miércoles, 3 de abril de 2024

EDITORIALES




El traspaso de la Justicia nacional ordinaria
A tres décadas de la reforma constitucional, es momento de que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tenga tribunales ordinarios propios
El presidente Javier Milei había incluido en la versión original de su proyecto de la “Ley de bases y puntos de partida para la libertad de los argentinos”, conocido como “ley ómnibus”, el traspaso de ciertos tribunales nacionales al Poder Judicial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Al parecer, el tema fue retirado del proyecto, en buena medida por la férrea oposición de los jueces que integran el Poder Judicial de la Nación.
En la ciudad de Buenos Aires existen dos tipos de tribunales que pertenecen al Poder Judicial de la Nación: los llamados “federales” y los “ordinarios”. Los primeros son competentes para entender en las materias que la Constitución asigna precisamente a la Justicia Federal. Los tribunales ordinarios entienden en materias regidas por el derecho común, como las cuestiones comerciales, civiles, de familia y laborales, aunque también tienen a su cargo resolver materias estrictamente federales (por ejemplo, cuando revisan en apelación las sanciones que impone alguna autoridad administrativa nacional).
En el territorio porteño, los tribunales ordinarios siguen siendo nacionales porque fueron organizados cuando la ciudad estaba sujeta a la jurisdicción federal. La reforma constitucional de 1994 la convirtió en ciudad autónoma y le atribuyó facultades propias de legislación y de jurisdicción. Si bien no es una provincia por razones históricas (no concurrió a formar la confederación), en términos prácticos su condición es similar.
Sin embargo, hasta hoy persiste la anomalía de que en ese territorio, que debería tener tribunales propios, las cuestiones que no están regidas por normas federales son resueltas por un poder judicial que no es propio.
Es notable que los legisladores, especialmente aquellos que representan a las provincias, acepten que los ciudadanos de sus distritos, cuando pagan los impuestos nacionales, el servicio de justicia de los habitantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que, por ejemplo, se divorcian, mantienen una disputa laboral o pretenden desalojar un inmueble.
Los argumentos que suelen esgrimirse para mantener la situación actual no son sólidos. El Poder Judicial de la Nación puede retener, e incluso reasignar de la manera más eficiente, las pocas competencias estrictamente federales que tienen algunos tribunales ordinarios de la ciudad. Por su parte, la garantía de estabilidad de los magistrados no se vería afectada por el hecho del traspaso de sus tribunales a la jurisdicción local. La estabilidad tiende a evitar que la independencia de los jueces se vea afectada por una amenaza de remoción, algo que en este caso no se presentaría por el hecho de que un juez integrara otro poder judicial y siguiera resolviendo sobre las mismas cuestiones. Por supuesto, tampoco debe afectarse la otra garantía relacionada con la independencia, que es la prohibición de que sean disminuidas las remuneraciones de los jueces.
Es el momento de saldar esta deuda de organización institucional y terminar con semejante anomalía, en momentos en que se cumplen nada menos que tres décadas desde que fue reformada la Constitución.
Hasta hoy persiste la anomalía de que en el territorio porteño, que debería tener tribunales propios, las cuestiones que no están regidas por normas federales son resueltas por un poder judicial que no es propio

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Agua y cambio climático

El 22 de marzo se celebró el Día Mundial del Agua, con el fin de concientizar sobre la importancia del agua dulce y la necesidad de gestionar de manera sostenible este recurso limitado y esencial para la vida. Además de enfrentar una mayor demanda proveniente de una población que continúa aumentando, sufre también los efectos del cambio climático, tal y como lo han advertido durante los últimos años las autoridades de las Naciones Unidas (ONU).
Muchas problemáticas se asocian a este vital elemento: su escasez, su uso inadecuado, la contaminación con residuos industriales y domésticos, la agricultura y la minería. Por otro lado, el cambio climático está afectando los patrones de lluvia y de disponibilidad de agua en muchas regiones del mundo, lo que ha generado una feroz competencia por los recursos hídricos.
Un trabajo de la ONU, titulado “Agua y cambio climático”, afirma que el cambio climático es, principalmente, una crisis del agua. Su impacto se siente a través del agravamiento de las inundaciones, el aumento del nivel del mar, la reducción de los campos de hielo, los incendios forestales y las sequías.
El cambio climático no es un fenómeno nuevo ni desconocido. Sin embargo, el aumento de la producción de gases de efecto invernadero que son emitidos a la atmósfera empeora la escena. Este incremento está ligado al crecimiento industrial, de consumo y de población que ha sufrido el planeta en el último siglo.
Al respecto, el secretario general de la ONU, António Guterres, aludió a la crisis climática como un factor agravante que puede extender los conflictos por el agua. “Nuestro planeta se está calentando y, como consecuencia, el nivel del mar va en aumento, los regímenes de lluvia cambian y los ríos desaparecen o se desbordan”.
Como señalan en sus reportes los investigadores del Panel In ter gubernamental del Cambio Climático (IPCC), el agua, como principal elemento presente en la superficie de la Tierra, se relaciona con todos los componentes del sistema climático que se están viendo alterados por la acción humana: la atmósfera, la hidrósfera y la biósfera.
Según las previsiones científicas, la emergencia climática modificará los recursos hídricos ocasionan do que los episodios de sequía en regiones ya áridas sean más frecuentes y duraderos en el tiempo. El agua potable y un saneamiento adecuado serán más complicados en muchas zonas que ya de por sí experimentan dificultades para acceder a ellos.
Más de la mitad de la población mundial sufre las consecuencias de la disminución de la disponibilidad de agua, la sustancia más crítica y fundamental de la vida. El año 2023 dio diversos ejemplos de lo que nos depara el futuro: grandes metrópolis enfrentando las consecuencias de la escasez, miles de seres humanos luchando por una dotación mínima de agua, con graves efectos secundarios en la salud, la higiene y la convivencia social.
A través del agua seguiremos sintiendo los efectos del cambio climático, ya sea por su exceso o defecto, y, aunque todavía gran parte de la humanidad se mantiene escéptica e indiferente, la realidad obligará a tomar conciencia de la imperiosa necesidad de actuar.
El planeta necesita, con carácter de urgente, acciones inmediatas y eficaces para mitigar las consecuencias del cambio climático. La inacción compromete el presente y el futuro de la vida.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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