Los analistas creen que Massa seguirá forzando la economía y sumará más distorsiones
Pronostican que continuarán los tipos de cambio diferenciales y anticipan otro paquete fiscal que puede profundizar desequilibrios; prevén menos turbulencias en el frente cambiario
María Julieta Rumi
Eduardo Eurnekian, Sergio Massa y Mario Grinman, en un encuentro empresario semanas atrás
Sin incentivos para cambiar, por lo menos en el corto plazo. Ese es el dictamen de los economistas con relación a lo que podría pasar inmediatamente con la economía a partir del resultado de las elecciones generales conocido ayer. Es decir que, con los puntos que sacó el candidato presidencial de Unión por la Patria y ministro de Economía, Sergio Massa, seguiría profundizando los desequilibrios al menos hasta el 10 de diciembre con más dólares diferenciales y un eventual nuevo paquete fiscal que se sume al “plan platita”.
“Massa no tiene mucho para hacer distinto, así que probablemente profundice todo lo que hizo hasta acá. Es posible entonces que profundice y extienda los desdobles, ya sabemos que va a usar el swap con China y habrá que ver si hace alguna irresponsabilidad fiscal más, algo de ‘plan platita’ más”, explicó en diálogo con Gabriel Caamaño, de la consultora Ledesma.
En el mismo sentido, el director de la consultora EcoGo, Sebastián Menescaldi, dijo que es probable que Massa vaya a seguir extendiendo los regímenes del dólar especial y quizá los amplíe y proponga liquidar 50% al dólar oficial y 50% al contado con liqui (CCL), “lo que va a terminar destartalando más la economía”.
“En el corto plazo, probablemente también otorgue algún paquete fiscal más, generando más desequilibrio entre los pesos y los dólares que escasean. Eso va a tener como consecuencia que el 10 de diciembre el punto de partida para el próximo gobierno va a estar más forzado”, agregó.
Por su parte, Lorenzo Sigaut Gravina, director de Análisis Macroeconómico de Equilibra, opinó que el resultado es un espaldarazo para el ministro de Economía y para la estrategia de política económica que venía llevando el Gobierno con acuerdos de precios, congelamientos y un dólar oficial que por lo menos hasta el ballottage no se va a mover.
“Creo que todo lo que pasó la semana pasada, la incertidumbre o el miedo, incluso a un triunfo del candidato de La Libertad Avanza, Javier Milei, en primera vuelta, va a mermar y la brecha va achicarse o por lo menos vamos a tener una apertura del mercado financiero alternativo del dólar bajando”, anticipó.
Ca amaño también dijo que labrecha cambiaria puede “moderarse en el margen porque es más improbable un escenario de dolarización desordenada, que era lo que traía Milei”. “El problema es que Massa tampoco tiene una receta para salir del lugar en el que estamos. Entonces, si bien la incertidumbre puede descomprimir en el margen un poco, no va a terminar descomprimido, con lo cual la brecha va a seguir alta, aunque quizá menos alta”, continuó.
En igual sentido, Fernando Marull, socio en FMyA, dijo que, si bien seguirá la incertidumbre por la definición de ballottage, baja la incertidumbre por el “factor Milei”, que había tensionado mucho el dólar.
“El dólar oficial debiera seguir en $350, el CCL debería bajar, los bonos en pesos subir y, con respecto al Merval, tengo dudas”, graficó en diálogo con la nacion.
En tanto, en su panorama semanal, Marull había dicho que en el escenario de un ballottage MileiMassa el dólar blue seguiría tensionado como en las últimas semanas, y el dólar oficial volvería al crawling peg sin salto. “El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) dice desde el 15 de noviembre la devaluación sería del 3% mensual.
Hay artillería: dólar soja, swap chino y supercepo. Es diferente a las postPASO, donde Massa tenía que pagar sí o sí a China con plata del FMI. La salida de los pesos y la expectativa de la brecha cambiaria dependerá del discurso de Milei y el supercepo (sic). La devaluación viene recién en diciembre”.
El largo plazo
En cuanto al largo plazo, Caamaño dijo que Massa va a tener que cambiar muchísimo para modificar la visión que tienen los inversores del país, aquellos que no invierten hace cuatro años y se vuelven a encontrar con los mismos (por la continuidad del peronismo en el gobierno).
