martes, 24 de octubre de 2023

ELECCIONES Y LADRONES


Una pelea entre socios y la implosión del adversario

Graciela Guadalupe

Hace poco, Axel Kicillof dijo en una entrevista que no era fácil predecir si el caso Insaurralde sería un tsunami, una olita electoral o la nada misma porque, antes de las PASO, hubo varios hechos de inseguridad en su distrito y, sin embargo, él había ganado. Ayer volvió a lograrlo –y con holgura–, a pesar de Insaurralde, de Chocolate Rigau y de la pobreza endémica en la que se hunde un vasto sector de los bonaerenses. Como dice el expresidente uruguayo José Mujica, la Argentina es indescifrable. Es una mitología que tiene el pueblo argentino. Un animal que existe y que se llama peronismo, y eso rompe todos los esquemas.
Si Kicillof rompió los esquemas, Sergio Massa sublimó esa ruptura. Con el diario del lunes, podrá decirse que le surtieron efecto la campaña de miedo basada en la presunta pérdida de derechos, los mil y un disfraces del “plan platita”, haberse despegado –y sin descaro– del gobierno que integra o apelado a la emoción de los votantes antes que a otra cosa. Si Massa se impuso de la forma en que lo hizo ganándose un lugar en el ballottage, a Pepe Mujica lo asiste la razón: el peronismo solo perdona las debacles de los peronistas.
Habrá que reconocerle a Massa, eso sí, su constante esfuerzo por intentar hacer creer que él no tiene que ver con nada de lo que sucede. Su camaleonismo, en lugar de hundirlo como a muchos otros dirigentes que pasaron al olvido, lo preserva como soldado que huye. Batallas sobran. Amigo de Boudou en su prehistoria ucedeísta, fue aliado de Margarita Stolbizer, pastor del rebaño kirchnerista, enemigo de La Cámpora y cofrade de última instancia de Máximo Kirchner: todo en un continuum al que no le faltaron flirteos con el gobierno de Cambiemos. Una vez más, Massa no reconoce ser el que, desde hace más de un año, le viene manejando el ábaco a Alberto Fernández. Otra vez: “Massa, argentino”.
Habrá que agregar que, como activo integrador de las listas de Javier Milei, también el socio Massa haya podido recoger en esas pasturas parte de su indisimulable siembra.
Respecto de Javier Milei, su contendiente para la segunda vuelta, ¿representa un cambio radical? Difícil saberlo cuando no se le ha conocido gestión en el área pública ni tenido responsabilidades de mando más allá de liderar un ínfimo puñado de legisladores en un Congreso que pareciera asquearlo y al que propone dinamitar gobernando a puro decreto.
Si muy pocos –o casi nadie– pueden dar fe de que las recetas antisistema de Milei traerán calma, orden y sanación, entonces ¿por qué ingresó en el ballottage? Tal vez la respuesta haya que buscarla en la misma dirigencia que sembró el camino para que Milei se hiciera fuerte. La educación dejó de educar para el progreso; las escuelas se transformaron en cotos de caza de sindicatos. y los padres y los hijos, en sus rehenes; el mérito pasó a ser mala palabra; se desarticuló la salud pública, a tal punto que faltan insumos de los más básicos; la Justicia es lenta y, por lo tanto, injusta, y la romantización del delincuente le abrió a más de uno las puertas de las cárceles mientras sus potenciales víctimas se enrejan en sus casas, muertas de miedo. Nadie que quiera emprender o producir sabe a ciencia cierta a qué atenerse y se multiplicó hasta el infinito la carga impositiva. Se ha logrado con impericia creciente y sistemática darle motivos a un outsider que amenaza cortar todo en pedacitos con una motosierra. Si hoy hay un Milei es porque ese tan poliédrico como devastado terreno estaba fértil para la disrupción o porque a nadie parecía importarle el efecto devastador de seguir haciendo la plancha en las aguas de la decadencia mientras el humor social se hundía cada vez más. Milei asumió la representación del ciudadano cansado, harto, desprotegido y sin esperanzas. Tal vez no con las mejores herramientas, pero la asumió. Mientras el resto teatralizaba la estupefacción, Milei le dijo a mucha gente lo que quería escuchar. Habrá que analizarlo desde las tripas y no desde la razón. Está por verse que su receta sea eficaz o que cumpla sus promesas en caso de ganar en noviembre.
De Juntos por el Cambio difícilmente queden vestigios. Se destrataron, subestimaron la detección del verdadero contrincante. Perdieron tiempo. Llegaron tarde. Fue como ponerse a estudiar media hora antes del examen y, después, llorar porque los bocharon.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Enjuician a Los Impostores, falsos operarios de cable que robaban en casas de clientes
Desde hoy, cuatro imputados enfrentarán al Tribunal Oral Nº 2 de San Isidro, acusados de una serie de asaltos ocurridos en Vicente López entre enero y marzo de 2021
Gabriel Di NicolaLos sospechosos fueron detenidos cuando estaban por cometer un robo en Belgrano

