Noche para romper el triple empate solo tomando riesgos
— por Pablo Sirvén
Como accionistas de la “corporación” República Argentina esta noche, durante el segundo debate presidencial, tendremos la última oportunidad para comparar entre los aspirantes a convertirse en el próximo CEO de la “compañía” y hacer nuestra propia evaluación.
Eso sí, tendremos que ser lo suficientemente perspicaces para distinguir al más versado del más versero, detectar al que demuestra autoridad sin ser autoritario y a quien tiene tantas agallas como imprescindible autocontrol.
La televisión, otra vez, recobrará su centralidad, como sucede en los grandes eventos, con los demás medios y dispositivos actuando como meros propaladores y replicantes.
Pero esta vez el desafío es aún mucho más dramático: los principales contendientes deben saber que, en esta instancia, quién no arriesga pierde. Hoy tendrán que salir a matar o morir (dicho esto, eufemísticamente), si pretenden hacer alguna diferencia sustancial a su favor. Hoy es el día para que procuren romper el triple empate (el único dato cierto son los resultados de las PASO; las demás son meras elucubraciones) y aprovechen la enorme audiencia, que ya se registró hace siete días y que supone una enorme oportunidad: también integrarán ese público buena parte de los once millones de personas que no votaron en las PASO, muchos de los cuales aún no decidieron su voto o están dudosos.
Si, supuestamente, todo hace pensar que Javier Milei ya tiene asegurado un lugar en una eventual segunda vuelta, los que más esfuerzo deberán hacer para no quedar fuera de competencia son Sergio Massa y Patricia Bullrich. Ella podrá echarle en cara que su responsabilidad en el Gobierno no se limita a su año y medio como ministro de Economía, sino que se remonta a diciembre de 2019, por ser una de las cabezas fundantes del Frente de Todos (hoy Juntos por la Patria). Él pretenderá hacer cargo a la representante de Juntos por el Cambio de los errores de la administración Macri y de sus endebles conocimientos económicos.
El candidato oficialista la sacó barata en el primer debate porque los demás competidores no fueron conun tra él a fondo y, sorprendentemente, el escándalo Insaurralde fue apenas un tema colateral. Su principal contrincante opositora llegó averiada –“Estaba muy enferma y disminuida”, explicó después sobre el estado gripal que la afectaba–, se enredó en algunas respuestas y repitió eslóganes de su campaña. Milei mantuvo a raya a su personaje estridente, no pronunció la palabra “dolarización”, pero se metió solo en el berenjenal de los derechos humanos para insistir con que la candidata de JXC fue “montonera y tirabombas”. Eso le valió que Bullrich, a posteriori, lo llevara a Tribunales. El referente libertario redobló la apuesta al afirmar que ella puso explosivos en jardines de infantes, un pifie grave que los estudiosos de la violencia de los años setenta no avalan: no se registran episodios de esa naturaleza perpetrados por la guerrilla.
De ensuciar por ensuciar, manipulando datos o, peor todavía, directamente mintiendo para hundir a la competencia, es algo de lo que hoy Milei y los demás deberían cuidarse especialmente.
Que imaginen, para no tentarse, que están rindiendo la prueba final para ocupar el más alto cargo de una poderosa corporación internacional. Una mentira detectada en esa instancia sería suficiente bolilla negra para dejar fuera de combate al que intente engañar con alevosía. Con mucha más razón deberíamos proceder los votantes. Quién miente a sabiendas solo para ganar también lo hará si se le confía el puesto de mayor relevancia del país.
Más tareas para los televidentes: intentar detectar a quien pueda demostrar ser más honesto e idóneo para desempeñarse como presidente. Es cierto que Patricia Bullrich debería destrabar su lengua y lograr mayor f luidez, pero no todo pasa por la oratoria. Procurar también estar muy perceptivos a las gestualidades y a las entrelíneas; a lo que no se ve, pero se percibe.
Coaching básico para los candidatos: procurar ser más auténticos (todos), dejar las generalidades de lado y bajar a propuestas bien concretas (Bullrich), no ofuscarse (Milei) y evitar mostrarse cínicos y sí más autocríticos (Massa). Y quienes ya saben que están fuera de carrera (Schiaretti y Bregman), y por eso se muestran más espontáneos y relajados, podrían aprovechar la ocasión para convencer a la audiencia de que, al menos, corten boleta para engrosar sus respectivas representaciones en el Congreso.
En el debate del domingo pasado Milei, Bullrich y Massa se mostraron extremadamente cautelosos, no arriesgaron y, por eso, nadie brilló. Ninguno enamoró. En el mejor de los casos, conservaron lo que tenían. Que lo tengan en claro: esta noche eso solo no alcanzará.
