Novedad
Autor: Ariel Magnus Editorial: Seix Barral Precio: $8900
Ariel Magnus. “El delirio tiene que estar en función de la realidad; me desnudé, pero me dejé las medias”
En su nueva novela, el argentino residente en Berlín conecta a sus antepasados con el escándalo de La siesta del fauno, de Nijinsky, y el rodaje de la primera película porno
Daniel Gigena
El genial bailarín y coreógrafo Vaslav Nijinsky y su enamorada Romola de Pulszky (que lo llevó al altar en la ciudad de Buenos Aires); un personaje de Cocka Hola Company, sátira de Matias Faldbakken, y el escritor Eugene O’Neill, de paso por la Argentina, forman parte del elenco de la nueva ficción de Ariel Magnus (Buenos Aires, 1975), La fiesta de un fauno (Seix Barral). El autor pasa de narrador a actor de una historia que conjuga erotismo, humor y la apuesta por un procedimiento basado en la aceleración de la fantasía sobre materias diversas: del tango a la pornografía, y del judaísmo al habla de los argentinos. La novela se ambienta en los años veinte del siglo pasado y del actual.
Los narradores de Magnus siempre van por más: más reflexiones de los personajes a partir de circunstancias banales o cruciales, más chistes por página, más escenas insólitas y un uso libre del contexto histórico (en La fiesta de un fauno convergen el escándalo de Nijinsky en el Teatro Colón al presentar La siesta del fauno, la pandemia y el nazismo). Y atribuye a sus bisabuelos judío-alemanes la producción de la primera película porno en Buenos Aires (cuando toda la ciudad era un suburbio, según la bisabuela de Magnus), y a sí mismo, una singular performance sexual más allá del binarismo narrada con lenguaje inclusivo. “Lo usé por exigencia de la escena, por cierto la más porno. Fue mi primera vez y, como tal, no me sentí muy cómodo. Pero de eso se trata, de molestar, de subrayar cacofónicamente una naturalización nada natural, no en el lenguaje, sino en la vida social. Si alguna vez se afianza y deja de incomodar, habrá que buscar otra estrategia”.
Magnus es uno de los pocos escritores argentinos que no temen asumir el legado de César Aira; de hecho, publicó el “diccionario” Ideario Aira en 2019. “No solo en las especulaciones, sino también en los momentos de mayor fantasía, aunque en mi caso nunca logro despegar los pies de la tierra –dice a
Tampoco sé si quiero. El delirio tiene que estar en función de la realidad, si cobra demasiada vida propia pierdo la orientación y el sentido de lo que estoy escribiendo. Así que ya ven, me desnudé todo, pero, como buen actor del género, me dejé las medias puestas”.
Una vez terminada la pandemia, se instaló en Berlín con su pareja, la escritora Mariana Dimópulos. Entre otros autores, Magnus tradujo obras de Stefan Zweig, Franz Kafka, Christa Wolf, Lola Randl, R. W. Fassbinder y, recientemente, una novela de la argentina residente en Alemania María Cecilia Barbetta.
–La novela reúne distintos hechos históricos y familiares. ¿Tu bisabuelo filmó de verdad películas pornográficas?
–Existe la leyenda de que la primera pornodelaqueaúntenemosimágenes, El sátiro, se filmó en la Argentina a principios del siglo pasado. Por esa época mi bisabuelo viajó desde Alemania como representante de Osram, que tenía unas bombitas especiales para cine. Uniendo esos dos hechos queda demostrada definitivamente la verdad del mito y se resuelve una incógnita familiar: ¿con qué ganó mi bisabuelo tanto dinero como para volver a Alemania e independizarse?
–Así como en el libro se habla de la “desballetización del ballet”, ¿tu obra desliteraturiza la literatura?
–El ballet que desballetiza Nijinsky tenía reglas muy fijas, más incluso que las de la literatura de su época, ni hablar de la actual. Desliteraturizar la literatura, hoy en día, sería irse para el otro lado, me parece, por ejemplo el de la autoficción. Esta novela quizá tenga rasgos de eso, pero son solo aparentes y más bien para tomarles el pelo, cosa que espero que nadie tome a mal viniendo de un pelado. Al mezclar personas reales, famosas y desconocidas, con personajes tomados de otros libros, metiendo además a un narrador con mi nombre y apellido en el relato, lo que ocurre es en todo caso una sobreliteraturización del mundo real.
–El humor es un eje de tu obra.
–El humor es el tono en el que me gusta escribir. A veces más, a veces menos, pero es imposible que no aflore. Resulta ideal para no callarse nada, aunque sea al precio de que tampoco se confiera mucho peso.
