Crecen los “provincialismos” a costa de un retroceso del PJ
El peronismo podría gobernar ocho distritos a partir del 10 de diciembre, su piso histórico; emergen partidos “transversales” que pisan fuerte en cada uno de sus territorios
Pedro Lacour
El triunfo de Alfredo Cornejo en las últimas elecciones de Mendoza dio por finalizado el calendario de provincias que decidieron desdoblar sus comicios, una ronda que arrojó estadísticas inéditas de cara al nuevo mapa político del país. De los 18 distritos que eligieron gobernador este año, las oposiciones locales se alzaron con la victoria en siete. Neuquén, San Luis, San Juan, Chubut, Santa Cruz, Chaco y Santa Fe lograron alternancias, un número solamente equiparable al de 1999. En esa ocasión hubo ocho, una cantidad que podría replicarse si, como anticipan algunos sondeos, Rogelio Frigerio logra vencer al peronista Adán Bahl en Entre Ríos.
Anticipar la fecha de renovación de cargos provinciales es una tendencia que ya está consolidada: 2019 y 2023 fueron años récord, con apenas cuatro distritos que decidieron unificar sus elecciones con las nacionales. En un contexto de fuerte crisis económica, los oficialismos cristalizan ese modus operandi con un objetivo claro: cercar sus territorios y desenganchar sus agendas locales de la agenda nacional, a la que acusan de estar “contaminada” por discusiones que no les competerían a los habitantes de sus provincias.
Sin embargo, esa estrategia de supervivencia, que en la mayoría de los casos resultó efectiva (11 oficialismos lograron su continuidad), puede también quedarse a mitad de camino. Es que 2023 pasará a la historia como el año en el que el PJ rompió su piso de gobernaciones. Nunca antes el peronismo obtuvo tan pocos triunfos: a partir del próximo 10 de diciembre, se aseguró estar al frente del poder en cinco provincias, aunque las chances de reelegir en Catamarca, Entre Ríos o la provincia de Buenos Aires continúan latentes. El número más bajo registrado hasta el momento había sido de 12 gobernaciones, en los cuatro años posteriores a 1983, con picos de 17 en 1987 y en 2011.
“Es cierto que el PJ está perdiendo terreno político, pero no creo que sea a manos de Juntos por el Cambio, sino a costa de partidos netamente provinciales”, se anima a aventurar, en diálogo con la nacion, el politólogo Facundo Cruz, miembro del Centro de Investigación para la Calidad Democrática (CICAD). Sucede que, de acuerdo con lo expresado por el especialista, el acontecimiento de mayor trascendencia de la actual rueda electoral no sería tanto la debacle peronista, sino la emergencia de fuerzas políticas referenciadas localmente que logran pisar fuerte en cada uno de sus territorios. “Estamos ante una nueva oleada de provincialismos”, define Cruz, quien identifica el comienzo de ese ciclo en abril, con las elecciones de Neuquén y de Río Negro.
Tres cuestiones caracterizarían a esos espacios políticos, según Cruz. En primer lugar, que su líder es un dirigente “formado políticamente en su provincia y no impuesto desde afuera”. En segundo lugar, que se trata de espacios constituidos a partir del agrupamiento transversal de “pedazos de partidos” preexistentes. Y tercero, que lo hacen en torno una identidad localista bien marcada.
Además del neuquino Comunidad, de Rolando “Rolo” Figueroa –que logró vencer al histórico Movimiento Popular Neuquino (MPN) tras una hegemonía de 60 años de la familia Sapag–, entre los ejemplos destacan Juntos Somos Río Negro (JSRN), espacio comandado por el senador nacional y mandatario electo Alberto Weretilneck, y el Frente Renovador de la Concordia de Misiones, cuyo líder, el exgobernador Carlos Rovira, hace 15 años que dejó formalmente el Poder Ejecutivo para pasar a presidir la Legislatura local, desde donde maneja las riendas de la provincia a través de sucesivos delegados.