“Massa va a tener que cambiar muchísimo para cambiar eso. Va a tener que ser otra cosa totalmente distinta. Incluso cuando lees el programa de Unión por la Patria Massa está muy jugado a todo lo exógeno, al litio, a Vaca Muerta, a la cosecha y estamos teniendo una seca terrible, el ciclo de liquidez mundial está ajustando rápido, estamos entrando en una etapa de superdólar de nuevo, la tasa alta y las commodities van a sufrir, o sea, que no tenemos viento a favor. La veo complicada”, cerró.
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Massa ganó con la receta de candidato y no tiene incentivo para volver a ser ministro
Diego Cabot
Equipo que gana no se cambia, dice una vieja sentencia futbolera. Con los resultados puestos y con la importante remontada de casi 10 puntos del oficialismo que representó Sergio Massa, pues entonces ¿qué razón habría para que se modifique algo en materia económica, al menos, hasta el mano a mano de noviembre? Objetivamente, ninguna.
Si se tratase de un laboratorio, después de resultados exitosos, lo que llega es patentar el experimento. En eso debe estar Massa por estas horas.
El escenario del exintendente de Tigre en el ballottage, además como primero y gran ganador, se podría leer desde el plano político. Es verdad que quienes miren el manejo territorial del peronismo podrán concluir que este andamiaje aletargado en las PASO ahora volvió a rodar.
Pero no hay que menospreciar las herramientas de política económica con las que contó el candidato oficialista y que no dependieron de nadie más que de su lapicera de presidente de hecho. Fueron semanas de utilización potente de los fondos públicos como nunca se vio en la historia democrática argentina. Inédito, pero efectivo.
Las semanas que pasaron estuvieron marcadas por una fuerte intervención del Gobierno en todas las cotizaciones del dólar existentes. A eso se limitó la política económica. Cepos y más cepos, construir una ficción cambiaria para mostrar una baja del dólar a cualquier precio y entregar dinero, ajeno, mediante la consagración del llamado “plan platita”.
Ya hace algunas semanas, Massa, el candidato, abrió un millonario cajero automático de la mano de los fondos públicos. El llamado “plan platita” estuvo basado en una descomunal emisión monetaria que fue directamente a los bolsillos de quienes el oficialismo decidió. Y los beneficiados, en masa, sin doble ese, fueron masivamente a comprar dólares o, en su caso, bienes que están atados a la cotización de la moneda norteamericana.
La consecuencia de ese combo ya no es tema del análisis económico, sino del sentido común. Los bienes demandados suben su precio y eso es lo que sucedió en las últimas semanas. Algo cambió en los últimos días. Sucede que los tenedores de esos productos que todos querían prefirieron sacarlos de las góndolas. Ni autos ni dólares en las últimas jornadas, por poner solo dos cosas que brillaron por su ausencia.
Con semejante resultado, como se supone Massa, el ministro de Economía, no tiene demasiados incentivos para ponerse el traje que dejó colgado cuando, después de las PASO, se calzó la remera de candidato.
Le tocará, una vez más, lidiar con variables e índices que no le impactan. Volverá a conocerse la inflación de un mes más y el mercado cambiario regresará a la inestabilidad. Pero, como se dijo, equipo que gana no se toca.
Allá por 2018 y, sobre todo, en 2019, Mauricio Macri era tironeado por dos fuerzas de su propia coalición. Unos, los dialoguistas, le decían que abriera su gobierno para sumar otras voces y, claro, nuevos apoyos legislativos.
Otros, los puristas, con Marcos Peña a la cabeza, querían Pro puro. Pasaron cuatro años y Juntos por el Cambio volvió a cometer el mismo error: presentó un armado en las boletas de Patricia Bullrich que es más amarillo que nunca. ¿Qué pasó? Lo mismo que entonces: perdió la elección.
Del otro lado, Sergio Massa hizo una pésima elección respecto de aquella de 2019. Sumó 36,4%, contra 48,24% de Alberto Fernández. Perdió 12 puntos, un desastre electoral cuantitativamente hablando.
