En Wall Street anticipan un mayor deterioro de la economía
Luego del triunfo del ministro-candidato, los principales bancos de inversión tienen malos pronósticos y prevén una devaluación
Rafael Mathus Ruiz
WASHINGTON.– Hasta el domingo pasado, Wall Street veía la elección presidencial en la Argentina como una instancia de cambio, no de continuidad. La incógnita era quién lideraba ese cambio, o más bien, qué podía deparar la caja de Pandora de Javier Milei. La sorpresiva remontada de Sergio Massa destrozó –otra vez– todos los análisis. Para los inversores, la Argentina quedó ahora en el peor escenario: la continuidad vuelve a ser posible, a pesar del permanente deterioro de la economía.
Analistas, bancos y fondos de inversión anticipan que el ballottage entre Massa y Milei será reñido, pero en las evaluaciones del panorama electoral por primera prevalece en el horizonte una victoria de Massa.
“A pesar de desequilibrios macroeconómicos más amplios, los resultados de las recientes elecciones generales han demostrado que ni el deterioro macroeconómico ni los escándalos de corrupción parecen ser factores decisivos para medir el desempeño del oficialismo”, resumió un informe del banco de inversión J.P. Morgan.
Como muchos otros análisis que circularon desde muy temprano, el informe de J.P. Morgan, escrito por Diego Pereira, señalaba que lo más relevante ahora será cómo se dividirán los votos de las distintas fuerzas políticas, en particular, los de Patricia Bullrich y Juan Schiaretti. Ante un ballottage apretado, en el mundo inversor esperan que Massa mantenga su plan de vuelo, ultimando esfuerzos para controlar las cotizaciones del dólar y ampliando si es necesario el “plan platita”, una estrategia que empeorará los problemas con los que deberá lidiar la próxima administración.
El banco brasileño BTG Pactual remarcó que el peronismo hizo la peor elección de su historia como coalición unida, pero aun así logró un suficiente caudal de votos “como para ser competitivo en una segunda vuelta”. Ante ese nuevo escenario, los analista s del banco hicieron una pregunta:“¿ Debemos tirar la toalla sobre los activos argentinos?”. Su respuesta: “Hemos sido constructivos desde las primarias, bajo la opinión de que un cambio era casi inevitable, pero el resultado de las elecciones generales sugiere que la continuidad aún es bastante posible”.
“El poder político de Massa ahora está intacto y el resultado le da fuerza para continuar con las políticas actuales”, apuntaba ese análisis.
Daniel Kerner, del grupo Eurasia, coincidió en que si prevalece el miedo a Milei hacia la segunda vuelta, Massa debería ganar la presidencial pese a la impopularidad del gobierno de Alberto Fernández y el derrotero de la economía desde que se hizo cargo del Ministerio de Economía. Massa, indicó, se benefició por el “plan platita”, el aparato peronista y el miedo a Milei.
Kerner dijo que “ahora parece probable que Massa gane unas elecciones muy reñidas, principalmente debido al miedo a Milei. Pero los factores estructurales aún favorecen a Milei, y los sucesores de administraciones impopulares a menudo tienen dificultades para ganar”.
El banco BNP Paribas eligió describir el ballottage como “una segunda vuelta con tinte peronista”. Si bien la posibilidad de una segunda vuelta entre Massa y Milei estaba en los cálculos de los inversores, un triunfo de Massa –y sobre todo con el margen que logró–era un“cisne negro ”: estaba fuera de los cálculos. Ese desempeño mucho mejor de lo esperado le dio a Massa un empujón similar al que gozó Milei después de las primarias.
“El desempeño mejor al esperado del partido peronista en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de la Argentina podría aumentar la probabilidad de que Sergio Massa derrote a Javier Milei en la segunda vuelta”, indicó el informe de BNP.
Continuidad económica
El panorama que trazaban los primeros análisis para la economía también apuntaba a una continuidad: más incertidumbre, más presión sobre las cotizaciones paralelas del dólar y más malabares de Massa y su equipo para evitar que se despeguen del dólar oficial, y la posibilidad latente de otro “plan platita” del oficialismo para intentar cerrar una victoria en la segunda vuelta.
El consenso apuntaba también a una continua caída de los plazos fijos, tal como se vio en las últimas semanas, y más presión sobre las reservas. También se esperaba que el gobierno recurriera al swap con el banco central de China para financiar las importaciones. Y una vez terminada la elección, el ajuste inevitable: una devaluación.
