Biden hizo llegar el mensaje al mundo financiero y político de la inviabilidad de esa propuesta). Pero Melconian, que todavía está en EE.UU., espera que se defina una estrategia nítida antes de salir al ruedo. También hay que terminar de ver cómo se articula con los equipos de Luciano Laspina. Tanto Melconian como Laspina hablaron por separado con el FMI, pero después se enteraron de lo que había dicho cada uno a través de Bullrich, porque no hablaron entre sí.
En el cuartel de Massa ocurrió algo similar a lo de Bullrich, pero por razones diferentes. La declamada satisfacción por mantenerse competitivos pese a sufrir la peor derrota de la historia del peronismo oculta la enorme dificultad para revertir la situación. Hay una realidad: discursivamente Massa emerge más cómodo que Bullrich porque solo debe posicionarse como guardián de los derechos adquiridos y disparar contra quienes se supone que vienen a quitarlos. Pero al mismo tiempo enfrenta dos déficits muy complejos.
El primero quedó expresado en la prescindencia del peronismo territorial, el que había clamado por su postulación. Tres provincias sorprendieron en particular: Tucumán, Salta y La Rioja, donde el oficialismo ganó ampliamente las elecciones provinciales y ahora quedó debajo de Milei. En la primera, existe la convicción de que Juan Manzur le pasó una factura porque lo bajaron de su papel de vicepresidente. Por eso Massa le pidió a Osvaldo Jaldo que él asuma el protagonismo de la campaña. También se reunió con el salteño Gustavo Sáenz, para preguntarle cómo puede ser que en una provincia que el libertario ni siquiera pisó terminó ganando. Un dirigente que cenó con él en los días previos a las PASO había quedado sorprendido por la escasa preocupación que percibió por el resultado de la elección. Otro ejemplo de armonía interior lo dieron tres importantes gobernadores peronistas que esta semana, en medio de la crisis poselectoral, se fueron de vacaciones.
En el equipo de Massa admiten que es un tema a resolver. Igual que la fiscalización, pero la de Milei. “Los que le cuidamos la boleta fuimos nosotros, porque teníamos que forzar este escenario. No vamos a volver a ser tan democráticos”, dicen con ironía en el equipo de UP. La gran esperanza está depositada en los ausentes. Desde 2015 entre las PASO y las generales se sumaron entre uno y dos millones de votantes, aunque siempre el que más se benefició fue JXC, excepto en 2021. El candidato hará ahora una campaña más en su estilo, sin tanto kirchnerismo, y con su discurso sobre seguridad y clase media.
Pero el adversario mayor que tiene enfrente el ministro es la realidad económica, más complicada desde que el lunes devaluó la moneda. Si bien vendió como una épica que haya sido solo del 22%, lo cierto es que se vio forzado a hacerlo ante un cambio de la actitud del FMI. En las semanas previas tuvo un zoom muy tenso con Kristalina Georgieva que demostró agotamiento en la cúpula del organismo y que anticipó un giro en su postura: primero debería pagar el vencimiento, y aprobar el desembolso recién después de las PASO. Generó mucho descontento en el directorio lo que entienden que fue un uso electoralista de las reservas.
En Economía aseguran que con el viaje que hará esta semana Massa se conseguirán no solo los US$7500 millones para el repago, sino otros US$2500 millones adicionales para intervenir en el mercado. Quienes hablaron con el FMI dicen que es imposible. Esto quiere decir que el Gobierno carece de herramientas para evitar que continúe la inestabilidad de los últimos días. Massa se desesperó para alcanzar rápidos acuerdos con los sectores más sensibles en un intento de evitar un mayor impacto en precios. Emergió el riesgo de una espiralización inflacionaria y una paralización de las transacciones comerciales. Fueron tres días sin parámetros que contribuyeron al discurso de Milei de que el caos no es él, sino el Gobierno. Si esa dinámica no se detiene, Massa está terminado.
