martes, 20 de febrero de 2024

CRISIS Y SEGURIDAD EXTERNA


Crisis 
Claudia Buch está preocupada

Moisés Naím
Todos lo estamos. Pero las preocupaciones de la señora Buch nos deberían preocupar aún más. Esta alta funcionaria del Banco Central Europeo fue recientemente puesta a cargo de la delicadísima tarea de regular a los bancos y otros entes financieros del continente. Cada cierto tiempo estalla una crisis económica que les hace perder sus ahorros a muchos y obliga a bancos y gobiernos a tomar medidas altamente impopulares. Si bien el foco de la supervisión bancaria de la señora Buch y su equipo se centra en Europa, el sistema financiero internacional está tan interconectado que las decisiones de los reguladores europeos afectarán a los bancos de todo el mundo. Y a sus clientes.
Hace unos días, en su primer discurso público, Buch alertó que los bancos no son inmunes a “eventos inesperados” y a nuevos riesgos: “Muchos de los asuntos que hoy dominan los titulares eran inconcebibles hace una década”. La funcionaria insistió en que “hay una alta incertidumbre con respecto al impacto que tendrán los conflictos geopolíticos, el cambio climático, las tendencias demográficas y la digitalización y que ya están forzando a cambiar la manera como producimos y consumimos”.
¿Qué hacer? “La complacencia no es una opción”, dijo la señora Buch, y añadió: “Vivimos en tiempos de incertidumbre. Pero la resignación o el miedo no son buenas guías para lidiar con la incertidumbre”.
Tiene razón. Pero si la complacencia puede ser una tentación para políticos, banqueros o empresarios, no lo es para los cientos de miles de personas que todos los días, en alguna ciudad del mundo, salen a la calle a protestar, a bloquear avenidas y carreteras, a “ocupar” espacios públicos o privaocurrió dos. La protesta callejera siempre existió, pero se fue haciendo cada vez más frecuente y sus motivaciones, más variadas. Lo sabemos gracias a Thomas Carothers y Brendan Hartnett, investigadores del Carnegie Endowment for International Peace, think tank basado en Washington (y organización a la cual pertenezco).
Carothers y Hartnett han desarrollado un riguroso sistema de recolección de datos que “rastrea” y documenta las protestas populares en todo el mundo. Así, nos informan que 2023, el último año para el cual se tienen datos, fue particularmente conmocionado: “… aparecieron nuevas protestas en 83 países, de China a la República Democrática del Congo y de Iraq a Macedonia del Norte. Siete países que no habían experimentado protestas significativas en los últimos cinco años en 2023 entraron al grupo: Dinamarca, Polinesia Francesa, Mozambique, Noruega, Irlanda, Surinam y Suecia”. Además, el rastreador de protestas revela que no solo aumentaron los países donde la gente toma calles y plazas, sino que las razones por las cuales lo hace son más diversas. Algunas de las más numerosas manifestaciones fueron en defensa de la democracia. Concretamente en reacción a cambios en el sistema judicial, y las alteraciones del sistema electoral orientadas a concentrar el poder en el jefe del gobierno y sus aliados. En 2023, estas manipulaciones antidemocráticas las vimos, entre otros, en Polonia, Israel, Nigeria y Mozambique. Una sorpresa en Guatemala, donde una nueva coalición de grupos sociales e indígenas logró que Bernardo Arévalo, el ganador de las elecciones, pudiese tomar el control del gobierno a pesar de los esfuerzos de sus adversarios por impedirlo.
Pero no fue solo la política. La economía y sus consecuencias sociales también nutrieron las protestas. La inflación fue el denominador común del activismo callejero en Pakistán, Portugal, Eslovenia. En Ghana y Nigeria el desabastecimiento de productos básicos se convirtió en una intensa fuente de conflictividad social.
La mala calidad de los servicios públicos también suele ser un disparador de protestas. Carothers y Hartnett reportan como ejemplo que, en 2023, en Sudáfrica hubo más de cien manifestaciones propulsadas por la mala calidad del servicio eléctrico. Otra importante motivación de los ciudadanos que protestan es el aumento del crimen, la inseguridad personal y la proliferación de bandas armadas y violentas que trafican con drogas y personas, además de extorsionar a individuos y negocios. Las deficiencias de los servicios de salud y de la educación, el transporte y el aseo urbano y la mala calidad de las obras públicas contribuyen a la creciente frustración de los ciudadanos. El resultado, en el nivel global, es el mismo: sociedades expuestas a crecientes olas de inestabilidad.
Nuestra era está suspendida entre los riesgos de las altas finanzas que preocupan a líderes como Claudia Buch y los remolinos callejeros que estremecen a cada vez más ciudades del mundo. La turbulencia que nos envuelve viene al mismo tiempo de arriba y de abajo, y configura una nueva realidad inédita e incierta cuyas consecuencias apenas estamos comenzando a conocer.

