martes, 15 de agosto de 2023

SEAN CONNERY..... DÓNDE VER SUS PELÍCULAS


Sean Connery. El héroe de clase trabajadora que encarnó el ideal de masculinidad en el cine
Odió hasta el cansancio el personaje que lo hizo famoso, pero en sus últimos años se amigó con James Bond y su legado
Pablo PlanovskySean Connery en tiempos de James Bond
Cuando le presentaron a Ian Fleming la lista de candidatos para interpretar al espía británico encantador, seductor, suave y carismático que había imaginado en sus novelas, no estaba convencido de que un escocés de clase trabajadora fuera el indicado para cumplir el trabajo. Roger Moore o James Mason parecían mejores candidatos. Quien no tenía dudas era el productor Cubby Broccoli, que sentía que un camionero de Escocia poseía “virilidad animal” para el rol. Cuando lo entrevistaron, el coproductor Harry Saltzman se quedó impresionado por el espíritu rebelde y contestatario del postulante: “Hablábamos con él y veíamos que tenía la masculinidad que estábamos buscando. Cada vez que quería hacer valer una idea, golpeaba nuestro escritorio. Sabíamos que tenía algo”. El nombre era Connery, Sean Connery.
“Tenía pelotas. Nunca vi a un tipo con más seguridad. Caminaba como el hombre más arrogante del mundo”, decía el productor de El satánico Dr. No, la primera adaptación para la pantalla grande de las novelas de 007. Aunque las novelas habían ganado popularidad en Estados Unidos, en parte gracias al presidente J.F. Kennedy (fanático confeso de esas historias de muerte, sexo y seducción), nadie podía prever el éxito que tendrían en salas. Decir que dejaron su huella en la historia del cine es poco: se adelantaron décadas a las épocas de las franquicias y las secuelas, inspiraron sagas de espionaje y acción como Misión Imposible, Jason Bourne, John Wick, entre otras, e incluso con sus secuencias de títulos fueron precursoras del videoclip.
No todos estaban seguros del rumbo a seguir para hacer la primera película. Sean Connery fue el primero en insistir en que James Bond tenía que tener humor. Fleming no quería saber nada: creía que Alfred Hitchcock había arruinado una película de espionaje y suspenso, como Intriga internacional, al agregarle remates cómicos a la aventura. Connery, como los productores, sabía que su Bond debía diferenciarse de la versión de los libros tomándose las cosas con más frialdad y humor. Los remates cínicos, tal vez sádicos, y la gracia que funciona como un guiño cómplice con el espectador definieron el estilo de 007.
La introducción de Connery como Bond es una de las más memorables que hayan pasado por la pantalla grande. En el casino, con el traje a medida, un cigarrillo en la boca, el encendedor y la mirada hacia fuera de cámara. La inmortal frase: “Bond. James Bond”. Todo lo que sigue en El satánico Dr. No sirvió para cimentar las bases de lo que sería el “Bond de Connery”, uno que no tiene misericordia por sus enemigos, no duda en asesinarlos a sangre fría, puede pelear de forma salvaje contra cualquiera y conquistar a una mujer como Ursula Andress.
Con el toque de Midas
Connery no tenía fe en la primera película, que fue un éxito en el Reino Unido, pero no despertó pasión en el resto del mundo. Al exfisicoculturista le preocupaba su integridad artística. Nadie dudaba de su presencia magnética y su arrasadora transformación como el espía seductor cada vez que rodaban las cámaras. Pero él no estaba seguro de que fuera a conseguir el reconocimiento artístico con Bond.
De Rusia con amor y Dedos de oro convirtieron al personaje en un fenómeno global. Sean Connery creció más cómodo que nunca con el traje de Bond. Todos los ingredientes que funcionaron en El satánico Dr. No (la música, los diseños de sets de Ken Adam, el valor de producción, las secuencias de acción, las actrices y los villanos) resplandecieron como nunca. La fórmula agitada, no mezclada, hizo que la serie empezara a crecer en millones de dólares. Connery ya era toda una estrella.
