miércoles, 25 de octubre de 2023

OPINIÓN Y ¿QUÉ PASÓ CON GRINDETTI ?


Las llamativas sorpresas que nos da el peronismo
Liliana De Riz
En medio de un clima de incertidumbre, degradación institucional y corrupción rampante, se llevó adelante una elección tan singular como decisiva para definir el futuro de la Argentina. Con el telón de fondo de la crisis de la economía, la extrema fragilidad del sistema político y un ánimo colectivo dominado por la angustia, la frustración, el enojo y el miedo al futuro, se despejaron incógnitas. Habrá ballottage.
Competirán en la segunda vuelta Massa, el ministro candidato y Milei, un outsider que, motosierra en mano, irrumpió para liquidar a la clase política e inauguró una elección a tres bandas en las elecciones primarias. Juntos por el Cambio se derrumbó.
Milei fue la sorpresa de las PASO. El triunfo de Massa fue la sorpresa de la primera vuelta: no solo entró en el ballottage, también fue el más votado. Responsable de una gestión de la economía que aceleró el gran descalabro, logró imponerse como alternativa al oficialismo fracasado.
Con un presidente ausente y una vicepresidenta refugiada en su casa, Massa dio una vuelta de tuerca que lo trasmutó en oficialismo y oposición a la vez. Una síntesis del alma peronista.
Su mensaje: “Tenemos con quién”, le anunció al peronismo que surgía una nueva conducción capaz de neutralizar la crisis que atraviesa un movimiento político a punto de celebrar ocho décadas de existencia.
El aparato partidario proveyó la logística y la violación flagrante del régimen electoral con anuncios y decisiones, inclinó la cancha. Con casi el 37% de los votos –una cifra modesta para los registros históricos del peronismo que solo remeda la obtenida por Scioli en 2015– se impuso a Milei, quien solo retuvo el 30% logrado en las PASO.
La estrategia
Massa supo instalar el miedo al cambio como amenaza de pérdida de derechos y por qué no, de pérdida de privilegios. Logró movilizar apoyos arriba y abajo de la pirámide social. Ni la devastadora marcha de la economía ni los escándalos de la corrupción afectaron el voto de gran parte de los argentinos.
En la estratégica provincia de Buenos Aires se impuso Axel Kicillof con el 45% de los votos, frente a una oposición dividida. Se aseguró, así, un bastión clave para Cristina Kirchner y la suerte futura del kirchnerismo.
Una vez más, el peronismo se transforma para sobrevivir. Massa convoca a la tolerancia para recuperar la esperanza. Se coloca en el lugar de la sensatez, lejos de los extremos a los que tratará de confinar a su oponente, representante de una derecha antipolítica globalizada. Ocupa el espacio que Juntos por el Cambio dejó vacío.
La intemperancia y la voluntad de venganza de Milei no le ayudarán a conquistar votos entre los perdedores de ayer. Tendrá que convertirse en un león herbívoro y abandonar la selva y la motosierra.
Sin mayoría propia
La distribución institucional del poder no le otorga mayoría propia a Massa en ninguna de las Cámaras. Milei tendría más dificultad aún para lograr aprobar una ley con la magra cosecha de bancas obtenidas.
Enfrentar los desafíos de la economía rota y la pobreza sideral obligará a negociar medidas dolorosas, cuyo costo político pocos estarán dispuestos a pagar. Si se impone una política de continuidad a golpe de parches, seguiremos sumergidos en el pantano al que nos condena carecer de un proyecto que concilie democracia, crecimiento económico y justicia social.
La crisis de 2001 hizo estallar el sistema bipartidista inaugurado con el regreso de la democracia en 1983.En 2001, el radicalismo vivió su debacle electoral. La crisis que atraviesa hoy el peronismo, con votantes que dejaron de ser fieles para sostener la exótica novedad representada por Milei, parece frenada. El impacto de la derrota sobre Juntos por Cambio pondrá a prueba la unidad que animó la coalición.
El gobierno de unidad nacional que anuncia el candidato presidencial de Unión por la Patria tratará de cooptar desencantados tras ese fracaso. Lo cierto es que el sistema de dos grandes coaliciones, peronista y no peronista, está amenazado.
La fragmentación del mapa partidario opositor, si ocurriera, alejaría las posibilidades de una alternancia. A la espera de la segunda vuelta, los 50 días que median para el traspaso del poder parecen demasiado tiempo en medio de la tormenta que sacude economía, sociedad y política. La larga agonía del peronismo descripta por Tulio Halperín continúa.
Pese a su gestión en Economía, Massa se impuso como alternativa al oficialismo fracasado
El candidato oficialista supo instalar el miedo al cambio como una amenaza de pérdida de derechos
La fragmentación del mapa partidario opositor, si ocurriera, alejaría las posibilidades de una alternancia

La autora es doctora en Sociología por la Universidad de París, profesora consulta en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA e investigadora superior del Conicet



