domingo, 7 de abril de 2024

DE NO CREER Y AL MÁRGEN


El Presidente, objeto de estudio en todo el mundo
Carlos M. Reymundo Roberts
Un comité de renombrados científicos internacionales viaja en estos momentos hacia la Argentina con un solo objetivo: estudiar a Milei. Quieren desentrañar la naturaleza del fenómeno. En laboratorios antropológicos y psicosociales de las principales universidades del mundo palpita una duda: ¿es acaso una aparición más disruptiva que la de la inteligencia artificial? ¿En la evolución de la especie, hay un antes y un después del libertario? ¿Se trata del “hombre nuevo” prefigurado en la cultura judeocristiana y, veinte siglos más tarde, en la gesta revolucionaria del Che? El Presi fue informado de la llegada de estos expertos, y da la impresión de que se propone confundirlos más. Uno de ellos le adelantó a un amigo porteño: “Desde hace por lo menos dos años vengo siguiendo a Milei. Al principio creí estar en condiciones de redactar un paper. Después, de publicar un libro. Ahora, no puedo escribir nada porque no entiendo nada”. Démosle la bienvenida al comité. Una bienvenida rápida: en dos días no queda ninguno.
Desdichados, se han tirado encima un trabajo imposible. “No hay plata”, dice Javi, y descerraja un tarifazo de gas que llega al 460%. Javi, my friend, no tenemos plata. A la sanguínea Vicky Villarruel, con sus aires de vice –quiero decir: de rebelde way–, la sacrifica bajo el fuego de una legión de trolls y termina abrazándola tiernamente en un acto. En medio de la santa cruzada contra la casta propone para la Corte Suprema al juez Ariel Lijo, en cuyo despacho cuelga un diploma de casta cum laude.
Los fines de semana recibe en Olivos a destacados economistas ortodoxos que aprueban su gestión y es un ángel, pero si tiene que hablar de destacados economistas ortodoxos críticos se convierte en diablillo. Los que “no la ven” no son gente con dificultades para ver: son bazofia, inútiles, ensobrados. El grupito que lo rodea se divierte con su versatilidad para los insultos; algunos son ya un clásico, y muchos otros aparecen en una paleta infinita. Me pasaron unos cuantos, pero me resisto a publicarlos: en la versión escrita pierden la gracia con que salen de su boca. Un amigo mío, formalote, conservaduro, dice que está a medio minuto de aprobarle hasta las puteadas más procaces. Evidentemente Javi no es un animal fácil de clasificar, incluso para mí, que desde un humilde cargo de consultor me he puesto enteramente a su disposición; puede ser león, Lassie, osito de peluche, Aedes aegypti… Está claro que Karina, “el Jefe”, es la policía mala; hay que ver la fruición con que corta cabezas de infieles, al punto de que no falta mucho para que los funcionarios echados igualen el número de los que sobreviven. Perfecto: eso se llama control de calidad. ¿Javi es el policía bueno? La boca se me haga a un lado. Llega a enterarse Karina y soy boleta.
En el comité que viene a meter sus narices hay un cientista político francés que cree haber encontrado la mejor definición sobre la era libertaria. No es suya, sino de Gastón Remy, probablemente uno de los empresarios más respetados del país: “La Argentina hoy está más en un momento de ruptura que de construcción”. ¡La boca se te haga a un lado, Remy!
A los hombres de negocios les cuesta leer el signo de los tiempos. Uno me dijo el otro día que en el Gobierno hay muchos improvisados. Otro chambón que no entiende nada: en el Gobierno hay improvisación, que no es lo mismo. Improvisar es crear sobre la marcha, es no atarse a una rutina, es dejarse sorprender por el curso de los acontecimientos. Si pinta cortejar a la general Laura Richardson (jefa del Comando Sur), seguirla hasta Ushuaia y copiarle el outfit, adelante. Alinearse con Estados Unidos bien vale el aguante a esta milica de cuatro estrellas que además no tiene cara de milica. Basta de politiqueros baratos, tipo Alberto Fernández, que creen que se las saben todas: acaba de volver a tuitear para explicarnos cómo deben hacerse las cosas. ¡El Beto! Perdón, cero barato: su jubilación de privilegio nos cuesta 7 millones de pesos por mes. ¿La buena noticia? Se jubiló.
A los observadores externos, y también a los internos, les digo: aprendan a mirar. ¿Cuándo vieron un presidente tan hiperactivo como este? Es una máquina de tomar decisiones, quizás indecisas, o apresuradas, o contradictorias, pero qué manera de laburar. Solo se permite descansar un rato los fines de semana en Olivos, escuchando óperas con los pies apoyados en un puf o correteando por el parque con sus hijos de cuatro patas. Fue allí, en los jardines, donde resolvió destrabar la importación de repelentes: los mosquitos les estaban haciendo la vida imposible a los perros.
Otra vez: hay que estar atentos, no perderse en nimiedades. Un ejemplo: el finde XXL fue un verdadero estallido del turismo. Más sorpresa aún, muchos precios empezaron a bajar y es el reino de los descuentos. ¿La Argentina sigue cara también en dólares? Hablemos correctamente: cotiza en alza el país de Milei.ß
Si pinta cortejar a la general yanqui para alinearnos con ellos, adelante; además, no tiene cara de milica