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Lecciones de Maquiavelo a los argentinos
Maximiliano Gregorio-Cernadas Diplomático de carrera


Como consecuencia de las desgarradoras experiencias sufridas por la Guerra de Malvinas y las violaciones de los derechos humanos durante el último gobierno militar, la cuestión de la seguridad externa (que incluye la defensa) ha quedado entre algunos argentinos asociada al desprecio por la ley y a supuestos siniestros intereses contra el pueblo.
Sin embargo, esta tensión entre la seguridad y la ley no constituye una excentricidad argentina, sino que responde al clásico dilema que, abrevando en el renacimiento de la tradición romana (la proverbial devoción de Cicerón por los ideales republicanos de la patria y las leyes), desveló al célebre y malinterpretado diplomático florentino Nicolás Maquiavelo durante su amargo ostracismo, que denominé “dilema republicano” o “desvelo maquiaveliano”: ¿cómo conciliar los dos amores de su credo republicano, la seguridad externa de su asediada patria y las conculcadas leyes de la libertad?
En un pasaje de El príncipe, la obra que lo convirtió en el más sabio de todos los hombres que se hayan dedicado a los intrincados asuntos de la política, cristalizó el axioma “buenas leyes, buenas armas” con las siguientes palabras: “Los principales fundamentos que pueden tener todos los Estados […] son las buenas leyes y las buenas armas, [pues] no puede haber buenas leyes donde no hay buenas armas y donde hay buenas armas conviene que haya buenas leyes […]”. En El arte de la guerra, el florentino metaforizó con elocuencia el mismo concepto: “El mejor de los regímenes, sin la defensa militar, correría la misma suerte que las estancias de un soberbio y real palacio que, aun resplandecientes de oro y lujos, carecieran de techo y no tuvieran cómo resguardarse de la lluvia.”
Esta máxima genial, observada por las democracias líderes, incluiacompañar da la nuestra hasta los golpes de 1930 y 1943, e ignorada con ostensibles resultados por algunos ahora arrepentidos Estados de la asediada Europa actual, sufrió aquí en los últimos decenios un inflamado embate, instaurando como paradójica consecuencia una deletérea convivencia entre las peores leyes y las peores armas, en las antípodas de lo que proponía Maquiavelo, impuesta por una de las dirigencias consistentemente más violentas y autoritarias de nuestra historia democrática. El infeliz resultado ha sido que la seguridad y la defensa del país padecen de una desacreditada reputación entre las prioridades del Estado, pues han quedado errónea y arteramente asociadas al desprecio por la ley.
Imitando a todo país sensato, la Argentina debería despejar esa prejuiciosa rémora del pasado, reivindicar el notorio compromiso actual de las FF.AA. argentinas con la democracia y el Estado de Derecho, y esta flamante y arrolladora voluntad popular de regenerar sus principios legales fundacionales con una decidida provisión de recursos inteligentes y de última generación (esencialmente tecnológicos y, entre ellos, más software que hardware) para “proveer a la defensa común” –como lo exige el Preámbulo constitucional–, proporcionales a las inmensas escalas de lo que la Argentina tiene por proteger de actuales asedios (narcotráfico, terrorismo y ciberdelito internacional, separatismo seudomapuche, infiltraciones de peligrosas potencias, depredación del Mar Argentino, etc.) e incluso de otras amenazas posibles o probables, pues entre las aparentemente insignificantes distancias entre unas y otras eventualidades –lo actual, lo posible y lo probable– podría llegar a jugarse la existencia misma de nuestra nación.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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