Los aprendizajes: el bloque libertario exhibe fortaleza tras el debate de la Ley Bases y se prepara para una etapa defensiva en Diputados
Santiago Santurio expone ante el pleno de Diputados, rodeado por los legisladores de La Libertad Avanza
Con Martín Menem a la cabeza, el oficialismo en la Cámara baja abandonó su traje de principiante y se empapó de pragmatismo para aprobar las iniciativas de Javier Milei; la estrategia que adoptarán frente a los embates futuros
Delfina Celichini
El bloque de La Libertad Avanza (LLA) en la Cámara de Diputados aprendió de sus errores. Tras el fracaso legislativo del 6 de febrero, cuando la versión original de la ley ómnibus no logró superar el filtro del recinto, los legisladores libertarios lubricaron su pragmatismo, actuaron cohesionados a pesar de sus diferencias internas y se quitaron la etiqueta de novatos durante una sesión maratónica que los mantuvo con pocas horas de sueño por más de 30 horas seguidas para lograr la aprobación de la Ley Bases. Con la amenaza kirchnerista de motorizar el rechazo del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 70/2023, se entusiasman con la misión de utilizar el aplomo adquirido para sortear este y otros embates futuros.
“En lo práctico, la mecánica parlamentaria nos dio un curso intensivo de aprendizaje”, reflexionó ante el correntino Lisandro Almirón (LLA), quien tiene en su haber una breve práctica legislativa como concejal de la capital de su provincia entre 2021 y 2023. Como él, los referentes de la bancada libertaria no son bichos políticos, no tienen horas de pasillo por los recovecos del Palacio Legislativo ni conocen los dobleces del reglamento de la Cámara. Muchos vienen del mundo privado y solo un puñado cuenta con experiencia en el Congreso.
Esta falta de destreza quedó expuesta durante el tratamiento de la ley ómnibus original. Las contradicciones discursivas del entonces jefe de bloque, Oscar Zago, quien pareció no comprender lo que implicaba devolver el proyecto a comisiones, así como la incapacidad de Martín Menem de reconducir la sesión después de múltiples traspiés, fueron pare del cóctel de la derrota.
Las equivocaciones del oficialismo provocaron la ya conocida reacción de Miguel Ángel Pichetto, quien bramó en pleno recinto: “Al oficialismo le pedimos que tenga alguna cuota de flexibilidad, les encanta seguir perdiendo”. Luego, les recomendó: “Traten de ver cómo receptar algunas propuestas y ganar. No hay que perder, hay que ganar”.
El pedido de flexibilidad del jefe de Hacemos Coalición Federal penetró en el bloque libertario. Tres meses después de esta primera fase iniciática en el Congreso, el oficialismo volvió a la carga con una nueva dinámica interna. “Junto con Martín [Menem] y Gabriel [Bornoroni] trabajamos en sintonía y nos entendimos muy bien. Fuimos ordenados durante la sesión”, reconoció Santiago Santurio, quien ofició de miembro informante del proyecto de Ley Bases en la última sesión.
El miembro informante funciona como una suerte de vocero de la sesión, comunica cómo y qué se vota, y acepta o rechaza los cambios propuestos. En un proyecto con 232 artículos, es condición imprescindible que quien esté a cargo de esta tarea sepa manejar muy bien el pulso del recinto para retener el control de lo que se somete a votación y evitar que ingresen las balas de la oposición. A diferencia de Bornoroni, su predecesor en este papel durante el debate de febrero, Santurio se desenvolvió con soltura y exhibió solidez.
Según reconoció un referente de LLA, “la única sorpresa” del recinto fue el cambio que se pidió introducir en relación con el capítulo que reformaba las escalas del monotributo. Tras diversos cuestionamientos a la eliminación del monotributo social, el diputado Nicolás Massot (Hacemos Coalición Federal) pidió un cuarto intermedio de quince minutos para salvar las diferencias en este punto. Finalmente, la oposición forzó una modificación mediante la que se determinó que los cambios en las escalas “comenzarán a regir a los 90 días a partir de su publicación en el Boletín Oficial” con el fin de acordar, en ese plazo, una alternativa superadora a la quita de la categoría más baja del régimen simplificado. Es decir, entró solo una bala.
