domingo, 15 de octubre de 2023

AL MARGEN DE LA SEMANA Y EL ESCENARIO


Cortinas de humo que ocultan fantasmas de la crisis
Néstor O. Scibona

Cuandofaltanapenasochodías para las elecciones, la incertidumbre es tan extrema que se asemeja a una ruleta rusa. No hay certezas de un triunfo en la primera vuelta, que, de todos modos, servirá para determinar la futura relación de fuerzas políticas en el Congreso. Ni tampoco qué combinación de binomios llegará al posible ballottage del 19 de noviembre, que hasta entonces seguirá alterando la marcha de la economía real y los mercados.
Los candidatos con mayores chances se resisten a mencionar siquiera la perspectiva más evidente para el próximo gobierno: gane quien gane, a partir del 10 de diciembre no solo enfrentará un campo económico minado, sino que sus primeras medidas deberán tener tal grado de credibilidad y apoyo político que eviten transformarlo en explosivo con el correr de 2024.
Para colmo, el fantasma de otra hiperinflación acaba de colarse en la campaña electoral como si fuera una catástrofe inevitable y la política no pudiera hacer nada. Algo así como el golpe militar de 1976, que fue justificado por parte de la sociedad como producto del vacío de poder y la debacle inflacionaria provocada en 1975 durante la dogmática y efímera gestión ministerial de Celestino Rodrigo.
La diferencia es que fue agitado esta semana por Javier Milei tras la ruptura de su tácito pacto de no agresión recíproca con Sergio Massa, destinado a ejercer bullying para ningunear a Patricia Bullrich como si no hubiera sido la segunda candidata más votada en las PASO. Ni la única en haber presentado un equipo y los lineamientos de un programa para cambiar de raíz el régimen económico populista que condujo a la decadencia argentina.
Fiel a su estilo, Milei rompió el molde para despegarse a través de una serie de alarmas lanzadas antes y después del segundo debate televisivo, donde se mostró más moderado pero errático. Sus mensajes se entienden mejor si se invierte la secuencia cronológica: el actual modelo es hiperinflacionario; hay que huir del peso, no renovar plazos fijos y refugiarse en el dólar; y cuanto más alto cotice, será más fácil aplicar su proyectada dolarización de la economía. O sea que otra híper sería funcional a su controvertido proyecto basado en las experiencias de Ecuador y El Salvador, que incluye además el cierre del Banco Central.
No deja de ser una imprudencia por tratar sede un candidato que aspira ala presidencia. Sonó como quien grita “¡fuego!” arriba del escenario de un recinto cerrado colmado de gente cuando aparece una incipiente humareda. De ahí que, con esta profecía autocumplida, el dólar blue cruzó la barrera psicológica de los $1000 antes de la difusión del 12,7% de septiembre, que ya elevó la inflación a casi 140% interanual, apunta cerca de 200% para diciembre y deja corta la nueva suba de tasas de interés que el BCRA evitó aplicar en septiembre. Pero hace más de dos años que los argentinos se desprenden cada vez más rápido de sus pesos devaluados para comprar dólares o productos antes de que sigan aumentando.
Si Milei habló de los efectos visibles, la réplica de Massa agregó más cortinas de humo a la crisis que lo tiene ahora como principal protagonista de sus causas.
Tanto su insólita propuesta de someter a los candidatos presidenciales a un psicodiagnóstico como sus amenazas de meter presos a los “cuatro vivos” que especulan y los consabidos operativos policiales con perros en busca de “arbolitos” para frenar la corrida hacia el dólar –que llevó la brecha cambiaria a casi 200%– resultan anacrónicas formas políticas de desviar la atención con efectos efímeros. En su libro El dólar. Historia de una moneda argentina 1930-2019), los sociólogos Mariana Luzzi y Ariel Kilkis documentan cómo estas acciones cosméticas se aplican sin éxito desde hace más de 70 años.