En ese listado, Cruz arriesga a incluir los casos de Marcelo Orrego (Producción y Trabajo) en San Juan y de Claudio Poggi (Avanzar) en San Luis, a pesar de que ambos triunfos provinciales fueron presentados como victorias de Juntos por el Cambio. “Poggi y Orrego son figuras distritales que no están referenciadas en liderazgos nacionales”, argumenta el politólogo. Y añade que, a diferencia de los dirigentes Maximiliano Pullaro (Santa Fe) e Ignacio Torres (Chubut), ambos dirigentes “son aliados de Juntos por el Cambio, aunque cuentan con sus propias estructuras, sin obedecer verticalmente” a ninguno de los partidos con sede en la ciudad de Buenos Aires.
Gobernabilidades
Para Cruz, el gran interrogante a futuro es el grado de alineamiento político que tendrán estos “provincialismos” con el próximo gobierno nacional. Sin embargo, las tendencias históricas permiten intuir un escenario previsible, en el que primaría el pragmatismo por sobre lo ideológico. “Lo que hicieron siempre los provincialismos fue acomodarse en una buena relación con la Casa Rosada”, indica el politólogo. Es que cada gobernador, a través de sus legisladores en el Congreso, se ve empujado a un juego de toma y daca que le abre las puertas, entre otras cuestiones, a la obtención de mayores fondos para obra pública en sus distritos.
“Los legisladores de los partidos provinciales suelen ser la llave de la gobernabilidad, sobre todo cuando tienen una bancada que está ubicada en el medio entre dos facciones, como ocurrió en los últimos dos años del Congreso”, señala Cruz. Y pone de ejemplo al interbloque Provincias Unidas, de la Cámara de Diputados, conformado por legisladores rionegrinos, neuquinos y misioneros, que “en muchas ocasiones terminan terciando para alguno de los dos lados en virtud de sus agendas”.
Una situación que lo grafica tuvo lugar la semana pasada en la Cámara alta, cuando la senadora “misionerista” Magdalena “Maggie” Solari dio quorum para que el oficialismo votara la aprobación del pliego para la Cámara de Casación de Ana María Figueroa, pero sorprendió a propios y extraños cuando se levantó antes de la votación y forzó un empate de 35 a 35. Desde Misiones deslizaron a la nacion que los movimientos de Solari habrían respondido a una orden directa de Rovira, en su afán por dar gestos y señales de que su sociedad política no es con el kirchnerismo, sino con Sergio Massa.
¿Qué va a pasar, en ese sentido, el día después del 22 de octubre? Cruz aclara que muchos de los gobernadores electos, antes de pensar en el juego nacional, cuyas reglas aún no están definidas, “deberán dedicarse a arreglar sus juegos internos”. Es que de todas las provincias que alternaron solamente dos de los nuevos oficialismos tendrán mayoría en su Poder Legislativo: Santa Fe y Chubut.
“Pullaro y Torres tendrán la mayoría porque los sistemas electorales de sus provincias establecen que la lista que sale primera se lleva la mayoría de la Legislatura”, detalla Cruz. Y agrega: “En los otros cinco casos, los gobernadores o van a tener la primera minoría, que es la mayor cantidad de bancas pero sin llegar al 50%, o van a tener un gobierno dividido, con el exoficialismo controlando la Cámara”.
El factor Milei
¿Encenderá una luz de alarma en el tablero de los mandatarios provinciales la intención, explicitada por el propio Javier Milei, de terminar con la coparticipación federal de impuestos en caso de ser presidente? El candidato de La Libertad Avanza llama a esta medida “correspondencia fiscal” y formaría parte, en rigor, de la “tercera generación” de reformas incluidas en su plan de gobierno de más de 35 años. Su horizonte es que cada provincia “gaste en función de lo que se recauda” y viva con lo que produce.
Según argumenta Cruz, es un dato de la realidad que los referentes provinciales se sentirían mucho más cómodos con un gobierno de Massa que con lo que podría ocurrir si Milei se sentara en el sillón de Rivadavia el próximo 10 de diciembre. Sin embargo, la victoria del libertario en 16 provincias dio cuenta de una dinámica que los propios gobernadores contribuyeron a gestar, pero que al mismo tiempo los excede.
“Desacoplando las elecciones provinciales se genera una agenda de discusión del modelo provincial, pero se termina por descuidar la elección nacional. Llegado el momento, no son los mismos incentivos”, señala Cruz, para quien, sin embargo, la hipótesis de que los mandatarios peronistas le quitaron el cuerpo a la campaña antes de las PASO del 13 de agosto “no tiene asidero real”.