“Pensamos que, una vez que se produzca la segunda vuelta, se habrán agotado los medios para evitar una devaluación. Aunque permitirla conllevará un costo político significativo, la alternativa podría ser aún más costosa con la demanda desenfrenada de moneda extranjera, los continuos retiros de depósitos y el acaparamiento de divisas”, resumió el banco HSBC.
Marcos Buscaglia, de Alberdi Partners, achacó el resultado electoral a la pobre campaña de Juntos por el Cambio y a los “problemas estructurales” en la coalición opositora por sus divisiones internas. Para Buscaglia, el resultado de la elección fue “uno de los peores resultados posibles” porque les da vida a Cristina Kirchner y a La Cámpora, Massa puede ganar la elección, lo que implica que continuará la incertidumbre por la política económica y Juntos por el Cambio puede fracturarse.
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Osadía y errores ajenos: Massa y una victoria que podría ser pírrica
Miguel A. Kiguel y Andrés Borenstein Los autores son economistas
Massa ha sido el gran ganador de las elecciones del domingo, aunque el triunfo no se explica por sus virtudes en el manejo de la economía, sino por sus habilidades políticas para llegar hasta aquí y por los desmanejos de la oposición. Con este resultado se rompe la constante de que el índice de confianza en el gobierno que publica la Universidad Di Tella sirva como predictor del resultado de las elecciones, pero se mantiene la constante de que con el peronismo unido y la oposición dividida, la victoria va para el lado del PJ.
¿Cómo se explica el triunfo de Massa? Por un lado, hizo una campaña osada jugando al límite con los recursos fiscales y con las reservas. Una jugada que, aunque irresponsable, porque deja una herencia pesada (que paradójicamente seguramente la pague él mismo), sumó para ganar. A ella se agregaron la campaña del miedo y las propuestas descabelladas de Milei, tanto económicas como políticas, que resultaron anticlimáticas.
Ahora tenemos reservas internacionales diezmadas, en torno de US$8000 millones negativas, un déficit primario que superará los 2,5 puntos del PBI; un sistema impositivo con mínimos no imponibles para ganancias obscenos, inflación galopante, una brecha ridícula, atraso cambiario y una economía estancada (mismo PBI que en 2011), con más de 40% de pobreza y un número mayor en el conurbano (47%) y aún mayor entre los menores de 14 años (56,2%).
Parte de la explicación del éxito de Massa es el fracaso de Juntos por el Cambio, que leyó mal el clima de época de cabo a rabo. Pero a eso se le sumó el ascenso de Milei, que con un canto de sirenas logró cautivar a una gran parte del electorado, pero sin mucho más que un discurso sobre la casta y un atajo llamado dolarización. No pudo crecer desde las PASO.
La propuesta de dolarización paradójicamente tuvo un efecto boomerang porque requiere un dólar superalto y generó temores de una hiperinflación. Muchos de esos votos seguramente fueron a Massa, donde tal vez primó el susto y la idea de que más vale malo conocido que bueno por conocer.
Pero el ministro candidato, suponiendo que gane el 19 de noviembre, seguramente habrá obtenido una victoria pírrica, porque el campo minado que deja lo tendrá que desarmar como presidente, y no va a ser fácil.
En algún momento habrá que empezar a sincerar los precios relativos. No se pueden pisar los precios de la nafta, de las prepagas y las tarifas para siempre. Y por supuesto, el más importante es el tipo de cambio oficial, que en algún momento habrá que moverlo. Ya empezó con este desdoblamiento de facto anunciado ayer. La devaluación en realidad ya viene ocurriendo, ya que cada vez más precios importados están al contado con liquidación y con la nueva modalidad de exportaciones más y más productos exportables se venderán internamente a un precio de algo más de 500 pesos, equivalente a la paridad de exportación.
La devaluación pendiente
Seguramente, luego del ballottage tendrá que haber una devaluación más normal del oficial sin tantos firuletes, pero está vez deberán disfrazarla con un plan para que no vaya a precios todo tan rápido como ocurrió en agosto y septiembre, en lo que los economistas llamamos “devaluación sin plan”. Seguramente tendrá un nuevo plan del FMI y buscará remozar su equipo económico con caras que aporten algo más de credibilidad. Hoy no tiene volumen económico para un plan de estabilización que le permita sincerar las variables y no morir en el intento. La devaluación con plan bien recibida podrá ayudar a reducir la brecha cambiaria. En la credibilidad que pueda despertar su primer equipo se juega el primer chico. Si fracasa el primer partido, será víctima de la herencia recibida.
