ROSTROS ARGENTINOS DE LA DESESPERACIÓN.
No se sabe nada de ellos desde el sábado pasado, cuando los terroristas irrumpieron en distintas zonas de Israel
La toma de rehenes en manos del grupo islamista Hamas es otro dramático capítulo del raid mortal que se desplegó el sábado pasado en Israel. sin un número oficial de civiles secuestrados, la sospecha es que los desaparecidos pueden estar en esa situación. Hasta ahora, son 15 los argentinos de los que no hay rastros. Los diez que aparecen en estas fotos son los que están identificados.
Clara Marman
63 años
se mudó hace 42 años a Israel y el 7 había recibido en el kibutz donde vive a sus hermanos y a una sobrina, radicados en ese país, cuando el lugar fue asaltado por Hamas. En la desesperación, llegó a avisarles a sus hijas que habían entrado terroristas. “Están en casa, están rompiendo cosas”, alertó. El Ejército confirmó que toda la familia fue capturada por los terroristas.
Ofelia Feler de Roitman
77 años
Vive en Israel desde 1985 junto a su marido, Héctor, pero el sábado 7 estaba sola en el kibutz porque él estaba internado por una operación de cadera. alertada por ruidos, que escuchaba muy cerca, fue al refugio y, desde allí, contactó por Whatsapp a su hijo. Él le escribió para indicarle que dejara el celular en vibrador y no grabara audios. Ese mensaje nunca le llegó.
Fernando Marman
60 años
Hermano de Clara, de 60 años, vive en Israel y había ido a pasar el fin de semana con ella al kibutz Nir Yitzhak, situado a menos de 4 kilómetros de la frontera con la Franja de Gaza. se sabe que llegó al refugio del lugar en medio de los feroces ataques junto con todo el grupo familiar, pero fueron encontrados por los extremistas de Hamas.
Karina Engelbert
50 años
Nacida en Córdoba, esta contadora vive desde hace más de 30 en Israel, donde formó su familia. Está casada con Ronen Engel, de 54, y tiene tres hijos: Tom, de 21 –es reservista–, Mika, de 19, y Yuval, de 11. se escondieron en el búnker de su casa en el kibutz Nir oz. “¡Entraron! Están adentro”, llegó a decirle a una hermana por teléfono antes del final abrupto de las comunicaciones.
Gabriela Leimberg
59 años
El sábado 7 la tragedia la encontró en una reunión con sus hermanos Clara y Fernando Marman en el kibutz Nir Yitzhak. sin imaginar el horror que iban a vivir a manos de Hammas, había llevado a su hija Mia, que nació en Israel hace 17 años. ambas mujeres integrarían la lista de rehenes en la Franja de Gaza, junto con el resto de su familia.
José Luis Silberman
67 años
Hace 40 años que silberman, de 67, vive en Israel. Fue de los primeros en trabajar en los cultivos del kibutz Nir oz, donde fue sorprendido por los terroristas el sábado 7 con su esposa, Margit; su hija shiri, su yerno Yaden y sus nietos ariel, de tres años, y Kfir, de 9 meses. En un video difundido por Hamas, se ve cuando secuestran a shiri con sus dos niños en brazos.
Luis Har
70 años
Pareja de Clara Marman, los dos argentinos se conocieron en Israel y vivían en casas separadas. sin embargo, el sábado estaba junto a Clara en Nir Yitzhak, uno de los kibutz más afectados por el ataque terrorista. a sus 70 años, tenía pensado venir a la argentina para visitar a amigos y familiares en el país. Ya contaba con los pasajes para las próximas semanas.
Iair Horn
45 años
Vive en el kibutz Nir oz, donde trabaja en mantenimiento. Estaba con su hermano, Eitan, cuando entraron terroristas a su casa. El padre de ambos, Itzik Horn, es un periodista argentino que lleva más de 20 años en Israel. “¿Estás en el refugio?”, le preguntó a Iair cuando se desató el pánico. Nunca obtuvo respuesta. Luego supo que sus dos hijos estaban juntos.
Ron Sherman
19 años
Con 19 años, es soldado en una base en el límite con Gaza. se ocupa de los permisos para la entrada de mercadería. a las 6.30 del día del sangriento asalto, se despertó por el bombardeo y llamó a su padre, alex –que vive en Israel–. “Están muy cerca. Es el final”, escribió. alex vio cómo se lo llevaban por videos difundidos por Hamas. Es sobrino del cantante León Gieco.
Eitan Horn
37 años
se dedica al área de educación, trabaja con jóvenes que viajan por estudios y acompaña a chicos de primario y secundario. Reside en la zona de Kfar saba, pero el sábado 7 había ido al kibutz donde vive su hermano mayor, cercano a la frontera con Gaza. No se lo ve en videos de Hamas, no está entre los muertos reportados ni en los listados de heridos en hospitales.
