Caminos que se cruzan. Visitaron un mismo lugar y no se vieron, hasta que llegó la noche
Pablo, español, y Sonia, argentina, se conocieron en Tierra Santa y entablaron una relación a distancia que reconfirmó el amor mutuo
Hay caminos que se cruzan, otros que no. En el caso de Pablo y de Sonia, fue un poco más complicado, ya que si bien coincidieron en un mismo destino, sus caminos eran opuestos. Lo cierto es que punto de encuentro hubo y hoy Pablo y Sonia llevan más de 10 años juntos. La historia comienza en Israel, y este es su relato.
El año 2006 llegaba a su fin. Pablo, español, tenía 27 años cuando su padre lo invitó de viaje por Tierra Santa. Sonia, argentina, tenía 32 años y fue al mismo destino acompañada por sus padres y hermanos. Quienes quieren viajar a Tierra Santa tienen dos opciones de tour con distintos puntos de partida: desde el lugar donde nació Jesús, o desde donde murió. Por esas vueltas de la vida (o tal vez una mala puntería de Cupido), Sonia empezó por un lado y Pablo por el otro.
Pero Cupido tendría su revancha: el 26 de diciembre Pablo y Sonia coincidirían una noche en la misma posada.
Una noche en la posada
Ella y sus hermanos solían dormirse temprano porque al día siguiente había que madrugar, pero esa noche fue distinto: conocieron a un chico de Corrientes y se quedaron reunidos en el salón. Mientras tanto, Pablo fumaba afuera cuando se le acercaron las dos hermanas de Sonia para charlar y lo invitaron a unirse al grupo.
“De casualidad se sentó al lado mío y entonces vi que tenía colgada una espada. Le pregunté de manera irónica si pertenecía a una secta y me respondió que era una espada élfica, pero que no lo iba a entender. Para su sorpresa, yo conocía El Señor de los Anillos y ahí mismo nos pusimos a hablar de libros. Nos quedamos solos, charlando, durante tres horas”, recuerda Sonia de ese primer encuentro.
Esa noche, cuando se fue a dormir, pensó que tenía mala suerte: Pablo podría ser el amor de su vida, pero vivía en España. Después se enteraría de que él se fue a dormir con la misma sensación. Cupido había hecho su trabajo, pero ellos aún no lo sabían.
A la mañana siguiente se encontraron en el desayuno y, con la excusa de enviarse unos libros de Alejandro Casona, intercambiaron direcciones de mail. Cuando Pablo se estaba yendo, Sonia le gritó: “Si algún día vas a Argentina escribime y nos vemos”. La respuesta fue inmediata: “Sí, tengo muchas ganas de conocer”, y se fue.
Relación por messenger
A los dos días Sonia recibió el primer mail; el 31 a la noche chatearon tanto que Pablo empezó el año sentado frente a la computadora.
Empezaron a hablar todos los días, adaptándose al cambio de horario, que era de cinco horas de diferencia. “Yo trabajaba como coordinadora de arte en una empresa multinacional. Cuando salía me volvía rápido e iba a un locutorio cerca de mi casa, en Belgrano, donde nos quedábamos chateando por Messenger. Hasta que le conté la historia a mi padrino y decidió ayudarnos regalándome una computadora con una camarita”, cuenta Sonia.
Ahí el contacto se dio también por Skype y eso duró hasta que Pablo comentó por fin su decisión: vendría de visita a la Argentina el 30 de marzo.
“Yo estaba muy nerviosa. Ese día mi jefa me dejó irme antes porque todo el mundo estaba enloquecido con la historia y muy expectante. Cuando llegué al aeropuerto me puse tan nerviosa que me escondí detrás de una columna como quince minutos, llamé a mis amigas y les dije que no me animaba a salir. Además cuando lo vi empecé a dudar, porque él estaba con una mujer y sus hijos. Después supe que los estaba ayudando. Finalmente me animé a salir de atrás de la columna y ahí, en el aeropuerto, nos dimos nuestro primer beso”, recuerda Sonia como si fuera ayer.
Pablo y Sonia pasaron quince días enamorándose, conociendo amigos y familia, recorriendo Buenos Aires, y entendiendo que si querían continuar con la relación alguno de los dos iba a tener que ceder y mudarse. Pablo decidió venir a vivir a la Argentina y se lo comunicó a su familia al llegar a España.
“Les pareció una locura –recuerda Sonia–. Me querían conocer; como yo no tenía plata para pagarme el pasaje me lo enviaron ellos”.
A partir de ese momento, Sonia y los suyos empezaron una campaña para encontrarle un trabajo argentino a Pablo, que se desempeñaba como técnico informático. Mientras tanto, los enamorados hablaban todos los días por la camarita.
El 4 de agosto, Pablo llegó finalmente a Buenos Aires y empezó a trabajar en una empresa en el área de telefonía. En noviembre, le propuso casamiento a Sonia. Así fue como el 29 de marzo del 2008, un año después de su primer beso, dieron el sí rodeados de familia y amigos, tanto de Argentina como de España, que habían viajado para la celebración. Al año siguiente, nació la primera de sus tres hijas.
Hoy, 15 años después, viven felices en su casa en Buenos Aires y tratan de ir de visita a España en cuanto pueden, sabiendo que el cariño de los que allí quedaron se mantiene intacto. Si algo dejaron en claro Sonia y Pablo es que, cuando el amor es fuerte, ni siquiera el océano llega a ser un obstáculo.
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