“Decisión firme”: el gobierno porteño evalúa cómo trasladarle a la Provincia el costo de atención médica de los bonaerenses
En algunos hospitales, llega al 80% la cantidad de pacientes que llegan desde el otro lado de la General Paz; no cuentan con servicios que necesitan en los centros de salud cercanos a donde viven
Fabiola Czubaj
El gobierno de la ciudad evalúa que la provincia de Buenos Aires asuma el costo de la atención de sus residentes en los hospitales de la Capital frente a la gran demanda de bonaerenses, aunque aún no hay un proyecto de cómo podría materializarse o a qué tipos de servicios se referiría. Mientras que desde el Ejecutivo porteño señalaron a este medio que “hay una decisión firme de trabajar en este tema”, desde el Ministerio de Salud local insistieron en llevar tranquilidad a la población que consulta a diario en el sistema público.
En diálogo con medios radiales, el jefe de gobierno Jorge Macri se había referido más temprano a la posibilidad de recuperar los fondos destinados a esas prestaciones. Hay distritos que esperan para los próximos meses que más población se vuelque a la salud pública por la suba de las cuotas de las coberturas, los copagos y los bonos sin reintegro que están cobrando los profesionales y los gastos de bolsillo con los medicamentos.
“Esto que sucede es algo histórico, pero está alcanzando su pico de complejidad más alto”, sostuvo Macri a propósito del éxodo de bonaerenses a los hospitales en la ciudad. “El nivel de desmanejo y desinversión en la salud pública a nivel provincial es grave. La mayoría de los municipios desde donde dicen que vienen [los pacientes que llegan a atenderse desde la provincia de Buenos Aires] no tienen salud municipal –continuó–. Nosotros hacemos un gran esfuerzo, pero tiene un límite. Nuestra responsabilidad es tratar de priorizar al vecino que sostiene al sistema público”.
“Si hacemos la cuenta, la mayoría de los impuestos de la ciudad de Buenos Aires son producto del trabajo de los bonaerenses que van ahí. Pero qué estúpido es el razonamiento”, retrucó el gobernador Axel Kicillof sobre los dichos de su par porteño.
La idea de que la Provincia o los municipios bonaerenses asuman el costo del uso de servicios que sus residentes hacen en la ciudad ya había generado debate en 2022 a raíz de un proyecto de ley ingresado en la Legislatura porteña. La iniciativa no prosperó. Ahora, volvió a surgir frente a una mayor demanda de bonaerenses que afirman no tener atención más cerca de donde viven.
“El concepto de comunidad es amplio, pero necesitamos que la Provincia asuma su responsabilidad y le dé salud en su lugar de origen. Nuestro compromiso con una salud universal y gratuita es pleno, pero le vamos a reclamar a otros gobernantes la misma actitud”, agregó el alcalde porteño a los medios.
El ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, explicó que la ciudad cuenta con un sistema de recupero en el caso de la atención de pacientes con cobertura. “La discusión sobre el conurbano está dentro de los problemas de las megaurbes del mundo y requiere acordar todas las políticas públicas, como la salud, la educción, la seguridad, la disposición residuos o el transporte”, agregó. Pero lo separó de la necesidad de atención que a diario buscan los pacientes en el sistema sanitario.
Objetivos
También la priorización de la atención de los porteños ya se había anticipado tras confirmarse, en noviembre pasado, que Quirós seguiría al frente del Ministerio de Salud de la ciudad luego del recambio de autoridades locales. Uno de los objetivos fijados para la nueva etapa era modificar cómo la población utiliza el sistema sanitario: descomprimir la demanda en los hospitales a través de un mejor uso de los centros de salud y acción comunitaria (Cesac) o los centros de especialidades médicas ambulatorias (Cemar), donde se hacen estudios diagnósticos o se brindan prestaciones de complejidad media por derivación del médico de un Cesac sin tener que ir a un hospital.
En el hospital Argerich, el Elizalde (pediátrico) o el Santojani, el 80% de los pacientes que llegan viven en la provinciaOtro objetivo era atender las quejas de los porteños que no encuentran turnos o tienen que esperar semanas o meses para atenderse en centros públicos. De acuerdo con los datos de la Dirección General de Estadística y Censos de la ciudad, un 20% de los porteños depende solo de la red de atención pública si tiene algún problema de salud.