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“¡Entraron, están adentro!”: la última frase de Karina
La mujer argentina, que vive en Israel desde hace más de tres décadas, desapareció con su familia del kibutz Nir Oz
Manuel Casado
“¡Entraron! Están adentro”. Esas fueron las últimas palabras de Karina Engelbert, de 50 años, luego de que las milicias de Hamas irrumpieron en su casa en el kibutz Nir Oz, a poco más de dos kilómetros de la valla que delimita la Franja de Gaza. Cerca de las 9.45 del sábado pasado dejó de responderle el celular a su hermana Paola, ambas nacidas en Córdoba y residentes en Israel desde hace tres décadas. Estaba a resguardo en un búnker con su esposo, Ronen Engel, de 54, y sus hijas Mika, de 19, y Yuval, de 11. Tras el asalto del grupo islamista, ni familiares ni fuerzas de seguridad ni autoridades israelíes supieron más sobre sus paraderos.
“Nos levantamos con las alarmas e, inmediatamente, me comuniqué con mi hermana. Me contó que se encontraban bien y resguardados en la habitación de seguridad de su casa. En un principio, parecía una cuestión más de prevención, como pasó tantas veces, pero con las horas nos dimos cuenta de que no”, relata a la nacion la hermana de Hengelbert, Paola, que vive a 30 minutos de Nir Oz. “En un momento, volví a hablar con ella y llegó a decirme que los terroristas estaban en el kibutz, hasta que dejó de responder. Evité llamarla nuevamente por miedo a que le sonara el teléfono y la descubrieran, pero ya nunca supimos más nada de ella de ni de mis sobrinas ni de su marido”, completa.
Fundado en 1955, Nir Oz es un asentamiento montado sobre un jardín botánico, cuya población apenas supera los 350 habitantes. Por su cercanía con la zona de conflicto con Hamas, fue uno de los poblados más afectados por el avance del grupo terrorista.
Karina es contadora y también llegó a comunicarse por mensaje con su otra hermana, Romina. “Cuando nos despertaron las sirenas, ella me escribió temprano, porque es una forma que siempre tenemos en estas ocasiones y –casi a modo de humor– me dijo: ‘Mañana no vas a tener que ir al trabajo’, porque soy maestra jardinera en el kibutz desde hace 10 años”, cuenta con la voz quebrada por la angustia. Vive en Ofakim, a 30 kilómetros de Nir Oz.
Karina también es madre, de Tom, de 21 años, que en el momento de la desaparición de sus padres y de sus hermanas cumplía tareas como reservista en el Ejército de Israel. “Ahora, él se encuentra en la casa de los tíos [el cuarto hermano Hengelbert es Diego], estamos todos desesperados. En mi jardín también hay tres chicos secuestrados, quedaron muchas casas incendiadas, y quemaron gente viva, mataron a bebés, arrasaron con todo, fue una matanza”, describe.
En medio de los ataques, cuya escalada alteró el mapa del mundo, Romina pide “evitar dar una lectura política”, pero describe lo que vive como “una película de terror causada por monstruos, no por personas”. “Es bastante terrible la tristeza que sentimos. Ella [Karina] también está enferma de cáncer, el marido sufre diabetes y las chicas necesitan remedios. Mamá murió hace tiempo y papá se encuentra en Ashkelon [56 kilómetros al sur de Tel Aviv]. Nuestra familia está completamente destruida por el terrorismo”, define. “Hicieron una masacre”, agrega Paola.
Ambas cuentan que, desde el sábado, se comunican “de forma incesante con el Ejército, con la policía, con los hospitales, con la embajada argentina, a la espera de que den una respuesta” sobre Karina, su cuñado y sus sobrinas. Afirman que en las regiones más afectadas “la situación es traumática” y que apenas salen de sus casas. “Tengo todo cerrado, las ventanas, las persianas bajas, trato de que mis hijas no se aparten de mi vista, no se bañan si no estoy con ellas, las acompaño cuando se van a dormir, nadie sale a tirar la basura, a excepción de mi marido”, explica Romina, que es madre de cuatro hijos.
Y sigue: “Mika y Yuval son muy amorosas. Todos los días venían a besotearme y a saludarme, me preguntaban si podían sacar a mi bebé al jardín. Nos íbamos de vacaciones, trabajábamos. Esperemos que vuelvan, aunque no van a ser las mismas chicas, ya no va a ser mi misma hermana. A mi sobrino tratamos de darle todo el amor, pero necesita de sus padres y de sus hermanas”.
