domingo, 8 de octubre de 2023

OPINIÓN SOBRE "EL ENAJENADO" Y LA PARTE Y EL TODO


Los libertarios no son liberales
Javier Milei, como él mismo explica, es un anarco capitalista que abrazó el libertarismo
Julio Montero El autor es filósofo, politólogo y profesor Asociado en la Universidad de San Andrés
Mucho se habla en los medios sobre las propuestas de Javier Milei. Se discute si la dolarización es conveniente o viable, si cerrar el Conicet es una solución y si La Libertad Avanza representa o no un peligro para la democracia. hay, sin embargo, una discusión menos transitada: su verdadera filiación ideológica. en todos estos debates suele aceptarse que Milei es liberal, quizás porque Milei reivindica el modelo de la sociedad abierta, condena las dictaduras y promete recuperar el exitoso modelo edificado sobre la Constitución de 1853. Pero, como él mismo explica, no es un liberal; es un anarco capitalista que abraza el libertarismo por la imposibilidad práctica de suprimir el estado.
esta definición es reveladora: a lo largo del siglo XX, el libertarismo se desarrolló como una ideología separada que en muchos aspectos se aparta del liberalismo. el núcleo común de ambas doctrinas es la idea de la persona humana como un agente propositivo, capaz de concebir fines propios y de actuar para realizarlos. Los derechos “naturales” –derechos individuales de carácter supra positivo– son el armazón normativo que garantiza a cada persona un ámbito de libertad no interferida para perseguir metas autónomamente elegidas. este es el origen de la doctrina del gobierno limitado que puede rastrearse en el Segundo tratado sobre el gobierno civil de John Locke, muy anterior a la escuela austríaca y a Milton Friedman.
Sin embargo, liberales y libertarios sacan consecuencias distintas de esta tesis fundacional. Los libertarios creen que el respeto por los derechos individuales conduce a un estado mínimo que se limita a proteger la vida, la integridad corporal y la propiedad privada. Dependiendo del autor, ese estado mínimo puede desempeñar algunas otras funciones, pero cualquier acción que tenga implicancias distributivas es sospechosa y potencialmente inmoral. La educación pública y la provisión de salud, seguridad social o infraestructura quedan así fuera de la agenda. en principio, el estado debería ser un mero “guardián nocturno”.
Para liberales como Locke, en cambio, el estado no solo no es un enemigo, sino que puede ser un aliado. Más allá de su contrapunto con hobbes, Locke deja muy claro que sin un marco institucional compartido los derechos individuales serían sumamente inestables, ya que la falta de un juez común podría derivar en una espiral de violencia. y también insiste en que el mero hecho de gozar de los beneficios que el estado brinda nos obliga a aceptar su autoridad mientras el gobierno no se vuelva despótico. esta idea es retomada por kant, quien directamente argumenta que la libertad no puede realizarse sin instituciones coactivas.
La otra gran diferencia entre ambas doctrinas se refiere al alcance de los derechos de propiedad. Para los libertarios la propiedad privada es una extensión de la propiedad sobre el propio cuerpo. Por eso equiparan el cobro de impuestos a una mutilación o con el trabajo esclavo. Los liberales son mucho menos dramáticos. La famosa cláusula lockeana sostiene que un individuo únicamente puede apropiarse de un objeto del mundo mientras deje tanto y tan bueno para los demás. el sentido exacto de este requisito está abierto a interpretación, pero muchos consideran que activa demandas distributivas que el estado debería satisfacer mediante políticas públicas financiadas por el tesoro. De otro modo, todo el sistema de propiedad se tornaría ilegítimo.
en la práctica, estas diferencias filosóficas se traducen en programas políticos muy distintos. el mercado y la propiedad privada juegan un papel importante para los liberales porque son indispensables para la persecución de planes de vida libremente elegidos. Pero los liberales son conscientes de que la existencia misma de estas instituciones solo es posible dentro de un orden jurídico que todos sus miembros puedan aceptar como personas libres e iguales.
En su lectura más modesta, esta condición se satisface mediante un régimen de igualdad de oportunidades que nivele las posiciones de partida para que la competencia de mercado no se vea afectada por factores ajenos a las decisiones de las personas –como la coordenada social de origen. y en su lectura más ambiciosa puede redundar en una economía social de mercado con impuestos progresivos a la riqueza al estilo escandinavo. el arco que se abre entre estas dos interpretaciones fija los contornos de la amplia avenida liberal. Más a la izquierda o más a la derecha, el liberalismo es siempre una ideología de centro.
Naturalmente, la elección entre liberalismo y libertarismo depende de las convicciones de cada ciudadano. Lo que es importante recordar es que el modelo liberal es una receta ampliamente probada que dio lugar a las sociedades más libres, más prósperas y más estables que hayamos conocido. esa Argentina pujante, dinámica y de clases medias que muchos reivindicamos surgió de combinar la libertad económica con un estado proporcionado y potente que construyó ferrocarriles, hospitales y escuelas. Lo otro es solo una apuesta, por no decir un salto al vacío.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Hundido Insaurralde, flota la hipocresía
El affaire del exintendente de Lomas de Zamora es parte de una trama aceptada
Por Sergio Suppo