En el bloque libertario sabían que podían perder la discusión para incorporar el capítulo que grava en igualdad de condiciones a todas las empresas tabacaleras: eleva de 70 a 73% la alícuota del impuesto interno al tabaco y elimina el tributo mínimo que rige hoy. “No era una batalla nuestra”, deslizan en las filas de LLA, donde apuntan los cañones a intereses de la bancada Pro. Tampoco reconocen como un revés la introducción del artículo propuesto por Hacemos Coalición Federal por el que se instruye al Poder Ejecutivo a “incrementar los recursos corrientes de la Administración en un dos por ciento (2%) del Producto Bruto Interno (PBI), mediante la supresión o modificación de exenciones tributarias, beneficios impositivos o de cualquier otro gasto tributario”. En otras palabras, busca presionar al Gobierno para desarticular los regímenes especiales, con el foco puesto en el que beneficia a los industriales de Tierra del Fuego.
En tanto, celebraron la obstrucción de una jugada del kirchnerismo, que intentó retornar a “fojas cero” los proyectos, tal como sucedió en febrero a pedido del propio oficialismo. Fue en la madrugada del 30 de abril, cuando muchos diputados salieron del recinto para dormir unas horas. Alrededor de las 4, el bloque presidido por el santafesino Germán Martínez pidió una moción de orden para someter a votación la propuesta. “Ya sabíamos que esto iba a ocurrir, lo teníamos estudiado. Por eso, nuestros diputados estaban todos en zona, haciendo guardias o en el bajo recinto para sentarnos rápido si había que votar”, recordó Almirón en diálogo
La presidencia de la Cámara la ejercía en ese momento Julio Cobos, vicepresidente segundo del cuerpo, quien postergó la votación por falta de quorum y manejó los tiempos para evitar la aprobación de la moción: si los 129 se obtenían con una mayoría opositora, las iniciativas recibían el certificado de defunción. Un dato de color: el radical terció a favor de los libertarios de madrugada y el día de su cumpleaños, un abanderado inesperado de la anticasta.
En estos breves desafíos, que en una sesión maratónica pasaron casi inadvertidos, los diputados de LLA y sus subsidiarios, como el MID de Zago o el bloque Buenos Aires Libre de Carolina Píparo, expusieron cohesión. Incluso Marcela Pagano, quien llegó a votar arropada en una manta, exhibió disciplina después de quedar al borde de un portazo.
Este músculo político que hoy celebran haber desarrollado los libertarios será parte de su capital político para plantarse frente a los embates opositores. “Depende solo de nosotros”, reflexiona un referente del bloque que hoy comanda el cordobés Bornoroni. Y reconoce: “Estamos en otro momento”. Lo cierto es que esta curva de aprendizaje del oficialismo, hoy fortalecido, se dio a la par de un debilitamiento de la oposición más dura, donde por lo bajo se lamentan no haber logrado el quorum reglamentario para discutir el financiamiento educativo después de la masiva marcha universitaria. Nada es definitivo, sin embargo, en el terreno pendular de la política parlamentaria
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Luciano Laspina: “Es imposible que haya recuperación económica con el diseño actual del programa de Milei”Uno de los referentes económicos de Pro apoya las reformas estructurales de Milei, pero advierte que el Gobierno debe salir del esquema de transición y eliminar el cepo para evitar una depresión
Matías Moreno
Luciano Laspina es uno de los economistas más validados por Mauricio Macri y el núcleo duro de Pro. Hasta las PASO de agosto, tuvo un rol clave en el espacio de Patricia Bullrich, en el que trabajó codo a codo con Federico Sturzenegger, autor del plan de desregulación que terminó aplicando Javier Milei. Ante el desconcierto político por el ascenso del libertario, Laspina prefirió mantenerse en un segundo plano. Pero, después de la media sanción a la Ley Bases y el paquete fiscal, el diputado nacional vuelve a la primera línea para defender las reformas estructurales que impulsa Milei. “No podemos conspirar contra lo que siempre intentamos”, remarca.