En cambio, solo la oposición pone de relieve que las medidas electoralistas del ministro-candidato, como el “plan platita”; el jubileo impositivo; el revoleo de créditos y de subsidios a granel, aumentan el déficit fiscal primario (a 3,2% del PBI), la emisión de pesos y el déficit cuasifiscal. Aun así, resulta contradictorio que Milei haya votado a favor de las leyes de suba del mínimo no imponible de Ganancias y devolución del IVA en compras con tarjeta, pero luego criticara que no se haya bajado el gasto público para compensar su efecto fiscal
A esto se suma la proliferación de tipos de cambio diferenciales (transitorios) y un mayor endurecimiento del cepo cambiario sin que se frene la alarmante sangría de reservas del BCRA, que además acumula una deuda por importacio ne simpa gas de Us $20.000 millones. paradójica mente ,“el uso del tipo de cambio oficial quedó limitado a unos pocos bienes esencial es como alimentos, bebidas y perfumes del duty free”, según señaló irónicamente en un tuit (X) el economista Eduardo Levy Yeyati.
Como la historia se repite recurrentemente, la actual crisis económica mezcla reminiscencias del Rodrigazo (por los fenomenales atrasos previos del dólar, tarifas, combustibles y salarios) y del fracaso del Plan Primavera, que condujo a la hiperinflación de 1989 tras el triunfo electoral de Carlos Menem. Al igual que en estos casos, también ahora hay un notorio vacío de poder: Alberto Fernández pasó a ser una figura decorativa y Cristina Kirchner retomó su hábito de borrarse de la escena pública cuando estallan los problemas que contribuyó a provocar, para concentrarse en la designación de jueces militantes. Por su lado, Massa enfrenta una aceleración inflacionaria similar a la etapa previa del Plan Austral (1985), pero sin otro plan que un conjunto de expresiones de deseos, un presupuesto para 2024 con proyecciones totalmente alejadas de la realidad y obras públicas de discutible prioridad.
Sin embargo, lo más preocupante es que, desde la política, Milei haya vuelto a agitar el fantasma de otra hiperinflación, como si fuera imposible de evitar y no existiera la experiencia de que cada crisis macroeconómica del pasado( como la de 2001/2002) dejó un tendal de millones de pobres.
Más aún cuando su alternativa de dolarización como única salida para bajar la inflación a un dígito anual está basada en supuestos teóricos, deberá contar con un apoyo legislativo todavía incierto y congelaría el actual cuadro de fuerte deterioro de salarios y jubilaciones en dólares, que tardarán años en recuperarse. Un cálculo publicado el miércoles último en la nacion por el economista Martín Rapetti revela que reducir el financiamiento externo de la dolarización a US$20.000 millones para rescatar la base monetaria ($7 billones) y el stock de Leliq ($21 billones) requeriría un tipo de cambio oficial de $1600 por dólar.
En las actuales condiciones socioeconómicas, con un piso de pobreza de 40,1% (56,2% en la población más joven) en los 31 principales aglomerados urbanos del país, que abarca a 19 millones de pobres y 3,8 millones de indigentes, una hiperinflación no solo aumentará dramáticamente esas cifras. También implicaría un posible aumento de la delincuencia y el narcomenudeo como salida laboral para muchos jóvenes de bajos ingresos y nivel educativo, como viene ocurriendo hasta ahora con un gobierno que hace la vista gorda y se convierte en cómplice de muchos delitos; entre ellos, la corrupción en el manejo de fondos públicos, también envuelta en cortinas de humo judiciales.
Milei volvió a agitar la posibilidad de una hiperinflación, como si no se pudiera evitar

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Inflación: una sociedad empobrecida, un país sin timonel
Diego Cabot
Hace poco más de 20 años, cuando la Argentina estaba inmersa en la crisis de 2001 y 2002, los cartoneros ganaron la calle. De alguna forma había que ganar unos pocos pesos para comer. Las postales de los carros tirados por caballos con una familia arriba ganaron los diarios del planeta. Dos décadas después, ya no hay animales que traccionan después de una efectiva campaña de las sociedades protectoras. Eso sí, a nadie le impresiona que ahora los carros los tiren humanos por los que nadie parece compadecerse.
