Fuertes diferencias entre las provincias al planificar las horas de clases en la primaria
Así surge de un informe de Argentinos por la Educación; los paros docentes y otros problemas complejizan la posibilidad de que se cumpla con el tiempo teórico previsto
Erica Gonçalves
Las horas de clases planificadas para el nivel primario en las provincias en 2022 presentaron una alta dispersión: mientras el plan de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con altos porcentajes de alumnos en jornada completa, tuvo 1162 horas anuales y Santa Cruz, con jornada extendida, alcanzaba las 1099 horas, la planificación de otros 14 distritos no llegaba al promedio nacional de 829 horas. San Luis, Chaco y Corrientes son las jurisdicciones con menor cantidad de tiempo: 753, 761 y 769 horas, respectivamente.
Así surge de un informe del Observatorio de Argentinos por la Educación; sin embargo, uno de los principales problemas es la falta de datos oficiales sobre el tiempo efectivo que pasan los alumnos en las aulas, algo que, al descontar los días de paro y el ausentismo docente, arrojaría datos más concretos y ayudaría al diseño de políticas que favorezcan el aprendizaje.
Numerosas investigaciones en el mundo ya han demostrado que, en la medida en que los alumnos permanecen más tiempo en la escuela, las trayectorias escolares y los resultados mejoran considerablemente. Reducción de la repetición de grado, mejores resultados en las evaluaciones y mayor asistencia futura en la escuela han sido evidenciados en Alemania, Estados Unidos, México, Chile y Colombia. Disminución de embarazo adolescente, descenso de los delitos y mejoras en la inserción laboral de las mujeres en el mercado laboral, podrían ser otra de las consecuencias positivas del mayor tiempo en las aulas.
El informe Tiempo en la escuela: evidencia y comparaciones, de Argentinos por la Educación, elaborado por Martín Nistal y Eugenia Orlicki, destaca las desigualdades que en 2022 existieron entre las provincias en cuanto a las horas de clase teóricas. El hecho de que un gran número de chicos de la ciudad de Buenos Aires asistan a jornada completa derivó en que encabece la lista con 1162 horas de clases planificadas. Algo similar sucedió con Santa Cruz, donde, con jornada extendida, su plan de 2022 contempló 1099. Sin embargo, la realidad de esta provincia jaqueada por los conflictos gremiales es que no se cumplió ese número teórico. Lo mismo sucedió con Tierra del Fuego (984) y Chubut (829).
Aparecen luego Córdoba (942) y Catamarca (879). Las provincias con menos cantidad de tiempo teórico fueron: San Luis (753), Chaco (761), Corrientes (769), Neuquén (770), Santiago del Estero (779) y Santa Fe (783). En total, 14 jurisdicciones estuvieron por debajo del promedio nacional de 829 horas anuales.
“El tiempo en la escuela favorece el aprendizaje, pero hay que ver la calidad también del tiempo en que se está en ella”, dijo Nistal, coordinador de la investigación, respecto de las discrepancias que existen entre las provincias. “Más que las diferencias en sí mismas habría que evaluar eso”, sumó.
Los datos solo contemplan las horas planeadas y no las efectivas de cada jurisdicción, algo que, en un país con un gran número de paros, ausentismo docente y problemas de infraestructura, es relevante y muy dispar entre provincias.
También es importante tener en cuenta, como destaca el estudio, que se consideraron los datos previos a la creación del programa nacional “1h+ Una primaria con más tiempo”, de junio de 2022. Se trata de una iniciativa que, si bien sumó una hora en las escuelas primarias de jornada simple, no cuenta con información sobre el total de estudiantes alcanzados ni sobre su impacto.
Algunos datos de informe alarman. Según sus estimaciones, entre 1983 y 2019 las provincias tuvieron en promedio 12 paros al año. Por otra parte, en el primer semestre de 2022 más del 60% de los alumnos tuvieron clases discontinuas por alguna razón (jornadas docentes y paros, entre otros problemas); el 21%, sufrió interrupciones de más de 10 días de duración.