Destaca la efectividad del plan de ajuste de Luis Caputo para frenar la inflación, pero advierte que el Gobierno se acerca a un punto de inflexión por el shock recesivo. Por eso, sugiere “salir del esquema de transición”, eliminar el cepo cambiario y establecer el nuevo régimen monetario. “Es imposible que haya recuperación económica con el actual diseño del programa”, plantea.
–En el Gobierno hay optimismo por los resultados del primer trimestre. ¿Milei pisó gastos y licuó jubilaciones y salarios para llegar al superávit fiscal? ¿Es un plan sostenible?
–Las dos cosas son ciertas. Se pisaron gastos porque faltaba implementar reformas. Y, a mi juicio, buena parte de la consolidación fiscal es sostenible. Lo fundamental de la reducción del gasto es jubilaciones, tarifas y programas sociales. Probablemente, haya un rebote en los próximos meses en la obra pública y en las transferencias a las provincias, porque están en un piso insostenible. Estimo que tres de los cuatro puntos de recorte del gasto son sustentables. Cuando digo “sustentable” me refiero a que solo dependen de la voluntad política y de la austeridad del Gobierno, y que no están sujetos a posteriores reformas.
–Milei se jacta de que el plan Caputo frenó “una hiperinflación” que Sergio Massa le había dejado plantada. ¿Coincide?
–Sí. El plan Caputo tiene algunos méritos, como evitar una espiral de devaluación e inflación. Básicamente, lo hizo con una combinación de elementos ortodoxos –un ajuste fiscal muy fuerte– y heterodoxos –la continuidad del cepo cambiario–. De esta forma, generó la demanda para colocar deuda a bajas tasas de interés, con Bopreal y los títulos del Tesoro, que sirvieron para absorber pesos y, de esa forma, contraer la cantidad de dinero.
"No se va a recuperar la economía en el contexto del cepo cambiario"
El riesgo es que el Gobierno se enamore de los instrumentos, crea que este es el plan final de estabilización y eso lo deje paralizado. Este fue un plan de transición inteligente y pragmático, pero de ninguna forma puede mantenerse durante mucho tiempo. Es prácticamente imposible que haya recuperación económica con el actual diseño del programa.
–¿El “talón de Aquiles” de Milei puede ser la falta de ese plan para reactivar la economía?
–Es muy prematuro juzgar el gobierno de Milei a cinco meses de haber iniciado. La economía necesita pasar a una segunda etapa: salir de este esquema de transición e ir a un formato de largo plazo. Y en la medida que eso se demore, se va a postergar el inicio de la recuperación.
–¿Es improbable que haya una recuperación en forma de “V”, como plantea el Presidente?
–Puede haber en la medida que el Gobierno ponga todas las cartas sobre la mesa. ¿Qué quiero decir? Que explique cuál va a ser su régimen monetario y cambiario de largo plazo, sin control de capitales. Eso va a establecer reglas claras en términos de cuáles serán las señales de precios, tipo de cambio, tasa de interés y equilibrio de largo plazo.
–No obstante, Milei dijo que la economía se va a recuperar rápidamente. ¿Eso puede ocurrir con el cepo?
–Vamos a ver datos puntuales –un día sube, un día baja–, pero no se va a recuperar la economía en el contexto del cepo cambiario. Entonces, una vez que haya salido de esta etapa de transición discutiremos la forma de la recuperación, si es una “U” o una “V”. El esquema de transición evitó la espiral de devaluación e inflación, pero nos condena a una “L” hasta tanto no salgamos. Es una decisión que el Gobierno tiene que tomar. Y está esperando. Dicen que vamos a salir de este esquema, porque es transitorio. La pregunta es cuándo. A medida que pasa el tiempo, la relación costo-beneficio entre quedarse en este esquema y salir será cada vez menos beneficiosa para el Gobierno.
