
“Si no trabajara, no podría tomar ni un café fuera de casa”. Entre el placer y la necesidad, los +80 siguen en carrera
Ana Coll, de 80 años, sigue ejerciendo como ginecóloga
Son cada vez más los adultos mayores que quieren mantenerse dentro del mercado laboral aunque hayan pasado la edad jubilatoria
Bárbara Epsztein
“Hago todo mi trabajo desde mi casa y sigo teniendo clientes. Mantenerse activo y tener la mente en funcionamiento es clave para estar de la mejor manera posible”, cuenta Alberto Berkleid, un contador público de 83 años, que tiene varios clientes a los que atiende desde hace tiempo. Hoy se quedó con menos cuentas para poder llevar una vida un poco más relajada que la de su etapa más productiva. Aunque asegura que disfruta de su profesión, también plantea que es difícil solventar todos los gastos que tiene únicamente con su jubilación y la de su esposa.
Según datos del Indec, la esperanza de vida de los argentinos en 1950 era de 56,9 años; mientras que la de las argentinas, de 61,4. Ahora, es 72,08 y 78,81, respectivamente. En este paradigma en el que la vida se extendió, también se dilataron los tiempos del retiro laboral.
Claro que las realidades de los diferentes casos varían. Hay quienes trabajan después de los 80 por placer y otros que necesitan seguir generando ingresos para mantenerse. Entre estas situaciones, además, hay muchos matices. Por empezar, el género: en la Argentina, 8% de los hombres mayores de 75 trabajan; del total de mujeres, en tanto, solo 2,2%.
El nivel educativo alcanzado por los adultos mayores también aparece como uno de los principales factores de permanencia en la actividad laboral. Cuanto más alto es el nivel obtenido, mayor es la probabilidad de mantenerse en el mercado de trabajo luego de la edad mínima para la jubilación. Según información del Indec de 2021, casi 5 de cada 10 varones mayores de 60 años con estudios universitarios siguen trabajando, mientras que la mujeres en las mismas condiciones lo hacen en un 27,2% . De quienes no terminaron el secundario, en tanto, el 34,4% de los hombres mantiene su actividad laboral, y de las mujeres, el 11%.
De acuerdo con Osvaldo Bodni, médico psiquiatra, “la actividad remunerada te hace sentir todavía en carrera”. Pero también es cierto que el mercado laboral formal no suele estar tan abierto a emplear a adultos mayores. “Es raro que quienes tenemos más de 80 podamos tener una actividad remunerada, ya que la experiencia no es muy valorada. La gente joven puede hacer lo mismo, pero más rápido o de forma más adecuada a las necesidades de hoy”, analiza.
Alberto Berkleid tiene 83 años y trabaja como contador desde su casaAún así, al prolongarse la esperanza y la calidad de vida, se pueden ver cada vez más personas de la tercera edad que optan por continuar con su carrera laboral. “Tener trabajo después de los 80 es darle calidad vida al tiempo de vida”, define Alejandro Bègue, médico especialista en psiquiatría y en psicogeriatría.
Una situación frecuente en Argentina es que, a pesar de alcanzar la edad jubilatoria, muchos continúen con la actividad laboral porque no pueden prescindir de los ingresos. “Yo sigo atendiendo el kiosco porque no me queda otra. Mi hija me ayuda, pero yo también tengo que estar para seguir facturando. Por ahora voy a continuar, porque con la jubilación no alcanza. Cuando ya no pueda estar tanto tiempo de pie, mi hija va a seguir sola. Tal vez la puedan ayudar mis nietos”, señala Víctor Ayala, un kiosquero bonaerense de 81 años.
“Cada vez hay más personas mayores que trabajan, pero hay que diferenciar si trabajan por la comida o por placer. Esto cambia sustancialmente –opina el doctor Bègue, miembro del departamento de Adultos Mayores de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)–. Más allá de eso, en mi opinión trabajar es poder realizarse. Y realizarse es más que saludable. Te puede dar un rédito económico también, pero va en la dirección de la trascendencia, del reconocimiento y de la satisfacción de estar vivo. Yo creo que es valioso estar trabajando después de los 80, en la circunstancia que sea”.
Algo similar piensa Ricardo Alberto, un taxista de 84 años. Él renovó su licencia de conducir hace dos meses y se la otorgaron por dos años. Cuando empezó a trabajar, todavía no había heladeras. Su primer trabajo fue a los ocho como vendedor de hielo y, desde ese momento, nunca más paró. Incluso trabaja fines de semana y feriados y alienta a sus pasajeros a seguir sus pasos.
