miércoles, 25 de octubre de 2023

OPINIONES Y VIDAL CONSOLIDÓ EN SANTA CRUZ


Una defensa del voto popular
Roberto Gargarella El autor es abogado y sociólogo
Como ejercicio de reflexión, empiezo a escribir este primer párrafo antes de conocer el resultado de las elecciones. Si dentro de unas horas alguien nos informara que ha ganado el candidato libertario, algún escéptico podría decir: “¡Pero qué irresponsables los argentinos, escoger a un político tan alucinado e impredecible!”. Y, a la vez, creo que, si nuestro informante se corrigiera de repente, para decirnos que la gran sorpresa de las elecciones fue otra, esto es, la inesperada cantidad de votos obtenidos por el oficialismo, la respuesta del escéptico no variaría demasiado.
Otra vez, con cierta razón, nos podría decir: “¡Pero qué irresponsables los argentinos, respaldar así al representante de un gobierno que ha hecho todo mal, a un ministro que nos llevó a este desastre!”. Y, asimismo, si la beneficiada hubiera sido la representante de la principal oposición, podría señalar: “¡Pero qué irresponsables los argentinos, volver a tropezar con la misma piedra, para apoyar al partido que los dejó endeudados y con la economía por el piso, en 2019!”. No hay escapatoria: cualquiera sea la manera en que votemos, el voto popular podrá ser descripto como insensato, y nosotros –los votantes– como irresponsables.
Anoticiado ahora de la victoria contundente del candidato oficialista, es posible encontrar buen apoyo en el ejercicio anterior, para responder algunas preguntas difíciles. ¿Puede afirmarse “qué irresponsables los argentinos, esto demuestra que no les importa nada la corrupción” (o peor, “les encanta la corrupción”)? Entiendo que no, en absoluto.
Si alguien quisiera saber qué piensan los argentinos sobre la corrupción, debería preguntárnoslo, en lugar de inferir la respuesta que se le antoja, a partir de una pregunta que no se nos ha formulado. Precisamente, forma parte de la trampa que aquí intento objetar, la pretensión de derivar, a partir de una elección como la de ayer, respuestas sobre cuestiones relevantes, múltiples, por completo diversas y merecedoras de respuestas –tal vez– contradictorias: la corrupción, la dolarización, la dictadura, la gestión oficial, el riesgo de la hiperinflación, la motosierra, la Virgen María y la mar en coche. Lo más probable es que tengamos algunas respuestas, otras negativas y algunas matizadas.
Pero allí reside la trampa: la democracia, en el estado actual al que se la ha reducido, nos priva de canales institucionales para discernir, precisar, corregir. Confinada a su mínima expresión –el voto periódico–, la democracia sirve para que distintas elites hablen y decidan a nuestro nombre, adjudicándonos respaldos y rechazos que no hemos dado.
Para decirlo brutalmente: en términos institucionales, seguimos en una edad cavernaria, en la que los votos nos sirven como meras piedras que arrojamos contra la pared con furia, cada cuatro años, mientras los ganadores del caso interpretan lo que hemos votado.
Lo dicho cuestiona algunas afirmaciones sobre la democracia –del tipo “el pueblo nunca se equivoca” o “cada sociedad tiene el gobierno que se merece”–. Para poder ser considerados más o menos responsables de nuestro destino, deberíamos poder decidir, nombrar –y remover también– a nuestros representantes, cuando queramos. O exigir las medidas y cambios de rumbo que deseemos, a ser adoptadas en el momento en que lo decidamos. recién ahí podría decirse que “moldeamos el gobierno a nuestro gusto”.
Pero hoy una minoría en el poder puede actuar discrecionalmente y sin controles, para su exclusivo beneficio. Y lo sabe. Lo vimos en 2001: meses en la calle pidiendo “que se vayan todos,” y no se fue ninguno. Y lo pudimos ratificar ahora, durante cuatro de los años más terribles desde la recuperación democrática, pandemia, pobreza extrema, inflación desatada. Durante estos cuatro años horribilis, la principal actividad que mostró el Congreso fue la búsqueda de la impunidad de la vicepresidenta. Eso es alienación política.
Lo que nos resta es pelear para que la democracia deje de ser aquello a lo que la han reducido –elegir a unos pocos, cada cuatro años– y pase a ser aquello que puede ser y debiera ser: la posibilidad de conversar y disputar cada día, entre nosotros, de qué modo queremos seguir viviendo juntos.