“Sostener eso sería asumir que la ciudadanía solo se mueve por maquinaria, cuando lo que tenés hoy es un electorado cada vez más sofisticado, que puede votar primero por la continuidad del oficialismo provincial y después, a nivel nacional, ir con una opción completamente disruptiva”, apunta el politólogo. Sin ir más lejos, esa escisión tan tajante también explicaría los magros resultados de los candidatos locales de Milei, quienes en su gran mayoría no superaron los 10 puntos. La opinión pública se reconfigura y exige una nueva caja de herramientas para comprenderla.
Apenas cuatro provincias unificaron sus elecciones con las nacionales
Los gobernadores buscan consolidar sus propias agendas locales
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Nuevos y vanos intentos de tapar el sol con las manos
Javier Blanco
Apenas 96 horas después de que un par de posteos en Instagram de Sofía Clerici se revelaran más eficaces para alertar a jueces y fiscales sobre posibles delitos relacionados con el lavado de dinero y operaciones fraudulentas que la multiplicidad de organismos públicos supuestamente a cargo de esa tarea, el Gobierno lanzó una serie de investigaciones para tratar de frenar lo que su errática política cambiaria alentó.
Comenzó a perseguir a quienes pudieronhacerimportaciones“truchas” para acceder al dólar oficial a precio de liquidación o accesos injustificados (no respaldados por contrapartes verificables) al dólar Bolsa o MEP, un tipo de cambio que surge de operaciones con bonos o acciones que cotizan en pesos o dólares y al que se encargó de “subsidiar” usando hasta US$100 millones por día en reservas del Banco Central (BCRA), ésas que más que le escasean, para abaratarlo.
La concatenación de hechos, que facilita cualquier posible nueva versión de El Reino del Revés, la genial creación de la inolvidable María Elena Walsh, revela que el Gobierno se ve ahora acechado por distintas versiones del monstruo que se encargó de alimentar repetidamente en los últimos años al fomentar el atraso cambiario.
Fue su modo de aportar así también a un sostenimiento o ampliación de la brecha cambiaria, que llegó a media semana al 160% cuando en la Cuba comunista es del orden del 100%. “La destrucción de la economía y de la moneda es tal que en este momento el peronismo superó la inflación de la dictadura de Cuba”, hizo notar por estos días el economista Ramiro Castiñeira.
La cuestión es que ahora que el final de la administración Fernández se avecina con credibilidad casi nula, y siendo además público que se gastó todos los cartuchos que tenía para tratar de reprimir al monstruo, éste tomó una mayor dimensión, lo que lo obliga a esgrimir cada vez más los “garrotes” (multas, allanamientos y suspensiones) tras haber derrochado en los últimos meses las “zanahorias” (incentivos de precio para alentar las liquidaciones por el MULC y hasta para generar oferta para el dólar “contado con Liquidación” -CCL-) sin lograr siquiera con eso recomponer las reservas del BCRA o evitar nuevos “picos” en la brecha.
La sostenida escalada que ensayaron en las últimas ruedas los precios de los dólares financieros o libres, marcando récords, dejó menos espacio a los funcionarios que jugaban el rol de “policía bueno” y concedió protagonismo a los que siempre hicieron de “policía malo”, coincidieron en describir los representantes empresarios encargados de negociar con estos funcionarios los “aportes” al mercado cambiario oficial en el marco de los beneficios recibidos.
Incluso, admiten, llevó a varios de los que se habían caracterizado como moderados a perder los estribos y proferir todo tipo de adjetivos descalificativos y hasta veladas amenazas, esta semana, coincidieron en señalar atribulados a la nacion desde esos dos sectores, tras reclamar anonimato.
En este marco es que reaparecieron los allanamientos a bancos, estudios jurídicos y operadores bursátiles en procura de determinar supuestas operaciones truchas y hasta las amenazas de suspensión.
Son controles que deberían ser habituales pero que ahora son difundidos para tratar de frenar la oleada dolarizadora y provocar una parálisis que ayude a controlar mejor los precios de los dólares libres.
Y hasta medidas para aletargar operaciones como la extensión, dispuesta ayer por la CNV, de uno a cinco días del plazo de inmovilidad para operar bonos con contrapartida externa, y aminorar así la fuga de divisas (mientras se aguardan los aportes de exportadores al CCL).