Pero, por barrios, esa proporción asciende al 25% en la Comuna 3 (Balvanera y San Cristóbal), al 26,7% en la Comuna 9 (Mataderos, Liniers y Parque Avellaneda), al 28,1% en la Comuna 7 (Flores y Parque Chacabuco) y hasta alcanzar el 40% en la Comuna 4 (La Boca, Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya), el 33,5% en la Comuna 1 (Retiro, San Nicolás, Montserrat, Constitución, San Telmo, Puerto Madero) o el 48,5% en la Comuna 8 (Villa Lugano, Villa Riachuelo y Villa Soldati). Los hospitales en muchos de esos barrios son los que concentran también la demanda insatisfecha del conurbano.
En promedio, según actualizó Quirós, el 55% de las consultas hospitalarias son de porteños y el 45%, de bonaerenses. Pero, en el Zubizarreta, por ejemplo, el 90% que consulta reside en la ciudad, mientras que en el Argerich, el Elizalde (pediátrico) o el Santojanni, el 80% de los pacientes que llegan viven en la provincia. “Son 850.000 los porteños que hacen uso habitual del sistema público: 450.000 ya tienen un médico de familia o cabecera asignado que hace el seguimiento y las derivaciones [al Cemar o a un hospital] cuando es necesario –detalló el funcionario–. De los otros 400.000, la mitad son afiliados a PAMI y tienen médico de cabecera. Nos falta llegar a que los 200.000 porteños que restan de esa población tenga un médico asignado para coordinar sus cuidados”.
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Los pacientes denuncian todo tipo de problemas para atenderse en los centros públicos ubicados en el Gran Buenos Aires
María Nöllmann.
Marcela Mendoza –ama de casa, de 55 años– abre su celular y muestra su extensa conversación de WhatsApp con la central de turnos del Hospital Dr. Alberto Balestrini, principal centro médico de Ciudad Evita, de gestión provincial. “Desde junio que les mando mensajes, y siempre es lo mismo: me envían una respuesta automática preguntándome la especialidad médica que necesito, les cuento y después no me vuelven a contestar. Ahí atiende el único especialista en columna que hay en todo La Matanza desde que se jubiló el que me atendía a mí”, cuenta la mujer, que desde joven sufre fuertes dolores de espalda por su escoliosis y que actualmente intenta conseguir turno en el Hospital Posadas, dependiente de la Nación, en Morón.
El problema es que, para eso, necesita de la firma de un médico del Hospital Paroissien, también provincial, en La Matanza, que no ha logrado conseguir: “Acá me dijeron que para que me firmen el papel tengo que sacar turno, y me dieron para dentro de un mes. No doy más del dolor”, cuenta la vecina de San Justo, desde la sala de espera de este último centro de salud.
En la guardia del hospital, a unos metros, unas 50 personas esperan ser atendidas; entre ellas Valeria, que ayer al mediodía se abanicaba con un papel para paliar el calor. “Siempre es un desastre. La vez pasada vine con un dolor de panza fuertísimo y me mandaron a hacer dieta, ni ecografía me hicieron. Después fui a otro hospital y me dijeron que eran piedras en la vesícula. Me hubiese gustado irme a tratar a la Capital, pero no puedo ni caminar del dolor”, comentó a echada sobre una de las sillas de la sala, con el rostro desencajado.
Axel, de 30 años, también iría a atenderse a la ciudad si la situación lo permitiera: “Siempre voy al Argerich. Estoy acá porque mi novia está intoxicada desde hace tres días y se sentía muy mal para ir hasta allá. Tiene vómitos y cólicos con sangre. Vinimos ayer, le dieron un remedio, pero no le hizo efecto”, cuenta el vecino de Gregorio de Laferrère, que prefirió resguardar su apellido.
Los pacientes lo repiten una y otra vez: prefieren atenderse en la ciudad de Buenos Aires, inclinación que en los hechos se constata en las largas filas y la sobredemanda que se registran cada vez más en los hospitales porteños. El domingo, el fenómeno cobró trascendencia pública al viralizarse un video de un médico del Hospital Argerich, en el barrio de La Boca, colapsado, pidiendo paciencia a las decenas de personas que esperaban a ser atendidas en la guardia. La problemática fue mencionada ayer por el jefe de gobierno, Jorge Macri, que culpó a la Provincia por no “asumir su responsabilidad” en el asunto.
Recorrió ayer distintos la nacion hospitales del conurbano y detectó que, según personal médico y pacientes, las principales razones detrás de este fenómeno son la falta de médicos de especialidad en algunos municipios bonaerenses, la demora para conseguir turnos y la “mala atención”, además del cierre de servicios, como es la guardia del Hospital del Niño de San Justo, el único centro pediátrico de La Matanza, que dejó de funcionar en junio pasado por la baja de 45 especialistas y que desde entonces atiende solo riesgos de vida. Especialistas de otros municipios suman a la lista trabas como falta de insumos médicos y profesionales agotados.