–¿Y qué riesgos concretos correría Milei si no saliera rápidamente del esquema de transición?
–El tipo de cambio se va atrasando más. No es algo que me desvele porque nadie sabe dónde está el nivel del tipo de cambio real de equilibrio. Pero si el tipo de cambio se atrasara más, podría haber más presiones a la hora de salir del cepo. El Gobierno espera y busca acumular más reservas líquidas, pero los exportadores no liquidan porque ven que el tipo de cambio se atrasa. Por lo tanto, el Gobierno se está enredando en su propio laberinto y tiene que salir rápido.
–¿Milei subestima el atraso cambiario? ¿Podría impactar en la liquidación de la cosecha y en la entrada de divisas?
–Es parte de las dificultades que tiene no poner sobre la mesa todas las cartas. Fue inteligente jugarle el póker al mercado en estos primeros meses de enorme inestabilidad, donde se esperaba más bien una hiperinflación que una deflación, como estamos viendo en algunos bienes. Pero insisto en que cada vez son más altos los costos de seguir con este esquema que los beneficios que le trajo el plan de transición.
"Si el tipo de cambio se atrasa más, puede haber más presiones a la hora de salir del cepo"
–¿Es clave que el FMI gire los fondos o que Milei consiga renovar el swap con China para eliminar el cepo?
–Depende para qué. Macri salió del cepo prácticamente sin reservas líquidas y con reservas netas negativas. Y lo hizo con la credibilidad que imponía un nuevo gobierno y la expectativa de un ancla fiscal que después se demoró. El Gobierno ya tiene eso, así que es exagerada la obsesión con recuperar el backing de reservas para poder salir del cepo. A nuestro gobierno, con Caputo y con Sturzenegger, se lo llevaron puesto con un montón de reservas. Lo que le va a dar credibilidad al peso no es tener más reservas ni los 15.000 millones de dólares del FMI, sino el ancla fiscal y el compromiso con la nueva emisión.
–¿Se necesita un reforma monetaria para lograrlo?
–Ahí es donde hay alguna diferencia entre Pro y el Gobierno. Nosotros creemos que hay que crear instituciones para recuperar la moneda nacional. Eso requiere un Banco Central independiente, con una política que defina objetivos e instrumentos muy claros. Es decir, se necesita una reforma de la carta orgánica del BCRA.
–¿No existe esa independencia entre Caputo y Santiago Bausili?
–Hay que ser y parecer. Las reglas del BCRA deben ser la prohibición de emisión para el fisco y de imponer el control de capitales. Hoy tenemos control de capitales, así que estamos lejos todavía de pasar esa etapa.
–Milei dice que ya “va a agarrar al BCRA”. ¿Teme que pueda cerrarlo en el futuro? ¿Es viable la dolarización?
–Con Milei siempre tuvimos una discusión respecto de cuáles son las herramientas necesarias para que la demagogia y el populismo no vuelvan a asaltar al Banco Central en el futuro. Ahora hay una contradicción o paradoja: al mismo tiempo que el Gobierno quiere estabilizar la moneda, el Presidente tiene en la cabeza la idea de que la moneda debe desaparecer en el futuro para que no sea manipulada por los políticos. Eso implica más costos que beneficios a largo plazo para la Argentina. Creo que, antes que eliminar la moneda nacional, que se necesita por varias razones, hay que tratar de blindarla del populismo. Después discutamos cómo se hace.
–Milei dijo que los salarios “ya le están ganando a la inflación”. ¿Es parte del relato o del apuro por exhibir resultados?
–Hay algunas paritarias que, por rezago indexatorio, empiezan a ganarle a la inflación. Eso pasa siempre, pero los salarios reales van a crecer el día que la economía se recupere y reaparezca el crédito. Y eso vuelva a iniciar la rueda de la recuperación.