De síntomas y enfermedades
Se trata otra vez de intentos de tapar el sol con las manos, coinciden los analistas. O de atacar la fiebre y no la enfermedad que la produce. “Si lo hicieron para ganar tiempo, confiando en que los mecanismos ideados para aplacar la brecha harán su aporte en los próximos días, aportará para llegar a las urnas sin devaluar. Pero el efecto se evaporará más temprano que tarde”, explicó un avezado operador cambiario.
Ni más ni menos que derivaciones del nuevo “pico” que alcanzó la brecha o de saberse que el tipo de cambio real multilateral ya está más atrasado que antes de las PASO. Aun con dos semanas de congelamiento por delante, según el tipo de cambio real multilateral del BCRA se encuentra tres puntos debajo del valor de comienzos de agosto. Eso confirma que el dólar oficial es de los bienes más baratos que hay y desparrama efectos nocivos sobre la economía.
Ese rezago, en medio de este nivel de brecha, incentiva la subfacturación de exportaciones y resiente la liquidación de las cosechas por un lado, y tienta a muchas empresas a sobrefacturar importaciones (como las 176 que investiga ahora la Aduana), realizar pagos anticipados de deuda o transacciones comerciales por el otro. Todo para poder acceder a más dólares oficiales, es decir, a precios entre 130 y 150% más bajos que los “de mercado”, algo que hace un aporte extra a la grotesca distorsión de precios relativos con que ya opera la economía.
En este marco, la única apuesta oficial se reduce a transitar las nueve ruedas previas a la elección general sin tener que volver a resignarse a validar otra devaluación oficial del peso. “Si caemos en eso, ni aunque le volvamos a echar la culpa al FMI nos van a creer”, confesó un funcionario, resignado, en una de estas tantas reuniones destinadas a “persuadir” a los exportadores beneficiados por los dólares soja o Vaca Muerta a que hagan sus aportes al MULC y al mercado secundario para calmar al CCL.
Son los mismos funcionarios que no hallan respuestas cuando los consultan respecto de que podrá pasar el lunes siguiente al comicio, cuando está previsto sacar del freezer al dólar oficial (congelado en $350 desde hace 52 días).
El triunfo de Alfredo Cornejo en las últimas elecciones de Mendoza dio por finalizado el calendario de provincias que decidieron desdoblar sus comicios, una ronda que arrojó estadísticas inéditas de cara al nuevo mapa político del país. De los 18 distritos que eligieron gobernador este año, las oposiciones locales se alzaron con la victoria en siete. Neuquén, San Luis, San Juan, Chubut, Santa Cruz, Chaco y Santa Fe lograron alternancias, un número solamente equiparable al de 1999. En esa ocasión hubo ocho, una cantidad que podría replicarse si, como anticipan algunos sondeos, Rogelio Frigerio logra vencer al peronista Adán Bahl en Entre Ríos.
Anticipar la fecha de renovación de cargos provinciales es una tendencia que ya está consolidada: 2019 y 2023 fueron años récord, con apenas cuatro distritos que decidieron unificar sus elecciones con las nacionales. En un contexto de fuerte crisis económica, los oficialismos cristalizan ese modus operandi con un objetivo claro: cercar sus territorios y desenganchar sus agendas locales de la agenda nacional, a la que acusan de estar “contaminada” por discusiones que no les competerían a los habitantes de sus provincias.
Sin embargo, esa estrategia de supervivencia, que en la mayoría de los casos resultó efectiva (11 oficialismos lograron su continuidad), puede también quedarse a mitad de camino. Es que 2023 pasará a la historia como el año en el que el PJ rompió su piso de gobernaciones. Nunca antes el peronismo obtuvo tan pocos triunfos: a partir del próximo 10 de diciembre, se aseguró estar al frente del poder en cinco provincias, aunque las chances de reelegir en Catamarca, Entre Ríos o la provincia de Buenos Aires continúan latentes. El número más bajo registrado hasta el momento había sido de 12 gobernaciones, en los cuatro años posteriores a 1983, con picos de 17 en 1987 y en 2011.