Ahora bien, ¿cómo es que festeja el búnker del kirchnerismo? Simple, la división del espacio al que enfrentó, que podría definirse como el que quiere cambios.
Esto lleva a hacer un pequeño homenaje a las encuestas, ya que han acertado con certeza. En decenas de encuestas de clima, los consultores de opinión pública contaron que 65/35 en algunos momentos, 70/30, en otros, la porción mayoritaria de los encuestados respondieron que necesitaban un cambio.
Y eso es lo que se observó en la elección que terminó. Claro que en la porción del 35 hay una opción, y para cambiar, cuatro. La oposición solo tenía que mantenerse lo más unida posible para frenar el quinto kirchnerismo. Hizo todo lo contrario y lo pagó caro en las urnas.
Hoy, la mayoría de los argentinos volverán a trabajar y a pagar impuestos. Mientras tanto, nada indica que el candidato triunfante escuche al ministro postergado. Vale la pena preguntarse por qué debería hacerle caso si la efectividad del candidato, con billetera ajena, fue rotunda.
Claro que las urgencias son eso, urgencias. Hasta fin de año, el Gobierno tiene que pagar US$4963 millones, entre el Fondo Monetario Internacional (US$4162 millones), entidades como el BID o el Banco Mundial (US$560 millones), además del pago de deuda pública en dólares (otros 241 millones).
En el medio, tendrá tensiones cambiarias, ya que su contrincante apuesta a la demolición del peso, la moneda que el oficialismo emite con desenfreno. Pero claro, ahora hay chances concretas de que él tenga que administrar su propia herencia. Y esa es una situación muy distinta con la que deberá lidiar el candidato más votado en las elecciones.
Por ahora, se sabe poco respecto de qué es lo que hará en materia económica, y de ahí se desprende un sesgo que parece preparar un mayor intervencionismo estatal en la economía, además de una continuidad de restricciones, lo que significa una eliminación gradual del cepo en no menos de dos años.
Del otro lado, la conocida dolarización, la eliminación del Banco Central y la eliminación de 15 puntos de gasto público. Los argentinos decidieron que sea el ministro que llevó la inflación a 130% el más elegido para convertirse en el salvador de lo que vendrá a partir del 10 de diciembre. Se debatirá entre statu quo y cambio. Mientras, los argentinos, a trabajar y a pagar impuestos. Para ellos, nada cambió.
Sin incentivos para cambiar, por lo menos en el corto plazo. Ese es el dictamen de los economistas con relación a lo que podría pasar inmediatamente con la economía a partir del resultado de las elecciones generales conocido ayer. Es decir que, con los puntos que sacó el candidato presidencial de Unión por la Patria y ministro de Economía, Sergio Massa, seguiría profundizando los desequilibrios al menos hasta el 10 de diciembre con más dólares diferenciales y un eventual nuevo paquete fiscal que se sume al “plan platita”.
“Massa no tiene mucho para hacer distinto, así que probablemente profundice todo lo que hizo hasta acá. Es posible entonces que profundice y extienda los desdobles, ya sabemos que va a usar el swap con China y habrá que ver si hace alguna irresponsabilidad fiscal más, algo de ‘plan platita’ más”, explicó en diálogo con Gabriel Caamaño, de la consultora Ledesma.
En el mismo sentido, el director de la consultora EcoGo, Sebastián Menescaldi, dijo que es probable que Massa vaya a seguir extendiendo los regímenes del dólar especial y quizá los amplíe y proponga liquidar 50% al dólar oficial y 50% al contado con liqui (CCL), “lo que va a terminar destartalando más la economía”.
“En el corto plazo, probablemente también otorgue algún paquete fiscal más, generando más desequilibrio entre los pesos y los dólares que escasean. Eso va a tener como consecuencia que el 10 de diciembre el punto de partida para el próximo gobierno va a estar más forzado”, agregó.
Por su parte, Lorenzo Sigaut Gravina, director de Análisis Macroeconómico de Equilibra, opinó que el resultado es un espaldarazo para el ministro de Economía y para la estrategia de política económica que venía llevando el Gobierno con acuerdos de precios, congelamientos y un dólar oficial que por lo menos hasta el ballottage no se va a mover.