Discusión constante
“El tiempo escolar, días u horas, es una discusión constante en el debate público”, dijo Nistal, que afirmó que la preocupación suele estar centrada en los días teóricos (180 y 190 días), pero que poco se sabe de lo que pasa en las aulas. “No existe información pública de los días efectivos de clase, y mucho menos de las horas reales. Tampoco hay datos sobre presentismo docente y de estudiantes ni de los cierres por problemas edilicios. Es un tema que le interesa a la sociedad, sin embargo poco se conoce sobre su monitoreo. Hacemos un seguimiento teórico, pero estamos lejos de saber con certeza lo que pasa en términos efectivos”.
Respecto de la disparidad de carga horaria entre las distintas provincias, el exministro de Educación de la Nación Juan Llach manifestó: “Si esta hipótesis es correcta, quizás haya oportunidades de mejora en muchas regiones de la Argentina, sobre todo en las más pobres”.
Cecilia Veleda, exdirectora del Instituto Nacional de Formación Docente, sugirió priorizar la implementación de la jornada completa en los barrios más vulnerables e implementar otras medidas para ampliar el tiempo de aprendizaje en el resto del sistema.
Gustavo Zorzoli, educador, exrector del Colegio Nacional de Buenos Aires, miembro de la Coalición por la Educación y referente del Observatorio, aseguró que en cuanto a las diferencias que existen en el tiempo en las aulas entre las provincias hay tres elementos que la originan: cómo los responsables de los sistemas educativos planifican y cumplen con lo que acuerdan en el Consejo Federal de Educación (CFE), cómo cada jurisdicción invierte en infraestructura para ampliar la cantidad de aulas y pasar a jornadas extendidas o completas, y cómo se garantizan los días y horas diarias de clases. “En algunas provincias las interrupciones por diferentes factores –sobre todo por conflictos gremiales– alteran las previsiones y generan asimétrica entre los niños de diferentes lugares”, dijo Zorzoli.
El informe del Observatorio destaca que las 829 horas promedio teóricas de la Argentina superan la media de los países de la OCDE (807). Ubicada en el puesto 15, entre los actuales 38 países miembros, está por debajo de los líderes Costa Rica (1147 horas), Chile (1026), Dinamarca (1000), Colombia (1000) y Australia (1000). En esa clasificación, los que menos horas tienen son Polonia (567), Rusia (598), Letonia (599), Lituania (599) y Corea (655).
“La Argentina tiene, en primaria y en secundaria, más horas de aula que países que alcanzan resultados de aprendizaje superiores”, señaló Alejandro Castro Santander, director del Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica de Cuyo. “El tiempo escolar importa, pero es fundamental que sea de calidad. La extensión del tiempo debe estar acompañada de otros factores, como mayor inversión, flexibilidad, cambios en las prácticas pedagógicas, gestión del clima de convivencia, hábitat adecuado, provisión de recursos para docentes y apoyo de otros profesionales”.
El tiempo escolar se puede incrementar a través de más horas de clase y de más días. En la Argentina, la ley 25.864, sancionada en 2003, fijó “un ciclo lectivo anual mínimo de 180 días efectivos de clases, para los establecimientos educativos de todo el país en los que se imparta educación inicial, educación general básica y educación polimodal, o sus respectivos equivalentes”.
Estableció además que “ante el eventual incumplimiento del ciclo lectivo anual, las autoridades educativas de las respectivas jurisdicciones, deberán adoptar las medidas necesarias a fin de compensar los días de clase perdidos, hasta completar el mínimo establecido”.
Por otra parte, mediante resoluciones, el CFE estableció 190 días de clase efectivos, mientras que la ley 26.206 fija que todas las escuelas primarias del país deben ser de jornada completa o extendida.
En 2022 se planificaron en la Argentina 186 días “teóricos” de clases, lo que la sitúa en el puesto 21 entre 40. Encabezan esa tabla Israel (209), Japón (203) y Australia (200), Colombia (200), Costa Rica (200), Dinamarca (200), Italia (200) y Brasil (200). En los últimos lugares figuran Letonia (169), Islandia (170), Portugal (173), Grecia (174), Croacia (175), España (175), Lituania (175), Estonia (175), Polonia (177) y Suecia (178).
Pese a que los 186 días está en el mismo nivel que el promedio de la OCDE, solo considera lo planificado en el calendario escolar, algo que suele alejarse de la realidad.