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Dolarización. Secretos, puntos claves y riesgos del proyecto al que le dio luz verde Milei
Los economistas que elaboraron la propuesta monetaria que eligió el candidato responden sobre el tipo de cambio, el efecto en los precios y cómo imaginan la instrumentación técnica
Camila Dolabjian
R. El economista Emilio Ocampo, uno de los autores del plan que eligió Milei
Javier Milei logró imponer la dolarización en la agenda pública. Desde el resultado de las PASO, la convirtió en un eje central de la discusión sobre cómo romper la espiral de la inflación. Tenía su propio plan cuando empezó a hablar del tema en la campaña de 2021, pero, hace unos meses, el economista Emilio Ocampo se le acercó y le llevó una propuesta distinta, que el candidato libertario decidió finalmente adoptar. Ocampo se contactó con otros presidenciables. Explica que Milei fue el único que lo escuchó y, tras un Zoom entre ambos, se definió que si ganara La Libertad Avanza, el plan que se pondría en marcha sería el suyo.
Se entrevistó a Ocampo y a Nicolás Cachanosky, otro economista que lo acompañó en más de dos años de estudio sobre cuál sería el mejor camino de dolarización para la Argentina. Ninguna solución es del todo extrapolable de un país a otro y ninguna nación agroexportadora adoptó este régimen, pero estos dos economistas incursionaron en fracasos y éxitos alrededor del mundo para elaborar su receta adaptada al caso argentino. Estudiaron a Ecuador, El Salvador, Panamá y Zimbabue, entre otros países.
Milei confirmó a Ocampo como su principal asesor en este tema esta semana y dijo que aplicará su plan, aunque en público se distinguen algunas diferencias entre el proceso que explica Milei y el de su flamante equipo. La implementación sobre la que están trabajando contiene secretos, dudas y riesgos que intentan desentrañar para prepararse ante un eventual gobierno del libertario. Las principales críticas provienen de cuatro frentes que los mismos técnicos admiten que son los desafíos más pujantes a resolver.
1) Las reservas
Para algunas cuestiones hay respuestas. Para otras, todavía no existe un consenso, aunque todo gira en torno al plan de Ocampo. De dónde vendrían los dólares es tal vez el interrogante que más se le expone a Milei. Las reservas del Banco Central se encuentran en su nivel más bajo en 17 años (US$24.032 millones en términos brutos), por lo que el candidato presidencial ensayó una cuenta de sumas y restas de pasivos y activos de la entidad para explicar por qué incluso en esta situación es posible hacerse de suficientes divisas para convertirlas en moneda de curso legal en la Argentina.
“Hay pasivos que rescatar que son Leliq por US$30.000 millones y US$10.000 millones de base monetaria. O sea, US$40.000 millones en total. Cuando tomo las reservas internacionales, el Banco Central tiene posición en oro, en Sedesa, en DEG. La cuenta de todo eso da US$10.000 millones, o sea, tengo para sacar los pesos físicos. Faltan las Leliq. Pero el Estado tiene casi US$120.000 millones en títulos públicos que no cotizan a mercado y, dada esa cotización, se pueden rescatar, suponiendo que valen un tercio, por US$40.000 millones, con lo cual encima le sobra. Otra metodología es que hay fondos de alto riesgo que están dispuestos a rescatar los US$30.000 millones de Leliq”, dijo Milei esta semana.
Sin embargo, para Ocampo y Cachanosky no es necesario garantizar la totalidad de dólares para el circulante. Esto se debe, entre otras cosas, a que el proceso implicará una fijación del tipo de cambio y la posibilidad de usar pesos indistintamente, con una cotización congelada, en principio por tiempo ilimitado (como el caso de El Salvador). No se obligaría a los comercios a aceptarlos, pero considera que hay varios factores que harán que no sea un problema la preferencia natural del argentino por la moneda dura.
La pregunta hipotética que surge es: ¿qué pasa si todos los argentinos quieren cambiar sus pesos a dólares al mismo tiempo?
Ocampo no considera que esta sea una posibilidad. Cachanosky tampoco, pero concede que “sería un problema”. En primer lugar, por la “transaccionalidad” del dinero, que se necesita para hacer operaciones, abonar a proveedores, mantener la actividad, pagar impuestos. Eso lleva a que los dólares deban estar dentro del sistema bancario y no en efectivo debajo del colchón. Las cuentas bancarias son lo primero que se convertiría a la moneda estadounidense, de la noche a la mañana. Por lo tanto, no se requeriría el efectivo necesario para toda la base monetaria ya que está dentro del sistema digital.