Los candidatos tendrán que ser más audaces para convencer a la audiencia que debe elegir al próximo “CEO” de la Argentina
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Intimidades de vestuario del primer debate presidencial
por Maia Jastreblansky
Los rayos del sol caen impiadosos en el asfalto y el traqueteo de las valijas sobre las baldosas es atronador. Es domingo y es la hora de la siesta en Santiago del Estero. Candidatos, asesores, gurúes, funcionarios y periodistas se dirigen a la legislatura local para obtener las acreditaciones para el primer debate presidencial de 2023 y luego se dispersan en busca de sus hospedajes. Se cruzan, se saludan y colaboran con indicaciones. El clima competitivo cede ante el calor santiagueño en la previa al cruce de los candidatos, que tendrá lugar en el centro de convenciones Forum.
La camaradería empezó antes, en los vuelos de Aerolíneas Argentinas, donde referentes de las distintas tribus habían compartido la espera del embarque, las filas eternas, las peleas por el espacio en la cabina del avión para guardar el equipaje que nadie quiso despachar. En el último vuelo que aterrizó el domingo por la tarde, el candidato a vicepresidente de Patricia Bullrich, Luis Petri, se cruzó con el candidato a jefe de gobierno porteño libertario, Ramiro Marra. Y el senador Luis Naidenoff –que tiene que dar pelea para retener su banca en estos comicios– se encontró con el banquero Juan Nápoli (La Libertad Avanza), que aspira a entrar en la Cámara alta para coronar su incursión en la política.
El día previo habían viajado algunos de los protagonistas. A Patricia Bullrich la vieron digerir en pleno vuelo un analgésico “plus” para tratar de revertir su estado febril y gripal. Javier Milei y parte de su equipo compartió el periplo con Myriam Bregman y su compañero de fórmula, Nicolás del Caño. Las dos tribus se cruzaron con los “jingles” de la campaña como en la cancha, pero siempre con gestos amistosos en la cara.
En una sobreactuación de austeridad, Sergio Massa había llegado por tierra a Santiago del Estero. “Es mentira, hicieron parte del trayecto en auto y después subieron a un avión privado”, despotricaron los libertarios en el aeropuerto. Pasado el mediodía del domingo, casi toda la plana mayor de la política está en un radio acotado en el centro de la capital santiagueña. El operativo de seguridad se hace notar. El único que está un poco más alejado es el candidato de Unión por la Patria, que se hospedó en el hotel Las Marías en La Banda, a unos ocho kilómetros de Santiago.
En las pantallas de las cafeterías de los hoteles aparece el superclásico. River y Boca también son transversales a toda la política. Mientras algunos referentes y colaboradores siguen el partido, los candidatos están descansando, concentrando y afinando su estrategia, cada uno en su habitación de hotel. Bullrich y Bregman en el NH; Milei y Juan Schiaretti (que llegó por vía terrestre desde Córdoba) en el Hilton; Massa, en Las Marías.
El affaire de Insaurralde con Sofía Clerici está muy fresco y asoma en cada conversación, con todo tipo de especulaciones. Que el factor pasional alcanza para explicar el episodio, que es una operación de los servicios de inteligencia, que es una vendetta de los bingos… Un referente kirchnerista, que se dice dolido por el hecho, llega a esbozar mientras camina hacia el lugar del debate, que sospecha de “una venganza del propio Insaurralde contra el peronismo”.
En el lobby del NH, Diego Santilli –que ya quedó fuera de carrera para la gobernación bonaerense y acompaña a quien fue su rival en la interna, Néstor Grindetti– conversa feliz por el triunfo de River con Hernán Lombardi, uno de los asesores más cercanos a Bullrich. En ese momento, aparece Marra. “Estuviste muy bien en el debate porteño”, lo elogió el Colo al libertario. Más tarde se lo vería a Marra muy cerca de otro hombre de Pro, Ignacio Torres, gobernador electo de Chubut por Juntos por el Cambio. Son íntimos amigos desde hace años y su vínculo se hace evidente en la previa del debate.
En Santiago del Estero queda en claro que la red de relaciones de la política (de la “casta”) cabe en un pañuelo. Tanto es así que cuando a Grindetti ese domingo en Santiago le preguntaron por el viaje de Insaurralde a Marbella, se limitó a decir que era un asunto “de la vida privada” del lomense, a quien conoce bien.
Con la puesta del sol, la capital santiagueña se revitaliza. Helicópteros de la Policía Federal se elevan y aterrizan constantemente, los seguidores de los candidatos se acercan para interceptarlos en la salida de sus hoteles y darles su apoyo y los políticos empiezan a desfilar frente a la prensa camino hacia el lugar del debate. Cerca de la hora señalada, la dirigencia que hoy se está disputando el poder del país está toda junta en el ingreso al Forum de Santiago del Estero, como en la puerta de un teatro antes de la función.
Cuando el debate termina, algunos se muestran exultantes y otros fuerzan la sonrisa. Muchos se dirigen a los restaurantes de los hoteles y a los bares de la avenida Roca de la capital norteña para estirar la noche.
El pulso santiagueño se alteró con el primer debate presidencial; hubo algunos cruces amistosos detrás de escena, donde el tema dominante fue Insaurralde
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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