“El trabajo es lo que te mantiene vigente, si no, te derrumbás. Lo hago porque lo hice toda mi vida, es lo que todo el mundo tiene que hacer. Económicamente tengo la jubilación mínima. Si no hiciera esto, no podría ni tomar un café fuera de casa. Cobrando solo 100.000 pesos de la jubilación no podría darme ningún gusto”, advierte Ricardo, después de una jornada de seis horas arriba del auto.
Según cuenta, sus pasajeros lo felicitan con frecuencia al ver un conductor tan profesional a su edad. “El otro día, un turista uruguayo me pidió una selfie. A mí me da risa, soy una persona normal que está en condiciones físicas para trabajar”, cuenta Ricardo.
En otros casos, la vocación es el principal motor para no retirarse. “Soy médica ginecóloga hace 57 años”, se presenta la doctora Ana Coll, de 80. Su profesión la define. Seguir trabajando es una decisión que toma por placer, para seguir vinculada con la salud, aunque también por lo económico.
Ana Coll aún ejerce como médica, aunque bajó el ritmo laboral: ya no va a congresos y atiende en el consultorio solo un día por semana“La profesión representa muchísimo. La elegí hace muchos años. El trabajo es una fuente de ingresos, pero, sobre todo, me ayuda a estar en contacto con mujeres, que es lo que más me interesa”, cuenta la médica cuyas pacientes, en su mayoría, siguen siendo las mismas desde hace más de 40 años. Y agrega: “La relación con la paciente es especial y valiosa. Muchas de ellas me invitaron a compartir momentos importantes de sus vidas: nacimientos de los hijos, graduaciones y celebraciones. A algunas les atendí los partos y hoy charlamos sobre sus nietos. Es lo que me mantiene bien y viva”.
La visión de los profesionales
Los expertos consultados por la nacion coinciden en que seguir trabajando contribuye a estar activos mentalmente y a prevenir enfermedades. La jubilación, muchas veces, provoca bajones anímicos o incluso depresión, al perder la capacidad de sentirse útil o productivo. “Mantenerse trabajando, con las condiciones a las que el cuerpo puede adaptarse a los 80, es seguir viviendo”, explica el doctor Bègue.
En tanto, Enrique Rozitchner, médico psiquiatra y psicoanalista especialista en geriatría, plantea que el trabajo en la tercera edad es preventivo. “Hay que evaluar cuál es el balance costo-beneficio, ya que cada actividad varía. Muchas veces la dificultad aparece cuando los pacientes no encuentran nuevos proyectos. Se quedan sin trabajo y ahí aparece la patología”, describe.
“A veces el mismo trabajo sirve para atravesar situaciones de depresiones, de pérdidas, de duelos. Es terapéutico en todos los sentidos: es tan saludable como hacer deporte y sirve para rehabilitar”, sigue el doctor Rozitchner, autor de La vejez no pensada.
Alberto Berkleid se recibió de contador público en la Universidad de Buenos Aires en 1971. Si bien hace algunos años visitaba más clientes, hoy pasa la mayor parte del tiempo en la oficina que armó en un dormitorio de su departamento. “Cuando uno trabaja, sigue ejercitando la mente. En este país, prácticamente todos los días salen un montón de resoluciones que tengo que analizar y estudiar. Además, trabajo para estar ocupado; si no, me vengo abajo. Por suerte, mentalmente estoy bien. Siempre dicen que la gente de edad tiene que seguir en actividad. Mientras uno esté ocupado y agilice la mente, es menos probable tener deterioro cognitivo”, dice el contador.
Antes de la pandemia, Alberto tenía más clientes y trabajaba todo el día. En los últimos años, acotó la agenda “por la edad” y ahora estas tareas le toman únicamente las tardes. Por las mañanas, en cambio, hace compras para su casa y algunos trámites. Hoy su trabajo es similar al de años atrás, pero en menor escala. Además de su trabajo, el contador, que cumple 84 el mes próximo, se define como un gran bailarín de rocanrol.
De acuerdo con el doctor Bègue, “la salud mental mejora su calidad trabajando y el nivel cognitivo se conserva, dura más o incluso mejora, según la tarea que uno despliegue”. En ese sentido, asegura: “Cualquier actividad que uno tenga, laboral o recreativa, estimula el trabajo del cerebro, que es parecido al músculo: cuánto más lo ejercitás, más hábil se vuelve. Cuando tiene un parate como el de la jubilación y no hay nuevos desafíos, se oxida, pierde vigor y velocidad”.
Otra de las razones por las que hay mayores de 80 años que deciden no abandonar su trabajo es para mantenerse conectados desde lo social en ambientes laborales, diferentes a los que pueden frecuentar en situaciones de ocio. Este es el caso de Noemí Schneider, de 81 años. A pesar de tener una vida social muy activa, repleta de actividades, ella desea seguir trabajando. “No me quiero quedar en mi casa, me aburro. Cuando estoy en la fábrica entra gente, voy al banco, hablo con la gerenta y con los clientes”, relata.