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El país de los parricidios políticos
Marcelo Cavarozzi El autor es doctor en Ciencia Política.
El desarrollo de la etapa democrática revela que los triunfos del peronismo se transformaron gradualmente en el recurso de última instancia de la política, reemplazando de tal modo a las intervenciones militares a partir de la transición. Así fue cómo, a pesar de su inesperada derrota en 1983, los retornos del peronismo a la presidencia proveyeron en un par de ocasiones la salida a las crisis económico-políticas que la Argentina atravesó en 1989 y en 2001/2003.
Durante el gobierno de Alberto Fernández se superpusieron una abismal ineficacia de la gestión, una pirámide de poder presidencial coronada por dos y, últimamente, tres cúspides con poder de decisión o de veto, escándalos de corrupción, inseguridad creciente y el reciente ingreso en una fase aguda de la crisis económica. Ese cuadro parecía augurar que los temores de Cristina Kirchner de quedar fuera de una eventual segunda vuelta eran fundados. Más aún cuando Massa obtuvo un magro tercer puesto en las PASO y los peronismos provinciales sufrieron derrotas provinciales, como en Chaco y en Santa Fe.
Sin embargo, a pesar de que solo repitió magros desempeños electorales de los últimos años, Massa revirtió la pendiente descendente y obtuvo una clara y sorpresiva victoria en la primera vuelta. Aun reparando en que el 36% de apoyo se ubica en los escalones inferiores de los resultados históricos del PJ desde 1983, los logros han sido notables: el peronismo dejó afuera a Juntos por el Cambio y le sacó casi siete puntos de ventaja al que aparecía como favorito. Ese resultado ubica claramente a Massa en la senda del triunfo en la elección de noviembre.
En 1989, 2001/2003 y 2019, los triunfos del peronismo fueron facilitados por los resultados negativos de gobiernos no peronistas. El PJ se convirtió en los ojos del electorado en el protagonista del salvataje de naufragios generados por gobiernos no peronistas. Ahora, el desafío era mayor, se trataba de convencer a los ciudadanos de que Massa era capaz de encabezar el salvataje de sí mismo, de la debacle producida por su propia fuerza.
Ayudados por las transferencias de recursos facilitadas por el propio candidato en su rol de ministro de Economía, movilizaron sus respectivos aparatos para lograr que sus potenciales votantes no dejaran de concurrir a las urnas, en muchos casos motivados por oportunos regalos de bicicletas, electrodomésticos y dinero en efectivo.
Sin embargo, la errada estrategia de Juntos por el Cambio fue la variable decisiva. En primer lugar, porque la disputa entre Bullrich y Larreta desplazó a la principal fuerza opositora del espacio crucial de la alternativa creíble al desastroso gobierno de Alberto Fernández que ya había ocupado en 2021 y, de tal modo, alimentó el pronunciado crecimiento de un candidato inicialmente inverosímil, es decir del candidato libertario.
También jugó un papel no despreciable la traición, escasamente disimulada, de Macri con sus elogios a Milei. Y, en segundo lugar, porque el fenómeno Milei dividió en volúmenes relativamente parejos a los principales candidatos opositores favoreciendo que un candidato que terminó superando apenas el tercio de los votos, se ubicara como claro triunfador.
Massa está instalado en un camino relativamente seguro al triunfo en la segunda vuelta. Deberá evitar que durante las semanas que se avecinan el envión del dólar y la escalada inflacionaria se desboquen aún más. Pero sus problemas más graves tienen que ver con los desafíos, probablemente insuperables, que enfrenta el candidato peronista para desviar a la Argentina del camino que ha seguido en los últimos 25 años, en los cual se han agravado todos los indicadores sociales y económicos
Su desafío más evidente es complicado: el de reiterar las victorias políticas de Menem y Néstor Kirchner, es decir los parricidios de Antonio Cafiero y el propio Menem. Ahora Massa debe procurar el ocaso de Cristina Kirchner y de sus socios cercanos, como había proclamado diez años atrás. Pero todavía mucho más empinada es la cuesta que enfrenta para desarmar el modelo político y económico que se ha ido armando a partir de la crisis del 1998/2003.