–¿Por qué elegiste como leitmotiv la pornografía? ¿Tenés una opinión sobre esta práctica que se considera misógina?
–Si la primera película de terror se hubiera filmado en la Argentina, habría escrito una novela sobre el terror y acaso de terror. El tema lo dieron esa leyenda y las ganas de descularla con las herramientas de la ficción. La investigación fue sobre la base de libros, o sea, aprovechándome de la erudición de los cinéfilos del porno, que es, como bien se señala, un género misógino, como lo es la sociedad por y para la que está producido. Y ese no es su lado más oscuro. El libro no lo aborda específicamente, aunque tampoco lo esquiva olímpicamente. Está ahí, sin llegar a arruinar la fiesta, espero, y lo sostienen precisamente los personajes femeninos, que son los más importantes. Traté de darle una solución creativa, y también sexualmente creativa, al problema de abordar un tema del que hoy en día tal vez sea mejor mantenerse alejado. Es curioso, porque a la idea original la tuve hace como veinte años, pero la concreté recién ahora, a pesar de que quizá sea el momento más riesgoso para hablar de estas cosas. O quizá por eso.
–La cuestión de las migraciones también está presente, ¿es otro eje de tu obra?
–Es parte también de la leyenda, porque se supone que la película la filmaron europeos. Ellos trajeron la tecnología y nosotros pusimos la liberalidad, digamos. Pero no necesito ninguna excusa en mis libros para hablar sobre migrantes y migraciones y choque de culturas, un tema favorito. Vivo entre por lo menos dos culturas, así que cualquier cosa que se reduzca a una sola me resulta no solo aburrida, sino hasta antinatural.
–¿Cómo es tu vida en Berlín?
–Vine invitado y me quedé. Y llevo la vida que siempre quise, escribiendo y leyendo y traduciendo. Empecé a escribir libros en alemán, llevo publicados dos [Kurzgebiete y Tür an Tür], y ahora me dieron una beca para un tercero. Escribir en alemán es un acto de irresponsabilidad de mi parte y quizá por eso me gusta tanto, no me tengo que hacer cargo de nada, porque en el fondo no es mi idioma. Por supuesto que sigo leyendo literatura argentina y que extraño Buenos Aires. Vivo con la mitad de la cabeza de un lado y la mitad del otro.
–¿Seguís a distancia la política nacional y qué opinión te merece?
–La sigo muy de cerca. A la mañana miro varios portales argentinos antes de acordarme de que estoy en Alemania y de abrir el Spiegel. Me apuré a hacer el cambio de domicilio para poder votar; un saludo especial a los que hacen la campaña #notehagaseleuropeo. Más que una opinión, lo que tengo es la esperanza de que los que votaron o piensan votar desde el hartazgo recapaciten y no lo hagan por la opción que solo va a empeorar las cosas. Libres de estos libertarios de temer, nos sentamos a conversar el resto.
–¿Cómo recibiste la noticia del ataque de Hamas a Israel?
–Por tener familia en Israel y por estar más cerca de Medio Oriente, el shock creo que fue incluso más fuerte. A pocas cuadras de casa algunos palestinos salieron a festejar esa carnicería cobarde que desvirtúa severamente sus reclamos legítimos. Pero el antisemitismo no necesita ayuda de estos muchachos de ascendencia árabe para seguir existiendo entre los alemanes de ascendencia nazi. La extrema derecha saca cada vez más votos, y estos migrantes son sus nuevos judíos.
–¿Leíste al Nobel de Literatura 2023, el noruego Jon Fosse?
–No sabía ni de su existencia. Me gusta cuando el Nobel nos descubre a nuevos autores. En mi experiencia, y dejándoles pasar el traspié de dárselo al Dylan no Thomas, no hay Nobel que no valga la pena, y muchos son absolutamente merecidos: Cela, Coetzee, Herta Müller, Vargas Llosa (el joven), Handke...
–¿Cuáles son tus proyectos actuales?
–Está en curso la traducción al castellano de un libro sobre judíos y nazis en el exilio argentino, en parte histórico y en parte personal, porque cuento muchas anécdotas de mi familia. En cuanto a la ficción, estoy con una novela sobre Errico Malatesta y Luca Prodan, dos italianos que estuvieron unos años en la Argentina con un siglo de diferencia y que dejaron honda huella. Una linda excusa para reflexionar sobre el de pronto tan baqueteado concepto de libertad, en su versión solidaria, humana, y en la otra.
–¿Qué aporta tu oficio de traductor al escritor y viceversa?