–Alerta que el plan puede fallar si no da un segundo paso.
–El problema que tiene el plan Caputo es que fusionó las dos etapas de todo programa de estabilización. Primero, el reordenamiento de las variables, donde se acomodan las tarifas, el tipo de cambio, los precios relativos. Y una segunda fase en la que se lanza el plan de estabilización de las variables nominales. En ese momento se fija el tipo de cambio o la cantidad de dinero, y la economía se adapta a un nuevo régimen inflacionario. El plan Caputo es un híbrido, porque fusiona esas dos etapas. Esto lo hace muy recesivo al programa; y es su pecado original.
"Si se mantiene este esquema por más tiempo, podríamos entrar en una depresión"
–¿Este plan podría derivar en una depresión económica, como alertó Domingo Cavallo?
–Si mantiene este esquema por más tiempo, la economía no va a recuperarse y, por tanto, entraríamos en una depresión. Por eso, hay que salir a una segunda etapa, que el Gobierno viene postergando. Mi único punto es que cada vez hay menos beneficios y más costos de postergar la decisión.
–¿Podría haber un aumento del desempleo o una crisis social por ese shock recesivo?
–La pobreza, que venía en alza, aumentó más con la devaluación. Y el desempleo no sube más, básicamente, porque los salarios reales se pulverizaron. Podría haber problemas de desempleo si la economía no se recupera. Hay que salir del esquema de transición y el Gobierno debe hacerlo relativamente rápido. Hasta que no pasemos a esa segunda fase, la recuperación va a ser muy difícil.
–¿El Gobierno podría bajar la presión tributaria? Repone Ganancias y sostiene el impuesto PAIS.
–El Gobierno ha hecho una consolidación fiscal muy fuerte por el lado del gasto y una suba de impuestos asociada a PAIS, y ahora a la reposición del impuesto a las ganancias, con lo que básicamente van a tratar de compensar y hacer un puente para financiar la recesión de este año. De la misma forma que la moratoria y el blanqueo van a aportar fondos que permitirán financiar el hueco fiscal que genera la fuerte caída del nivel de actividad este año.
"Pro tendrá que buscar nuevos liderazgos que puedan, de alguna forma, ofrecerle a la sociedad algo distinto"
–¿Hay señales de alerta para los próximos meses?
–Milei, a mediano plazo, tiene que salir de este esquema y la economía se tiene que recuperar. Del lado de los ingresos, el Gobierno tiene una pata muy débil en 2025 porque se pierden casi dos puntos del PBI entre la caída del impuesto PAIS y la menor recaudación que habrá este año por el blanqueo y la moratoria. Compensar esos dos puntos va a requerir que la economía crezca fuertemente.
–¿Será un reto complicado para Milei?
–Este es el gran punto. El desafío fiscal del Gobierno, después de haber hecho un gran esfuerzo por el lado del gasto, es consolidar la recuperación. Y tener una recuperación es algo muy probable porque las reformas están bien orientadas y el ancla fiscal es correcta, pero depende de que el Gobierno ponga sobre la mesa la salida del cepo y el nuevo régimen monetario en la economía.
"Podría haber problemas de desempleo si la economía no se recupera"
–Respecto de la cuestión tributaria, ¿debería eliminar los regímenes especiales, como es el caso de Tierra del Fuego? La oposición incluyó un artículo sobre este tema en el debate de la Ley Bases.
–Sí, hay una discusión pendiente en ese punto. O sea, tenemos que revisar todos los regímenes especiales que hay y los incentivos fiscales a la luz de las prioridades que tenemos hoy. Es un país que tiene 60% de pobreza infantil y subsidia a grandes empresas que están absolutamente consolidadas. Hay que poner todo sobre la mesa, desde Tierra de Fuego hasta Mercado Libre.
–¿Milei debe aprovechar el apoyo de los dialoguistas a las reformas?