“Tenemos un solo endocrinólogo y un solo diabetólogo, entonces el exceso de pacientes dificulta que se dé turno a pacientes nuevos. Hay que derivar a la gente nueva a otro lado porque un médico no da abasto”, comentó ayer una enfermera del Hospital Arturo Oñativia, en el partido de Almirante Brown. Entre las especialidades con menos personal, dice, también están psiquiatría y, en menor medida, pediatría.
En ese mismo hospital, una vecina enfurecida daba un portazo de salida luego de no conseguir insulina para su hija de 12 años, que tiene diabetes. “Vengo del Garrahan [un hospital de gestión mixta], me dijeron que tenía que venir acá, pero me tienen dando vueltas hace una hora y nadie me dice nada. Mi nena necesita su medicación. Sin eso, no vive”, contó al borde del llanto a la nacion antes de dejar el centro médico.
Al mediodía, la guardia del Hospital del Niño de San Justo, que depende de La Matanza, estaba desierta. “Solo emergencias”, se leía en una cartulina en la puerta de entrada. “La guardia volverá a abrir cuando vuelva a haber médicos. Hay un pediatra por día en la guardia, solo atendemos casos graves, como convulsiones, por ejemplo. Así funcionamos todos los días menos los domingos, cuando no hay ningún médico de guardia”, sumó un empleado del triaje. “Se fueron unas 45 personas, por mal pago y otras situaciones. Antes la guardia estaba desbordada. Ahora no queda nada”, detalló otra empleada del centro de salud, en cuya fachada cuelga una gigantografía del Ministerio de Obras Públicas de la Nación que anuncia la “ampliación del Hospital del Niño”, como parte del Plan Argentina Hace.
Los pacientes pediátricos que llegan al hospital sin turno deben ir a la sala de espera de demanda espontánea, un servicio que, según los recepcionistas, ayer abrió al mediodía y da una determinada cantidad de turnos por jornada. “Se les recomienda a los pacientes venir bien temprano para anotarse”, dicen. “Es complicado que no haya guardia. Vinimos a las 8 a anotarnos, pero abren después de las 13. Si venís a las 12, tenés que volver otro día”, comentó María Lasarte, de 30 años, que trajo a revisar a su hija Chiara, de 3 años, que se lastimó la cabeza.
Consultados, voceros de La Matanza niegan que el servicio esté cerrado y afirman que “se atienden todas las emergencias que llegan”. Y dicen que la crisis de médicos de especialidad es una situación general de todo el sistema de salud pública.
En la sala con turno para pediatría hay largas esperas: “Siempre son cuatro o cinco horas de espera. Llegamos a las 10, para un turno de mi hijo a las 11, que tiene BCGitis [una reacción a la vacuna BCG]. Son las 12.30 y no aparece en pantalla”, menciona la mujer, que es docente y destaca que es mejor atenderse aquí que por IOMA. “Si voy por IOMA, me dan turno para dentro de tres meses”, se lamenta.
Marcela Mendoza –ama de casa, de 55 años– abre su celular y muestra su extensa conversación de WhatsApp con la central de turnos del Hospital Dr. Alberto Balestrini, principal centro médico de Ciudad Evita, de gestión provincial. “Desde junio que les mando mensajes, y siempre es lo mismo: me envían una respuesta automática preguntándome la especialidad médica que necesito, les cuento y después no me vuelven a contestar. Ahí atiende el único especialista en columna que hay en todo La Matanza desde que se jubiló el que me atendía a mí”, cuenta la mujer, que desde joven sufre fuertes dolores de espalda por su escoliosis y que actualmente intenta conseguir turno en el Hospital Posadas, dependiente de la Nación, en Morón.
El problema es que, para eso, necesita de la firma de un médico del Hospital Paroissien, también provincial, en La Matanza, que no ha logrado conseguir: “Acá me dijeron que para que me firmen el papel tengo que sacar turno, y me dieron para dentro de un mes. No doy más del dolor”, cuenta la vecina de San Justo, desde la sala de espera de este último centro de salud.
En la guardia del hospital, a unos metros, unas 50 personas esperan ser atendidas; entre ellas Valeria, que ayer al mediodía se abanicaba con un papel para paliar el calor. “Siempre es un desastre. La vez pasada vine con un dolor de panza fuertísimo y me mandaron a hacer dieta, ni ecografía me hicieron. Después fui a otro hospital y me dijeron que eran piedras en la vesícula. Me hubiese gustado irme a tratar a la Capital, pero no puedo ni caminar del dolor”, comentó a echada sobre una de las sillas de la sala, con el rostro desencajado.