Noemí es la encargada del área contable de la fábrica de remeras que tiene su hijo. “Tengo tres años de la carrera de contadora, pero tuve que dejar porque en aquella época me estaba por casar y tenía que trabajar para poder ahorrar y comprar un departamento”, detalla. Antes de tener esta actividad laboral, Noemí fabricaba calzas. “Hace cinco años me caí jugando al tenis, deporte que sigo practicando. Me tuvieron que poner tres clavos. En ese momento, mis hijos me dijeron: ‘No trabajás más’. Pero a mí no me lo van a prohibir”, recuerda entre risas.
Así fue como Noemí negoció sumarse a la fábrica de remeras de uno de sus hijos. “Me pidió que me ocupara de la parte contable. Yo estoy acostumbrada porque siempre ayudé a mi esposo en la fábrica”, agrega.
El doctor Osvaldo Bodni, autor de La delegación del poder en el envejecimiento, sostiene que hay otro gran móvil que lleva a las personas mayores a querer seguir trabajando: dejar un legado. “Es casi por instinto, necesitamos pasarles un legado a quienes nos van a suceder”, explica. De acuerdo con Bodni, los avances técnicos del mundo producen una “devaluación” en los saberes y la experiencia –antes muy valiosos– de los adultos mayores. “Los abuelos, que eran los clásicos narradores, hoy son reemplazados por las narraciones a cargo de aparatos y pocos escuchan sus relatos”, sostiene. “Aparece un tipo de crisis evolutiva, depresiva, en las personas grandes, porque no tienen a quién contarle su historia. Lo que pasa es que tenemos necesidad de transmitirla, porque así se fue conformando el psiquismo humano, con interlocutores entre una generación y la otra”, describe el médico.
“Tengo muchas personas jóvenes a mi alrededor y, cuando me ven, me dicen: ‘Lo único que pido es llegar a tu edad como vos”’, cuenta por su parte Hebe Racauchi, quien no encuentra una única razón para explicar por qué sigue trabajando a sus 86 años. Algo es seguro: para ella, es un gran incentivo sembrar algo en quienes la rodean.
Hebe Racauchi, de 86, practica yoga y da clases de cocina macrobiótica“No sé si yo elijo hacerlo, es la vida la que me fue encaminando en las diferentes maneras que existen de dar. Casualmente, después de muchos años, volvió a aparecer la posibilidad de dar clases de cocina macrobiótica. Cuando uno da, en el solo hecho de dar, ya tiene la mejor devolución del otro lado. Tener la posibilidad de transmitir enseñanzas es maravilloso”, dice la acompañante espiritual, cocinera macrobiótica y experta en yoga.
Hebe disfruta de trabajar y continuar su formación. “Es clave aggiornarse y seguir en constante aprendizaje. En mi caso, siento plenitud al trabajar”, dice, y destaca que la mayoría de las personas que se acercan a ella buscan tomar sus enseñanzas para tener una vida de conexión con uno mismo.
Como lleva adelante una dieta sin carnes, lácteos, ni azúcares hace 45 años, Hebe les enseña técnicas culinarias a quienes quieran incursionar en este estilo de vida. Hace mucho tiempo que dicta cursos de cocina macrobiótica donde junta poco menos de 10 interesados por clase para aprender a preparar platos a base de vegetales.
"Siento plenitud al trabajar", dice HebeMenos es más
Un común denominador en la mayoría de los entrevistados es que la actividad laboral baja su intensidad a medida que se van haciendo más grandes. Los profesionales, en esta misma dirección, aconsejan tomarse esta etapa de la vida de una forma más relajada y poder encontrar una satisfacción en el desempeño laboral.
“Ahora el trabajo es más tranquilo, estoy menos horas. Abandoné la parte académica, docente y las conferencias y congresos. En el consultorio atiendo mañana y tarde, pero solo un día a la semana, en el que veo entre 12 y 14 pacientes. Otro día, trabajo virtualmente desde mi casa”, señala la doctora Coll, aficionada a la fotografía analógica. En su tiempo libre, disfruta de esta actividad y está por comenzar un proyecto con su profesora de fotografía.
“Algunas personas mayores continúan llevando un trabajo casi exclusivo o quieren seguir con el mismo ritmo de antes. Lo que uno aconseja es incorporar, con el avance de la edad, actividades nuevas y variadas. Si la actividad no es satisfactoria o se ve invadida por la sobreexigencia y el estrés, no es recomendable. Hay que definir las tareas y adecuarlas a cada momento de la vida”, concluye el doctor Rozitchner.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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