martes, 8 de agosto de 2023

UNA GRAN LECTURA


Una gran autopsia de este tiempo dramático en un ensayo testimonial

Jorge Fernández DíazHéctor M. Guyot (ariel)Cuando la mentira es la verdad
Este texto es la transcripción del prólogo que el autor de Una historia argentina en tiempo real escribió para el libro cuando la mentira es la verdad. 20 años de kirchnerismo en 40 de democracia, de Héctor M. Guyot
Cada viernes de mi vida, mientras navego dificultosamente por el proceloso mar de ideas y palabras de mi artículo dominical, recibo una señal lumínica: en el horizonte oscuro de ese océano literario, otro navegante solitario pide auxilio. Es Héctor Guyot, que acaba de ponerle punto final a su columna y solicita que le pegue un vistazo. Todos escribimos como vivimos y como morimos: solos, a tientas, sin seguridades ni demasiadas certezas, arrojados a la dinámica impensada del acto de pensar y con alguna clase de miedo. El mayor miedo de todos los articulistas consiste en equivocar nuestro análisis y fracasar con nuestra pequeña obra; también, cometer errores máximos o mínimos: erratas concretas o conceptuales. Es por eso que yo también lanzo, cada sábado, idénticos pedidos de auxilio a otros navegantes, dentro y fuera del diario la nacion. Mayday, mayday, mayday, aquí solicitando rescate: díganme que no me estoy volviendo loco, que vi lo que vi y que no voy a naufragar. Esos navegantes hacen conmigo cada sábado lo que yo hago con Héctor cada viernes. ahora bien: siempre que leo los textos de Guyot me sonrío, porque él tuvo más o menos las mismas ideas que yo fui macerando durante la semana, pero logró escribirlas un día antes. En periodismo, ésa es una virtud insuperable. Desde que escribe, sé que yo debo esforzarme en ser más original que nunca, porque publico más tarde y porque antes Héctor Guyot ya dijo todo lo que había que decir. Y lo dijo con una prosa tersa y lujosa. Su gran secreto es no pertenecer al gueto de los periodistas políticos, mantenerse un poco distante del especialista, en una posición si se quiere de eterno amateur. Ese distanciamiento, en un editor de gran calado cultural y mucha experiencia de redacción, produce un notable resultado de lucidez y elocuencia: su lectura de los hechos no da por supuestas las cosas, sino que las examina lentamente como si lo hiciera desde afuera y por primera vez. Detiene la película de la actualidad política, la pone en cámara lenta y coloca el foco en los significados profundos de distintos episodios que pasamos por alto, que dimos por sabidos y comprendidos. Es así como consigue habitualmente darle una vuelta de tuerca y encontrarle un nuevo sentido a lo que sucedió, consagrar una sinopsis razonada de la semana y, lo más importante, reflejar sin pretenderlo el pensamiento del ciudadano de a pie. Siempre creo que Héctor Guyot es el metro patrón del republicanismo popular, el periodista que resume la mirada de esos millones de argentinos que se resisten al relato del poder y a la decadencia estructural que deriva de esa suerte de mentalidad argenta que ganó la batalla cultural con sus anomalías económicas y democráticas y que sigue siendo hegemónica a pesar de tanto fracaso sostenido en el tiempo.
El kirchnerismo, que recoge y continúa las tácticas y los razonamientos del posmarxismo y de los populistas modernos, se ha convertido en una fábrica incesante de literatura: gestiona cada día ficciones que encubren sus pecados y diseña coartadas ideológicas para sus rapiñas. Su capacidad para psicopatear (se me permitirá este argentinismo que todavía no figura en los grandes diccionarios de la lengua), para ganar “la batalla de las palabras”, para imponer un “reglamento del juego” y para lograr construir un sentido común, es realmente inagotable. Esta batería de narrativas y falacias es cien veces más dañina que cualquier fake news arrojada solitariamente a una red social, y obliga a los columnistas a articular cada semana las objeciones, a despertar conciencias, a contraargumentar, a no permitir que queden en pie y sean institucionalizadas mentiras de enorme gravedad social y política. El peronismo está, en ese terreno, acostumbrado a salirse con la suya; su visión manipulada sobre su propia historia –en sus diferentes estaciones– permanece en pie y no suele ser cuestionada de raíz. lograron que el vulgo creyera, en efecto, que la “juventud maravillosa” tomó las armas en los años 70 para construir una democracia, cuando en verdad venían con un proyecto autoritario y sangriento. consiguieron transformar a un Perón, que había tomado sus principales políticas directamente del árbol de il Duce, en un campeón del progresismo, y en un artífice fundamental de la Patria Socialista. Y podríamos llenar aquí páginas y páginas con más y más disparates que la gran máquina de literatura peronista convirtió en asuntos serios e incuestionables. En tiempo real, esa maquinaria sigue produciendo bulos, y Héctor Guyot los refuta con una cierta perplejidad. la del ciudadano que quiere un país normal y vive con los ojos bien abiertos. Este es un libro que rescata, reescribe y comenta ese trabajo cotidiano, y le da una nueva dimensión. Descubrimos aquí que los artículos de cada semana eran capítulos de un diario confesional que se iba escribiendo solo. Pieza a pieza, ladrillo a ladrillo, edifica un ensayo testimonial, que debe leerse como la gran autopsia de este tiempo dramático. El navegante solitario no se equivocaba, llevaba el barco a buen puerto

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