Se los conoció como Los Impostores. Hasta que fueron descubiertos y detenidos, llevaron a la práctica un plan criminal con el que, en solo cuatro meses, amasaron un botín de 100 millones de pesos.
La planificación y ejecución de los robos protagonizados en Vicente López y en la Capital tenían tres etapas: la primera era interrumpir el servicio de cable e internet en una zona determinada. Para no llamar la atención, los delincuentes, vestidos con ropa de operarios, llegaban al lugar con una camioneta utilitaria ploteada con el logo de Cablevisión o TeleCentro y, después de subirse a los postes de electricidad, cortaban los cables y dejaban sin conexión a una casa elegida previamente.
El segundo paso se realizaba al día siguiente, cuando uno de los ladrones, haciéndose pasar por supervisor de la compañía, llamaba al domicilio para avisar que había una cuadrilla en el barrio para solucionar el problema.
La última parte de la puesta en escena comenzaba minutos después, cuando los damnificados les abrían las puertas a los delincuentes. Primero se presentaban como los encargados de la reparación, pero, enseguida, los falsos técnicos mostraban su verdadero rostro: en vez de herramientas, sacaban armas de fuego, reducían a sus víctimas y robaban dinero en efectivo y joyas.
Desde hoy, cuatro sospechosos serán juzgados por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) Nº 2 de San Isidro por tres robos ocurridos entre enero y marzo de 2021 en Olivos, Munro y Florida, en Vicente López. La acusación pública estará a cargo del fiscal Alejandro Musso, representante del Ministerio Público, que, en su momento, lideró la investigación que logró descubrir a Los Impostores.
“Parte de la metodología de trabajo de la banda era hacer una llamada telefónica por medio de la cual uno de los integrantes se hacía pasar por empleado de la firma para ofrecer el servicio de reparación que las víctimas, obviamente, iban a necesitar y que ya habían solicitado a la verdadera empresa, dado que el día anterior, otra parte de la organización se había ocupado de dejar sin servicio de cable o internet, conforme surge de las distintas filmaciones aportadas al proceso, donde se observa la maniobra y se puede apreciar claramente que utilizan la camioneta, la vestimenta y la escalera, elementos que fueron secuestrados”, sostuvo el fiscal Musso en el requerimiento de elevación a juicio al que tuvo acceso la nacion.
Los cuatro acusados son Luca Díaz Molina, de 31 años; José Luis Fernández, de 34; Pablo Paura, de 32, y Martín Barrenechea, de 35.
“Se trató de una investigación troncal basada sobre el análisis de tecnología de cámaras de seguridad, teléfonos celulares y de los datos de los movimientos de los sospechosos. La información obtenida a partir de dicho análisis permitió identificar la ‘cueva’ donde se escondían los delincuentes y donde guardaban las camionetas utilizadas para simular ser operarios de las empresas de TV por cable e internet”, explicó un detective judicial.
La investigación del fiscal Musso y su equipo de colaboradores comenzó el 21 de enero de 2001, después de un robo protagonizado en Olivos, Vicente López. En esa oportunidad, los ladrones se alzaron con un botín de 100.000 dólares, 10 millones de pesos y alhajas.
Ese día, los falsos operarios llegaron a la casa de Stella Maris B. y Alejandro C. a las 7.55. Iban vestidos con mamelucos, llevaban cascos colocados y portaban una escalera de grandes dimensiones. Después de que las víctimas les abrieron la puerta, sacaron armas de fuego –al menos una pistola y un revólver– y después de maniatar al matrimonio se apoderaron del dinero y las joyas para luego irse sin llamar la atención de los vecinos.
El segundo golpe fue el 5 de marzo de 2021 en una casa de Florida. El día anterior habían cortado el servicio de Cablevisión de un inmueble situado en Valle Grande al 900. El modus operandi fue similar al del primer robo: llegaron vestidos como operarios y, una vez dentro de la propiedad, extrajeron armas y redujeron a las víctimas para 5000 dólares, 30.000 pesos y cadenas de oro.
El tercer y último atraco en Vicente López sucedió el 29 de marzo, en Estanislao del Campo al 2100, Munro, de donde se llevaron un botín compuesto por dinero y joyas. Otros siete robos adjudicados a la banda de Los Impostores ocurrieron en la Capital y por ellos ya fueron condenados en un juicio. Además, son investigados en el fuero federal por lavado de activos.