Nistal estima que, cuando se tengan los datos de 2023, habrá provincias con más horas de clases por el programa “1h+ Una primaria con más tiempo”. Este año, sin embargo, con la nueva gestión nacional y los cambios en las provincias no se sabe cómo funcionará la iniciativa. “Los calendarios escolares teóricos de 2024 aún están pendientes; el futuro es una incógnita”, aseguró.
Gustavo Zorzoli y Horacio Moavro, de la Coalición por la Educación, elaboraron un informe sobre los días efectivos de clase de 2023 en las primarias de todo el país. Según observaron, a pesar de que el año pasado hubo paros docentes con diversos grados de acatamiento y otras razones que afectaron el dictado de clases, en la segunda mitad de 2023 mejoró el cumplimiento en los calendarios escolares en varias provincias. Santa Cruz y Tierra del Fuego siguieron profundizando la brecha por sus conflictos gremiales
Las horas de clases planificadas para el nivel primario en las provincias en 2022 presentaron una alta dispersión: mientras el plan de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con altos porcentajes de alumnos en jornada completa, tuvo 1162 horas anuales y Santa Cruz, con jornada extendida, alcanzaba las 1099 horas, la planificación de otros 14 distritos no llegaba al promedio nacional de 829 horas. San Luis, Chaco y Corrientes son las jurisdicciones con menor cantidad de tiempo: 753, 761 y 769 horas, respectivamente.
Así surge de un informe del Observatorio de Argentinos por la Educación; sin embargo, uno de los principales problemas es la falta de datos oficiales sobre el tiempo efectivo que pasan los alumnos en las aulas, algo que, al descontar los días de paro y el ausentismo docente, arrojaría datos más concretos y ayudaría al diseño de políticas que favorezcan el aprendizaje.
Numerosas investigaciones en el mundo ya han demostrado que, en la medida en que los alumnos permanecen más tiempo en la escuela, las trayectorias escolares y los resultados mejoran considerablemente. Reducción de la repetición de grado, mejores resultados en las evaluaciones y mayor asistencia futura en la escuela han sido evidenciados en Alemania, Estados Unidos, México, Chile y Colombia. Disminución de embarazo adolescente, descenso de los delitos y mejoras en la inserción laboral de las mujeres en el mercado laboral, podrían ser otra de las consecuencias positivas del mayor tiempo en las aulas.
El informe Tiempo en la escuela: evidencia y comparaciones, de Argentinos por la Educación, elaborado por Martín Nistal y Eugenia Orlicki, destaca las desigualdades que en 2022 existieron entre las provincias en cuanto a las horas de clase teóricas. El hecho de que un gran número de chicos de la ciudad de Buenos Aires asistan a jornada completa derivó en que encabece la lista con 1162 horas de clases planificadas. Algo similar sucedió con Santa Cruz, donde, con jornada extendida, su plan de 2022 contempló 1099. Sin embargo, la realidad de esta provincia jaqueada por los conflictos gremiales es que no se cumplió ese número teórico. Lo mismo sucedió con Tierra del Fuego (984) y Chubut (829).
Aparecen luego Córdoba (942) y Catamarca (879). Las provincias con menos cantidad de tiempo teórico fueron: San Luis (753), Chaco (761), Corrientes (769), Neuquén (770), Santiago del Estero (779) y Santa Fe (783). En total, 14 jurisdicciones estuvieron por debajo del promedio nacional de 829 horas anuales.
“El tiempo en la escuela favorece el aprendizaje, pero hay que ver la calidad también del tiempo en que se está en ella”, dijo Nistal, coordinador de la investigación, respecto de las discrepancias que existen entre las provincias. “Más que las diferencias en sí mismas habría que evaluar eso”, sumó.
Los datos solo contemplan las horas planeadas y no las efectivas de cada jurisdicción, algo que, en un país con un gran número de paros, ausentismo docente y problemas de infraestructura, es relevante y muy dispar entre provincias.
También es importante tener en cuenta, como destaca el estudio, que se consideraron los datos previos a la creación del programa nacional “1h+ Una primaria con más tiempo”, de junio de 2022. Se trata de una iniciativa que, si bien sumó una hora en las escuelas primarias de jornada simple, no cuenta con información sobre el total de estudiantes alcanzados ni sobre su impacto.