Creen que la garantía de que el peso tenga siempre el mismo valor permitirá que la base monetaria se absorba a medida que el dinero ingresa y egresa del sistema bancario, y en la medida en que el Estado se haga de dólares a través de los impuestos (se pagarían en esa moneda).
Una de las debilidades que admiten del proceso es que es dependiente de una comunicación efectiva por parte del Gobierno y que hay factores que dependerán de la psicología de los argentinos. Hay control hasta un cierto límite. La dolarización –añaden– contendría un cambio trascendente en el sistema bancario, que se integraría al internacional. Esto implica que cualquier cliente podrá transferir sus ahorros fuera del país si lo prefiere, lo que según ellos contendría el temor a un corralito.
2) Los precios
Una de las más importantes incógnitas es cuándo empezaría el proceso de dolarización. Uno de los motivos es la estructura de precios relativos de la economía. Cachanosky explicó que conceptualmente habría que fijar un tipo de cambio al de mercado. Hoy en día podría tomarse de referencia el contado con liquidación, que cerró el viernes a $746,53. Pero no se puede saber porque hay múltiples cotizaciones y la intervención del Estado distorsiona los precios. Por lo tanto, para dolarizar, habría que eliminar el cepo cambiario, convalidar que se devalúe la moneda y permitir que el mercado encuentre el valor de equilibrio.
Pero en ese momento tampoco necesariamente se fijaría el precio del dólar debido a que los economistas de La Libertad Avanza barajan hacer otras correcciones de precios en la economía, como por ejemplo ajustar tarifas, y eso podría volver a mover el tipo de cambio. Cuánto permitir que suban los precios y se acelere la inflación antes de iniciar el proceso es una duda central. Entre más esperen, más rápido estiman que se verá un impacto en el índice de precios al consumidor mensual. Entre menos esperen, más inflación inercial habrá a futuro y allí es donde Ocampo establece un límite: mayo de 2025. Para esa fecha, la variable de aumento de precios por mes debería ser inferior al 1% porque si no el Gobierno podría encontrarse en problemas frente a las elecciones legislativas, perder apoyo y poner en jaque todo el proceso. “Va a haber que sopesar costos y beneficios de esperar o no esperar. Vos podés dolarizar con una estructura de precios relativos como la actual. Cuando se hizo la convertibilidad, el primer año la tasa de inflación convergió a la de EE.UU., tiene que hacerlo, pero tardó 12 meses porque había una cierta inercia por el desajuste de precios relativos previo”, explicó Ocampo.
El gran secreto de la dolarización es que es un proceso doloroso porque implica un sinceramiento de los precios, una inflación cercana a la híper antes o varios meses de altos índices. Ocampo y Cachanosky aseguran que es el único camino posible en este momento del país porque los argentinos no toleran un fracaso más. Lo importante es que puedan hacerse todas las reformas necesarias para no frenarlo una vez que está en marcha, porque si no podría ocurrir lo que pasó en Zimbabue, un caso que miran con atención porque el intento de echarse atrás llevó al país al 11.200.000% de inflación anual.
3) Las trabas políticas
La tendencia a preferir que haya un fogonazo inflacionario previo también tiene que ver con que, para Ocampo y Cachanosky, ayudaría con otra traba: la política. “Frente a una híper, no les quedaría otra que apoyar porque no hay otra solución”, argumentó Ocampo. Los economistas admiten que el apoyo que reciban es uno de los puntos críticos. Cachanosky explicó que, en su diseño, ponerlo en marcha implica hacerlo vía el Congreso. Aun en la hipótesis de que Milei ganara en primera vuelta, estaría muy lejos de una mayoría.
Otro de los secretos de la dolarización es que requiere de muchas más reformas y que, una vez hecha, es prácticamente irreversible.
Por supuesto que implica la pérdida de política monetaria y cambiaria del país, pero “ahora tampoco la tiene la Argentina”, argumentó Ocampo. Frente a shocks externos, modificaciones en el precio de las commodities o eventualidades que hoy se podrían manejar con el buffer de medidas del Banco Central, se regulará según el mercado. La entidad dejará de existir. La dolarización no implica directamente eliminar el déficit fiscal ni que no haya emisión, como ocurrió en el caso de Ecuador, donde Rafael Correa debió defaultear la deuda. No podrá emitir moneda, pero sí otros instrumentos.
