El verdadero peligro de los dueños de la verdad
por Héctor M. Guyot
A veces me pregunto qué clase de carencia lleva a ciertas personas a sentirse excepcionales, mejores que el resto. Por supuesto, hay quienes han recibido un talento especial en alguna disciplina o tienen una fortaleza de carácter que los distingue. Cuando estos atributos se combinan, tenés a un fuera de serie. He conocido a algunos, y los que admiro relativizan el talento y ponen el acento en la dedicación y el trabajo, pero sobre todo son personas que se saben iguales a los demás. Los otros, los que necesitan sentirse superiores, resultan peligrosos. Para confirmarse en su pedestal, precisan humillar a quienes los rodean. Por eso también me pregunto qué lleva a tantos a adorar a este tipo de personas, a endiosarlos y a ponerse bajo su sombra.
Me pregunto, además, qué llevó a Javier Milei a desplegar una contracumbre en Mar del Plata en el mismo momento en que Patricia Bullrich exponía en el Coloquio de IDEA, tras rechazar la invitación de los empresarios. Está claro que el líder de La Libertad Avanza prefiere el monólogo al coloquio. Para él, escuchar a los demás es perder el tiempo. Por otra parte, lo enerva que lo contradigan. Quien se cree dueño de la verdad se resiste a poner sus ideas al mismo nivel que las del resto. Como si fuera un profeta, hay que peregrinar hasta él. Por eso me pregunto por los empresarios que abandonaron su propia fiesta para concurrir a la que montó el libertario. Así contribuyeron a dañar, con un simple gesto, los presupuestos básicos de la convivencia democrática. Milei cosechó todo un capital político en base de una excepcionalidad de naturaleza dudosa. Y encarna en todo caso la excepcionalidad de quienes se sienten “moralmente superiores”, como él mismo lo expresó. Peligrosísimo.
En su contracumbre, regresó a las consignas elementales que repite en las entrevistas. Las mismas que esgrimió en el primer debate presidencial, donde, en mi opinión, volvió a exhibir su inconsistencia. En su discurso desarticulado y confuso yo no alcanzo a ver rastros de la solvencia académica que se le atribuye. Se vio el domingo: cuando intenta enhebrar un argumento para defender o desarrollar sus excéntricas ideas, Milei se enreda, pierde la paciencia y vuelve ofuscado a la muletilla de siempre. Muchos consideraron que salió airoso del debate porque evitó el estallido. ¿Prueba algo esa contención forzada? ¿Acaso no tuvimos suficientes muestras de su precaria estabilidad?
La ira divina que le brota ante quienes lo contradicen lo iguala a Cristina Kirchner. Y es el sustrato emocional desde el que, de llegar al poder, desplegaría un populismo similar a aquel que tanto daño hizo en veinte años de insensatez. Por otra parte, la continuidad con el peronismo en el poder se verificaría además en la pervivencia de una casta a la que, lejos de combatir, Milei ha sumado a sus listas. No hizo críticas ante el Chocogate y el escándalo protagonizado por Martín Insaurralde, ministro de gobierno de Axel Kicillof, en Marbella. Dijo por el contrario que le abriría las puertas a todo aquel que acompañe sus ideas. Los primeros que se apuntan, obvio, son los conversos reincidentes de la casta, con Barrionuevo a la cabeza.
Sergio Massa también esquivó el Coloquio de IDEA. Y en el debate habló de “mi gobierno” en tiempo futuro, como si su calculada calma zen lo absolviera de la responsabilidad que le cabe hoy por la debacle económica que propicia desde el Ministerio de Economía y, más aún, por la misma existencia de este cuarto gobierno kirchnerista, del que es socio fundador. “Cuando yo gobierne…”, decía. En distinta clave, Massa es como Alberto: eligió vivir en otra galaxia. Y quiere llevar a los votantes allí. Sabe que todos saben que lo suyo es un truco, pero no se le mueve un pelo.
¿Hasta dónde llega la tolerancia al engaño de los argentinos? Ingenuos o cómplices, en términos generales parece que bastante lejos, y acaso los esclarecidos no resulten suficientes el domingo de la verdad. Pero un límite tiene que haber y la duda es si nos estamos acercando a él. A la corrupción obscena de la Legislatura bonaerense se le sumó el desvelamiento del verdadero rostro de Insaurralde, y lo que se vio fue muy feo. Un homenaje a la vulgaridad. Todo fue una farsa: el declamado amor al pueblo, la apelación a los hijos y al origen trabajador, la revolución nac&pop. Lo que quería aquel muchacho de mirada soñadora era pasarla bien. Y para eso hace falta, en su mundo de mujeres burbujeantes y marcas de lujo, una parva de dinero. La política provee. Sobre todo, la política K, que llevó el robo a una escala inaudita, provocando del otro lado un vacío doloroso: una pobreza de más del 40%. Insaurralde en el yate “Bandido” con la modelo de turno, dándole la espalda a un país en caída libre, es la foto final de la aventura kirchnerista: el momento en que la disfrutan.