Algunos datos de informe alarman. Según sus estimaciones, entre 1983 y 2019 las provincias tuvieron en promedio 12 paros al año. Por otra parte, en el primer semestre de 2022 más del 60% de los alumnos tuvieron clases discontinuas por alguna razón (jornadas docentes y paros, entre otros problemas); el 21%, sufrió interrupciones de más de 10 días de duración.
Discusión constante
“El tiempo escolar, días u horas, es una discusión constante en el debate público”, dijo Nistal, que afirmó que la preocupación suele estar centrada en los días teóricos (180 y 190 días), pero que poco se sabe de lo que pasa en las aulas. “No existe información pública de los días efectivos de clase, y mucho menos de las horas reales. Tampoco hay datos sobre presentismo docente y de estudiantes ni de los cierres por problemas edilicios. Es un tema que le interesa a la sociedad, sin embargo poco se conoce sobre su monitoreo. Hacemos un seguimiento teórico, pero estamos lejos de saber con certeza lo que pasa en términos efectivos”.
Respecto de la disparidad de carga horaria entre las distintas provincias, el exministro de Educación de la Nación Juan Llach manifestó: “Si esta hipótesis es correcta, quizás haya oportunidades de mejora en muchas regiones de la Argentina, sobre todo en las más pobres”.
Cecilia Veleda, exdirectora del Instituto Nacional de Formación Docente, sugirió priorizar la implementación de la jornada completa en los barrios más vulnerables e implementar otras medidas para ampliar el tiempo de aprendizaje en el resto del sistema.
Gustavo Zorzoli, educador, exrector del Colegio Nacional de Buenos Aires, miembro de la Coalición por la Educación y referente del Observatorio, aseguró que en cuanto a las diferencias que existen en el tiempo en las aulas entre las provincias hay tres elementos que la originan: cómo los responsables de los sistemas educativos planifican y cumplen con lo que acuerdan en el Consejo Federal de Educación (CFE), cómo cada jurisdicción invierte en infraestructura para ampliar la cantidad de aulas y pasar a jornadas extendidas o completas, y cómo se garantizan los días y horas diarias de clases. “En algunas provincias las interrupciones por diferentes factores –sobre todo por conflictos gremiales– alteran las previsiones y generan asimétrica entre los niños de diferentes lugares”, dijo Zorzoli.
El informe del Observatorio destaca que las 829 horas promedio teóricas de la Argentina superan la media de los países de la OCDE (807). Ubicada en el puesto 15, entre los actuales 38 países miembros, está por debajo de los líderes Costa Rica (1147 horas), Chile (1026), Dinamarca (1000), Colombia (1000) y Australia (1000). En esa clasificación, los que menos horas tienen son Polonia (567), Rusia (598), Letonia (599), Lituania (599) y Corea (655).
“La Argentina tiene, en primaria y en secundaria, más horas de aula que países que alcanzan resultados de aprendizaje superiores”, señaló Alejandro Castro Santander, director del Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica de Cuyo. “El tiempo escolar importa, pero es fundamental que sea de calidad. La extensión del tiempo debe estar acompañada de otros factores, como mayor inversión, flexibilidad, cambios en las prácticas pedagógicas, gestión del clima de convivencia, hábitat adecuado, provisión de recursos para docentes y apoyo de otros profesionales”.
El tiempo escolar se puede incrementar a través de más horas de clase y de más días. En la Argentina, la ley 25.864, sancionada en 2003, fijó “un ciclo lectivo anual mínimo de 180 días efectivos de clases, para los establecimientos educativos de todo el país en los que se imparta educación inicial, educación general básica y educación polimodal, o sus respectivos equivalentes”.
Estableció además que “ante el eventual incumplimiento del ciclo lectivo anual, las autoridades educativas de las respectivas jurisdicciones, deberán adoptar las medidas necesarias a fin de compensar los días de clase perdidos, hasta completar el mínimo establecido”.
Por otra parte, mediante resoluciones, el CFE estableció 190 días de clase efectivos, mientras que la ley 26.206 fija que todas las escuelas primarias del país deben ser de jornada completa o extendida.