–El acuerdo programático implícito entre Pro y Milei es que las reformas que impulsa el Gobierno son básicamente las nuestras. Yo tuve en esta misma oficina una reunión en mayo del año pasado con Federico Sturzenegger para evaluar el paquete de desregulación. En agosto del año pasado presenté el régimen de protección de inversiones, ahora llamado RIGI, en la Bolsa de Comercio de Córdoba. Entonces, en la agenda de reformas, el apoyo es total. Creo que respaldo del Congreso refleja una novedad: el cambio que apostó a salir del modelo kirchnerista obtuvo el 54% de los votos en octubre del 2023, contra 36% de continuidad, que fue Massa. En 2015, Macri había sacado el 34% y la continuidad, que eran Scioli más Massa, el 58%.
"Es bueno que el gobierno tenga cintura política en la medida que no se aleje de hacer las reformas"
–¿No hay diferencias entre Pro y LLA sobre el manejo político?
–Quizá nuestra estrategia parlamentaria iba a ser muy distinta. Íbamos a poner el foco desde muy temprano en la ley de inversiones, en la reforma laboral, en el paquete fiscal y, después, íbamos a trabajar las cuestiones sectoriales de regulación a través de un DNU. Esas eran mis discusiones con Patricia y Sturzenegger durante el año pasado. El Gobierno tomó otro camino y eso demoró un poco la sanción de las medidas, pero, afortunadamente, se ha avanzado.
–El Gobierno adoptó una actitud gradualista ya sea por la tolerancia social al ajuste o los límites del Congreso. ¿Milei se topó con la realidad?
–Para muchos, la sorpresa ha sido que el apoyo social se mantiene muy alto. Después, obviamente, aparecen problemas de todo tipo en la gestión. Milei tiene la suerte de tener en la oposición a una coalición proreformas que, por ejemplo, el gobierno de Macri no tuvo. Y eso le facilita la gobernabilidad. El parlamento es el reflejo de una sociedad que, masivamente, votó a favor dinamitar el modelo kirchnerista y probar con algo distinto.
–Caputo dijo que postergan subas de tarifas porque la prioridad es “bajar la inflación y no cargar con gastos a la clase media”. ¿Esa decisión revela preocupación?
–Es que el Gobierno está lidiando con el pecado original del plan Caputo, que es la idea de intentar bajar la inflación al mismo tiempo que se reacomodan los precios relativos. Entonces, esto genera no solo recesión, sino una tensión política en el Gobierno, que está obligado a mostrar que la inflación baja de manera sistemática.
–El Gobierno cedió ante la presión de la CGT y no tocó los recursos sindicales en la reforma laboral. ¿Milei debe hacer equilibrio y negociar ante las presiones?
–Hasta hoy ha sido mucho más hábil de lo que muchos suponían. Me parece bien que el Gobierno tenga cintura política para ir navegando en las presiones, en la medida que no se aleje de su objetivo, que es hacer las reformas. La Ley Bases incluye un conjunto de reformas inéditas para la Argentina que van a aumentar la tasa de crecimiento en largo plazo en la economía, como la ley de inversiones; la reforma laboral, la desregulación o las privatizaciones.
–¿Lamenta que la reforma laboral no haya sido integral?
–Lo fundamental era mejorar las normas de contratación y bajar los pasivos laborales contingentes que tenían las empresas. Después, la organización sindical, el mercado de salud y las obras sociales son discusiones micro que pueden esperar
–¿Por qué votó en contra de reponer el capítulo del tabaco, una discusión que estuvo cruzada por el lobby del sector?
–La posición de Pro siempre fue tratar esta reforma, pero el Gobierno optó por retirar todos los capítulos sectoriales que tenía la ley: limón, azúcar, pesca, biocombustibles, tabaco y hasta hicieron modificaciones en hidrocarburos. En general, esa fue la opción para no tener problemas ni en la Cámara de Diputados ni en el Senado. Y, como votamos monolíticamente con el Gobierno, apoyamos esa decisión.