–Se complementan y en algunos casos hasta son parte del mismo proyecto. Traduciendo se me ocurren ideas para novelas e investigando para novelas llego a libros que me parece que habría que traducir. Es una retroalimentación constante. Además todo el tiempo estoy traduciendo en mi cabeza cuando escribo, como si siempre quisiera decir en un idioma lo que sonaría mejor en otro.
El genial bailarín y coreógrafo Vaslav Nijinsky y su enamorada Romola de Pulszky (que lo llevó al altar en la ciudad de Buenos Aires); un personaje de Cocka Hola Company, sátira de Matias Faldbakken, y el escritor Eugene O’Neill, de paso por la Argentina, forman parte del elenco de la nueva ficción de Ariel Magnus (Buenos Aires, 1975), La fiesta de un fauno (Seix Barral). El autor pasa de narrador a actor de una historia que conjuga erotismo, humor y la apuesta por un procedimiento basado en la aceleración de la fantasía sobre materias diversas: del tango a la pornografía, y del judaísmo al habla de los argentinos. La novela se ambienta en los años veinte del siglo pasado y del actual.
Los narradores de Magnus siempre van por más: más reflexiones de los personajes a partir de circunstancias banales o cruciales, más chistes por página, más escenas insólitas y un uso libre del contexto histórico (en La fiesta de un fauno convergen el escándalo de Nijinsky en el Teatro Colón al presentar La siesta del fauno, la pandemia y el nazismo). Y atribuye a sus bisabuelos judío-alemanes la producción de la primera película porno en Buenos Aires (cuando toda la ciudad era un suburbio, según la bisabuela de Magnus), y a sí mismo, una singular performance sexual más allá del binarismo narrada con lenguaje inclusivo. “Lo usé por exigencia de la escena, por cierto la más porno. Fue mi primera vez y, como tal, no me sentí muy cómodo. Pero de eso se trata, de molestar, de subrayar cacofónicamente una naturalización nada natural, no en el lenguaje, sino en la vida social. Si alguna vez se afianza y deja de incomodar, habrá que buscar otra estrategia”.
Magnus es uno de los pocos escritores argentinos que no temen asumir el legado de César Aira; de hecho, publicó el “diccionario” Ideario Aira en 2019. “No solo en las especulaciones, sino también en los momentos de mayor fantasía, aunque en mi caso nunca logro despegar los pies de la tierra –dice a
Tampoco sé si quiero. El delirio tiene que estar en función de la realidad, si cobra demasiada vida propia pierdo la orientación y el sentido de lo que estoy escribiendo. Así que ya ven, me desnudé todo, pero, como buen actor del género, me dejé las medias puestas”.
Una vez terminada la pandemia, se instaló en Berlín con su pareja, la escritora Mariana Dimópulos. Entre otros autores, Magnus tradujo obras de Stefan Zweig, Franz Kafka, Christa Wolf, Lola Randl, R. W. Fassbinder y, recientemente, una novela de la argentina residente en Alemania María Cecilia Barbetta.
–La novela reúne distintos hechos históricos y familiares. ¿Tu bisabuelo filmó de verdad películas pornográficas?
–Existe la leyenda de que la primera pornodelaqueaúntenemosimágenes, El sátiro, se filmó en la Argentina a principios del siglo pasado. Por esa época mi bisabuelo viajó desde Alemania como representante de Osram, que tenía unas bombitas especiales para cine. Uniendo esos dos hechos queda demostrada definitivamente la verdad del mito y se resuelve una incógnita familiar: ¿con qué ganó mi bisabuelo tanto dinero como para volver a Alemania e independizarse?
–Así como en el libro se habla de la “desballetización del ballet”, ¿tu obra desliteraturiza la literatura?
–El ballet que desballetiza Nijinsky tenía reglas muy fijas, más incluso que las de la literatura de su época, ni hablar de la actual. Desliteraturizar la literatura, hoy en día, sería irse para el otro lado, me parece, por ejemplo el de la autoficción. Esta novela quizá tenga rasgos de eso, pero son solo aparentes y más bien para tomarles el pelo, cosa que espero que nadie tome a mal viniendo de un pelado. Al mezclar personas reales, famosas y desconocidas, con personajes tomados de otros libros, metiendo además a un narrador con mi nombre y apellido en el relato, lo que ocurre es en todo caso una sobreliteraturización del mundo real.
–El humor es un eje de tu obra.
–El humor es el tono en el que me gusta escribir. A veces más, a veces menos, pero es imposible que no aflore. Resulta ideal para no callarse nada, aunque sea al precio de que tampoco se confiera mucho peso.
–¿Por qué elegiste como leitmotiv la pornografía? ¿Tenés una opinión sobre esta práctica que se considera misógina?