“Creo que todo lo que pasó la semana pasada, la incertidumbre o el miedo, incluso a un triunfo del candidato de La Libertad Avanza, Javier Milei, en primera vuelta, va a mermar y la brecha va achicarse o por lo menos vamos a tener una apertura del mercado financiero alternativo del dólar bajando”, anticipó.
Ca amaño también dijo que labrecha cambiaria puede “moderarse en el margen porque es más improbable un escenario de dolarización desordenada, que era lo que traía Milei”. “El problema es que Massa tampoco tiene una receta para salir del lugar en el que estamos. Entonces, si bien la incertidumbre puede descomprimir en el margen un poco, no va a terminar descomprimido, con lo cual la brecha va a seguir alta, aunque quizá menos alta”, continuó.
En igual sentido, Fernando Marull, socio en FMyA, dijo que, si bien seguirá la incertidumbre por la definición de ballottage, baja la incertidumbre por el “factor Milei”, que había tensionado mucho el dólar.
“El dólar oficial debiera seguir en $350, el CCL debería bajar, los bonos en pesos subir y, con respecto al Merval, tengo dudas”, graficó en diálogo con la nacion.
En tanto, en su panorama semanal, Marull había dicho que en el escenario de un ballottage MileiMassa el dólar blue seguiría tensionado como en las últimas semanas, y el dólar oficial volvería al crawling peg sin salto. “El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) dice desde el 15 de noviembre la devaluación sería del 3% mensual.
Hay artillería: dólar soja, swap chino y supercepo. Es diferente a las postPASO, donde Massa tenía que pagar sí o sí a China con plata del FMI. La salida de los pesos y la expectativa de la brecha cambiaria dependerá del discurso de Milei y el supercepo (sic). La devaluación viene recién en diciembre”.
El largo plazo
En cuanto al largo plazo, Caamaño dijo que Massa va a tener que cambiar muchísimo para modificar la visión que tienen los inversores del país, aquellos que no invierten hace cuatro años y se vuelven a encontrar con los mismos (por la continuidad del peronismo en el gobierno).
“Massa va a tener que cambiar muchísimo para cambiar eso. Va a tener que ser otra cosa totalmente distinta. Incluso cuando lees el programa de Unión por la Patria Massa está muy jugado a todo lo exógeno, al litio, a Vaca Muerta, a la cosecha y estamos teniendo una seca terrible, el ciclo de liquidez mundial está ajustando rápido, estamos entrando en una etapa de superdólar de nuevo, la tasa alta y las commodities van a sufrir, o sea, que no tenemos viento a favor. La veo complicada”, cerró.
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Massa ganó con la receta de candidato y no tiene incentivo para volver a ser ministro
Diego Cabot
Equipo que gana no se cambia, dice una vieja sentencia futbolera. Con los resultados puestos y con la importante remontada de casi 10 puntos del oficialismo que representó Sergio Massa, pues entonces ¿qué razón habría para que se modifique algo en materia económica, al menos, hasta el mano a mano de noviembre? Objetivamente, ninguna.
Si se tratase de un laboratorio, después de resultados exitosos, lo que llega es patentar el experimento. En eso debe estar Massa por estas horas.
El escenario del exintendente de Tigre en el ballottage, además como primero y gran ganador, se podría leer desde el plano político. Es verdad que quienes miren el manejo territorial del peronismo podrán concluir que este andamiaje aletargado en las PASO ahora volvió a rodar.
Pero no hay que menospreciar las herramientas de política económica con las que contó el candidato oficialista y que no dependieron de nadie más que de su lapicera de presidente de hecho. Fueron semanas de utilización potente de los fondos públicos como nunca se vio en la historia democrática argentina. Inédito, pero efectivo.
Las semanas que pasaron estuvieron marcadas por una fuerte intervención del Gobierno en todas las cotizaciones del dólar existentes. A eso se limitó la política económica. Cepos y más cepos, construir una ficción cambiaria para mostrar una baja del dólar a cualquier precio y entregar dinero, ajeno, mediante la consagración del llamado “plan platita”.
Ya hace algunas semanas, Massa, el candidato, abrió un millonario cajero automático de la mano de los fondos públicos. El llamado “plan platita” estuvo basado en una descomunal emisión monetaria que fue directamente a los bolsillos de quienes el oficialismo decidió. Y los beneficiados, en masa, sin doble ese, fueron masivamente a comprar dólares o, en su caso, bienes que están atados a la cotización de la moneda norteamericana.