Para darle alguna credibilidad a su primer intento, habrá que atacar el frente fiscal, lo que requerirá dar vuelta el “plan platita” y muchos de los regalos que se han dado durante la campaña, algunos apañados por La Libertad Avanza. La pregunta es cuánto ajuste estará dispuesto a hacer Massa. El lado bueno es que el peronismo es quien más gobernabilidad tiene para navegar por un recorte de gastos. Quizá tenga una suba de impuestos in péctore para compensar el desaguisado de Ganancias e IVA, que además desfinanció a las provincias. Hay más preguntas… ¿cómo será el acuerdo de convivencia con el kirchnerismo duro? ¿Les dará posiciones claves y ellos tolerarán el ajuste? ¿O será un ajuste con sacarina y por ende no se eliminará la emisión monetaria? Esa es una posibilidad, ya que el peronismo seguramente tiene mayor tolerancia a la inflación que otras fuerzas y entonces Massa quizá decida no ir por un plan de estabilización de manual.
También habrá que ver qué pasa con el programa con el FMI, donde por el momento el ministro Massa ha hecho todos los esfuerzos para evitar entrar en atrasos, pero no cumplió una sola de las metas que le impusieron. El Fondo hasta ahora ha sido “caritativo” con programas súper light. Eso ha llevado a una gran inflación, a atraso cambiario, a una brecha exorbitante y a un riesgo país superalto. Las travesuras de Massa harán que le cueste vender humo nuevamente, pero a fin de cuentas se trata de política y si hay voluntad de ir para adelante, las diferencias personales quedarán atrás.
En este contexto, vemos un escenario en donde Massa no puede hacer un “siga-siga” porque las variables macro están en terapia intensiva. Pero no estamos seguros de hasta dónde puede avanzar con lo que los economistas llamamos “un plan de estabilización que genere una baja ostensible de la dinámica de precios”. Quizá se conforme con mantener su popularidad y bajar la inflación un poco. En donde somos decididamente más pesimistas es en la capacidad y voluntad de hacer reformas estructurales que modernicen la economía. Apertura del comercio exterior, temas laborales, impositivos, reforma del Estado, transparencia, no son temas que aparezcan en la agenda del actual ministro. Esto hace que aun en el escenario optimista donde se alcance cierta estabilización no habrá mejora generalizada que haga subir la productividad. Sí puede haber sectores especiales con regímenes a medida que ayuden a tirar del carro, pero para el desarrollo se necesita más que eso.
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YPF aumentó el precio de los combustibles en todo el país
Los valores de la nafta y del gasoil subieron 3%; el litro de súper vale en CABA $248 y el de diésel, $266
Sofía Diamante
Los precios de la nafta y el gasoil de YPF aumentaron alrededor de 3% ayer, según confirmaron en la Confederación del Comercio de los Hidrocarburos de la República Argentina (Cecha). La suba se da pese a que las empresas habían acordado con la Secretaría de Energía un congelamiento de precios hasta fin de mes. Es el primer incremento desde el 12,5% de agosto pasado. Las estaciones de servicio de Axion y Shell, por su parte, ya habían aplicado dos subas de 2,5%, y se espera que se sumen a este nuevo aumento.
Los nuevos valores de YPF en la ciudad de Buenos Aires quedaron así: nafta súper, $248 (US$0,70); nafta premium, $318 (US$0,91); gasoil súper, $266 (US$0,76), y gasoil premium, $363 (US$1). El tipo de cambio oficial mayorista es de $350.
En los últimos días, se había agravado el desabastecimiento en algunas estaciones de servicio, sobre todo en el interior del país. Esto se debe a las múltiples brechas de precios que existen por las distorsiones que generan las intervenciones del Estado.
El ministro de Economía y candidato presidencial, Sergio Massa, acordó fijar los precios con las empresas refinadoras –YPF, Shell, Axion y Puma Energy–, aunque en la práctica las compañías que no tienen al Estado como principal accionista ya habían aplicado al menos dos subas de 2,5% cada una en estaciones de servicio específicas.
El precio actual del litro de nafta súper está en su valor más bajo en, por lo menos, 10 años. Cuesta en promedio 70 centavos de dólar al tipo de cambio oficial en las estaciones de CABA, cuando su precio histórico estuvo en alrededor de un dólar.
Cuando se compara el valor del litro de nafta con otros países de la región, se observa que en Chile cuesta US$1,50; en Brasil, US$1,17; en Paraguay, US$0,93, y en Uruguay, US$1,94.
Si bien la Argentina es productora de petróleo y el mercado doméstico se abastece en su totalidad con la nafta procesada en las refinadoras locales, no sucede lo mismo con el gasoil, donde todavía al menos un 15% del consumo se debe importar. En este segmento se agravan los problemas.