“Es cierto que el PJ está perdiendo terreno político, pero no creo que sea a manos de Juntos por el Cambio, sino a costa de partidos netamente provinciales”, se anima a aventurar, en diálogo con la nacion, el politólogo Facundo Cruz, miembro del Centro de Investigación para la Calidad Democrática (CICAD). Sucede que, de acuerdo con lo expresado por el especialista, el acontecimiento de mayor trascendencia de la actual rueda electoral no sería tanto la debacle peronista, sino la emergencia de fuerzas políticas referenciadas localmente que logran pisar fuerte en cada uno de sus territorios. “Estamos ante una nueva oleada de provincialismos”, define Cruz, quien identifica el comienzo de ese ciclo en abril, con las elecciones de Neuquén y de Río Negro.
Tres cuestiones caracterizarían a esos espacios políticos, según Cruz. En primer lugar, que su líder es un dirigente “formado políticamente en su provincia y no impuesto desde afuera”. En segundo lugar, que se trata de espacios constituidos a partir del agrupamiento transversal de “pedazos de partidos” preexistentes. Y tercero, que lo hacen en torno una identidad localista bien marcada.
Además del neuquino Comunidad, de Rolando “Rolo” Figueroa –que logró vencer al histórico Movimiento Popular Neuquino (MPN) tras una hegemonía de 60 años de la familia Sapag–, entre los ejemplos destacan Juntos Somos Río Negro (JSRN), espacio comandado por el senador nacional y mandatario electo Alberto Weretilneck, y el Frente Renovador de la Concordia de Misiones, cuyo líder, el exgobernador Carlos Rovira, hace 15 años que dejó formalmente el Poder Ejecutivo para pasar a presidir la Legislatura local, desde donde maneja las riendas de la provincia a través de sucesivos delegados.
En ese listado, Cruz arriesga a incluir los casos de Marcelo Orrego (Producción y Trabajo) en San Juan y de Claudio Poggi (Avanzar) en San Luis, a pesar de que ambos triunfos provinciales fueron presentados como victorias de Juntos por el Cambio. “Poggi y Orrego son figuras distritales que no están referenciadas en liderazgos nacionales”, argumenta el politólogo. Y añade que, a diferencia de los dirigentes Maximiliano Pullaro (Santa Fe) e Ignacio Torres (Chubut), ambos dirigentes “son aliados de Juntos por el Cambio, aunque cuentan con sus propias estructuras, sin obedecer verticalmente” a ninguno de los partidos con sede en la ciudad de Buenos Aires.
Gobernabilidades
Para Cruz, el gran interrogante a futuro es el grado de alineamiento político que tendrán estos “provincialismos” con el próximo gobierno nacional. Sin embargo, las tendencias históricas permiten intuir un escenario previsible, en el que primaría el pragmatismo por sobre lo ideológico. “Lo que hicieron siempre los provincialismos fue acomodarse en una buena relación con la Casa Rosada”, indica el politólogo. Es que cada gobernador, a través de sus legisladores en el Congreso, se ve empujado a un juego de toma y daca que le abre las puertas, entre otras cuestiones, a la obtención de mayores fondos para obra pública en sus distritos.
“Los legisladores de los partidos provinciales suelen ser la llave de la gobernabilidad, sobre todo cuando tienen una bancada que está ubicada en el medio entre dos facciones, como ocurrió en los últimos dos años del Congreso”, señala Cruz. Y pone de ejemplo al interbloque Provincias Unidas, de la Cámara de Diputados, conformado por legisladores rionegrinos, neuquinos y misioneros, que “en muchas ocasiones terminan terciando para alguno de los dos lados en virtud de sus agendas”.
Una situación que lo grafica tuvo lugar la semana pasada en la Cámara alta, cuando la senadora “misionerista” Magdalena “Maggie” Solari dio quorum para que el oficialismo votara la aprobación del pliego para la Cámara de Casación de Ana María Figueroa, pero sorprendió a propios y extraños cuando se levantó antes de la votación y forzó un empate de 35 a 35. Desde Misiones deslizaron a la nacion que los movimientos de Solari habrían respondido a una orden directa de Rovira, en su afán por dar gestos y señales de que su sociedad política no es con el kirchnerismo, sino con Sergio Massa.
