La novia de Pérez Algaba ratificó que la víctima recibía amenazas
La joven declaró y entregó su celular para que los investigadores busquen pistas en los intercambios de mensajes
Gabriel Di Nicola
La novia de Fernando Pérez Algaba, el hombre asesinado y cuyo cuerpo, descuartizado, fue hallado en un arroyo de Lomas de Zamora, declaró como testigo y entregó a los investigadores su teléfono celular para que puedan tener acceso a los chats y publicaciones en redes sociales y buscar, así, alguna información que pueda ser de importancia para la pesquisa.
Según informaron a la nacion calificadas fuentes judiciales, se trata de una de las hijas de Esteban Fernando Tulli, hombre detenido y procesado con prisión preventiva desde el 22 de noviembre del año pasado en una investigación por narcotráfico. La chica declaró anteayer en la sede de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) de Lomas de Zamora.
“La joven hizo un relato de lo que fue su relación con la víctima. Si bien no dijo que Pérez Algaba le tuviera miedo a alguna persona en particular, recordó que su novio le hablaba de las amenazas que recibía y de las discusiones que tenía con diferentes conocidos”, explicó a un detective que participa la nacion de la pesquisa.
Ahora, los investigadores del homicidio esperan obtener más información del teléfono celular de Tulli, que será sometido a un peritaje.
En tanto, según informó la agencia de noticias Télam, los investigadores comenzaron con la apertura de dos dispositivos electrónicos que eran propiedad de la víctima. Se trata de una computadora MacBook Pro y un iPad, propiedad de la víctima, secuestrados en el departamento que Pérez Algaba había alquilado por seis días en Ituzaingó.
Pérez Algaba, apodado Lechuga y de 41 años, fue visto con vida por última vez el 18 de julio pasado en una zona descampada de General Rodríguez. Al día siguiente iba a viajar a Barcelona. Tenía un pasaje de avión. En General Rodríguez se encontró con su examigo Nahuel Vargas y con Maximiliano Pilepich, empresario del rubro de la construcción, quienes, según declararon, le habrían entregado US$60.000 que le debían.
La relación entre Lechuga Pérez Algaba y Nahuel Vargas era tirante a causa de la deuda. En los primeros minutos del 14 de febrero pasado, Vargas denunció por amenazas a Pérez Algaba. Según la presentación, a la que tuvo acceso la nacion, la noche del 13 de febrero, Lechuga fue hasta la casa de su examigo y varias veces le gritó: “¡Te tiro!”.
Vargas corrió hasta la esquina y escuchó una explosión. Cuando regresó a la puerta de su domicilio se encontró con la luneta de su camioneta 4x4 estallada.
“Divertite mucho que cuando vuelva te voy a buscar por cielo y tierra. Andá a hacer la denuncia que quieras. Te voy a arruinar la vida, pedazo de loro. Traidor. Me vas a pagar cada peso que me debes hijo de remil puta. Fui a buscar a un pibe a México... a vos te voy a buscar por cielo y tierra”, fue el mensaje que le envió Pérez Algaba a Vargas en una oportunidad.
En General Rodríguez se activó por última vez el teléfono celular de la víctima, según pudieron acreditar los investigadores, encabezados por el fiscal de Lomas de Zamora Marcelo Domínguez.
“Los horarios de las últimas activaciones del teléfono celular de la víctima coinciden con la hora en que Vargas y Pilepich dijeron haberse encontrado con la víctima. Los testigos llegaron en un auto Mercedes Benz y Pérez Algaba, en la camioneta marca Land Rover modelo Rover Range Rover Evoque blanca que Pilepich le había prestado para que pudiera movilizarse los días que estuviera en la Argentina”, sostuvo a una fuente judicial.
Vargas y Pilepich explicaron, bajo juramento de decir la verdad, que se habían encontrado con Lechuga para terminar de cancelar una deuda de US$150.000 y que ese día, 18 de julio, le entregaron US$60.000. Antes le habían entregado US$90.000, supuestamente, en una escribanía.
Pérez Algaba le devolvió la camioneta al empresario de la construcción. Los dos testigos, según dijeron, le ofrecieron a la víctima alcanzarlo hasta a algún lugar, pero él, según los testimonios, respondió que se iba a quedar a esperar a alguien a que lo pasara a buscar.
