El mundo en una obra de arte: 50 ciudades pintadas a lápiz
El primer libro del artista y diseñador gráfico Damián Puig reúne retratos urbanos únicos
Daniel Gigena
La Paz (Bolivia), entre trajes típicos y arquitectura colonial
De Viena a Montecarlo, y de Punta del Este a Santiago de Chile, Mundo Puig, el primer libro artístico de Damián Puig (Buenos Aires, 1969), reúne postales de viajes e historias de sus recorridos por ciudades del mundo, dibujadas con lápices de colores, marcadores y biromes sobre papel. Puig comenzó a compartir algunas de las escenas –sexis, divertidas, misteriosas, y con alusiones a imágenes célebres de la historia del arte– en su cuenta de Instagram. El artista es sobrino segundo del escritor Manuel Puig. “Algunas obras tuvieron como disparador vivencias personales de mis viajes; otras obras son pura fantasía y todas poseen íconos emblemáticos de cada una de las ciudades –dice el artista y diseñador gráfico. Por ejemplo: edificios, obras de arte, hasta algunos hechos históricos, como la caída del Muro de Berlín, la lucha por la restauración de la democracia en Myanmar o el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York”. Estambul fue la primera ciudad que dibujó, de regreso de un viaje por Turquía. “Fue la que me impulsó a seguir viajando a través de recuerdos y fantasías por las demás ciudades –cuenta el artista–. También Atenas, Madrid, Fuji, Giza. Cada ciudad tiene un guiño, un recuerdo, un ícono”.

En la imagen de Moscú, una pareja de uniformados rusos pasea con un cochecito de bebé; en la de Yanamanashi, una mujer con kimono observa a un hombre que observa el monte Fuji; en la de Río de Janeiro, una escena de Carnaval deja espacio para un chico que apunta al lector con un arma, y en la de Venecia, un “sireno” de abdominales marcados sorprende a un gondolero. En la mayoría de los dibujos, como marca corporativa o de moda, títulos de libros e incluso un tatuaje, se repite el apellido “Puig”.

“Damián crea una abundante galería de personajes con un estilo muy propio que, a la vez, pueden recordar a Tamara de Lempicka, la genial pintora del art déco; a Erté, el ilustrador ruso, y hasta a Tom de Finlandia, maestro del homoerotismo –escribe el crítico Julio Sánchez en el epílogo de Mundo Puig–. Las personas que habitan este universo son jóvenes, espléndidas y perfectas, como un Ken o una Barbie, o construcciones perfectas de la sociedad de consumo, como si fueran parte de la vidriera perfecta de un shopping de lujo. Sin embargo, algo inefable, siniestro, parece agazaparse”
De Viena a Montecarlo, y de Punta del Este a Santiago de Chile, Mundo Puig, el primer libro artístico de Damián Puig (Buenos Aires, 1969), reúne postales de viajes e historias de sus recorridos por ciudades del mundo, dibujadas con lápices de colores, marcadores y biromes sobre papel. Puig comenzó a compartir algunas de las escenas –sexis, divertidas, misteriosas, y con alusiones a imágenes célebres de la historia del arte– en su cuenta de Instagram. El artista es sobrino segundo del escritor Manuel Puig. “Algunas obras tuvieron como disparador vivencias personales de mis viajes; otras obras son pura fantasía y todas poseen íconos emblemáticos de cada una de las ciudades –dice el artista y diseñador gráfico. Por ejemplo: edificios, obras de arte, hasta algunos hechos históricos, como la caída del Muro de Berlín, la lucha por la restauración de la democracia en Myanmar o el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York”. Estambul fue la primera ciudad que dibujó, de regreso de un viaje por Turquía. “Fue la que me impulsó a seguir viajando a través de recuerdos y fantasías por las demás ciudades –cuenta el artista–. También Atenas, Madrid, Fuji, Giza. Cada ciudad tiene un guiño, un recuerdo, un ícono”.

En la imagen de Moscú, una pareja de uniformados rusos pasea con un cochecito de bebé; en la de Yanamanashi, una mujer con kimono observa a un hombre que observa el monte Fuji; en la de Río de Janeiro, una escena de Carnaval deja espacio para un chico que apunta al lector con un arma, y en la de Venecia, un “sireno” de abdominales marcados sorprende a un gondolero. En la mayoría de los dibujos, como marca corporativa o de moda, títulos de libros e incluso un tatuaje, se repite el apellido “Puig”.

“Damián crea una abundante galería de personajes con un estilo muy propio que, a la vez, pueden recordar a Tamara de Lempicka, la genial pintora del art déco; a Erté, el ilustrador ruso, y hasta a Tom de Finlandia, maestro del homoerotismo –escribe el crítico Julio Sánchez en el epílogo de Mundo Puig–. Las personas que habitan este universo son jóvenes, espléndidas y perfectas, como un Ken o una Barbie, o construcciones perfectas de la sociedad de consumo, como si fueran parte de la vidriera perfecta de un shopping de lujo. Sin embargo, algo inefable, siniestro, parece agazaparse”
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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