El fenómeno que había comenzado en 1962 crecía sin parangón. Ese mismo año, Connery se casó con su primera mujer, Diane Cilento. Aunque dos años después Dedos de oro podía llenar las salas de todo el mundo, Connery creía que no crecía artísticamente. Su esposa había sido nominada como actriz de reparto por Tom Jones, pero no había reconocimientos para él.
Todos los hombres soñaban con ser como Sean Connery. En estilo y apariencia. En la elogiada serie Mad Men, cuyo protagonista es un estafador y bon vivant mujeriego, se escucha la inmortal canción de Nancy Sinatra para Solo se vive dos veces. En Atrápame si puedes, el mundo se da vuelta cuando el joven estafador que interpreta Leonardo DiCaprio va al cine a ver Goldfinger. Después de esa película se calza el mismo traje que usaba Sean Connery e imita sus modismos para hablar y gesticular. La magnífica película de Steven Spielberg captura la esencia de la idea que significaba Sean Connery: la promesa de recorrer el mundo, enfrentar peligros exóticos, seducir mujeres hermosas y disfrutar de los placeres con elegancia. Todos soñaban con ser el James Bond de Sean Connery. Menos Sean Connery.
“Los que éramos sus amigos no podíamos nombrarle a James Bond. Él siempre fue un actor mucho más grande que eso, pero era sinónimo de Bond. Caminábamos por la calle y la gente le decía James Bond. Creo que eso le molestaba mucho”, definía Michael Caine la relación de amor y odio que Connery empezaba a tener con el personaje. Había recibido el llamado de Alfred Hitchcock, un director más respetado por la industria, pero su participación como coprotagonista de Marnie, la película de suspenso sobre la relación entre dos ladrones, fue un fracaso de taquilla para el autor de Psicosis. Connery, en la cima de popularidad de Bond, no podía trasladar los números exorbitantes de venta de entradas a otras producciones.
Un diamante eterno
Después de Solo se vive dos veces, Connery se alejó de 007. Ya estaba agotado del personaje, que no daba señales de agotamiento en taquilla. Hubo un primer intento de reemplazo con George Lazenby en Al servicio secreto de su majestad. Aunque la película hoy en día es revalorizada como una de las mejores de la saga (incluyendo entre sus admiradores a Christopher Nolan y Steven Soderbergh), fue la primera decepción en recaudación. Los productores no dudaron y desembolsaron una suma sin precedente para un actor: US$3 millones para el regreso de Connery en Los diamantes son eternos. Después de esa película, Connery confesó en una entrevista: “Siempre odié a ese maldito James Bond. Me gustaría matarlo”. Donó su salario a una fundación de caridad y se alejó del personaje.
Colgó el traje en 1971 y luego tuvo presencia en dos producciones importantes. La primera, en 1974, fue Crimen en el expreso de oriente, película multiestelar sobre un misterioso crimen en un tren de lujo. Connery compartió cartel con nombres tan grandes como Lauren Bacall, Albert Finney e Ingrid Bergman. En esa película volvió a trabajar con Sidney Lumet (con el que había colaborado en La colina de la deshonra) y un año más tarde, con John Huston, que lo dirigió en El hombre que sería rey. Otra excelente película sobre dos soldados británicos que se establecen como algo menos que dioses y algo más que reyes en una tierra colonizada. Aunque ambas películas fueron laudadas por la crítica y recibieron múltiples nominaciones al Oscar, el reconocimiento para Connery no llegaba.
El viento y el león, El gran asalto al tren, Zardoz y Un puente demasiado lejos, entre otras películas, pasaban con modesto suceso por los cines.
Nada se comparaba con la época de 007. El flojo desempeño de algunas, como Bandidos del tiempo, Cuba y Meteoro, sin dudas fue parte de las razones que motivaron a Connery para volver a ser 007 en la película “no oficial” (es decir, no producida por EON, la productora de Cubby Broccoli) que se iba a titular Nunca digas nunca jamás.