–Si la primera película de terror se hubiera filmado en la Argentina, habría escrito una novela sobre el terror y acaso de terror. El tema lo dieron esa leyenda y las ganas de descularla con las herramientas de la ficción. La investigación fue sobre la base de libros, o sea, aprovechándome de la erudición de los cinéfilos del porno, que es, como bien se señala, un género misógino, como lo es la sociedad por y para la que está producido. Y ese no es su lado más oscuro. El libro no lo aborda específicamente, aunque tampoco lo esquiva olímpicamente. Está ahí, sin llegar a arruinar la fiesta, espero, y lo sostienen precisamente los personajes femeninos, que son los más importantes. Traté de darle una solución creativa, y también sexualmente creativa, al problema de abordar un tema del que hoy en día tal vez sea mejor mantenerse alejado. Es curioso, porque a la idea original la tuve hace como veinte años, pero la concreté recién ahora, a pesar de que quizá sea el momento más riesgoso para hablar de estas cosas. O quizá por eso.
–La cuestión de las migraciones también está presente, ¿es otro eje de tu obra?
–Es parte también de la leyenda, porque se supone que la película la filmaron europeos. Ellos trajeron la tecnología y nosotros pusimos la liberalidad, digamos. Pero no necesito ninguna excusa en mis libros para hablar sobre migrantes y migraciones y choque de culturas, un tema favorito. Vivo entre por lo menos dos culturas, así que cualquier cosa que se reduzca a una sola me resulta no solo aburrida, sino hasta antinatural.
–¿Cómo es tu vida en Berlín?
–Vine invitado y me quedé. Y llevo la vida que siempre quise, escribiendo y leyendo y traduciendo. Empecé a escribir libros en alemán, llevo publicados dos [Kurzgebiete y Tür an Tür], y ahora me dieron una beca para un tercero. Escribir en alemán es un acto de irresponsabilidad de mi parte y quizá por eso me gusta tanto, no me tengo que hacer cargo de nada, porque en el fondo no es mi idioma. Por supuesto que sigo leyendo literatura argentina y que extraño Buenos Aires. Vivo con la mitad de la cabeza de un lado y la mitad del otro.
–¿Seguís a distancia la política nacional y qué opinión te merece?
–La sigo muy de cerca. A la mañana miro varios portales argentinos antes de acordarme de que estoy en Alemania y de abrir el Spiegel. Me apuré a hacer el cambio de domicilio para poder votar; un saludo especial a los que hacen la campaña #notehagaseleuropeo. Más que una opinión, lo que tengo es la esperanza de que los que votaron o piensan votar desde el hartazgo recapaciten y no lo hagan por la opción que solo va a empeorar las cosas. Libres de estos libertarios de temer, nos sentamos a conversar el resto.
–¿Cómo recibiste la noticia del ataque de Hamas a Israel?
–Por tener familia en Israel y por estar más cerca de Medio Oriente, el shock creo que fue incluso más fuerte. A pocas cuadras de casa algunos palestinos salieron a festejar esa carnicería cobarde que desvirtúa severamente sus reclamos legítimos. Pero el antisemitismo no necesita ayuda de estos muchachos de ascendencia árabe para seguir existiendo entre los alemanes de ascendencia nazi. La extrema derecha saca cada vez más votos, y estos migrantes son sus nuevos judíos.
–¿Leíste al Nobel de Literatura 2023, el noruego Jon Fosse?
–No sabía ni de su existencia. Me gusta cuando el Nobel nos descubre a nuevos autores. En mi experiencia, y dejándoles pasar el traspié de dárselo al Dylan no Thomas, no hay Nobel que no valga la pena, y muchos son absolutamente merecidos: Cela, Coetzee, Herta Müller, Vargas Llosa (el joven), Handke...
–¿Cuáles son tus proyectos actuales?
–Está en curso la traducción al castellano de un libro sobre judíos y nazis en el exilio argentino, en parte histórico y en parte personal, porque cuento muchas anécdotas de mi familia. En cuanto a la ficción, estoy con una novela sobre Errico Malatesta y Luca Prodan, dos italianos que estuvieron unos años en la Argentina con un siglo de diferencia y que dejaron honda huella. Una linda excusa para reflexionar sobre el de pronto tan baqueteado concepto de libertad, en su versión solidaria, humana, y en la otra.
–¿Qué aporta tu oficio de traductor al escritor y viceversa?
–Se complementan y en algunos casos hasta son parte del mismo proyecto. Traduciendo se me ocurren ideas para novelas e investigando para novelas llego a libros que me parece que habría que traducir. Es una retroalimentación constante. Además todo el tiempo estoy traduciendo en mi cabeza cuando escribo, como si siempre quisiera decir en un idioma lo que sonaría mejor en otro.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.