Las empresas dicen que, por las restricciones para acceder a dólares del Banco Central, deben pagar las importaciones al CCL ($1000), que es la cotización legal usada para girar divisas, pero luego deben vender el combustible en surtidor al tipo de cambio oficial ($350). Además, mientras en la Argentina el barril de petróleo criollo se vende a US$56, por la intervención de la Secretaría de Energía a través de YPF, en el mercado internacional no se consigue a un precio menor a US$85. Son dos brechas que distorsionan el mercado.
La situación generó, a su vez, una tercera brecha de precios, entre los valores de venta en el mercado mayorista, donde compran combustible los transportistas y las grandes empresas, y el minorista, integrado por las estaciones de servicio.
“El precio en el servicio mayorista debería valer X menos 10% más barato que el mercado minorista, pero por la intervención del Gobierno cuesta X más 25% o 30%. Esto genera que haya un corrimiento de los clientes mayoristas, que buscan cargar gasoil en las estaciones de servicio, donde el precio está más barato”, explican en el sector.
Es decir, si bien no hay una mayor demanda de gasoil, todos los consumidores buscan cargar combustible en el sector donde el precio es más barato, lo que genera una distorsión que produce desabastecimiento.
Los precios de la nafta y el gasoil de YPF aumentaron alrededor de 3% ayer, según confirmaron en la Confederación del Comercio de los Hidrocarburos de la República Argentina (Cecha). La suba se da pese a que las empresas habían acordado con la Secretaría de Energía un congelamiento de precios hasta fin de mes. Es el primer incremento desde el 12,5% de agosto pasado. Las estaciones de servicio de Axion y Shell, por su parte, ya habían aplicado dos subas de 2,5%, y se espera que se sumen a este nuevo aumento.
Los nuevos valores de YPF en la ciudad de Buenos Aires quedaron así: nafta súper, $248 (US$0,70); nafta premium, $318 (US$0,91); gasoil súper, $266 (US$0,76), y gasoil premium, $363 (US$1). El tipo de cambio oficial mayorista es de $350.
En los últimos días, se había agravado el desabastecimiento en algunas estaciones de servicio, sobre todo en el interior del país. Esto se debe a las múltiples brechas de precios que existen por las distorsiones que generan las intervenciones del Estado.
El ministro de Economía y candidato presidencial, Sergio Massa, acordó fijar los precios con las empresas refinadoras –YPF, Shell, Axion y Puma Energy–, aunque en la práctica las compañías que no tienen al Estado como principal accionista ya habían aplicado al menos dos subas de 2,5% cada una en estaciones de servicio específicas.
El precio actual del litro de nafta súper está en su valor más bajo en, por lo menos, 10 años. Cuesta en promedio 70 centavos de dólar al tipo de cambio oficial en las estaciones de CABA, cuando su precio histórico estuvo en alrededor de un dólar.
Cuando se compara el valor del litro de nafta con otros países de la región, se observa que en Chile cuesta US$1,50; en Brasil, US$1,17; en Paraguay, US$0,93, y en Uruguay, US$1,94.
Si bien la Argentina es productora de petróleo y el mercado doméstico se abastece en su totalidad con la nafta procesada en las refinadoras locales, no sucede lo mismo con el gasoil, donde todavía al menos un 15% del consumo se debe importar. En este segmento se agravan los problemas.
Las empresas dicen que, por las restricciones para acceder a dólares del Banco Central, deben pagar las importaciones al CCL ($1000), que es la cotización legal usada para girar divisas, pero luego deben vender el combustible en surtidor al tipo de cambio oficial ($350). Además, mientras en la Argentina el barril de petróleo criollo se vende a US$56, por la intervención de la Secretaría de Energía a través de YPF, en el mercado internacional no se consigue a un precio menor a US$85. Son dos brechas que distorsionan el mercado.
La situación generó, a su vez, una tercera brecha de precios, entre los valores de venta en el mercado mayorista, donde compran combustible los transportistas y las grandes empresas, y el minorista, integrado por las estaciones de servicio.
“El precio en el servicio mayorista debería valer X menos 10% más barato que el mercado minorista, pero por la intervención del Gobierno cuesta X más 25% o 30%. Esto genera que haya un corrimiento de los clientes mayoristas, que buscan cargar gasoil en las estaciones de servicio, donde el precio está más barato”, explican en el sector.
Es decir, si bien no hay una mayor demanda de gasoil, todos los consumidores buscan cargar combustible en el sector donde el precio es más barato, lo que genera una distorsión que produce desabastecimiento.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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