1983 fue el año de la batalla de los Bond: Octopussy, de Roger Moore, compitió contra Nunca digas nunca jamás y emergió victoriosa de la contienda en términos de recaudación. Connery siempre tuvo una relación de amistad con su sucesor, aunque llegó a admitir que ya estaban ambos grandes (él tenía 52 años en ese entonces; Moore, 55). “Me entristeció mucho cuando falleció Roger. Para los estándares de Hollywood, tuvimos una relación inusualmente larga, que estuvo llena de risas y chistes. Lo voy a extrañar un montón”, dijo sobre Moore.
Hacia un horizonte infinito
¿Quién podía ser el padre de una figura legendaria como Indiana Jones sino James Bond? No es secreto que Steven Spielberg siempre admiró la saga de 007 y, sobre todo, las películas que hizo Sean Connery. No satisfecho cuando los productores de Bond le negaron el pedido para dirigir una película de la franquicia, Spielberg ideó junto a George Lucas a Indiana Jones. En Indiana Jones y el templo de la perdición, Harrison Ford usa el esmoquin que Connery ostentaba en Goldfinger.
Naturalmente, el padre de Indiana, el profesor Henry Jones, fue 007 en Indiana Jones y la última cruzada. Connery amó trabajar con Ford, Lucas y Spielberg. Dijo que el director le hizo el cumplido definitivo: “Adoptó 9 de mis 10 ideas para la película, al reemplazar diálogos por interacciones visuales”.
Los años posteriores tuvieron altibajos artísticos y comerciales para Connery. El mismo año en el que protagonizaba una película abucheada por la crítica como Highlander, podía interpretar a William de Baskerville, el intelectual que imaginó la pluma de Umberto Eco en El nombre de la rosa. De cine de acción como La caza al Octubre Rojo y La roca, terminaba en la infame Los vengadores. Aunque en papeles como el del escritor de Descubriendo a Forrester intentaba alejarse del perfil del espía, en otros parecía beber directamente de la fama que había alcanzado en los 60, como en La emboscada, con Catherine Zeta-Jones.
La carrera de Sean Connery nunca se hundió, aunque tuvo sus momentos olvidables. Su última película fue La liga de los hombres extraordinarios, en 2003. La película, basada en un cómic, no fue ningún éxito. Unos años antes de empezar el nuevo milenio, Connery había rechazado el papel que quizá lo podría haber despedido con toda la gloria: el de Gandalf en la trilogía de El señor de los anillos, de Peter Jackson. “Nunca entendí la historia”, admitía el actor, que confesaba haber rechazado la oferta después de leer el guion.
Aunque la gloria ya la había alcanzado antes. En 1987, Brian De Palma filmó la historia de Eliot Ness y sus compañeros en la lucha contra Al Capone en Los intocables. Fue la única nominación que tuvo en su vida y la única que ganó. Le dedicó el premio a su mujer y abogó por terminar con la huelga de guionistas que, en 1988, también golpeaba a Hollywood. “Solo había venido una vez a esta ceremonia, hace 30 años. La paciencia en verdad es una virtud”.
En algunas de sus últimas entrevistas, se reconcilió con James Bond: “Nunca odié al personaje, es natural que un actor quiera otros roles”, afirmaba. “Me importa lo que suceda con Bond, no se puede hacer un personaje tanto tiempo sin que te interese. Es un personaje que me va a acompañar hasta la tumba”.


DÓNDE VER SUS PELÍCULAS

El satánico Dr. No

Prime Video, Movistar Play

De Rusia con amor

Prime Video, Movistar Play

Dedos de oro

Prime Video, Movistar Play

Operación Trueno

Prime Video, Movistar Play

Solo se vive dos veces

Prime Video, Movistar Play

Crimen en el Expreso de Oriente

Prime Video, Movistar Play

La emboscada

Star+, HBO Max

Indiana Jones y la última cruzada

Disney+, Paramount+, Movistar Play

Los intocables

Apple TV (alquiler)

La caza al Octubre Rojo

Apple TV (alquiler)

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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