Trump y DeSantis mienten
Andrés Oppenheimer @oppenheimera
El expresidente Donald Trump y los otros aspirantes presidenciales del Partido Republicano están diciendo que Estados Unidos está siendo invadido por inmigrantes indocumentados mexicanos que son responsables del contrabando de fentanilo al país. Sin embargo, los candidatos republicanos están distorsionando totalmente la realidad y difundiendo una narrativa falsa. Lo que no están diciendo es que la mayoría de los migrantes que cruzan la frontera sin documentos no son mexicanos, sino venezolanos y centroamericanos, y que los datos oficiales muestran que los indocumentados no tienen prácticamente nada que ver con el tráfico de fentanilo.
Según datos oficiales, casi todo el fentanilo ingresa en Estados Unidos a través de puertos de entrada legales, incluidos los aeropuertos. Lo que es más importante aún, la mayor parte de esta droga es contrabandeada por ciudadanos estadounidenses.
Las llegadas ilegales a través de la frontera sur han vuelto a ser noticia, porque aumentaron un 30 por ciento en julio y agosto, después de haber disminuido ligeramente en mayo y junio. Pero Trump y los otros aspirantes republicanos están falseando los datos oficiales para culpar a los indocumentados del tráfico de fentanilo y alimentar el racismo de muchos de sus seguidores. Como buenos populistas, culpan a los de afuera.
Hablando de los inmigrantes, Trump dijo en un mitin de campaña reciente que si gana las elecciones detendría “la invasión” de indocumentados y enviaría “miles de tropas” a la frontera”.
En el segundo debate republicano, la semana pasada, al que Trump decidió no asistir, todos los aspirantes republicanos parecían competir para ver quién adoptaba la línea más dura contra los migrantes mexicanos y México. Algunos, como DeSantis y Nikki Haley, pidieron una intervención militar estadounidense en México para combatir a los carteles de la droga. Sin embargo, según el servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP), la mayoría de los indocumentados que están cruzando la frontera no son mexicanos. “Si se consideran todas las llegadas irregulares a la frontera sudoeste de Estados Unidos este año fiscal, los mexicanos representan solo el 30%”, me dijo Colleen Putzel-Kavanaugh, analista del Instituto de Política Migratoria, un centro de investigaciones no partidista. “El resto son principalmente venezolanos, hondureños y guatemaltecos”.
En agosto, hubo 51.913 llegadas de inmigrantes indocumentados a través de los cruces fronterizos entre Estados Unidos y México, de los cuales solo 15.990 eran mexicanos. El resto eran venezolanos, haitianos, cubanos, centroamericanos, africanos y asiáticos, según datos de la guardia fronteriza.
Lo que constituye una mentira aún mayor por parte de los aspirantes republicanos es su afirmación de que los indocumentados son los culpables del tráfico de fentanilo. Más de 73.000 estadounidenses murieron por sobredosis de fentanilo en 2022, más del doble de la cantidad de muertes por esa droga en 2019, según el Centro para el Control de Enfermedades.
Según datos oficiales, el 86,2% de los delincuentes condenados por tráfico de fentanilo son ciudadanos estadounidenses. Lo que es aún más revelador, un estudio del Instituto Cato encontró que solo el 0,02% de las personas interceptadas mientras intentaban cruzar la frontera ilegalmente llevaban fentanilo. Los indocumentados que cruzan la frontera saben que pueden ser detenidos y registrados por los guardias fronterizos, y por lo tanto no se meten en ese negocio. Por eso, la mayoría de los traficantes de fentanilo son ciudadanos norteamericanos que entran al país por cruces legales, o aeropuertos, donde la posibilidad de ser registrados es mucho menor.
Pero a pesar de todas las evidencias en sentido opuesto, una encuesta de NPR-Ipsos mostró que el 60% de los votantes republicanos creen que la mayor parte del fentanilo que ingresa al país es contrabandeada por indocumentados.
En lugar de invadir México o enviar tropas a la frontera, como piden los aspirantes republicanos, Washington debería aumentar la detección de fentanilo en los puentes fronterizos y los aeropuertos. Y, por supuesto, debería aumentar la educación, la prevención y los tratamientos para reducir el consumo de fentanilo en Estados Unidos.
