Gabriela Cerruti, el pararrayos que genera tormentas
Pablo Sirvén
Pararrayos. Eso se supone que es un vocero o un portavoz presidencial. Es una tarea para un profesional de la comunicación que alivie al mandatario de quedar involucrado en controversias innecesarias. Debe contar con un temperamento muy particular; ser absolutamente empático con sus principales “clientes” –primero que nada con los periodistas acreditados en la sede gubernamental, pero también con los demás colegas que puedan querer consultarlo por alguna cuestión–; clarificar asuntos que puedan tener algún grado de complejidad y, por sobre todas las cosas, manejarse con la verdad, sin altanerías, provocaciones o cinismo.
Ninguna de estas condiciones cumple Gabriela Cerruti, quien no solo no obra como pararrayos que neutralice o desvíe las tormentas que pueda producir el agitado acontecer cotidiano de la política argentina sobre la Casa Rosada, máxime en estos tiempos electorales, sino que –peor todavía– ella misma tiene una facilidad colosal para crear nuevos líos y una habilidad extraordinaria para quedar mal con medio mundo.
La combinación de peronismo en sangre, su adicción compulsiva a las redes sociales y el afán de hacerse notar es la tierra fértil en la que florecen sus mensajes estridentes, muchas veces malintencionados, que tan pronto pretenden ser frescos y desafiantes, cual si fuera una adolescente tiktoker, como pueden destilar punzones de una amarga veterana, indigna de pertenecer a la supuestamente alegre “revolución de las viejas”, que alienta Cerruti como emprendimiento particular.
En referencia a los asaltos y saqueos (o como quiera llamárselos) a comercios que se venían produciendo en distintos lugares, en la tarde del martes, Cerruti tuiteó: “Las imágenes que están circulando en las redes son falsas, publicadas en cuentas que claramente son seguidores o empleados de @JMilei”.
Un poco más tarde reforzó con un video acompañado del hashtag #BastaMilei, en el que con un peculiar grado de acelere ratificaba que el fenómeno era producto de una construcción virtual de cuentas ligadas a La Libertad Avanza y al candidato presidencial que más votos logró en las PASO “porque son profundamente antidemocráticos”.
Frente a esa aseveración tan categórica, en la misma noche del martes Luis Novaresio dijo por LN+ que asumía que algún fiscal mandaría un patrullero con la notificación al domicilio de la funcionaria para que fuese a declarar ante un juez sobre qué elementos concretos tenía para fundamentar tan grave y categórica denuncia. Estaba todavía Novaresio en el aire cuando por WhatsApp la mismísima portavoz le escribió que sentía pena por el ser humano en que se había convertido.
En la tarde del miércoles todavía era trending topic el hash #RenunciaCerruti.
Es que en vez de poner paños fríos en las noticias candentes, aplicándoles prudencia y criterio en su tratamiento, la portavoz se destaca casi siempre por exacerbar más los ánimos.
Incorporada también al equipo de campaña del candidato oficial y ministro de Economía, Sergio Massa, claramente se cortó sola a la hora de salir con sus misiles contra el líder libertario, al que lejos de dañarlo, este tipo de polémicas le suelen ser funcionales. Tal como lo cuenta Damián Nabot en su nota, el despliegue de Cerruti contra Milei cayó pésimo en el entorno de Massa, que lo que más deseaba era que nada opacara su acuerdo con el FMI.
Quien, en cambio, no puede decir que no estaba al tanto del pataleo de la portavoz es el mismísimo presidente de la Nación, quien, en claro aval, retuiteó el mensaje de la funcionaria que levantó tanta polvareda.
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Furia en el entorno de Massa con la portavoz
Frente a la crisis, Cerruti marcó la línea política de una administración en pedazos; “es una locura”, estalló un intendente
Damián Nabot
Sergio Massa se enteró en Washington de las declaraciones de la vocera
Sergio Massa se enteró en Washington de que la portavoz presidencial Gabriela Cerruti había resuelto vincular a Javier Milei con los saqueos y enfureció. Su anuncio del préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que Massa necesita multiplicar como un milagro para frenar nuevas corridas cambiarias, se diluía detrás de las acusaciones de la portavoz. “No hay tales saqueos”, escribía Cerruti, mientras en José C. Paz decenas de personas irrumpían en un supermercado DIA para vaciar las góndolas.