Cinco días después, restos de su cuerpo comenzaron a ser encontrados en un arroyo de Lomas de Zamora. Lo habían asesinado de dos balazos y después lo descuartizaron.
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Procesaron a Chaki Chan, “el narco de los 10.000.000”
El jefe narco que operaba en La Matanza obtenía millonarias ganancias cada día por la venta de cocaína y pasta base
Gustavo Carabajal
Nicolás Nahuel Guimil, conocido como Chaki Chan
“Las bolsas tienen 100 papelitos que se venden $ 500 cada uno. En un turno se podían llegar a vender unos $500.000. Es decir que por un día completo se podía recaudar $ 1.000.000, solo por venta de pasta base en el cuadrado de la 800”. Así describía uno de los investigadores de la Policía Federal el monto que recaudaba uno de los puestos de venta de pasta base de la banda comandado por Nicolás Nahuel Guimil, el narcotraficante conocido como Chaki Chan, el patrón de la droga de La Matanza. El agente antinarcóticos solo hacía referencia a un kiosco, que funcionaba en la zona conocida como el cuadrado de la calle 800, en el barrio Villegas, de la localidad de Ciudad Evita.
El testimonio figura entre los fundamentos de la prisión preventiva dictada por la jueza federal Alicia Vence contra el jefe narco y catorce integrantes de la banda que comercializaba droga en algunos sectores de La Matanza.
En ese puesto de venta de pasta base, situado en el cruce de las calles 800 y 806, los consumidores hacían largas filas para adquirir la droga contenida en un papel glasé. La imagen se repite en el kiosco situado en el cruce de 700 y 901, en el mismo barrio.
El grupo comandado por Chaki Chan se divide estructuralmente de acuerdo a la droga que comercializaba: pasta base; cocaína de alto nivel de pureza conocida como “alita de mosca”, por la forma en el que está cristalizado el estupefaciente y marihuana. Debido a la pureza, la “alita de mosca” era la droga más cara que vendía la banda liderada por Chaki Chan. Para aumentar las ganancias, los narcos la rebajan con sustancias de corte.
Chaki Chan, el alias con el que se conocía al mencionado Guimil, fue apresado el 4 de julio, en el barrio Villegas, en la misma zona donde funcionaban sus puestos de venta de droga y los lugares de acopio y fraccionamiento.
Los montos que recaudaba la organización comandada por Guimil superan los $10.000.000 cada día. Esto explicaría por qué los efectivos de la policía bonaerense no lo buscaban, según consta en una de las conversaciones telefónicas entre dos mujeres que formaban parte de la banda, que fue grabada el día de la captura del jefe narco.
“Igual supuestamente lo que yo había hablado con él, el otro día era que ya había pagado y que no había ningún problema, como que no lo buscaba nadie. Así que si no lo buscaba nadie, no sé por qué se lo llevaron”, le dijo Carla Sabrina Nieto, la hermana del jefe narco a una integrante del grupo delictivo.
Actualmente, Nieto está prófuga. Ocupa el segundo escalón debajo de Guimil en la estructura de la organización dedicada al narcotráfico en La Matanza que operó en la zona entre agosto de 2019 y principios de julio de este año.
Fue necesario convocar a detectives de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal para romper el paraguas protector que armó el jefe narco con algunos de los comisarios de La Matanza.
Además, se conformó el Equipo Conjunto de Investigación (ECI), integrado por el Ministerio Público Fiscal de la Nación, que intervino con la fiscalía federal de Morón, a cargo de Sebastián Basso y la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar) y la Procuración ante la Suprema Corte de Justicia bonaerense, que participó en la instrucción del sumario con la fiscalía de Narcocriminalidad de La Matanza, que tenía doce expedientes abiertos contra el mencionado Guimil y sus subordinados.