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Vidal consolidó su poder en Santa Cruz y relegó aún más al kirchnerismo
Diez de las 15 intendencias quedaron en manos del gobernador electo; Alicia Kirchner salió segunda en la pelea por el Senado
Mariela AriasEl gobernador electo de Santa Cruz, Claudio Vidal
EL CALAFATE.– Los resultados electorales de anteayer en Santa Cruz consolidaron el poder político del gobernador electo Claudio Vidal, el mismo que empezó a diseñarse en agosto cuando derrotó al kirchnerismo tras 32 años en el poder. Este nuevo tablero muestra que, a partir de diciembre, 10 de las 15 intendencias quedaron en manos de la fuerza política de Vidal, en tanto que el kirchnerismo por primera vez en tres décadas perdió fuerza territorial en su propia casa.
Si bien Sergio Massa se recuperó con respecto a los resultados de agosto y se impuso por casi cinco puntos frente a Javier Milei, el candidato de La Libertad Avanza, el kirchnerismo en el resto de las categorías perdió. Quizás el principal signo de que el partido fundado por Néstor Kirchner entró en retroceso en la provincia se encuentra en los resultados que obtuvo la gobernadora Alicia Kirchner, que tras ocho años en el cargo se postulaba para el Senado, secundada por el presidente de YPF, Pablo González.
En la categoría a senadores nacionales, Unión por la Patria obtuvo el 35,89% de los votos, en tanto que Por Santa Cruz, de Vidal, alcanzó el 46,12%. De las tres bancas en juego, el frente de Vidal conquistó dos, que serán ocupadas por José María Carambia y Natalia Gadano, en tanto que la cuñada de Cristina Kirchner ingresó por la minoría política, que a partir del 10 de diciembre aquí será el kirchnerismo.
Con estos resultados, Pablo González quedó fuera del Senado y tiene hoy una relación difícil con Vidal: en el acto de cierre de la semana pasada, en Ramón Santos, Vidal acusó de traidores a los funcionarios de Santa Cruz en YPF.
“En nuestra provincia, desde el año 2015 perdemos producción y siguen bajando equipos. Cinco equipos nada más hay en Santa Cruz, y los que hoy conducen la operadora estatal son en su mayoría santacruceños. Díganme si eso no es traición, darles la espalda a los trabajadores y al pueblo patagónico”, fueron las palabras de Vidal el jueves pasado, ante un público netamente petrolero del norte de Santa Cruz y el sur de Chubut. Además de González, apuntó contra Matías Bezi, de La Cámpora, cercano a Máximo Kirchner y quien ocupa uno de los cargos dirigenciales en la petrolera estatal.
¿Cómo se tejió el triunfo de Vidal? Al día siguiente de ganar la elección de agosto, el petrolero se lanzó a la campaña para disputar las intendencias: de las 15 en juego solo dos respondían a su frente electoral. Por eso, la energía la puso en el armado de múltiples sublemas –en la provincia está en vigencia y Vidal prometió derogarla– que le permitieron colectar votos, un esquema similar al que lo llevó a la gobernación.
En esa línea, Por Santa Cruz se impuso en todos los municipios del norte de la provincia, donde está el eje petrolero. Conquistó Caleta Olivia, con el 63,8% de los votos, frente a un kirchnerismo que sacó apenas el 25%: sus candidatos eran el actual intendente Fernando Cotillon y el actual vicegobernador, Eugenio Quiroga. Caleta Olivia es la segunda ciudad con mayor densidad demográfica de la provincia.
El frente comandado por Vidal desbancó al kirchnerismo de bastiones históricos como Puerto Deseado, Puerto Santa Cruz, Gobernador Gregores y Piedra Buena.
En este caso, la concejala Analía Farías logró desplazar a la familia Bodlovic: padre e hijo se alternan en la intendencia desde 1999, ejerciendo un férreo poder basado en un estado omnipresente con un esquema clientelar, que genera adhesiones y temores.
Los Bodlovicy su familia saltaron ala fama en febrero de 2021, cuando se convirtieron en los primeros vacunados vip del país, en plena pandemia. Al trascender la noticia, el pueblo marchó en las calles. Algo de ese enojo repercutió anteayer en las urnas de la pequeña localidad.
El kirchnerismo con peso político real quedó reducido en los cinco municipios del sur de la provincia. Pablo Grasso fue reelegido en la intendencia de Río Gallegos con el 45,9% y convirtió a la ciudad en el principal bastión de esa fuerza. También quedó perfilado como el principal referente de la oposición a partir del 10 de diciembre. La herencia que el kirchnerismo dejó vacante empieza a encontrar herederos.
“Llegó el momento de hacer el trasvasamiento generacional”, señaló el domingo la gobernadora, luego de emitir su voto. A la noche estuvo en el búnker de Grasso. “Triunfó la patria que abraza a cada argentino y argentina, la de los derechos sociales que son derechos humanos. El diálogo y el amor vencieron al odio”, fueron sus palabras ayer, en un posteo que acompañó a una foto de Sergio Massa.
Además de Río Gallegos, elk ir ch nerismo retuvo El Calafate, donde Javier Belloni fue reelegido para su quinto mandato, así como El Chaltén, 28 de Noviembre y Río Turbio, las localidades de la cuenca carbonífera cuya economía de enclave gira en torno a la empresa subsidiada por el Estado nacional Yacimiento Carbonífero Río Turbio.


http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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