4) La implementación práctica
Entre los obstáculos posibles que vislumbra Ocampo está el de los swaps que la Argentina tiene con otros países, como China. Asegura que con ellos deberán renegociar una deuda “opaca” y definir cómo se les pagará. Otra de las dudas es adónde irían los encajes bancarios una vez que se liquidara el Central. Para esto, se implementaría el Banco Argentino de Reservas, que sería fundado en el exterior, en una jurisdicción segura, como Estados Unidos o Irlanda, por lo que próximas gestiones de gobierno no podrán usarlos para tomar deuda, como ocurre ahora.
También existiría el Fondo de Estabilización Monetaria (FEM), que servirá para liquidar la otra parte de los pasivos del Central: las Leliq. Su valor nominal equivale a tres veces la base monetaria y dos tercios de los depósitos del sector privado en los bancos. La falta de reservas netas implica que el BCRA solo puede pagarlas con la maquinita y emisión futura. Para solucionarlo, la propuesta de Ocampo y Cachanosky incluye canjear las letras intransferibles, adelantos transitorios y otros títulos públicos del BCRA por una cartera de bonos emitidos bajo ley de Nueva York con el mismo valor nominal.
El FEM sería un fideicomiso creado para emitir papel comercial garantizado. Los bonos canjeados serían parte de los activos del fondo que sirven de garantía para el papel comercial que emitiría en repago de las Leliq y estos no se venderían en el mercado. Para pagarlas, el FEM se iría haciendo de activos a través del flujo de fondos que generen sus activos que provienen de las arcas estatales. Para reducir el riesgo, el gobierno aportaría otros activos que no fueran bonos soberanos, como la cartera del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses, la participación accionaria en YPF, los ingresos por la licitación del espectro 5G y el 20% de la recaudación por retenciones. El FEM pagará con los ingresos las Leliq que están en poder de los bancos a lo largo de cuatro años y después se disolverá.
Javier Milei logró imponer la dolarización en la agenda pública. Desde el resultado de las PASO, la convirtió en un eje central de la discusión sobre cómo romper la espiral de la inflación. Tenía su propio plan cuando empezó a hablar del tema en la campaña de 2021, pero, hace unos meses, el economista Emilio Ocampo se le acercó y le llevó una propuesta distinta, que el candidato libertario decidió finalmente adoptar. Ocampo se contactó con otros presidenciables. Explica que Milei fue el único que lo escuchó y, tras un Zoom entre ambos, se definió que si ganara La Libertad Avanza, el plan que se pondría en marcha sería el suyo.
Se entrevistó a Ocampo y a Nicolás Cachanosky, otro economista que lo acompañó en más de dos años de estudio sobre cuál sería el mejor camino de dolarización para la Argentina. Ninguna solución es del todo extrapolable de un país a otro y ninguna nación agroexportadora adoptó este régimen, pero estos dos economistas incursionaron en fracasos y éxitos alrededor del mundo para elaborar su receta adaptada al caso argentino. Estudiaron a Ecuador, El Salvador, Panamá y Zimbabue, entre otros países.
Milei confirmó a Ocampo como su principal asesor en este tema esta semana y dijo que aplicará su plan, aunque en público se distinguen algunas diferencias entre el proceso que explica Milei y el de su flamante equipo. La implementación sobre la que están trabajando contiene secretos, dudas y riesgos que intentan desentrañar para prepararse ante un eventual gobierno del libertario. Las principales críticas provienen de cuatro frentes que los mismos técnicos admiten que son los desafíos más pujantes a resolver.
1) Las reservas
Para algunas cuestiones hay respuestas. Para otras, todavía no existe un consenso, aunque todo gira en torno al plan de Ocampo. De dónde vendrían los dólares es tal vez el interrogante que más se le expone a Milei. Las reservas del Banco Central se encuentran en su nivel más bajo en 17 años (US$24.032 millones en términos brutos), por lo que el candidato presidencial ensayó una cuenta de sumas y restas de pasivos y activos de la entidad para explicar por qué incluso en esta situación es posible hacerse de suficientes divisas para convertirlas en moneda de curso legal en la Argentina.
