Los 70: el día en que le restituyeron a Perón el grado militar y el uniforme
Juan Domingo Perón, al recibir con uniforme militar los atributos del mando presidencial, de manos del general Edelmiro Farrell, en 1946
Una ley del Congreso, en 1973, dejó sin efecto las sanciones que había aplicado el Ejército tras el derrocamiento de 1955; el líder justicialista endureció su posición frente a las organizaciones guerrilleras
Mariano De Vedia
Más allá del retorno a la presidencia y al poder, después de 18 años de exilio y en un contexto signado por la violencia y los enfrentamientos políticos, el año 1973 marcó un acercamiento en la siempre tensa relación de Juan Domingo Perón con las Fuerzas Armadas. Semanas antes de las elecciones de septiembre de ese año, que lo consagrarían presidente de la Nación por tercera vez, una ley del Congreso dispuso la restitución del grado militar y la habilitación para volver a vestir el uniforme del Ejército.
El decreto 2034, que el gobierno de la Revolución Libertadora había dictado el 10 de noviembre de 1955, convalidaba la decisión del Tribunal Superior de Honor Militar que sancionó “por falta gravísima” a Perón, tras el golpe de Estado que encabezó el general Eduardo Lonardi. Se le impuso al presidente depuesto el retiro del grado militar y de las condecoraciones, la prohibición de usar el uniforme y la consiguiente baja del Ejército.
La reivindicación de 1973, que dividió aguas en el Ejército, llegó cuando transcurría el último año de su vida –falleció el 1 de julio de 1974- y le permitió al líder justicialista mostrarse con el uniforme militar en tres ocasiones:
El día de su asunción presidencial (12 de octubre de 1973), junto con su esposa y vicepresidenta, Isabel Perón.
La noche del 20 de enero de 1974, cuando fustigó por cadena nacional el violento ataque del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) al Regimiento 10 de Caballería Blindada de Azul. Acompañado por Isabel Perón, en su mensaje calificó la acción guerrillera como “un ataque a la patria y a las instituciones”.
La visita al Colegio Militar de la Nación, en la que compartió una jornada con el cuerpo de cadetes, que le tributaron honores militares, en mayo de 1974.
Con su presencia en la sede de El Palomar, Perón acentuó su toma de distancia de las organizaciones guerrilleras como lo había hecho el 1 de mayo, cuando echó a los Montoneros de la plaza.
En un gobierno en el que crecía la influencia del ministro de Bienestar Social, José López Rega, el clima que se vivía en la Casa Rosada se diferenciaba de las consignas que habían predominado durante la breve gestión presidencial de Héctor J. Cámpora, en cuyo primer día de gestión se podía leer pintada en una de las paredes laterales de la Casa de Gobierno la leyenda “Casa Montonera”.
La relación con los militares
El vínculo de Perón con el Ejército, que transitó momentos de tensión y enfrentamientos, había comenzado 60 años antes, cuando egresó del Colegio Militar en diciembre de 1913. Se graduó como oficial del Ejército antes del estallido de la Primera Guerra Mundial y alcanzó la presidencia de la Nación después de concluida la Segunda Guerra Mundial.
Pertenecía a la Promoción 38, se formó en el arma de Infantería y ocupó el puesto 43 en el orden de mérito, entre 121 oficiales. En ese momento, el Colegio Militar tenía su sede en San Martín, donde actualmente funciona el Liceo Militar General San Martín.
Perón había ascendido en octubre de 1950 al grado de general de Ejército, el más alto de la carrera militar en ese tiempo y equivalente a lo que hoy es el grado de teniente general. Había cobrado notoriedad como coronel del Ejército, cuando ocupaba la Secretaría de Trabajo y Previsión. El presidente de facto general Edelmiro Farrell lo había promovido en 1946 a general de brigada y, en mayo de 1950, a general de división.
Integraban el Tribunal Superior de Honor que le quitó el grado militar a Perón y le impidió vestir el uniforme los generales Carlos Von Der Becke, Juan Carlos Bassi, Juan Carlos Sanguinetti, Víctor Jaime Majo y Basilio Pertiné.
En el proceso de devolución del grado militar y el uniforme, a lo que luego siguió la restitución de bienes, jugó un papel decisivo el general Jorge Raúl Carcagno, designado comandante general del Ejército por el presidente Cámpora desde su primer día de gobierno.
Interventor federal en Catamarca en 1946, Carcagno desempeñó tres años después la misma función en Córdoba. Fue jefe de la IV Brigada de Infantería Aerotransportada. El gobierno militar lo nombró interventor en YPF, entre julio de 1970 y junio de 1971.
Una de las misiones más recordadas y polémicas del general Carcagno como comandante del Ejército fue la puesta en marcha del Operativo Dorrego, un plan de tareas comunitarias para asistir a la población afectada por inundaciones en la provincia de Buenos Aires, que reunió al Ejército y a la Juventud Peronista (JP), con el impulso del gobernador Oscar Bidegain, cercano a los Montoneros.
El jefe del Ejército compartió el lanzamiento del Operativo Dorrego con Juan Carlos Dante “Canca” Gullo, responsable de la JP, y el entonces ministro de Defensa, Ángel Federico Robledo. La iniciativa tomó por sorpresa a Perón, quien en diciembre de 1973 pasó a retiro al general Carcagno, reemplazándolo por el general Leandro Anaya.
Juan Domingo Perón emite un duro mensaje por cadena nacional, acompañado por Isabel Perón, tras el ataque del ERP al regimiento de Azul, en enero de 1974El último mensaje
Perón retomó las críticas a los Montoneros y al ERP en el acto del 12 de junio siguiente -su última aparición pública, tres semanas antes de su muerte- en un masivo acto convocado por la CGT, frente a la Casa de Gobierno. “Sabemos que tenemos enemigos que han comenzado a mostrar sus uñas. Pero sabemos también que tenemos a nuestro lado al pueblo y cuando el pueblo se decide a la lucha suele ser invencible”, lanzó el líder justicialista en el balcón, protegido por un vidrio blindado, en tiempos de bombas y atentados.
“El Gobierno del pueblo es manso y es tolerante. Pero nuestros enemigos deben saber que tampoco somos tontos”, advirtió Perón, antes de cerrar su mensaje con una frase histórica: “Llevo en mis oídos la más maravillosa música, que para mí es la palabra del pueblo argentino”
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