La venerada Cristina preparó el terreno para el iluminado Milei. Pero lo último que necesita el país es otro presidente que se sienta un ser superior. Ya tuvimos bastante. No necesitamos a alguien excepcional. Más bien, a uno de nosotros con los pies sobre la tierra
La venerada Cristina preparó el terreno para el iluminado Milei. Pero lo último que necesita el país es otro presidente que se sienta un ser superior. Ya tuvimos bastante
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Primicia: Milei romperá el silencio sobre Insaurralde
por Carlos M. Reymundo Roberts
Seguramente el tenor de esta columna va a molestar a Chucky Milei, así que desde ya le presento mis sinceras disculpas. Sí, de todo corazón, porque me gustaría evitarlo y no puedo: hoy estoy obligado a ocuparme del Bandidogate, algo que él todavía no ha hecho; solo si le preguntan y solo con terciopelo. Javi llegó hasta las puertas de la presidencia gracias a ese hit del marketing que fue presentarse como el exterminador de la “casta”, y ahora aparece el menos casto de la casta y le perdona la vida. ¿Caridad, compasión? Cuando todos esperábamos que atravesara a Insaurralde con la motosierra, y lo rematara con una motoguadaña, él sencillamente calla. Estas dosis de magnanimidad no son habituales en nuestra dirigencia política. Lo llamé y le dije: “Pelu, te la dejaron servida, partilo en mil pedazos”. Me contestó que primero quería constatar si las imágenes del yate no habían sido producidas por inteligencia artificial, si el Rolex de oro y diamantes era tan caro como vienen diciendo periodistas ensobrados, y si Sofía Clerici cuenta en sus redes con pauta del Estado.
Tremendo mentís a los que se llede nan la boca con eso de que Chucky es un perturbado. Acaba de hacer gala, otra vez, de extraordinario autocontrol. Sigue manteniendo un indulgente silencio sobre el caso de Chocolate Rigau y sobre los escandaletes de Batakis en el Banco Nación. Además, ha conseguido disociar la debacle económica, su caballito de batalla, de la gestión de Massita como ministro de Economía. Por Dios, qué diferencia con Cristiano “Fiat” Rattazzi; abordado anteayer en el Coloquio de IDEA sobre el affaire de Insaurralde, se disculpó por usar el latín: “Es un putañero”.
Tuve que googlear “putañero”: “Terapeuta especializado en el rescate de mujeres de vida disoluta mediante talleres de regeneración física y espiritual; generalmente, en Marbella”.
En la charla con Javier, me tomé el atrevimiento de insistir con lo de Insaurralde. Le hablé de los 200 viajes al exterior, de los 20 millones de dólares que le costó la amistosa separación de bienes con Jesica Cirio, de sus históricas vinculaciones con el negocio del juego y con las mafias de La Salada, de sus propiedades –casas, quintas, el salvaje departamento 400 metros cuadrados en Puerto Madero, restaurantes–, del hotel de superlujo (4000 dólares por día) en el que acaba de alojarse con Sofi en la Costa del Sol… Al Peluca no se le movía un pelo. Respondía cosas sueltas, inconexas: “Yo navegué por las costas de Croacia y las islas griegas en el barco de Eurnekian, que es tres veces más grande que el Bandido”; “creo que Fati [Florez] y Sofía se conocen de la televisión”; “che, a Martín no se lo ve: en la foto sale de espaldas”. Llegó a decirme que si esa relación tiene ya cuatro años, como reveló la prensa del corazón, “no puede hablarse de affaire, sino de amor”.
Le hice ver que, de las grandes figuras de la política argentina, solo tres no se han pronunciado sobre este capítulo de pornopolítica: Cristina, Máximo y él. Me contestó que el Papa tampoco dijo nada. Tiré entonces el argumento más fuerte, el que tenía reservado para el caso extremo de que no entrara en razones: “Viste que se filtró lo de que Martín te armó la lista en Lomas de Zamora… Estás hasta las manos, Javi. Es urgente que te despegues”. Largo silencio; pensé que se había cortado. De pronto reapareció, también él mechando palabras en un latín casero: “La libertad avanza, a veces, con peccatis y peccatoris”.
Mea culpa, Chucky, no te estaba entendiendo.
De todos modos, confío en que mi prédica no ha caído en saco roto. Mañana, en el segundo debate de los candidatos presidenciales, en la UBA, se va a ver obligado a decir algo. Porque Pato Bullrich, que el domingo pasado me parece que no había leído ni los diarios ni las redes, hará punta con eso una y otra vez, incluso forzando los temas: ¿en qué basará su política de seguridad? “En meterlo en cana a Insaurralde”; ¿está preocupada por el cambio climático? “No. El clima del país va a cambiar cuando Insaurralde y la Clerici estén presos”; ¿planes de vivienda? “Construir un penal de máxima seguridad que se llame ‘Martín Insaurralde’”. Pato, acaso la peorcita del primer debate, va también por el desquite en lo económico, aunque eso no figure específicamente en el temario de mañana (ni en su caja de herramientas). Llevará frases preparadas, tipo “Sergio, no sabía que Precios Cuidados pasó a ser ‘¡Cuidado con los Precios!’”. Frente a esa andanada, Chucky no podrá quedarse atrás. Estuvo hablando con sus asesores, y con sus perros, y cree tener la fórmula adecuada: “Seré un presidente inflexible. Para todos los corruptos, cadena perpetua o fusilamiento en la Plaza de Mayo. Sergio, Martín, Chocolate, Batakis, mírenme a los ojos, lean mis labios: me refiero especialmente a ustedes. Los voy a ir a buscar”.
Y rematará la amenaza: “Espero que para entonces ya estén mar adentro a bordo del Bandido”
Patricia, ¿si llega a la presidencia cuál será su política de seguridad? “Meterlo en cana a Insaurralde”
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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