viernes, 25 de agosto de 2023

LIBERALISMO Y GÉNERO FANTÁSTICO


Una tradición bajo amenaza

Diego M. Jiménez
En algunos edificios públicos de París se descubren tres palabras que movilizaron la discusión política, económica y social a partir del último cuarto del siglo XVIII. Libertad, igualdad y fraternidad se escribieron juntas, pero su relación no siempre fue armónica y su sentido fue evolucionando a lo largo de la historia.
El liberalismo, banalizado hasta el hartazgo en el discurso público presente, pertenece a la tribu de la revolución francesa, en donde también se encuentran sus promotores iluministas y los revolucionarios de la independencia de las Trece Colonias al otro lado del Atlántico. Una tribu amplia y diversa que sumó familia en América, Europa y en el resto de los continentes a partir del siglo XIX, con diferencias, pero referenciándose a su modo en ese trípode de conceptos seminales.
El liberalismo político no es uno y definitivo, es redefinido al calor de la evolución de las sociedades y fue enriquecido por derechos políticos, sociales, económicos y medioambientales. Pero su basamento aspiracional sigue incólume: individuos libres en igualdad de derechos y posibilidades, garantizados por sus comunidades políticas y cooperando en pos del bien común.
El liberalismo económico, cuyo padre fundador fue Adam Smith, surge en paralelo a la Revolución Industrial. Su teoría fundó una tradición rica y diversa, rescatando el valor del mercado y de la competencia. Sus conceptos, a causa de los cambios del sistema económico y de las ideas políticas y sociales, fueron dando lugar a distintas escuelas de pensamiento cuyo vértice fundante fue el liberalismo smithiano. Como también dieron origen a quienes lo cuestionaron con severidad y profundidad, como Marx y sus seguidores, también distintos, también plurales en la discusión con su maestro y en sus perspectivas teóricas.
En la evolución del capitalismo, cuyo origen se rastrea en el medioevo, pero que cobra forma en el siglo XVIII, se descubrieron las fallas en los mercados (ineficiencias/externalidades) y en la competencia (monopolios y oligopolios). Surgieron Estados reguladores eficaces y de los otros: enormes, fofos e ineficientes. Entre otros temas, se discute entre los cultores de esta ciencia social si el individuo es racional a la hora de elegir o en qué medida o circunstancias deja de serlo. La disciplina económica, como se ve en esta pequeña muestra, se nutre de controversias y debates intensos, arduos y ricos.
Como ocurre con el político, el liberalismo económico no sigue un camino único de pureza conceptual. Cambió, evolucionó y sus discusiones no están cerradas de ningún modo. Basta ir de oyente a algún curso universitario de historia de las ideas económicas. Como en política, en economía tampoco existen recetas universales y aplicables en todo contexto y lugar.
Lo que existe, la historia y la actualidad del mundo lo evidencian, son economías y sociedades mixtas que continúan recreando la tensión propia y natural entre el individuo y el Estado, entre el mercado libre y las regulaciones, entre la libertad y la igualdad. Viejas y actuales antinomias, tan humanas, tan apasionantes, canceladas arbitrariamente por las nuevas formas del fundamentalismo ideológico que han aparecido en el escenario político. Un fundamentalismo que niega la historia, a sabiendas o por mera ignorancia, imaginando una sociedad de individuos que se reúnen por interés egoísta en un mercado que le pone precio a todo, incluso a sus órganos. Un ideologismo cómodo en los extremos, que valora todas las cosas y personas en función de un cálculo de costobeneficio. Una cuenta utilitaria que despoja de contenido humano cualquier discusión relevante.
Una visión de la sociedad que se olvida de la palabra fraternidad, la que abraza a las otras dos, libertad e igualdad, y las contiene, para que tengamos presente el sentido principal de por qué vivimos en comunidades democráticas. Un bello concepto que tiene origen en el vocablo fratello, que significa hermano. Un término que proviene de aquella revolución que nos definía como libres e iguales en derechos, pero nos consideraba vinculados unos a otros por la simple condición humana: cooperando, como evolucionó la especie humana, como se construyen las sociedades justas, como se sostiene la democracia.
Una democracia, sin duda, castigada por la impericia económico-social de los últimos gobiernos y amenazada por una nueva utopía individualista que contradice las mejores tradiciones de Occidente.