“De las tareas investigativas desarrolladas por la División Operaciones Área Metropolitana Oeste de la Policía Federal Argentina, se constató que la venta de estupefacientes en el Barrio Villegas de Ciudad Evita, Partido de La Matanza, Buenos Aires no funcionaba a través de puntos de venta aislados, sino que se trataba de una estructura criminal organizada, con turnos establecidos, con vendedores y encargados, personas que se ocupaban de la seguridad del lugar, conocidos como ‘soldaditos’ o satélites, quienes recaudaban el dinero y otros que realizaban el fraccionamiento, traslado y acopio del material”, expresó la jueza federal Alicia Vence al dictar la prisión preventiva para Guimil, una de sus hermanas y otros doce acusados.
Durante la investigación realizada por los efectivos de la Policía Federal, se encontraron otros siete puntos de venta de droga, además del denominado cuadrado de la 800. Esos búnkeres eran conocidos como “la 900”, en la intersección de la calles 900 y 711; el “Monoblock 9”, situado en la esquina de las calles 811 y 808; la “Panchería”, de Cristiania al 5800; la casa de la acusada Analía Romina Pereira, en el primer pasillo interno cercano a la rotonda de las calle 811 y 808, todos en el barrio Villegas, de Ciudad Evita.
Además, los detectives de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal, allanaron puestos de venta de droga que la banda de Chaki Chan, tenía en El Recuerdo al 5500, en el Barrio 11 Corazones y un búnker que los integrantes de la banda conocían como “El Entubado”, situado en la esquina de Zapata y Martín Coronado, en Laferrère.
Los dos últimos puestos de venta de droga eran supervisados por un acusado que fue identificado por fuentes judiciales como Esteban Alejandro Quiñones, lugarteniente de Guimil junto con sus hermanas, Natalia y Carla.
“Pero ¿cómo no va a bajar con los pibes ni con nadie? bajó solo, si el siempre baja con gente. Fue todo raro porque si no le debía nada, no se entiende para qué lo llevaron”, le dijo Carla, también conocida como “Byron”, a una integrante de la banda al referirse que Chaki Chan no le debía el pago de ninguna coima a un comisario de la policía bonaerense.
En otra conversación telefónica, Carla, una de las hermanas del jefe narco, actualmente prófuga, le explicaba a la misma subordinada que habían encontrado un rastreador satelital en una de los vehículos que usaban los soldaditos de Chaki Chan: “saqué un bicho de la camioneta. Hay que andar con cuidado”.
Después de ese episodio, Guimil descartó todos los celulares que usaba hasta ese momento y comenzó a comunicarse y transmitir órdenes por la red Telegram.
“Las bolsas tienen 100 papelitos que se venden $ 500 cada uno. En un turno se podían llegar a vender unos $500.000. Es decir que por un día completo se podía recaudar $ 1.000.000, solo por venta de pasta base en el cuadrado de la 800”. Así describía uno de los investigadores de la Policía Federal el monto que recaudaba uno de los puestos de venta de pasta base de la banda comandado por Nicolás Nahuel Guimil, el narcotraficante conocido como Chaki Chan, el patrón de la droga de La Matanza. El agente antinarcóticos solo hacía referencia a un kiosco, que funcionaba en la zona conocida como el cuadrado de la calle 800, en el barrio Villegas, de la localidad de Ciudad Evita.
El testimonio figura entre los fundamentos de la prisión preventiva dictada por la jueza federal Alicia Vence contra el jefe narco y catorce integrantes de la banda que comercializaba droga en algunos sectores de La Matanza.
En ese puesto de venta de pasta base, situado en el cruce de las calles 800 y 806, los consumidores hacían largas filas para adquirir la droga contenida en un papel glasé. La imagen se repite en el kiosco situado en el cruce de 700 y 901, en el mismo barrio.
El grupo comandado por Chaki Chan se divide estructuralmente de acuerdo a la droga que comercializaba: pasta base; cocaína de alto nivel de pureza conocida como “alita de mosca”, por la forma en el que está cristalizado el estupefaciente y marihuana. Debido a la pureza, la “alita de mosca” era la droga más cara que vendía la banda liderada por Chaki Chan. Para aumentar las ganancias, los narcos la rebajan con sustancias de corte.
Chaki Chan, el alias con el que se conocía al mencionado Guimil, fue apresado el 4 de julio, en el barrio Villegas, en la misma zona donde funcionaban sus puestos de venta de droga y los lugares de acopio y fraccionamiento.
