lunes, 16 de octubre de 2023

EL MEDIO ES EL MENSAJE Y LA HISTORIA DETRÁS DE LA HISTORIA


Mirtha, la reina del tiempo, examina la política

— por Pablo Sirvén
Autora de mortíferos Exocet verbales como “se viene el zurdaje” (a Néstor y Cristina Kirchner, en mayo de 2003); “ustedes no ven la realidad” (a Mauricio Macri y Juliana Awada, en marzo de 2017); “son raros ustedes” (a Javier Milei y a Fátima Florez, la semana pasada), y “¡defendete, Carlos!” (a Melconian, anoche), Mirtha Legrand posee un extraordinario e intuitivo poder de síntesis para rotular momentos políticos.
Es esa simple voz de la experiencia de una madre (o de una abuela) que a veces la tiene más clara que el más avezado analista político. Pero, cuidado, la abuelita puede transformarse en lobo para descerrajar preguntas sin anestesia en el momento menos pensado. Su maquiavelismo televisivo fascina a todo tipo de audiencias desde hace más de medio siglo.
Mientras su regreso a la TV se demoraba inexplicablemente, lo que le generaba gran desasosiego, Mirtha descubrió otro simpático recurso comunicacional en sus salidas nocturnas a ver teatro: micrófono en mano, al término de las obras, convirtió en un ritual hacer sus críticas a viva voz, ovacionada por el público y los artistas. Aplausos que se repiten cuando sale a comer afuera y acepta las selfies que sus admiradores, de niños a personas mayores, quieran sacarse con ella. Críticas ácidas y chistes crueles no la perforan, le dan mayor relevancia. Está blindada.
Los dirigentes de distintas ideologías desean y temen la influencia subliminal que una celebridad de tal calibre, y que atraviesa tantas épocas, puede ejercer sobre millones de ciudadanos. Por eso, la presidenta Isabel Perón la prohibió en 1974 y la TV mayoritariamente estatal durante el gobierno de Raúl Alfonsín (1983-89) le negó sus pantallas. ¿Tibia con los militares? Puede ser, pero no titubeó en reclamar por la desaparición de una sobrina, cuya gestión le salvó la vida, y tampoco le tembló el pulso para demandar en los tribunales a los uniformados en 1982 cuando no respetaron su contrato. Gracias a Carlos Menem regresó a la tele en 1990, pero su programa se volvió más sectario durante la era kirchnerista por culpa de la grieta.
Lejos de quedar encapsulada para un público exclusivo de adultos mayores, los cortes más sabrosos de su programa la han convertido en una jugadora inesperada y fuerte en las redes sociales. Los portales informativos están pendientes de ella y otros programas levantan fragmentos del suyo, ya sea para alabarla, criticarla, hacer consumo irónico o destacar “perlitas” políticas. Casi a las puertas de su centenario –ya lo dijo Carlos Rottemberg: “Los argentinos tenemos que plantearnos qué país le vamos a dejar a Mirtha Legrand”–, la estrella que ha roto todos los relojes es hoy un muy redituable producto multitarget. Increíble y eterna.
En esta Argentina al borde del colapso económico es milagroso que la tanda y los PNT del legrandesco ciclo estén a tope y haya lista de espera con otras firmas interesadas.
Sentarse a la mesa de la gran diva de la TV argentina es un viaje de ida, lleno de oportunidades para quienes aceptan el convite, pero también repleto de peligrosas cornisas por las que ciertos invitados pueden derrapar solitos o ser elegantemente empujados al abismo por la anfitriona. Esa es la gracia, lo que hace tan atractiva su centralidad televisiva, que se mide más allá del rating, aunque en su reciente regreso le ganó a toda la competencia, superó las expectativas del canal al promediar 11,2 puntos y alcanzó la cumbre más alta en materia de audiencia que registró eltrece en esa semana.
Para usar palabras de Myriam Bregman, Javier Milei resultó un “gatito mimoso” como comensal de la decana de la TV argentina y se cuidó muy bien de preguntarle si su anfitriona lo iba a votar. Mirtha ya había revelado anteriormente que no lo apoyará en las urnas. Aun así, no se salvó de que le marcaran favoritismo hacia el líder libertario, que no tuvo contras en su mesa, como sí enfrentan este fin de semana, con emisión duplicada, los otros dos candidatos presidenciales con chances de ganar: anoche “rindió examen” Patricia Bullrich, con su potencial ministro de Economía, envuelto en un escándalo por unos audios (que no terminó de desmentir claramente), en el que escarbaron la conductora y sus otros invitados, Joni Viale y Diego Sehinkman, y hoy, en el horario especial de las 20.30, estará con Sergio Massa, acompañado de su esposa, Malena Galmarini, y su virtual suegra, Moria Casán, pero también con la periodista Maria Julia Oliván como contrapeso.
Legrand ha roto todos los récords Guinness formales e informales: está en el aire desde hace 55 años y es la conductora televisiva más longeva del mundo (en febrero cumplirá 97). Como hace medio siglo, cuando su formato era copiado a la misma hora desde Canal 9 por Nélida Lobato y desde el 11 por Haydée Padilla, la Chona, también con invitados comiendo, en este turbulento 2023 le sucede algo similar desde las mismas señales por parte de Andy Kusnetzoff y Alejandro Fantino, respectivamente. A esa misma hora, además, compite con su hija Marcela Tinayre, que sale por América, y los domingos su nieta Juana Viale volverá a recrear sus almuerzos. Mirtha perdura y se multiplica, producida por otro nieto, Nacho Viale. Es la nave insignia de un rentable holding familiar.
Genia y figura, la reina del tiempo repite con razón: “Soy una leyenda... y la leyenda continúa”