De manera que la próxima vez que escuchen a los aspirantes republicanos –o a Fox News y otros medios de propaganda republicana– decir que los indocumentados están causando la crisis del fentanilo, sepan que están mintiendo. Están engañando a la gente sin hacer nada para solucionar los problemas.
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Redención versus privatización del Estado
Maximiliano Gregorio-Cernadas Diplomático de carrera y miembro del Club Político Argentino y de la Fundación Alem
Si durante los últimos ochenta años el supuestamente todopoderoso Estado argentino ha devenido, en realidad, cada vez más endeble e ineficaz para solucionar los problemas de cada vez más pobres, ergo, sus crecientes recursos y poder han estado desviándose hacia un tercer actor no estatal, agravado por el exitoso truco de hacer creer lo contrario, como lo demostraron las recientes primarias.
En efecto, la confusión que enreda a los argentinos hoy radica en la inadvertida paradoja de que dos de las tres fuerzas competitivas para los próximos comicios persiguen, de modos diversos, el mismo fin: el debilitamiento y la privatización del Estado. El peronismo, agotado en su última versión K y consciente de su inminente derrota, aprovecha sus postreros instantes al comando de la botonera estatal para abroquelar a sus socios (empresarios prebendarios, piqueteros, sindicalistas oligárquicos, empleados estatales fanatizados, etc.) mediante onerosas medidas destinadas a privar al próximo gobierno del Estado elegido por el votante de botones que apretar, lo cual concluye en una forma sutil de privatizarlo, ajustando su clásico axioma a la nueva circunstancia: el Estado debe estar presente, siempre y cuando no quede en manos ajenas.
Ejemplos de estas medidas adoptadas in extremis abundan por todo el país, actividad y jerarquía, como ocurre en la decisiva política exterior: designaciones inamovibles en organismos internacionales, ascensos de funcionarios amigos, traslados de embajadores militantes, nombramientos masivos y hasta decisiones de alta política, como la incorporación a los Brics y otros delicados compromisos con superpotencias, que persiguen un doble propósito: fidelizar para el futuro a amigos ad hominem que devendrán en más leales y fanáticos, pero, sobre todo, privar una vez más al próximo Estado de recursos y poder, pues el costo para revertir estos dislates será enorme. Anular un ascenso, regresar a un embajador que acaba de ser trasladado al exterior o retirarse de una organización a la cual se acaba de acceder son medidas gravosas y que exigirán coraje.
En cuanto a la anarquía que propone el otro tercio competitivo, consiste en un desguace explícito y absoluto del Estado que exime de explicar sus intenciones y desnuda lo evidente: una privatización extrema del Estado solo favorecería a los más poderosos y desprotegería a los más vulnerables, es decir, clases media y baja, pymes, jóvenes, jubilados y marginados. No son casuales y contribuyen a explicar esta paradójica alianza apuntada a conservar el statu quo las oscuras asociaciones electorales entre los tercios de la LLA y la UP, y el hecho de que el más consumado ejemplo de la opción libertaria ya fue ensayado por el propio peronismo en su versión Menem –“el mejor gobierno argentino de los últimos años”, confirma Milei–, que concluyó en una fiesta para los poderosos y una tragedia para los desvalidos.
Corresponden, pues, a JxC, el otro tercio en competencia, varios desafíos: interpretar la indignada y perspicaz intuición de muchos votantes de que el quid radica en la estafa de la aparente ubicuidad de un Estado en verdad ausente; saber explicar que ese ausentismo deriva del abuso pendular del Estado perpetrado por esas dos versiones simuladamente opuestas, la ultraestatista y la antiestatista, y persuadir del papel decisivo del Estado, pues no existe país exitoso en la Tierra, democrático y con desarrollo equitativo que lo haya logrado con un Estado raquítico o abusado por los privados; en suma, lograr comunicar que allí donde está el flagelo más gravoso de la Argentina también se encuentra su redención.
jueves, 5 de octubre de 2023
CLAVES AMERICANAS Y UNA FALSA DICOTOMÍA
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