En 2022 se planificaron en la Argentina 186 días “teóricos” de clases, lo que la sitúa en el puesto 21 entre 40. Encabezan esa tabla Israel (209), Japón (203) y Australia (200), Colombia (200), Costa Rica (200), Dinamarca (200), Italia (200) y Brasil (200). En los últimos lugares figuran Letonia (169), Islandia (170), Portugal (173), Grecia (174), Croacia (175), España (175), Lituania (175), Estonia (175), Polonia (177) y Suecia (178).
Pese a que los 186 días está en el mismo nivel que el promedio de la OCDE, solo considera lo planificado en el calendario escolar, algo que suele alejarse de la realidad.
Nistal estima que, cuando se tengan los datos de 2023, habrá provincias con más horas de clases por el programa “1h+ Una primaria con más tiempo”. Este año, sin embargo, con la nueva gestión nacional y los cambios en las provincias no se sabe cómo funcionará la iniciativa. “Los calendarios escolares teóricos de 2024 aún están pendientes; el futuro es una incógnita”, aseguró.
Gustavo Zorzoli y Horacio Moavro, de la Coalición por la Educación, elaboraron un informe sobre los días efectivos de clase de 2023 en las primarias de todo el país. Según observaron, a pesar de que el año pasado hubo paros docentes con diversos grados de acatamiento y otras razones que afectaron el dictado de clases, en la segunda mitad de 2023 mejoró el cumplimiento en los calendarios escolares en varias provincias. Santa Cruz y Tierra del Fuego siguieron profundizando la brecha por sus conflictos gremiales
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Largas filas y malestar para registrar la SUBE y evitar el alza de las tarifas
La Secretaría de Transporte montó un operativo para gestionar la inscripción de forma presencial en la estación de Once
Victoria Menghini
Ayer, muchos usuarios de la SUBE esperaron horas en Once para registrar la tarjeta
Tras una nueva caída del sistema online de tarjeta SUBE y los fuertes aumentos que ya rigen para trenes y colectivos del área metropolitana de Buenos Aires (AMBA), cientos de usuarios se acercaron a la estación de Once ayer por la mañana para registrar sus plásticos de manera presencial y, así, evitar pagar una tarifa mayor a partir del 2 de abril.
El boleto mínimo de colectivo cuesta $270 y $130 el de tren. En este contexto, el Gobierno anunció que las tarjetas SUBE que no estén nominalizadas (registradas a nombre del usuario) pagarán $430 y $260, respectivamente.
El trámite parece casi una misión imposible, aun de forma presencial: largas filas que ocupan un andén completo y poco personal para atender son las trabas que complicaron a los pasajeros ayer en la estación Once del ferrocarril Sarmiento.
“Soy de Lugano y vine a las 6, menos mal que justo hoy [por ayer] no tengo que trabajar, perdés todo el día. Este no es el modo, hay cualquier cantidad de gente y hace media hora que la fila no avanza”, comentó
Francisco Blas, empleado una fábrica de cartón corrugado, de 57 años, agobiado por el calor.
Francisco usa tres colectivos para llegar a su trabajo en Merlo. A pesar de que no está en desacuerdo con registrar la SUBE, le preocupa que el boleto continúe aumentando, mientras que los sueldos no. “Tendrían que evaluar hacer algo más accesible para la gente, no está fácil la situación”, agregó.
Unos pocos metros más atrás, esperaba Nadia Medina, de Gregorio de Laferrère, La Matanza. Al igual que muchos en la fila, se acercó a Once a las 7, porque la página como la aplicación de SUBE estaban colapsadas. “Trabajo en negro y no me pagan el viático; en total gasto $1400 o más por día para viajar. Para el sueldo que tengo, es muy duro, así que necesito registrar la tarjeta sí o sí”, dijo a LA NACION.
Dada su situación y los constantes aumentos, Medina contó angustiada que evaluaba conseguir un segundo trabajo para solventar sus gastos: “Está todo preparado para extinguir a la clase trabajadora. Si no te morís de depresión, te morís de un infarto o de hambre”.
En medio de las quejas por la larga espera y las altas temperaturas, Cristian, vecino de Pontevedra, partido de Merlo, esperaba junto a su pareja concretar el trámite. En su caso, llegaron a las 9. “La página está saturada hace días, así que no nos quedó otra que venir acá”, expresó Cristian, cargado de paciencia.