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Ni profes militantes ni policía del pensamiento
Héctor M. Guyot
Vivimos tiempos de certezas y militancias. En un mundo agónico, los convencidos de tener la verdad salen a predicar su fe para salvar al país y a la humanidad. Todo aquel que se adjudica el monopolio del bien deposita el mal, entero y sin devolución, en el otro. En el campo de batalla de las redes, entonces, combatientes de uno y otro ejército salen a exterminar al enemigo al grito destemplado de sus razones. Es decir, a sumar ruido al ruido: en medio del fragor de la artillería, la verdad, siempre esquiva, está cada vez más lejos.
La polarización da votos y rating. Genera consumo y nos consume. No es fácil preservar una mirada propia cuando desde aquí y allá quieren llenarte la cabeza. Más difícil es para los chicos, en sus años de formación, desarrollar una mirada crítica que les permita alcanzar el hábito de pensar por sí mismos.
Esta semana, en una escuela del partido de Punta Indio, le encomendaron el discurso en el acto por el 2 de abril a una profesora de Historia que se define como “militante nac&pop de Néstor y Cristina”. No sé cómo se maneja en clase, pero por el modo en que ofendió a los excombatientes de Malvinas y a los padres presentes, con críticas a los medios y al gobierno actual, no le confiaría la educación de mis hijos. “Bueno, puede pensar diferente”, la defendió otra profesora ante los abucheos. Puede, claro. Pero expresó lo que piensa en el momento equivocado y de un modo agresivo. La militancia suele derivar en fanatismo. Y el fanatismo enceguece. Si un periodista militante es un contrasentido, un maestro militante representa una anomalía más grave, porque trabaja con arcilla fresca y maleable.
Aun así, creo que el proyecto de penar el “adoctrinamiento” en las escuelas, tal como lo anunció el Gobierno tras el incidente de la maestra militante, agravaría el problema. Es cierto que el kirchnerismo, así como antes Perón, hizo de las aulas un coto de caza para atrapar mentes púberes en beneficio de una hegemonía cultural que le permitiera eternizarse en el poder. La fórmula fue aplicar las falacias del relato a la cosecha temprana de votos. La tarea estaba en manos de docentes entregados en cuerpo y alma a ese relato, que les escamoteaba a los chicos lo más preciado: la realidad. Ese ejército, aunque agazapado en las trincheras, sigue ahí dispuesto a volver a luchar por “el bien”.
Por supuesto, hay que detener toda caza de cerebros que se perpetre en un aula, pero creo que no hace falta una ley para eso y menos aún que el Estado, en reemplazo de la escuela, asuma el rol de policía del pensamiento. Cualquiera sea el gobierno, toda interpretación u opinión del maestro que contradiga el credo oficial podría ser tomada por adoctrinamiento. Además, ¿serán los alumnos los encargados de delatar al docente en cuestión? Me temo que la ley llevaría la polarización, un recurso de la política que ha contaminado la cultura, a las aulas. Aunque no descarto la buena fe de los funcionarios que vayan a aplicarla, conviene no obviar que el Presidente participa del club de los que se sienten dueños de una verdad definitiva. ¿Y si vuelve el kirchnerismo?
Otro riesgo es que, con la ley pendiendo sobre sus cabezas, los profesores se autocensuren. Yo creo que en ciertas ocasiones los docentes pueden dar su mirada personal de las cosas, incluso en asuntos relativos a la historia o la política, siempre que el desarrollo de la clase lo demande y desde el convencimiento de que su opinión, en tanto subjetiva, es solo una interpretación más, incluso entre las de aquellos alumnos que piden la palabra e intervienen. El debate bien llevado en clase puede contribuir al cultivo de reflejos democráticos. Tan acostumbrados estamos a discutir “contra” que nos cuesta aceptar la idea de que un debate no necesariamente debe terminar en una conclusión unívoca, con un vencedor y un vencido.
La realidad en estado puro es inaprensible y nuestra aproximación a ella se enriquece cuando se suman distintas perspectivas. La física cuántica, que en su escaneo del átomo sondeó el misterio de lo real, reveló el modo en que la mirada del observador incide en la configuración de esa realidad. La política o la historia no escapan de este principio. Los hechos del pasado ocurrieron de una sola manera, pero son presente porque nos constituyen y porque siguen generando consecuencias que cada cual observa desde sus zapatos y a partir de una experiencia personal insustituible –vivencias, lecturas, sensibilidad– que sin duda tiñe el fenómeno observado. En una democracia sana, en un aula sana, esas miradas distintas se saben complementarias y pueden coexistir. La cosa se complica cuando, en el aula o el país, el poder impone un relato único como fuente de toda verdad.
“El espíritu crítico es la gran conquista de la edad moderna –dijo Octavio Paz–. Nuestra civilización se ha fundado sobre la noción de crítica: nada hay sagrado o intocable para el pensamiento excepto la libertad de pensar. Un pensamiento que renuncia a la crítica, especialmente a la crítica de sí mismo, no es pensamiento”. Está muy claro: las buenas costumbres empiezan por casa.•
Por supuesto, hay que detener toda caza de cerebros en el aula, pero no hace falta una ley para eso y menos aún que el Estado reemplace a la escuela

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