El país político conoce muy bien las aguas en las que se hundió Martín Insaurralde. Lo demuestran en estos días la simulada indignación, el intento de demostrar sorpresa y el atolondrado ejercicio del peronismo kirchnerista de desviar la atención hacia lo superfluo.
No hay un único Insaurralde, aunque pocos como él hayan sido derrotados por sí mismos. El punto no es la torpeza del exjefe de gabinete de la provincia más importante del país para ocultar el goce de sus recursos inexplicables.
El hecho que estalló en el corazón de la campaña electoral es que propios y extraños sabían muy bien y desde hace tiempo que sujetos como el licencioso y licenciado intendente de Lo mas de Zamorano operan solos. Son parte de un sistema, de una trama aceptada y consentida que tiene beneficiarios, resignados y algunos detractores entre los dirigentes políticos y de cuánto sector social, sindical o económico de poder influya en la vida pública.
Ahora que todo se mide según las métricas de los votos, Javier Milei tiene derecho a felicitarse. Fue él quien acertó con el brochazo grueso al pintar a todos los que no son él mismo o los del grupo que aluvionalmente se está reuniendo en su contorno. La casta es una descripción maniquea de autoindulgencia. No todos los políticos son corruptos, pero entre ellos son bien identificables quienes lo son y lo ostentan.
No es Milei, o al menos no lo parece, un cruzado en contra de la corrupción, que de eso se trata el naufragio de Insaurralde. Milei acusa a la casta por gobernar mal, no por robar.
El libertario venera con devoción a Carlos Menem, durante cuya presidencia se extendió como una mancha un nuevo tipo de dirigentes que se autocelebraban mostrando el resultado de sus enriquecimientos. El poder relacionado con el juego legal y clandestino, el tolerante crecimiento del narcotráfico, el difuso límite entre el delito y el negocio, entre la economía en la superficie y la que opera oculta, tiene a dirigentes como Insaurralde como protagonistas conocidos. Y también relacionados a las mil y una cajas de la política, hasta el extremo de un robo por goteo como el descubierto con los oscuros fondos de la Legislatura bonaerense.
Nada nuevo, todo bastante tolerado. Un abismo se abre entre los poquísimos beneficiarios del régimen y sus votantes.
Data del menemismo la construcción de un sistema judicial para garantizar la impunidad. El kirchnerismo se benefició por años de los mismos jueces de las servilletas menemistas.
Los votantes argentinos quedaron expuestos más de una vez a preferir a gobernantes de éxitos tan supuestos como delitos bien comprobables. Solo el agotamiento de ambos modelos peronistas puso en valor la necesidad de una cierta transparencia en el manejo del poder. Pero en general entre los argentinos primó la tolerancia hacia los corruptos.
El presente de Insaurralde y la reacción del peronismo bonaerense son una continuidad de viejas prácticas gastadas por el uso y el abuso. También de la Justicia, que no atinó a investigar la información periodística que ofreció Carlos Pagni en su programa de televisión sobre la entrega de 20 millones de dólares como parte del acuerdo de divorcio de Insaurralde con la ahora exesposa Jesica Cirio.
A Insaurralde debieron encontrarlo en un video en Instagram atribuido a su acompañante cometiendo el abuso de un amoroso crucero por el Mediterráneo para que se desataran las investigaciones en su contra. Y algunas parecen más destinadas a encubrirlo que a obligarlo a probar cómo ostenta una vida de millonario.
Tampoco el kirchnerista exsecretario de Obras Públicas José López había sido investigado hasta la madrugada en la que se le ocurrió ocultar ocho millones de dólares en un supuesto convento de General Rodríguez.
La fuga de escándalo complica todavía más a quienes la intentan. Axel Kicillof dijo que no sabía dónde estaba su jefe de gabinete. Raro, tratándose del supuesto responsable del manejo de su gobierno; alegar la propia torpeza no es un recurso. El gobernador y candidato a la reelección hasta borró el cargo que tenía Insaurralde en un intento de negación que lo acerca, más de lo que lo aleja, al problema.
Kicillof debió soportar que Máximo Kirchner le impusiera a Insaurralde en su gabinete luego de la fuerte derrota en las elecciones de medio término de 2019. Ahora paga el precio doble de soportar una carga que ya no puede presentar como ajena.
El hijo de la vicepresidenta, él mismo involucrado en causas judiciales que lo pueden llevar a juicio con altas posibilidades de condena, huye del escándalo usando el silencio. Otro tanto hizo su madre, luego de acordar con Kicillof y Sergio Massa el despido inmediato de Insaurralde. Lo echaron porque fue descubierto, no por lo que era desde hace tanto tiempo.
La reacción de Massa deja ver la verdadera reacción del peronismo bonaerense y de la dirigencia política en general. El candidato presidencial se ocupó de poner en duda a la difusora y a la vez compañera de la lujosa navegación.
Afilado en la reconstrucción histórica de las relaciones circunstanciales de otros dirigentes, recordó que la misma mujer había estado vinculada a Daniel Scioli. ¿Sugiere Massa que hay un servicial sistema de apriete a los corruptos que les pone trampas como venganza o como extorsión? ¿Cómo lo sabe? ¿Importa más que establecer el nivel de enriquecimiento del verdadero protagonista del caso?
Massa, como el resto del peronismo, ponen el foco en cómo fue descubierto Insaurralde. Quieren saber quién pudo haberlo traicionado.
Pero lo que importa saber, en cambio, es cómo y durante tanto tiempo alguien pudo acumular tanto y ostentarlo hasta caer descubierto por esa misma manía de disfrutar lo conseguido. No sea cosa que Insaurralde termine pagando el precio de no saber ocultar lo que otros esconden.


http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.