Según precisó, usa todos los días el transporte público. Por los aumentos, con su pareja se ayudan entre ambos “constantemente”: “Los aumentos son necesarios y se sabía que eran necesarios, pero de a poco, no tan de golpe. Todo sube y los sueldos, no. Mientras se pueda pagar, se va a acompañar, pero no sé qué va a pasar cuando la gente ya no pueda aguantar más”.
Martha González, comerciante de Villa Celina, La Matanza, intentaba soportar el calor sentada en un banco del andén. Para las 11.30, llevaba más de tres horas de espera. “No sabía cómo registrar la tarjeta de manera online, así que directamente me acerqué acá. No me queda otra que tener paciencia, pero no me parece mal poner la tarjeta a mi nombre. Si me llega a pasar algo, con eso podrían saber por dónde estuve”, opinó.
Sobre los aumentos, expresó que “si bien son duros”, la sociedad debe ser “realista”. “Estamos acostumbrados a que el Estado nos mantenga y no nos queremos desligar de eso. Si uno compara lo que sale el pan y lo que salía el pasaje, no tenía coherencia. Por supuesto que nos va a costar, pero creo que no hay mucha alternativa”, comentó.
Consultada sobre los problemas, la Secretaría de Transporte sostuvo ayer: “Hubo 523.000 personas que realizaron el trámite de nominalización de la tarjeta SUBE en los últimos 15 días. Es importante recordar que luego del 1º de abril se podrán seguir registrando las tarjetas sin un límite calendario y que la nominalización no tiene un efecto económico sobre la tarifa actual y hasta el 31 de marzo. Nominalizarla en los próximos dos meses ayuda a evitar una tarifa superior después del 1º de abril”.
Y agregaron: “Respecto de las filas para registrar la tarjeta, queremos acercarle a la ciudadanía la tranquilidad de que quedan dos meses hasta que la nominalización tenga impacto en la tarifa. De todos modos, quienes ya quieran hacer el trámite cuentan con varias alternativas disponibles –además de los puntos de Once, Moreno y Tigre– a través de diversos canales: la web, el 0800-777-7823 (opción 3), el chatbot SUBi (1166777823), la nueva app SUBE para Android, los Centros de Atención y Unidades de Gestión SUBE”.
Los aumentos que comenzaron a regir anteayer en los colectivos del AMBA son del 270%. Así, los nuevos valores son: boleto mínimo (entre 0 y 3 kilómetros), $270; de 3 a 6 km, $300,78; tramo de 6 a 12 kilómetros, $323,95; de 12 a 27 km, $347,15; más de 27 km, $370,18.
En lo que respecta a trenes, las tarifas subieron un 170%. Específicamente, la sección 1 (0 a 12 km) cuesta $130; la 2 (12 a 24 km), $169; y la 3 (más de 24 km), $208.
La tarifa social para beneficiarios de jubilaciones, pensiones, Asignación Universal por Hijo y por embarazo, entre otros planes, continuará brindando un 55% de descuento en los valores.•
Tras una nueva caída del sistema online de tarjeta SUBE y los fuertes aumentos que ya rigen para trenes y colectivos del área metropolitana de Buenos Aires (AMBA), cientos de usuarios se acercaron a la estación de Once ayer por la mañana para registrar sus plásticos de manera presencial y, así, evitar pagar una tarifa mayor a partir del 2 de abril.
El boleto mínimo de colectivo cuesta $270 y $130 el de tren. En este contexto, el Gobierno anunció que las tarjetas SUBE que no estén nominalizadas (registradas a nombre del usuario) pagarán $430 y $260, respectivamente.
El trámite parece casi una misión imposible, aun de forma presencial: largas filas que ocupan un andén completo y poco personal para atender son las trabas que complicaron a los pasajeros ayer en la estación Once del ferrocarril Sarmiento.
“Soy de Lugano y vine a las 6, menos mal que justo hoy [por ayer] no tengo que trabajar, perdés todo el día. Este no es el modo, hay cualquier cantidad de gente y hace media hora que la fila no avanza”, comentó
Francisco Blas, empleado una fábrica de cartón corrugado, de 57 años, agobiado por el calor.