Axel, de 30 años, también iría a atenderse a la ciudad si la situación lo permitiera: “Siempre voy al Argerich. Estoy acá porque mi novia está intoxicada desde hace tres días y se sentía muy mal para ir hasta allá. Tiene vómitos y cólicos con sangre. Vinimos ayer, le dieron un remedio, pero no le hizo efecto”, cuenta el vecino de Gregorio de Laferrère, que prefirió resguardar su apellido.
Los pacientes lo repiten una y otra vez: prefieren atenderse en la ciudad de Buenos Aires, inclinación que en los hechos se constata en las largas filas y la sobredemanda que se registran cada vez más en los hospitales porteños. El domingo, el fenómeno cobró trascendencia pública al viralizarse un video de un médico del Hospital Argerich, en el barrio de La Boca, colapsado, pidiendo paciencia a las decenas de personas que esperaban a ser atendidas en la guardia. La problemática fue mencionada ayer por el jefe de gobierno, Jorge Macri, que culpó a la Provincia por no “asumir su responsabilidad” en el asunto.
Recorrió ayer distintos la nacion hospitales del conurbano y detectó que, según personal médico y pacientes, las principales razones detrás de este fenómeno son la falta de médicos de especialidad en algunos municipios bonaerenses, la demora para conseguir turnos y la “mala atención”, además del cierre de servicios, como es la guardia del Hospital del Niño de San Justo, el único centro pediátrico de La Matanza, que dejó de funcionar en junio pasado por la baja de 45 especialistas y que desde entonces atiende solo riesgos de vida. Especialistas de otros municipios suman a la lista trabas como falta de insumos médicos y profesionales agotados.
“Tenemos un solo endocrinólogo y un solo diabetólogo, entonces el exceso de pacientes dificulta que se dé turno a pacientes nuevos. Hay que derivar a la gente nueva a otro lado porque un médico no da abasto”, comentó ayer una enfermera del Hospital Arturo Oñativia, en el partido de Almirante Brown. Entre las especialidades con menos personal, dice, también están psiquiatría y, en menor medida, pediatría.
En ese mismo hospital, una vecina enfurecida daba un portazo de salida luego de no conseguir insulina para su hija de 12 años, que tiene diabetes. “Vengo del Garrahan [un hospital de gestión mixta], me dijeron que tenía que venir acá, pero me tienen dando vueltas hace una hora y nadie me dice nada. Mi nena necesita su medicación. Sin eso, no vive”, contó al borde del llanto a la nacion antes de dejar el centro médico.
Al mediodía, la guardia del Hospital del Niño de San Justo, que depende de La Matanza, estaba desierta. “Solo emergencias”, se leía en una cartulina en la puerta de entrada. “La guardia volverá a abrir cuando vuelva a haber médicos. Hay un pediatra por día en la guardia, solo atendemos casos graves, como convulsiones, por ejemplo. Así funcionamos todos los días menos los domingos, cuando no hay ningún médico de guardia”, sumó un empleado del triaje. “Se fueron unas 45 personas, por mal pago y otras situaciones. Antes la guardia estaba desbordada. Ahora no queda nada”, detalló otra empleada del centro de salud, en cuya fachada cuelga una gigantografía del Ministerio de Obras Públicas de la Nación que anuncia la “ampliación del Hospital del Niño”, como parte del Plan Argentina Hace.
Los pacientes pediátricos que llegan al hospital sin turno deben ir a la sala de espera de demanda espontánea, un servicio que, según los recepcionistas, ayer abrió al mediodía y da una determinada cantidad de turnos por jornada. “Se les recomienda a los pacientes venir bien temprano para anotarse”, dicen. “Es complicado que no haya guardia. Vinimos a las 8 a anotarnos, pero abren después de las 13. Si venís a las 12, tenés que volver otro día”, comentó María Lasarte, de 30 años, que trajo a revisar a su hija Chiara, de 3 años, que se lastimó la cabeza.
Consultados, voceros de La Matanza niegan que el servicio esté cerrado y afirman que “se atienden todas las emergencias que llegan”. Y dicen que la crisis de médicos de especialidad es una situación general de todo el sistema de salud pública.
En la sala con turno para pediatría hay largas esperas: “Siempre son cuatro o cinco horas de espera. Llegamos a las 10, para un turno de mi hijo a las 11, que tiene BCGitis [una reacción a la vacuna BCG]. Son las 12.30 y no aparece en pantalla”, menciona la mujer, que es docente y destaca que es mejor atenderse aquí que por IOMA. “Si voy por IOMA, me dan turno para dentro de tres meses”, se lamenta.
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