Los montos que recaudaba la organización comandada por Guimil superan los $10.000.000 cada día. Esto explicaría por qué los efectivos de la policía bonaerense no lo buscaban, según consta en una de las conversaciones telefónicas entre dos mujeres que formaban parte de la banda, que fue grabada el día de la captura del jefe narco.
“Igual supuestamente lo que yo había hablado con él, el otro día era que ya había pagado y que no había ningún problema, como que no lo buscaba nadie. Así que si no lo buscaba nadie, no sé por qué se lo llevaron”, le dijo Carla Sabrina Nieto, la hermana del jefe narco a una integrante del grupo delictivo.
Actualmente, Nieto está prófuga. Ocupa el segundo escalón debajo de Guimil en la estructura de la organización dedicada al narcotráfico en La Matanza que operó en la zona entre agosto de 2019 y principios de julio de este año.
Fue necesario convocar a detectives de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal para romper el paraguas protector que armó el jefe narco con algunos de los comisarios de La Matanza.
Además, se conformó el Equipo Conjunto de Investigación (ECI), integrado por el Ministerio Público Fiscal de la Nación, que intervino con la fiscalía federal de Morón, a cargo de Sebastián Basso y la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar) y la Procuración ante la Suprema Corte de Justicia bonaerense, que participó en la instrucción del sumario con la fiscalía de Narcocriminalidad de La Matanza, que tenía doce expedientes abiertos contra el mencionado Guimil y sus subordinados.
“De las tareas investigativas desarrolladas por la División Operaciones Área Metropolitana Oeste de la Policía Federal Argentina, se constató que la venta de estupefacientes en el Barrio Villegas de Ciudad Evita, Partido de La Matanza, Buenos Aires no funcionaba a través de puntos de venta aislados, sino que se trataba de una estructura criminal organizada, con turnos establecidos, con vendedores y encargados, personas que se ocupaban de la seguridad del lugar, conocidos como ‘soldaditos’ o satélites, quienes recaudaban el dinero y otros que realizaban el fraccionamiento, traslado y acopio del material”, expresó la jueza federal Alicia Vence al dictar la prisión preventiva para Guimil, una de sus hermanas y otros doce acusados.
Durante la investigación realizada por los efectivos de la Policía Federal, se encontraron otros siete puntos de venta de droga, además del denominado cuadrado de la 800. Esos búnkeres eran conocidos como “la 900”, en la intersección de la calles 900 y 711; el “Monoblock 9”, situado en la esquina de las calles 811 y 808; la “Panchería”, de Cristiania al 5800; la casa de la acusada Analía Romina Pereira, en el primer pasillo interno cercano a la rotonda de las calle 811 y 808, todos en el barrio Villegas, de Ciudad Evita.
Además, los detectives de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal, allanaron puestos de venta de droga que la banda de Chaki Chan, tenía en El Recuerdo al 5500, en el Barrio 11 Corazones y un búnker que los integrantes de la banda conocían como “El Entubado”, situado en la esquina de Zapata y Martín Coronado, en Laferrère.
Los dos últimos puestos de venta de droga eran supervisados por un acusado que fue identificado por fuentes judiciales como Esteban Alejandro Quiñones, lugarteniente de Guimil junto con sus hermanas, Natalia y Carla.
“Pero ¿cómo no va a bajar con los pibes ni con nadie? bajó solo, si el siempre baja con gente. Fue todo raro porque si no le debía nada, no se entiende para qué lo llevaron”, le dijo Carla, también conocida como “Byron”, a una integrante de la banda al referirse que Chaki Chan no le debía el pago de ninguna coima a un comisario de la policía bonaerense.
En otra conversación telefónica, Carla, una de las hermanas del jefe narco, actualmente prófuga, le explicaba a la misma subordinada que habían encontrado un rastreador satelital en una de los vehículos que usaban los soldaditos de Chaki Chan: “saqué un bicho de la camioneta. Hay que andar con cuidado”.
Después de ese episodio, Guimil descartó todos los celulares que usaba hasta ese momento y comenzó a comunicarse y transmitir órdenes por la red Telegram.
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