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Un mundo sin ciencia y un país sin científicos
Jorge V. Crisci
En un esfuerzo de reconstrucción fantástica, imaginemos un mundo sin ciencia. Esa civilización precientífica carecería de vacunas, antibióticos, terapias avanzadas de la medicina, internet, electricidad, energía atómica, estudios sociales, evaluaciones ambientales, teoría económica, políticas para la conservación de la biodiversidad y de una productividad agrícola acorde con los requerimientos de una población en constante crecimiento, por citar solo una pequeña muestra de las consecuencias de la ausencia de ciencia en ese mundo imaginario.
En términos de calidad de vida, estaríamos de regreso en el medioevo. Ese mundo medieval carecería además de ciencia básica, aquella que, a diferencia de la que podríamos llamar aplicada, tiene como objetivo el conocimiento y la comprensión de una parte del universo y no la solución inmediata a un problema práctico. ¿Podríamos también prescindir de esa ciencia sin esperar consecuencias negativas? El descubrimiento del método del hibridoma para producir anticuerpos monoclonales, que ahora es la base de una gran industria y un extraordinario aporte a la lucha contra el cáncer, lo hizo nuestro compatriota César Milstein en su esfuerzo por comprender el tema de la génesis de la diversidad de anticuerpos. El descubrimiento del botánico Hugh Iltis de una especie silvestre de tomates en las montañas del Perú en 1962 mejoró considerablemente la producción de los frutos de esta planta cuando se cruzó la nueva especie con una variedad comercial. La formalización de Von Neumann, Morgenstern y Nash de la teoría de juegos en las décadas de 1940 y 1950 tuvo gran importancia en disciplinas tan disímiles como la economía, la informática, la biología o la estrategia militar.
Son ejemplos de cómo áreas básicas de la ciencia también han tenido enormes consecuencias sociales o económicas. Ese mundo sin ciencia tendría como rasgo principal la ignorancia de cómo funciona el universo (y en especial nuestro planeta, con todas sus especies incluida la humana) y, como resultado, la incapacidad de reaccionar ante sus desafíos. En otra reconstrucción fantástica, imaginemos un país sin científicos. Ese país resignaría su soberanía científica, pues dependería exclusivamente de las actividades científicas de otros países, que establecerían prioridades y estrategias de investigación que no necesariamente coincidirían con las necesidades del país sin científicos. Por ejemplo, ese país distópico no tendría estrategias propias para la conservación de su biodiversidad, ni investigación sobre una enfermedad emergente que fuera endémica allí. Además, la enseñanza universitaria se vería seriamente afectada, pues enseñanza e investigación están estrechamente relacionadas en ese nivel. ¿Es posible imaginar profesores universitarios de temáticas científicas que no sean investigadores? ¿Profesores que solo basen sus cursos en libros de texto, sin agregar sus propias experiencias personales?
Un mundo sin ciencia es una amenaza al bienestar de la humanidad y un país sin científicos es una amenaza a su propio progreso. A principios del siglo XX, el gran educador y filósofo estadounidense John Dewey (1859-1952) pensó una ciencia que trascendiera el campo del conocimiento y entrara en el de los valores. “Incluso cuando la ciencia ha gozado de un ávido reconocimiento se mantuvo como una servidora de fines impuestos por tradiciones ajenas. Si alguna vez nos encontramos gobernados con inteligencia, la ciencia debe tener algo que decir sobre lo que hacemos, y no simplemente sobre cómo podríamos hacerlo más fácil y económico”
Profesor emérito de la Universidad Nacional de La Plata, académico de número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, académico correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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