–Milei dijo que el Estado presente se terminó. ¿Le preocupa el fundamentalismo del Presidente o su visión anarcocapitalista?
–En general, me incomodan las visiones extremas, porque la realidad se mueve en un punto medio. Compartimos las banderas del capitalismo, de la empresa privada como motor del crecimiento y de la recuperación del equilibrio fiscal. El resto de los condimentos ideológicos son parte del folclore de la política, pero que, a los fines de construir un país, son cuestiones de segundo orden.
–¿Cuál debe ser el rol del Estado en la reactivación? ¿Locomotora o sostén?
–El Estado no tiene que estar para dirigir precios o para hacer crecer la economía, sino para evitar inequidades, injusticias y, sobre todo, para nivelar la cancha. Eso se hace con una educación de calidad, una justicia independiente y con una moneda estable que provea estabilidad. Esta idea de la Argentina perdió el rumbo y se fue a un extremo con el kirchnerismo, cuando hasta para poner un kiosco había que pedirle permiso a un funcionario. Eso destruyó la iniciativa privada, los incentivos a la inversión, a la creación de empleo y, por supuesto, aniquiló el crecimiento.
"El plan de Caputo fusiona dos etapas de un programa de estabilización; eso lo hace muy recesivo, es su pecado original"
–¿Milei no se fue al otro extremo del kirchnerismo y hace populismo de derecha?
–Yo separo el discurso de la gestión. El Gobierno heredó una situación dramática y estuvo obligado a tomar un montón de medidas. Y ha impulsado un conjunto de reformas que se necesitaban para crecer. Quedan muchas pendientes, como salir del cepo, implementar la desregulación económica y abrir la economía. Hasta ahora, en esa última materia, donde el Gobierno ha mostrado mucho menos apuro.
–¿Hay falencias en la gestión o en la implementación de las medidas? Mencionaba el caso de la desregulación.
–Bueno, te pongo un ejemplo. Con el DNU, el Gobierno derogó el Código Aduanero. Perfecto, porque tenía una arquitectura pensada para cerrar la economía. Pero eso lo podría haber hecho simplemente derogando las miles de resoluciones del Ministerio de Economía que son las que implementan el Código de Aduanero. Entonces, hoy nos encontramos con una paradoja: ya se reformó el Código de Aduanero, pero la economía sigue tan cerrada como antes.
–¿A qué atribuye el conflicto con las prepagas? ¿Falta de planificación o giro pragmático?
–Hay inconsistencia entre lo que es la regla cambiaria y todo el acomodamiento de precios que tiene que hacer la economía y el grado de indexación que hay. Eso es lo que el Gobierno tiene que solucionar en la segunda etapa. Yo noto una buena dupla en el Gobierno, entre la visión más ideológica que plantea el Presidente y la mirada mucho más pragmática de Caputo. Eso ha funcionado hasta ahora.
–¿Milei hizo un ajuste poco sofisticado? Por caso, los recortes a las universidades provocaron una marcha multitudinaria.
–El Gobierno hizo lo que pudo con el gasto. Fue recortando y corrigiendo a medida que aparecían los problemas. Creo que nos merecemos un debate profundo sobre cómo se deben financiar las universidades y cómo se deben gestionar, pero lo que no debe perderse es el ideario de clase media aspiracional y movilidad social ascendente que implica la universidad pública para todos los argentinos. Ahora las universidades no pueden ser ni una caja de la política, ni un instrumento de militancia política. El Gobierno ha dicho no voy a desfinanciar esto, pero sí lo voy a controlar. Me parece bien.
–¿Pro puede perder identidad si no se diferencia de Milei?
–La política se construye a partir de los liderazgos. Y Pro tendrá que buscar nuevos liderazgos que puedan, de alguna forma, ofrecerle a la sociedad algo distinto. Lo que no podemos hacer es, en el altar de la diferenciación política, conspirar contra las reformas que nosotros siempre propusimos y que intentamos.
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