¿Qué va a pasar, en ese sentido, el día después del 22 de octubre? Cruz aclara que muchos de los gobernadores electos, antes de pensar en el juego nacional, cuyas reglas aún no están definidas, “deberán dedicarse a arreglar sus juegos internos”. Es que de todas las provincias que alternaron solamente dos de los nuevos oficialismos tendrán mayoría en su Poder Legislativo: Santa Fe y Chubut.
“Pullaro y Torres tendrán la mayoría porque los sistemas electorales de sus provincias establecen que la lista que sale primera se lleva la mayoría de la Legislatura”, detalla Cruz. Y agrega: “En los otros cinco casos, los gobernadores o van a tener la primera minoría, que es la mayor cantidad de bancas pero sin llegar al 50%, o van a tener un gobierno dividido, con el exoficialismo controlando la Cámara”.
El factor Milei
¿Encenderá una luz de alarma en el tablero de los mandatarios provinciales la intención, explicitada por el propio Javier Milei, de terminar con la coparticipación federal de impuestos en caso de ser presidente? El candidato de La Libertad Avanza llama a esta medida “correspondencia fiscal” y formaría parte, en rigor, de la “tercera generación” de reformas incluidas en su plan de gobierno de más de 35 años. Su horizonte es que cada provincia “gaste en función de lo que se recauda” y viva con lo que produce.
Según argumenta Cruz, es un dato de la realidad que los referentes provinciales se sentirían mucho más cómodos con un gobierno de Massa que con lo que podría ocurrir si Milei se sentara en el sillón de Rivadavia el próximo 10 de diciembre. Sin embargo, la victoria del libertario en 16 provincias dio cuenta de una dinámica que los propios gobernadores contribuyeron a gestar, pero que al mismo tiempo los excede.
“Desacoplando las elecciones provinciales se genera una agenda de discusión del modelo provincial, pero se termina por descuidar la elección nacional. Llegado el momento, no son los mismos incentivos”, señala Cruz, para quien, sin embargo, la hipótesis de que los mandatarios peronistas le quitaron el cuerpo a la campaña antes de las PASO del 13 de agosto “no tiene asidero real”.
“Sostener eso sería asumir que la ciudadanía solo se mueve por maquinaria, cuando lo que tenés hoy es un electorado cada vez más sofisticado, que puede votar primero por la continuidad del oficialismo provincial y después, a nivel nacional, ir con una opción completamente disruptiva”, apunta el politólogo. Sin ir más lejos, esa escisión tan tajante también explicaría los magros resultados de los candidatos locales de Milei, quienes en su gran mayoría no superaron los 10 puntos. La opinión pública se reconfigura y exige una nueva caja de herramientas para comprenderla.
Apenas cuatro provincias unificaron sus elecciones con las nacionales
Los gobernadores buscan consolidar sus propias agendas locales
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Nuevos y vanos intentos de tapar el sol con las manos
Javier Blanco
Apenas 96 horas después de que un par de posteos en Instagram de Sofía Clerici se revelaran más eficaces para alertar a jueces y fiscales sobre posibles delitos relacionados con el lavado de dinero y operaciones fraudulentas que la multiplicidad de organismos públicos supuestamente a cargo de esa tarea, el Gobierno lanzó una serie de investigaciones para tratar de frenar lo que su errática política cambiaria alentó.
Comenzó a perseguir a quienes pudieronhacerimportaciones“truchas” para acceder al dólar oficial a precio de liquidación o accesos injustificados (no respaldados por contrapartes verificables) al dólar Bolsa o MEP, un tipo de cambio que surge de operaciones con bonos o acciones que cotizan en pesos o dólares y al que se encargó de “subsidiar” usando hasta US$100 millones por día en reservas del Banco Central (BCRA), ésas que más que le escasean, para abaratarlo.
La concatenación de hechos, que facilita cualquier posible nueva versión de El Reino del Revés, la genial creación de la inolvidable María Elena Walsh, revela que el Gobierno se ve ahora acechado por distintas versiones del monstruo que se encargó de alimentar repetidamente en los últimos años al fomentar el atraso cambiario.
Fue su modo de aportar así también a un sostenimiento o ampliación de la brecha cambiaria, que llegó a media semana al 160% cuando en la Cuba comunista es del orden del 100%. “La destrucción de la economía y de la moneda es tal que en este momento el peronismo superó la inflación de la dictadura de Cuba”, hizo notar por estos días el economista Ramiro Castiñeira.