Francisco usa tres colectivos para llegar a su trabajo en Merlo. A pesar de que no está en desacuerdo con registrar la SUBE, le preocupa que el boleto continúe aumentando, mientras que los sueldos no. “Tendrían que evaluar hacer algo más accesible para la gente, no está fácil la situación”, agregó.
Unos pocos metros más atrás, esperaba Nadia Medina, de Gregorio de Laferrère, La Matanza. Al igual que muchos en la fila, se acercó a Once a las 7, porque la página como la aplicación de SUBE estaban colapsadas. “Trabajo en negro y no me pagan el viático; en total gasto $1400 o más por día para viajar. Para el sueldo que tengo, es muy duro, así que necesito registrar la tarjeta sí o sí”, dijo a LA NACION.
Dada su situación y los constantes aumentos, Medina contó angustiada que evaluaba conseguir un segundo trabajo para solventar sus gastos: “Está todo preparado para extinguir a la clase trabajadora. Si no te morís de depresión, te morís de un infarto o de hambre”.
En medio de las quejas por la larga espera y las altas temperaturas, Cristian, vecino de Pontevedra, partido de Merlo, esperaba junto a su pareja concretar el trámite. En su caso, llegaron a las 9. “La página está saturada hace días, así que no nos quedó otra que venir acá”, expresó Cristian, cargado de paciencia.
Según precisó, usa todos los días el transporte público. Por los aumentos, con su pareja se ayudan entre ambos “constantemente”: “Los aumentos son necesarios y se sabía que eran necesarios, pero de a poco, no tan de golpe. Todo sube y los sueldos, no. Mientras se pueda pagar, se va a acompañar, pero no sé qué va a pasar cuando la gente ya no pueda aguantar más”.
Martha González, comerciante de Villa Celina, La Matanza, intentaba soportar el calor sentada en un banco del andén. Para las 11.30, llevaba más de tres horas de espera. “No sabía cómo registrar la tarjeta de manera online, así que directamente me acerqué acá. No me queda otra que tener paciencia, pero no me parece mal poner la tarjeta a mi nombre. Si me llega a pasar algo, con eso podrían saber por dónde estuve”, opinó.
Sobre los aumentos, expresó que “si bien son duros”, la sociedad debe ser “realista”. “Estamos acostumbrados a que el Estado nos mantenga y no nos queremos desligar de eso. Si uno compara lo que sale el pan y lo que salía el pasaje, no tenía coherencia. Por supuesto que nos va a costar, pero creo que no hay mucha alternativa”, comentó.
Consultada sobre los problemas, la Secretaría de Transporte sostuvo ayer: “Hubo 523.000 personas que realizaron el trámite de nominalización de la tarjeta SUBE en los últimos 15 días. Es importante recordar que luego del 1º de abril se podrán seguir registrando las tarjetas sin un límite calendario y que la nominalización no tiene un efecto económico sobre la tarifa actual y hasta el 31 de marzo. Nominalizarla en los próximos dos meses ayuda a evitar una tarifa superior después del 1º de abril”.
Y agregaron: “Respecto de las filas para registrar la tarjeta, queremos acercarle a la ciudadanía la tranquilidad de que quedan dos meses hasta que la nominalización tenga impacto en la tarifa. De todos modos, quienes ya quieran hacer el trámite cuentan con varias alternativas disponibles –además de los puntos de Once, Moreno y Tigre– a través de diversos canales: la web, el 0800-777-7823 (opción 3), el chatbot SUBi (1166777823), la nueva app SUBE para Android, los Centros de Atención y Unidades de Gestión SUBE”.
Los aumentos que comenzaron a regir anteayer en los colectivos del AMBA son del 270%. Así, los nuevos valores son: boleto mínimo (entre 0 y 3 kilómetros), $270; de 3 a 6 km, $300,78; tramo de 6 a 12 kilómetros, $323,95; de 12 a 27 km, $347,15; más de 27 km, $370,18.
En lo que respecta a trenes, las tarifas subieron un 170%. Específicamente, la sección 1 (0 a 12 km) cuesta $130; la 2 (12 a 24 km), $169; y la 3 (más de 24 km), $208.
La tarifa social para beneficiarios de jubilaciones, pensiones, Asignación Universal por Hijo y por embarazo, entre otros planes, continuará brindando un 55% de descuento en los valores.•
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