Con el botín de los robos, los sospechosos hicieron diferentes inversiones –como la compra de camionetas 4x4– y habían comenzado a construir una casa en un exclusivo country de Canning.
Como se dijo, la investigación del fiscal Musso comenzó el 21 de enero de 2001 después del robo denunciado por un vecino de Florida. “Se solicitó inmediatamente a la compañía telefónica de la víctima que informe las llamadas entrantes de la línea, logrando determinar que la llamada había sido hecha desde un teléfono celular con línea prepaga. Se pudo detectar, en primera instancia, el número de IMEI [código único de cada aparato] del móvil que usaba la banda exclusivamente para llamar a los damnificados. Se pidió la intervención telefónica de ese IMEI –con lo cual, cada nuevo chip que se colocaba siempre impactaba en ese código y se escuchaban las conversaciones–, lo que permitió descubrir nuevos hechos cometidos por la banda”, dijo una fuente del caso.
Personal de la fiscalía fue en varias ocasiones al Centro de Monitoreo Urbano (CMU) del gobierno porteño para hacer los seguimientos, y siempre la camioneta era perdida de vista en la misma intersección de calles. A partir de esa información se hizo un mapa de tres cuadras a la redonda en donde se suponía que se podía encontrar el vehículo sospechoso, y luego de disponer tareas de campo en el perímetro se logró dar con un garaje privado en el cual los imputados lo estacionaban”, explicaron los informantes.
Finalmente, la banda fue desbaratada cuando se dirigía a cometer un nuevo golpe.
Mismo libreto
El modus operandi siempre tuvo el mismo libreto. Cuando el cliente que se había quedado sin el servicio accedía a recibir a los operarios, dos de los ladrones ingresaban en la casa. “Estos delincuentes se encargaban de revisar cada dormitorio de la propiedad para simular que buscaban el supuesto problema de conexión. Era la excusa para saber cuántas personas había en la vivienda y si el lugar tenía cámaras instaladas. Luego le decían a la víctima que el problema estaba en el módem y que, entonces, debían llamar al supervisor”, explicó uno de los investigadores.
Los dos supuestos técnicos se comunicaban con el cómplice que hacía las veces de supervisor. Le decían que “traiga la caja de herramientas”. Esa era la “contraseña” para que supiese que estaba todo bajo control y listo para reducir a las víctimas.
El falso supervisor llegaba con una caja donde, en vez de herramientas, guardaban las armas de fuego. Acto seguido, los habitantes de las casas eran maniatados con precintos y encerrados en alguna de las habitaciones.
“Una vez reducidas las víctimas, entraban otros integrantes de la banda. Un cómplice se quedaba en la puerta para avisar sobre cualquier contratiempo. Generalmente, los falsos operarios se quedaban en los domicilios entre una hora y media y dos horas”, afirmó una calificada fuente judicial.
Hubo casos donde, para buscar dinero, los falsos operarios llegaron a romper paredes y muebles. Los ladrones buscaban dólares, joyas y dispositivos electrónicos.
Cuando decidían irse les ordenaban a las víctimas que debían esperar media hora para quitarse los precintos. Los ladrones, antes de subir a la camioneta para escapar, le sacaban el imán con el logo de la empresa de cable e internet y se cambiaban de ropa.
“En la camioneta, para no ser captados por las cámaras de los peajes, tenían puestos los barbijos y llevaban los parasoles bajos, con la intención de evitar todo tipo de reconocimiento facial” posterior, dijo uno de los investigadores.
Luego, dejaban la Kangoo en un garaje del barrio porteño de Boedo, donde también guardaban sus autos particulares y sus teléfonos, para evitar que las antenas y el GPS de los celulares los ubicaran en las escenas de los robos. Pero fueron descubiertos y detenidos por detectives del Departamento Lucha Contra el Crimen Organizado de la Policía de la Ciudad. Ahora deberán enfrentar un juicio.
La banda ya fue condenada por más casos en la ciudad de Buenos Aires
También los investiga la Justicia Federal por presunto lavado de dinero

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.