La consecuencia de ese combo ya no es tema del análisis económico, sino del sentido común. Los bienes demandados suben su precio y eso es lo que sucedió en las últimas semanas. Algo cambió en los últimos días. Sucede que los tenedores de esos productos que todos querían prefirieron sacarlos de las góndolas. Ni autos ni dólares en las últimas jornadas, por poner solo dos cosas que brillaron por su ausencia.
Con semejante resultado, como se supone Massa, el ministro de Economía, no tiene demasiados incentivos para ponerse el traje que dejó colgado cuando, después de las PASO, se calzó la remera de candidato.
Le tocará, una vez más, lidiar con variables e índices que no le impactan. Volverá a conocerse la inflación de un mes más y el mercado cambiario regresará a la inestabilidad. Pero, como se dijo, equipo que gana no se toca.
Allá por 2018 y, sobre todo, en 2019, Mauricio Macri era tironeado por dos fuerzas de su propia coalición. Unos, los dialoguistas, le decían que abriera su gobierno para sumar otras voces y, claro, nuevos apoyos legislativos.
Otros, los puristas, con Marcos Peña a la cabeza, querían Pro puro. Pasaron cuatro años y Juntos por el Cambio volvió a cometer el mismo error: presentó un armado en las boletas de Patricia Bullrich que es más amarillo que nunca. ¿Qué pasó? Lo mismo que entonces: perdió la elección.
Del otro lado, Sergio Massa hizo una pésima elección respecto de aquella de 2019. Sumó 36,4%, contra 48,24% de Alberto Fernández. Perdió 12 puntos, un desastre electoral cuantitativamente hablando.
Ahora bien, ¿cómo es que festeja el búnker del kirchnerismo? Simple, la división del espacio al que enfrentó, que podría definirse como el que quiere cambios.
Esto lleva a hacer un pequeño homenaje a las encuestas, ya que han acertado con certeza. En decenas de encuestas de clima, los consultores de opinión pública contaron que 65/35 en algunos momentos, 70/30, en otros, la porción mayoritaria de los encuestados respondieron que necesitaban un cambio.
Y eso es lo que se observó en la elección que terminó. Claro que en la porción del 35 hay una opción, y para cambiar, cuatro. La oposición solo tenía que mantenerse lo más unida posible para frenar el quinto kirchnerismo. Hizo todo lo contrario y lo pagó caro en las urnas.
Hoy, la mayoría de los argentinos volverán a trabajar y a pagar impuestos. Mientras tanto, nada indica que el candidato triunfante escuche al ministro postergado. Vale la pena preguntarse por qué debería hacerle caso si la efectividad del candidato, con billetera ajena, fue rotunda.
Claro que las urgencias son eso, urgencias. Hasta fin de año, el Gobierno tiene que pagar US$4963 millones, entre el Fondo Monetario Internacional (US$4162 millones), entidades como el BID o el Banco Mundial (US$560 millones), además del pago de deuda pública en dólares (otros 241 millones).
En el medio, tendrá tensiones cambiarias, ya que su contrincante apuesta a la demolición del peso, la moneda que el oficialismo emite con desenfreno. Pero claro, ahora hay chances concretas de que él tenga que administrar su propia herencia. Y esa es una situación muy distinta con la que deberá lidiar el candidato más votado en las elecciones.
Por ahora, se sabe poco respecto de qué es lo que hará en materia económica, y de ahí se desprende un sesgo que parece preparar un mayor intervencionismo estatal en la economía, además de una continuidad de restricciones, lo que significa una eliminación gradual del cepo en no menos de dos años.
Del otro lado, la conocida dolarización, la eliminación del Banco Central y la eliminación de 15 puntos de gasto público. Los argentinos decidieron que sea el ministro que llevó la inflación a 130% el más elegido para convertirse en el salvador de lo que vendrá a partir del 10 de diciembre. Se debatirá entre statu quo y cambio. Mientras, los argentinos, a trabajar y a pagar impuestos. Para ellos, nada cambió.
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