El equipo de campaña de Sergio Massa era para entonces un volcán en erupción contra Cerruti. Intentaban comunicar estabilidad y la portavoz denunciaba conspiraciones políticas. Cerruti se había designado jefa de campaña. No se tomó la molestia de consultar al candidato para convalidar su nombramiento.
Massa navega la búsqueda de votos contra dos corrientes: la crisis económica y su propio gobierno. Teme que el rencor que guarda Alberto Fernández en su contra por la forma en que lo desplazaron de las decisiones se convierta, tarde o temprano, en un aguijonazo mortal. Por eso, Massa ordenó incorporar a Cerruti al equipo de comunicación de la campaña. Fue un intento de alimentar la ilusión presidencial de sentir que ocupa un lugar. No alcanzó para la contención.
Ayer, el Presidente dijo que había omitido hablar del resultado electoral, la devaluación y la corrida cambiaria porque no era “candidato”.
El martes, mientras el equipo del candidato lanzaba furia, la portavoz se ufanaba internamente de su logro y proponía al resto de los responsables de la comunicación que impulsaran su mensaje en X para magnificarlo. Las respuestas en privado fueron irreproducibles.
En paralelo, los intendentes peronistas se enteraban de los saqueos mientras compartían un encuentro con el gobernador Axel Kicillof, preocupados por la campaña electoral en la provincia de Buenos Aires, el distrito donde el kirchnerismo tiene mayores posibilidades de ganar.
De pronto, los mensajes de sus colaboradores comenzaban a estallar en sus celulares. José C. Paz. Moreno. Escobar. Quilmes. Los datos que les llegaban daban cuenta de grupos, en su mayoría de menores de edad, que tenían a los pequeños supermercados como blancos.
El malestar del equipo de campaña contra Cerruti creció exponencialmente cuando alcanzó a los intendentes. “Es una locura”, se escribían unos a otros cuando descubrían el video de la portavoz en TikTok donde la funcionaria aseveraba que “es toda una operación”. “Todo ligado a las cuentas de La Libertad Avanza”, acusó Cerruti sin titubear. “Todo”. Un intendente que había monitoreado los incidentes en su municipio se agarraba la cabeza: “Habla como una influencer”, dijo a la nacion.
Cerruti ayer cambió su acusación. La portavoz dijo que también “en algunos casos” son grupos ligados a Patricia Bullrich. Mientras miles de comerciantes viven días en vilo por la violencia y los barrios más pobres se convulsionan por las amenazas, la portavoz lanzaba acusaciones a diestra y siniestra por las redes sociales, que cambiaban de un día para otro.
La explosión de enojo que el martes atravesó secretamente los canales del oficialismo ayer terminó por salir a la luz pública. Hasta el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, tomó distancia de la portavoz. “Si supiera quién está detrás, hubiera empezado por ahí. Todavía no tenemos datos fidedignos que nos hagan decir: ‘Fulano o Mengano son los responsables’”, reconoció Fernández. El Gobierno se desmintió a sí mismo.
“No soy relator de las opiniones de la vocera”, se distanció el intendente de Escobar, Ariel Sujarchuk, uno de los involucrados en el seguimiento de los saqueos. Nadie compartía los criterios de la espontánea jefa de campaña, pero en la Presidencia aseguraban que parte del gabinete la había respaldado.
Ayer por la noche, el fiscal Guillermo Marijuan, el funcionario judicial más cercano a Sergio Massa, imputó a Cerruti por “omisión de denuncia e incitación a la violencia”. La piedad es un bien escaso en el poder.
La funcionaria se ufanó internamente de su logro y pedía a otros que impulsaran su tuit
El ministro de Seguridad e intendentes tomaron distancia de Cerruti
Massa navega contra la crisis económica y las acciones de su propio gobierno
Sergio Massa se enteró en Washington de que la portavoz presidencial Gabriela Cerruti había resuelto vincular a Javier Milei con los saqueos y enfureció. Su anuncio del préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que Massa necesita multiplicar como un milagro para frenar nuevas corridas cambiarias, se diluía detrás de las acusaciones de la portavoz. “No hay tales saqueos”, escribía Cerruti, mientras en José C. Paz decenas de personas irrumpían en un supermercado DIA para vaciar las góndolas.