La cuestión es que ahora que el final de la administración Fernández se avecina con credibilidad casi nula, y siendo además público que se gastó todos los cartuchos que tenía para tratar de reprimir al monstruo, éste tomó una mayor dimensión, lo que lo obliga a esgrimir cada vez más los “garrotes” (multas, allanamientos y suspensiones) tras haber derrochado en los últimos meses las “zanahorias” (incentivos de precio para alentar las liquidaciones por el MULC y hasta para generar oferta para el dólar “contado con Liquidación” -CCL-) sin lograr siquiera con eso recomponer las reservas del BCRA o evitar nuevos “picos” en la brecha.
La sostenida escalada que ensayaron en las últimas ruedas los precios de los dólares financieros o libres, marcando récords, dejó menos espacio a los funcionarios que jugaban el rol de “policía bueno” y concedió protagonismo a los que siempre hicieron de “policía malo”, coincidieron en describir los representantes empresarios encargados de negociar con estos funcionarios los “aportes” al mercado cambiario oficial en el marco de los beneficios recibidos.
Incluso, admiten, llevó a varios de los que se habían caracterizado como moderados a perder los estribos y proferir todo tipo de adjetivos descalificativos y hasta veladas amenazas, esta semana, coincidieron en señalar atribulados a la nacion desde esos dos sectores, tras reclamar anonimato.
En este marco es que reaparecieron los allanamientos a bancos, estudios jurídicos y operadores bursátiles en procura de determinar supuestas operaciones truchas y hasta las amenazas de suspensión.
Son controles que deberían ser habituales pero que ahora son difundidos para tratar de frenar la oleada dolarizadora y provocar una parálisis que ayude a controlar mejor los precios de los dólares libres.
Y hasta medidas para aletargar operaciones como la extensión, dispuesta ayer por la CNV, de uno a cinco días del plazo de inmovilidad para operar bonos con contrapartida externa, y aminorar así la fuga de divisas (mientras se aguardan los aportes de exportadores al CCL).
De síntomas y enfermedades
Se trata otra vez de intentos de tapar el sol con las manos, coinciden los analistas. O de atacar la fiebre y no la enfermedad que la produce. “Si lo hicieron para ganar tiempo, confiando en que los mecanismos ideados para aplacar la brecha harán su aporte en los próximos días, aportará para llegar a las urnas sin devaluar. Pero el efecto se evaporará más temprano que tarde”, explicó un avezado operador cambiario.
Ni más ni menos que derivaciones del nuevo “pico” que alcanzó la brecha o de saberse que el tipo de cambio real multilateral ya está más atrasado que antes de las PASO. Aun con dos semanas de congelamiento por delante, según el tipo de cambio real multilateral del BCRA se encuentra tres puntos debajo del valor de comienzos de agosto. Eso confirma que el dólar oficial es de los bienes más baratos que hay y desparrama efectos nocivos sobre la economía.
Ese rezago, en medio de este nivel de brecha, incentiva la subfacturación de exportaciones y resiente la liquidación de las cosechas por un lado, y tienta a muchas empresas a sobrefacturar importaciones (como las 176 que investiga ahora la Aduana), realizar pagos anticipados de deuda o transacciones comerciales por el otro. Todo para poder acceder a más dólares oficiales, es decir, a precios entre 130 y 150% más bajos que los “de mercado”, algo que hace un aporte extra a la grotesca distorsión de precios relativos con que ya opera la economía.
En este marco, la única apuesta oficial se reduce a transitar las nueve ruedas previas a la elección general sin tener que volver a resignarse a validar otra devaluación oficial del peso. “Si caemos en eso, ni aunque le volvamos a echar la culpa al FMI nos van a creer”, confesó un funcionario, resignado, en una de estas tantas reuniones destinadas a “persuadir” a los exportadores beneficiados por los dólares soja o Vaca Muerta a que hagan sus aportes al MULC y al mercado secundario para calmar al CCL.
Son los mismos funcionarios que no hallan respuestas cuando los consultan respecto de que podrá pasar el lunes siguiente al comicio, cuando está previsto sacar del freezer al dólar oficial (congelado en $350 desde hace 52 días).
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.