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El viaje hacia una guerra distinta a cualquier otra
por Elisabetta Piqué
Era un sábado apacible, con la “ottobrata” romana, es decir, el veranito romano, aún en curso. El plan era ir a jugar al tenis, como todos los sábados, mandar una nota programada sobre temas vaticanos y, a la noche, una comida.
Pero me desperté con la noticia, terrible, de la incursión del grupo terrorista Hamas en el sur de Israel y cambió todo. Mientras estábamos mirando la BBC, azorados, justo minutos después de que mi marido me preguntara si iba a ir a Israel, llegó un Whatsapp desde el diario.
“Aló, ¿cómo va? Me dice Gail que vayamos evaluando la posibilidad de moverte a Israel. ¿Cómo lo ves?”, preguntó Guille Idiart, uno de los editores de la sección El Mundo. Me lo esperaba. “OK, voy viendo cómo me organizo”, contesté.
Como llevo más de dos décadas cubriendo Israel –la primera vez viajé desde Buenos Aires tras un terrible atentado en el mercado de Mahané Yehuda, en julio de 1997, y después fui varias veces más, para el 50º aniversario de la creación del Estado de Israel, para la Segunda Intifada, crisis, elecciones y demás eventos–, pensé que iba a ser fácil moverme rápido.
Enseguida fui a mi computadora y me compré un pasaje directo Romatel Aviv por ITA (la nueva Alitalia), para partir esa misma noche, a las 22.50. Y empecé a hacer los trámites online para conseguir la acreditación indispensable para trabajar como periodista “visitante” ante el GPO (Government Press Office of Israel). Llamé al párroco argentino de Gaza, el padre Daniel Romanelli, y armé una nota.
Todavía no me había dado cuenta de que no era una cobertura de guerra más en Israel, sino algo muy distinto, porque lo que había ocurrido era un verdadero “11-S”. También le escribí por Whatsapp a Safwat, mi amigo periodista de la Franja de Gaza. Conozco a Safwat desde marzo de 2004, cuando entré por primera vez a esa cárcel a cielo abierto, volviendo de Irak, luego del asesinato del jeque Ahmed Yassin, fundador y jefe espiritual de Hamas. Como trabaja para algunos medios internacionales y tenía a una de sus hijas más pequeñas que necesitaba curarse en Italia, con Safwat, además de vernos otras veces en Gaza, también nos volvimos a ver en Roma, donde incluso alguna vez se quedó en mi casa.
“Hola, estoy llegando mañana a la madrugada a Israel y seguro nos vemos en los próximos días en Gaza”, le avisé. “Ciao bella, qué bueno volver a verte”, contestó Safwat, contento. Tampoco él se daba cuenta de que la represalia que se avecinaba por parte de Israel, después del salvaje asalto de terroristas de Hamas en el sur, no iba a ser como otras veces. Con un mensaje de voz, Safwat me contó que el paso de Erez –la entrada que normalmente los periodistas utilizan para ingresar a la franja, una especie de puesto policial parecido al de la entrada a una cárcel, hipersofisticado, había sido destruido durante el asalto. Y me dio las indicaciones de lo que tenía que hacer para obtener la acreditación con las autoridades palestinas de Gaza. Los dos creímos que entraría allí en los días siguientes, como en guerras anteriores.
Como un reflejo de que todo cambió ese sábado 7 de octubre, nada salió como lo había planeado. Ese mismo sábado a la tarde ITA me advirtió que mi vuelo se había cancelado y reprogramado para el día siguiente, domingo. Un desastre, la idea era llegar lo antes posible. Al día siguiente, domingo, otra vez me advirtieron que mi vuelo se había cancelado y reprogramado para el miércoles 11 debido a la situación, léase, los misiles. Empecé a averiguar otras formas de llegar. Aunque una opción era volar a Amán, Jordania, y de ahí entrar por tierra a Israel, descubrí que había un vuelo el lunes a las 6 de la mañana de Ryanair, una de las pocas aerolíneas que seguían volando a Tel Aviv. Anulé ITA –que me reembolsó todo– y compré un nuevo pasaje para el lunes, solo de ida. Evidentemente las low cost se arriesgan más, pensé. No dormí en toda la noche, temiendo recibir un llamado o un mail que me avisara que se había cancelado el vuelo. Tuve los nervios a flor de piel hasta que ese avión de Ryanair despegó el lunes a las 6 de la mañana de Fiumicino, pese a que todas las principales aerolíneas habían decidido cancelar sus vuelos. La llegada al aeropuerto Ben Gurión, de Tel Aviv, fue fácil. No había casi nadie en los controles.
Esa misma noche, caí en la cuenta de la suerte que había tenido. Me enteré, en efecto, de que por la tarde un misil disparado desde Gaza había caído a pocos metros del aeropuerto de Tel Aviv, justo cuando otro Boeing de Ryanair se estaba acercando para el aterrizaje. El jet de la low cost irlandesa pegó la vuelta y voló a un destino más seguro: Chipre. Y decidió, como otras aerolíneas, cancelar sus vuelos a Israel, destino inseguro.
Pasaron ya varios días. Como yo, después de mucho estrés, ya llegaron a Israel más de 1000 periodistas de todo el mundo para una cobertura seguramente compleja. Muy diferente a las anteriores. Y, probablemente por mucho tiempo, sin posibilidades de entrar a Gaza.
“Llevo más de dos décadas cubriendo Israel; me costó darme cuenta de que esta guerra sería distinta a cualquier conflicto que hayamos conocido”

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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