“Hay pasivos que rescatar que son Leliq por US$30.000 millones y US$10.000 millones de base monetaria. O sea, US$40.000 millones en total. Cuando tomo las reservas internacionales, el Banco Central tiene posición en oro, en Sedesa, en DEG. La cuenta de todo eso da US$10.000 millones, o sea, tengo para sacar los pesos físicos. Faltan las Leliq. Pero el Estado tiene casi US$120.000 millones en títulos públicos que no cotizan a mercado y, dada esa cotización, se pueden rescatar, suponiendo que valen un tercio, por US$40.000 millones, con lo cual encima le sobra. Otra metodología es que hay fondos de alto riesgo que están dispuestos a rescatar los US$30.000 millones de Leliq”, dijo Milei esta semana.
Sin embargo, para Ocampo y Cachanosky no es necesario garantizar la totalidad de dólares para el circulante. Esto se debe, entre otras cosas, a que el proceso implicará una fijación del tipo de cambio y la posibilidad de usar pesos indistintamente, con una cotización congelada, en principio por tiempo ilimitado (como el caso de El Salvador). No se obligaría a los comercios a aceptarlos, pero considera que hay varios factores que harán que no sea un problema la preferencia natural del argentino por la moneda dura.
La pregunta hipotética que surge es: ¿qué pasa si todos los argentinos quieren cambiar sus pesos a dólares al mismo tiempo?
Ocampo no considera que esta sea una posibilidad. Cachanosky tampoco, pero concede que “sería un problema”. En primer lugar, por la “transaccionalidad” del dinero, que se necesita para hacer operaciones, abonar a proveedores, mantener la actividad, pagar impuestos. Eso lleva a que los dólares deban estar dentro del sistema bancario y no en efectivo debajo del colchón. Las cuentas bancarias son lo primero que se convertiría a la moneda estadounidense, de la noche a la mañana. Por lo tanto, no se requeriría el efectivo necesario para toda la base monetaria ya que está dentro del sistema digital.
Creen que la garantía de que el peso tenga siempre el mismo valor permitirá que la base monetaria se absorba a medida que el dinero ingresa y egresa del sistema bancario, y en la medida en que el Estado se haga de dólares a través de los impuestos (se pagarían en esa moneda).
Una de las debilidades que admiten del proceso es que es dependiente de una comunicación efectiva por parte del Gobierno y que hay factores que dependerán de la psicología de los argentinos. Hay control hasta un cierto límite. La dolarización –añaden– contendría un cambio trascendente en el sistema bancario, que se integraría al internacional. Esto implica que cualquier cliente podrá transferir sus ahorros fuera del país si lo prefiere, lo que según ellos contendría el temor a un corralito.
2) Los precios
Una de las más importantes incógnitas es cuándo empezaría el proceso de dolarización. Uno de los motivos es la estructura de precios relativos de la economía. Cachanosky explicó que conceptualmente habría que fijar un tipo de cambio al de mercado. Hoy en día podría tomarse de referencia el contado con liquidación, que cerró el viernes a $746,53. Pero no se puede saber porque hay múltiples cotizaciones y la intervención del Estado distorsiona los precios. Por lo tanto, para dolarizar, habría que eliminar el cepo cambiario, convalidar que se devalúe la moneda y permitir que el mercado encuentre el valor de equilibrio.
Pero en ese momento tampoco necesariamente se fijaría el precio del dólar debido a que los economistas de La Libertad Avanza barajan hacer otras correcciones de precios en la economía, como por ejemplo ajustar tarifas, y eso podría volver a mover el tipo de cambio. Cuánto permitir que suban los precios y se acelere la inflación antes de iniciar el proceso es una duda central. Entre más esperen, más rápido estiman que se verá un impacto en el índice de precios al consumidor mensual. Entre menos esperen, más inflación inercial habrá a futuro y allí es donde Ocampo establece un límite: mayo de 2025. Para esa fecha, la variable de aumento de precios por mes debería ser inferior al 1% porque si no el Gobierno podría encontrarse en problemas frente a las elecciones legislativas, perder apoyo y poner en jaque todo el proceso. “Va a haber que sopesar costos y beneficios de esperar o no esperar. Vos podés dolarizar con una estructura de precios relativos como la actual. Cuando se hizo la convertibilidad, el primer año la tasa de inflación convergió a la de EE.UU., tiene que hacerlo, pero tardó 12 meses porque había una cierta inercia por el desajuste de precios relativos previo”, explicó Ocampo.