El equipo de campaña de Sergio Massa era para entonces un volcán en erupción contra Cerruti. Intentaban comunicar estabilidad y la portavoz denunciaba conspiraciones políticas. Cerruti se había designado jefa de campaña. No se tomó la molestia de consultar al candidato para convalidar su nombramiento.
Massa navega la búsqueda de votos contra dos corrientes: la crisis económica y su propio gobierno. Teme que el rencor que guarda Alberto Fernández en su contra por la forma en que lo desplazaron de las decisiones se convierta, tarde o temprano, en un aguijonazo mortal. Por eso, Massa ordenó incorporar a Cerruti al equipo de comunicación de la campaña. Fue un intento de alimentar la ilusión presidencial de sentir que ocupa un lugar. No alcanzó para la contención.
Ayer, el Presidente dijo que había omitido hablar del resultado electoral, la devaluación y la corrida cambiaria porque no era “candidato”.
El martes, mientras el equipo del candidato lanzaba furia, la portavoz se ufanaba internamente de su logro y proponía al resto de los responsables de la comunicación que impulsaran su mensaje en X para magnificarlo. Las respuestas en privado fueron irreproducibles.
En paralelo, los intendentes peronistas se enteraban de los saqueos mientras compartían un encuentro con el gobernador Axel Kicillof, preocupados por la campaña electoral en la provincia de Buenos Aires, el distrito donde el kirchnerismo tiene mayores posibilidades de ganar.
De pronto, los mensajes de sus colaboradores comenzaban a estallar en sus celulares. José C. Paz. Moreno. Escobar. Quilmes. Los datos que les llegaban daban cuenta de grupos, en su mayoría de menores de edad, que tenían a los pequeños supermercados como blancos.
El malestar del equipo de campaña contra Cerruti creció exponencialmente cuando alcanzó a los intendentes. “Es una locura”, se escribían unos a otros cuando descubrían el video de la portavoz en TikTok donde la funcionaria aseveraba que “es toda una operación”. “Todo ligado a las cuentas de La Libertad Avanza”, acusó Cerruti sin titubear. “Todo”. Un intendente que había monitoreado los incidentes en su municipio se agarraba la cabeza: “Habla como una influencer”, dijo a la nacion.
Cerruti ayer cambió su acusación. La portavoz dijo que también “en algunos casos” son grupos ligados a Patricia Bullrich. Mientras miles de comerciantes viven días en vilo por la violencia y los barrios más pobres se convulsionan por las amenazas, la portavoz lanzaba acusaciones a diestra y siniestra por las redes sociales, que cambiaban de un día para otro.
La explosión de enojo que el martes atravesó secretamente los canales del oficialismo ayer terminó por salir a la luz pública. Hasta el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, tomó distancia de la portavoz. “Si supiera quién está detrás, hubiera empezado por ahí. Todavía no tenemos datos fidedignos que nos hagan decir: ‘Fulano o Mengano son los responsables’”, reconoció Fernández. El Gobierno se desmintió a sí mismo.
“No soy relator de las opiniones de la vocera”, se distanció el intendente de Escobar, Ariel Sujarchuk, uno de los involucrados en el seguimiento de los saqueos. Nadie compartía los criterios de la espontánea jefa de campaña, pero en la Presidencia aseguraban que parte del gabinete la había respaldado.
Ayer por la noche, el fiscal Guillermo Marijuan, el funcionario judicial más cercano a Sergio Massa, imputó a Cerruti por “omisión de denuncia e incitación a la violencia”. La piedad es un bien escaso en el poder.
La funcionaria se ufanó internamente de su logro y pedía a otros que impulsaran su tuit
El ministro de Seguridad e intendentes tomaron distancia de Cerruti
Massa navega contra la crisis económica y las acciones de su propio gobierno
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