Hace poco más de 20 años, una de las zonas más conflictivas de la ciudad de buenos Aires era la avenida Leandro Alem al 500, sede del Ministerio de Trabajo. Pasaron dos décadas y ahora ya nadie reclama en ese lugar. Todo se trasladó al Ministerio de Desarrollo Social, en plena 9 de Julio. En ese tiempo, el país mutó del reclamo de trabajo al de planes sociales o subsidios.
La tolerancia al deterioro constante se ha convertido en una de las principales características de la sociedad argentina. De hecho, ya internalizó un índice de inflación que corre a más de 180% anual y que arrojó en los últimos dos meses más de 12% mensual.
Solo para recordar y tomar conciencia de la profundidad de la crisis. En enero de 2007 la inflación se aceleró. En el Indec se trabajaba con un número preliminar que era del 2,1% para ese mes, luego de que la inflación de todo 2006 estampara un 9,8%. Fue un número de espanto para la Casa Rosada, que inmediatamente envió una orden: se debería “trabajar” en un indicador que no superara el 1,5%.
Ante la negativa de la línea técnica, separaron de sus cargos a los funcionarios que elaboraban el índice de precios al consumidor (IPC); entonces, se decidió intervenir el organismo con Guillermo Moreno, y varios de sus obedientes acólitos se dedicaron durante años a dibujar los números de la inflación en vez de a combatirla. Todo eso fue hace 16 años, y por un indicador mensual que la Argentina tiene cada 30 días. Con aquellos índices, hoy todo sería una fiesta reeleccionista de Alberto Fernández.
Semejante deterioro económico tiene algunos agravantes. Como pocas veces, las consecuencias de la emisión despiadada, la fiesta de gasto y la falta de una política concreta para ordenar las cuentas públicas fueron advertidas por la mayoría de quienes miran la economía argentina. Pero el cuarto gobierno kirchnerista que terminó comandado por el ministro y candidato, Sergio Massa, no escuchó ninguna de las señales de alerta.
De hecho, mientras el dólar subía y coqueteaba con las cuatro cifras, el tigrense le entregó a su esposa, Malena Galmarini, un cheque de 1060 millones de pesos para que gaste en cada día hábil que falta para que llegue el 10 de diciembre. Al menos, semejante promiscuidad presupuestaria debería explicarse. Quizá más grave que el matrimonio Massa no entregue información respecto del destino de esos fondos es que ni la sociedad ni la política pidan explicaciones. La anestesia es total.
Un día más tarde que Galmarini empiece a gastar su cheque de 10 cifras, el ministro creó el Comité de Evaluación de Proyectos de Apoyo a la Estructuración de Financiamiento Soberano Sostenible en Argentina. Si no fuera real, bien podría ser un paso de comedia negra. En el país del 133% de tasa de interés nominal anual, no hay financiamiento para nadie, menos aún sostenible.
La Argentina está vacante. El Gobierno no gestiona y ya no hay funcionarios que no funcionan. Directamente la gestión del Estado se desconectó. Solo es necesario mirar cómo evoluciona el gasto para entender adónde va el dinero presupuestario. Por caso, todas las partidas que se destinan a pagar sueldos y gastos operativos muestran una ejecución, al igual que las que se destinan a poner dinero fresco, o subsidios, en algún sector.
Un ejemplo se da en el Ministerio de Hábitat, donde las partidas para “actividades centrales”, que es donde se liquidan los sueldos, aumentaron 83% respecto de lo que tenían a principios de año, mientras las que se destinan a la producción, planificación y construcción de viviendas se mantuvieron quietas, con una inflación en el año que ya está en 138,3% desde que se aprobó el presupuesto, hace un año.
Pero el deterioro en el que la Argentina y el debate público se han sumergido anestesió a la sociedad, que se acostumbró. Massa no gobierna ni ejerce de ministro. Apenas procura que algún distraído no vaya al dólar con cepos y más cepos. El “Estado presente” con el que el kirchnerismo hace campaña brilla por su ausencia.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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