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Lanús. “No había intendente”, o por qué Grindetti perdió en su pago chico
El candidato de Juntos no solo cayó frente a Kicillof; su heredero también fue derrotado a nivel local
 Lucila Marin |Los vecinos coinciden en que era previsible el resultado electoral
“Se veía venir. Pasó lo que tenía que pasar. No había intendente”, dice Roberto Herrera, de 58 años. Hace diez años que tiene su puesto de diarios casi en la esquina de avenida Hipólito Yrigoyen y 25 de Mayo, en la estación Lanús. “Está todo muy deteriorado, sin obra”, agrega. Puntualiza que volvió a ver “el arrebato”, el robo de celulares, y lamenta que ya no están más los puestos policiales móviles que había en la época de Daniel Scioli.
Es el diagnóstico que comparten varios. “En el peor momento, dejó por conveniencia de él”, sentencia Cristian, que no quiso dar su apellido porque, sostiene, todos lo conocen. Habla de Néstor Grindetti, el intendente en uso de licencia que anteayer fue derrotado por Axel Kicillof en su intento de llegar a la gobernación de Buenos Aires.
Cristian tiene 52 años, pero desde los 14 vende productos de kiosco en la puerta de la estación. “Después de las 20 no hay policía acá. Cuando se van los vendedores, esto es zona liberada”, describe.
Lanús, el octavo municipio más poblado de la provincia de Buenos Aires, con 462.051 habitantes, gobernado desde hace ocho años por Grindetti, fue uno de los 12 distritos de la provincia de Buenos Aires que ayer quedaron en manos de La Cámpora. Diego Kravetz, el candidato de Juntos por el Cambio para la intendencia de Lanús, perdió por más de diez puntos frente a Julián Álvarez, el postulante de Unión por la Patria. Las PASO ya habían adelantado una posible victoria para el peronismo. La suma de las listas de Unión por la Patria alcanzaba los 95.000 votos, mientras que las de Juntos llegaban a los 83.000.
Kravetz creció, pero no le alcanzó. Y para Grindetti la derrota fue doble. No solo perdió en su pago chico, sino que tampoco se pudo imponer en territorio bonaerense frente a un Kicillof que consiguió su reelección arañando el 45% de los votos.
Grindetti se convirtió en intendente de Lanús en 2015, después de dos mandatos de Darío Díaz Pérez. En abril pasado, después de la renuncia de Fabián Doman como presidente de Independiente, Grindetti, vicepresidente primero del club de Avellaneda, asumió el cargo y se tomó licencia en el municipio. Fue Kravetz, su jefe de gabinete y responsable del área de Seguridad, quien lo reemplazó. Para ese momento ya era, además, precandidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires de Patricia Bullrich.
“Estoy”, dicen paradójicamente los carteles que promocionaban la candidatura de Kravetz todavía pegados en la mayoría de los postes de luz del municipio. Al igual que Grindetti, que vive en Caballito, Kravetz reveló que aunque está “la mayor parte del tiempo” en Lanús, vive en la Capital con su mujer, Soledad Acuña, ministra de Educación porteña. Fue al ser consultado luego del asesinato de Morena Domínguez, la niña de 11 años que murió tras ser asaltada por motochorros cuando llegaba a la escuela.
Grindetti venció a Diego Santilli, la apuesta de Horacio Rodríguez Larreta, por pocos votos en las PASO de agosto. Pero no logró retener ese caudal que sumaban las dos listas, y anteayer Juntos por el Cambio se ubicó en segundo lugar, con un 26%. En las primarias, Kicillof había quedado apenas cuatro puntos por encima de la coalición opositora, una ventaja que estiró en las generales hasta los 20 puntos.
La derrota en Buenos Aires se enmarca en un mapa que se tiñó de azul en casi todos sus municipios. La boleta de Patricia Bullrich perdió casi 7 puntos porcentuales en esa provincia respecto de las PASO. Sergio Massa, en cambio, consiguió sumar 8,27%. Juan Schiaretti también subió casi un 3% e incluso Myriam Bregman movió la aguja de manera positiva, aunque solo un 0,06%. En tanto, Javier Milei disminuyó ese mismo porcentaje, pero la caída más pronunciada fue para Bullrich. No hubo un solo municipio en todo el territorio bonaerense en que no haya caído la cantidad de votos conseguida por Juntos por el Cambio en las primarias.
“Por culpa de [Mauricio] Macri volvieron todos estos”, dice Marcelo Martino. Está apoyado en el mostrador de un galpón que vende principalmente carbón, en Monte Chingolo, el límite de Lanús con Lomas de Zamora. “¿Quién no lo odia a Macri? Nos mató”, sigue enojado el hombre, mientras acepta un mate de Luis Miranda, dueño del negocio. Cuenta que anteayer, después de los resultados, lloró y agrega: “Estoy caliente porque este pueblo no quiere cambiar. Yo voto para progresar. No pienso en mí, pienso en todos y con estos tipos no progresás. Voté a Milei porque quiero un cambio”.
“Álvarez no conoce Lanús. Díaz Pérez se robó todo, dejó las calles hechas mierda. Kravetz y Grindetti, en cambio, sí hicieron”, relata el hombre, aunque coincide con la mayoría de los vecinos en que el principal problema en este municipio –y al igual que en el resto del conurbano– es la inseguridad.
“Nos robaron un montón de veces”, recuerda Miranda, y sigue: “Pero acá estamos bien, no hay muchos lugares donde podrías estar hablando así, con todo abierto. Yo ni loco me voy de acá, de Chingolo. Metete algunas cuadras más para adentro”, desafía.
“Pocas esperanzas de que cambie esto a nivel seguridad. Tenemos la capacidad de movilizarnos en el momento, pero no tenemos la conciencia para generar un cambio”, dice Gabriela, portera de una escuela, recordando las marchas por el asesinato de Morena.
Al lado está sentado Miguel, que es parrillero, y suma: “Yo tengo años en la calle y me doy cuenta. Cuando estoy en bici tengo una cadena por las dudas, por si me quieren robar. Se nota la diferencia que hay en la calle, por ejemplo con Avellaneda. Lanús está muy sucio, están las calles rotas”.
“La inseguridad es constante y más ahora. Sin ponerme de ningún lado, [los políticos] se preocupan por las apariencias y los verdaderos problemas los van a seguir pateando para el que sigue. Todos heredan, pero nadie hace”, sigue Gabriela, y ejemplifica: “Se renovó la cancha de Chingolo. Se iluminó la zona y hoy por hoy hay que alquilarla. Está hermosa, pero ya no la pueden usar los chicos de Chingolo”.


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