El gran secreto de la dolarización es que es un proceso doloroso porque implica un sinceramiento de los precios, una inflación cercana a la híper antes o varios meses de altos índices. Ocampo y Cachanosky aseguran que es el único camino posible en este momento del país porque los argentinos no toleran un fracaso más. Lo importante es que puedan hacerse todas las reformas necesarias para no frenarlo una vez que está en marcha, porque si no podría ocurrir lo que pasó en Zimbabue, un caso que miran con atención porque el intento de echarse atrás llevó al país al 11.200.000% de inflación anual.
3) Las trabas políticas
La tendencia a preferir que haya un fogonazo inflacionario previo también tiene que ver con que, para Ocampo y Cachanosky, ayudaría con otra traba: la política. “Frente a una híper, no les quedaría otra que apoyar porque no hay otra solución”, argumentó Ocampo. Los economistas admiten que el apoyo que reciban es uno de los puntos críticos. Cachanosky explicó que, en su diseño, ponerlo en marcha implica hacerlo vía el Congreso. Aun en la hipótesis de que Milei ganara en primera vuelta, estaría muy lejos de una mayoría.
Otro de los secretos de la dolarización es que requiere de muchas más reformas y que, una vez hecha, es prácticamente irreversible.
Por supuesto que implica la pérdida de política monetaria y cambiaria del país, pero “ahora tampoco la tiene la Argentina”, argumentó Ocampo. Frente a shocks externos, modificaciones en el precio de las commodities o eventualidades que hoy se podrían manejar con el buffer de medidas del Banco Central, se regulará según el mercado. La entidad dejará de existir. La dolarización no implica directamente eliminar el déficit fiscal ni que no haya emisión, como ocurrió en el caso de Ecuador, donde Rafael Correa debió defaultear la deuda. No podrá emitir moneda, pero sí otros instrumentos.
4) La implementación práctica
Entre los obstáculos posibles que vislumbra Ocampo está el de los swaps que la Argentina tiene con otros países, como China. Asegura que con ellos deberán renegociar una deuda “opaca” y definir cómo se les pagará. Otra de las dudas es adónde irían los encajes bancarios una vez que se liquidara el Central. Para esto, se implementaría el Banco Argentino de Reservas, que sería fundado en el exterior, en una jurisdicción segura, como Estados Unidos o Irlanda, por lo que próximas gestiones de gobierno no podrán usarlos para tomar deuda, como ocurre ahora.
También existiría el Fondo de Estabilización Monetaria (FEM), que servirá para liquidar la otra parte de los pasivos del Central: las Leliq. Su valor nominal equivale a tres veces la base monetaria y dos tercios de los depósitos del sector privado en los bancos. La falta de reservas netas implica que el BCRA solo puede pagarlas con la maquinita y emisión futura. Para solucionarlo, la propuesta de Ocampo y Cachanosky incluye canjear las letras intransferibles, adelantos transitorios y otros títulos públicos del BCRA por una cartera de bonos emitidos bajo ley de Nueva York con el mismo valor nominal.
El FEM sería un fideicomiso creado para emitir papel comercial garantizado. Los bonos canjeados serían parte de los activos del fondo que sirven de garantía para el papel comercial que emitiría en repago de las Leliq y estos no se venderían en el mercado. Para pagarlas, el FEM se iría haciendo de activos a través del flujo de fondos que generen sus activos que provienen de las arcas estatales. Para reducir el riesgo, el gobierno aportaría otros activos que no fueran bonos soberanos, como la cartera del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses, la participación accionaria en YPF, los ingresos por la licitación del espectro 5G y el 20% de la recaudación por retenciones. El FEM pagará con los ingresos las Leliq que están en poder de los bancos a lo largo de cuatro años y después se disolverá.
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