Paola manifiesta que “el peligro sigue latente” y que las salidas de su familia (tiene dos hijos) se han limitado a despedir a las víctimas de Hamas. “Solo salimos de nuestro hogar para ir a velorios”, sintetiza el horror.
“¡Entraron! Están adentro”. Esas fueron las últimas palabras de Karina Engelbert, de 50 años, luego de que las milicias de Hamas irrumpieron en su casa en el kibutz Nir Oz, a poco más de dos kilómetros de la valla que delimita la Franja de Gaza. Cerca de las 9.45 del sábado pasado dejó de responderle el celular a su hermana Paola, ambas nacidas en Córdoba y residentes en Israel desde hace tres décadas. Estaba a resguardo en un búnker con su esposo, Ronen Engel, de 54, y sus hijas Mika, de 19, y Yuval, de 11. Tras el asalto del grupo islamista, ni familiares ni fuerzas de seguridad ni autoridades israelíes supieron más sobre sus paraderos.
“Nos levantamos con las alarmas e, inmediatamente, me comuniqué con mi hermana. Me contó que se encontraban bien y resguardados en la habitación de seguridad de su casa. En un principio, parecía una cuestión más de prevención, como pasó tantas veces, pero con las horas nos dimos cuenta de que no”, relata a la nacion la hermana de Hengelbert, Paola, que vive a 30 minutos de Nir Oz. “En un momento, volví a hablar con ella y llegó a decirme que los terroristas estaban en el kibutz, hasta que dejó de responder. Evité llamarla nuevamente por miedo a que le sonara el teléfono y la descubrieran, pero ya nunca supimos más nada de ella de ni de mis sobrinas ni de su marido”, completa.
Fundado en 1955, Nir Oz es un asentamiento montado sobre un jardín botánico, cuya población apenas supera los 350 habitantes. Por su cercanía con la zona de conflicto con Hamas, fue uno de los poblados más afectados por el avance del grupo terrorista.
Karina es contadora y también llegó a comunicarse por mensaje con su otra hermana, Romina. “Cuando nos despertaron las sirenas, ella me escribió temprano, porque es una forma que siempre tenemos en estas ocasiones y –casi a modo de humor– me dijo: ‘Mañana no vas a tener que ir al trabajo’, porque soy maestra jardinera en el kibutz desde hace 10 años”, cuenta con la voz quebrada por la angustia. Vive en Ofakim, a 30 kilómetros de Nir Oz.
Karina también es madre, de Tom, de 21 años, que en el momento de la desaparición de sus padres y de sus hermanas cumplía tareas como reservista en el Ejército de Israel. “Ahora, él se encuentra en la casa de los tíos [el cuarto hermano Hengelbert es Diego], estamos todos desesperados. En mi jardín también hay tres chicos secuestrados, quedaron muchas casas incendiadas, y quemaron gente viva, mataron a bebés, arrasaron con todo, fue una matanza”, describe.
En medio de los ataques, cuya escalada alteró el mapa del mundo, Romina pide “evitar dar una lectura política”, pero describe lo que vive como “una película de terror causada por monstruos, no por personas”. “Es bastante terrible la tristeza que sentimos. Ella [Karina] también está enferma de cáncer, el marido sufre diabetes y las chicas necesitan remedios. Mamá murió hace tiempo y papá se encuentra en Ashkelon [56 kilómetros al sur de Tel Aviv]. Nuestra familia está completamente destruida por el terrorismo”, define. “Hicieron una masacre”, agrega Paola.
Ambas cuentan que, desde el sábado, se comunican “de forma incesante con el Ejército, con la policía, con los hospitales, con la embajada argentina, a la espera de que den una respuesta” sobre Karina, su cuñado y sus sobrinas. Afirman que en las regiones más afectadas “la situación es traumática” y que apenas salen de sus casas. “Tengo todo cerrado, las ventanas, las persianas bajas, trato de que mis hijas no se aparten de mi vista, no se bañan si no estoy con ellas, las acompaño cuando se van a dormir, nadie sale a tirar la basura, a excepción de mi marido”, explica Romina, que es madre de cuatro hijos.
Y sigue: “Mika y Yuval son muy amorosas. Todos los días venían a besotearme y a saludarme, me preguntaban si podían sacar a mi bebé al jardín. Nos íbamos de vacaciones, trabajábamos. Esperemos que vuelvan, aunque no van a ser las mismas chicas, ya no va a ser mi misma hermana. A mi sobrino tratamos de darle todo el amor, pero necesita de sus padres y de sus hermanas”.
Paola manifiesta que “el peligro sigue latente” y que las salidas de su familia (tiene dos hijos) se han limitado a despedir a las víctimas de Hamas. “Solo salimos de nuestro hogar para ir a velorios”, sintetiza el horror.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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