domingo, 5 de mayo de 2024

ELECCIONES URUGUAYAS, Y LEY DE BASES


En el panorama actual, nadie puede cantar victoria
Julio María Sanguinetti


Uruguay ha iniciado su largo pero concentrado ciclo electoral: fin de junio, elecciones internas obligatorias de todos los partidos; fin de octubre, primera vuelta presidencial y elección parlamentaria; fin de noviembre, balotaje; y fin de mayo, elecciones departamentales.
Mientras transcurre la campaña para que cada partido elija sus candidatos presidenciales, la multitud de encuestas y los debates cruzados marcan un clima que aún no ha logrado apasionar demasiado a la opinión pública.
La disputa es entre dos coaliciones. La Republicana, hoy en el gobierno, que reúne a los dos partidos tradicionales y a tres partidos jóvenes. El Frente Amplio, coalición que reúne todas las variedades de la izquierda, hasta un comunismo marxista-leninista, y adolece de un peso muy fuerte de la estructura sindical (PIT-CNT), acrecido ahora ante la desaparición de líderes históricos, como el doctor Vázquez o el contador Astori, que representaron tendencias moderadas.
La Coalición Republicana tiene hoy su mayor crédito en la gestión del gobierno que encabeza el doctor Luis Lacalle Pou. Es una coalición nueva, pero que hizo posible interrumpir un ciclo de tres elecciones de mayoría frentista. Ha sido un gran gobierno. Administró con éxito la crisis de la pandemia, la sequía y la presión inflacionaria de la guerra europea. Luego de la fuerte caída de la economía en 2020, ha recuperado el empleo, superando los guarismos anteriores a la pandemia, y también el salario real. La inflación ha caído a niveles mínimos (hoy un 3,8% anualizado) y el dólar es un problema a la inversa del común, porque cuesta impedir que siga bajando. Más allá de administrar la coyuntura, se han abordado procesos de fondo fundamentales como una importante transformación educativa y una reforma de la seguridad social, que asegura su sostenibilidad, amenazada a mediano plazo por las tendencias demográficas del país: bajísima natalidad y creciente expectativa de vida.
Esta reforma se ha transformado hoy en un eje fundamental del debate, porque el PIT-CNT ha promovido, mediante firmas que alcanzan el mínimo requerido, una reforma de rango constitucional que eliminaría las AFAP (administradoras de fondos de ahorro previsional), confiscaría sus fondos en favor del Estado e impediría cualquier aumento de edades jubilatorias más allá de los 60 años. De este modo, el 10% del PBI hoy afectado al sistema llegaría progresivamente al 15% y hundiría al Estado en gigantescas acciones judiciales. Los economistas más reputados del propio Frente Amplio, así como algunos de sus dirigentes, no acompañan esta iniciativa, pero el peso sindical es muy fuerte y hoy les ha impuesto esta discusión muy incómoda para sus candidatos. Más: no se atreven a definirse, ni a favor ni en contra, lo que los muestra débiles ante la presión corporativa en un tema crucial para el país.
No obstante esta situación, el Frente Amplio preserva su estructura tradicional y sigue representando un imaginario de indefinido socialismo que invoca las tradicionales solidaristas de nuestra República. Por eso hoy muestran una ligera ventaja en las encuestas. No creemos que se consolide, pero desafía a la Coalición Republicana.
El Frente Amplio ha dejado de ser el riesgo marxista de otrora y luego de quince años de gobierno sin alteraciones estructurales a la institucionalidad, hoy es un capítulo de la estabilidad del país. La cuestión es que, como decimos, la desaparición de sus liderazgos tradicionales y el peso sindical lo llevan a proponer la paralización de las reformas modernizadoras, incluso con riesgos tan evidentes como el de la seguridad social. Por ejemplo, ¿qué propone en educación? Nada, seguir a organizaciones gremiales resistentes a todo cambio.
Su programa es un catálogo voluntarista de buenas intenciones sin una línea sobre los modos de financiar proclamas de avance social que pueden, a la inversa, comprometerlo. Llevar adelante su propuesta en el sistema jubilatorio impediría, por ejemplo, seguir avanzando en un sistema de cuidados que crece como necesidad.
Tampoco su visión internacional encaja con nuestro mundo contemporáneo. Ha reaparecido un antiyanquismo que se había ido desvaneciendo, un palestinismo cargado de prejuicios y una actitud complaciente ante las dictaduras latinoamericanas como la de Venezuela.
Los mercados mundiales están difíciles, la globalización ha retrocedido, el Mercosur está estancado, el acuerdo con la Unión Europea se ha desvanecido. Más que nunca, Uruguay debe continuar el esfuerzo de apertura que con suerte variada ha intentado el gobierno actual. Resignarse a un Mercosur mediocre no es el camino.
Es verdad que el tema seguridad, como en todo el mundo, luce como un persistente malestar. El Frente Amplio tuvo una gestión desastrosa, que hizo que las rapiñas crecieran de 9000 por año a 30.000. Han bajado ahora a 22.000, que es una mejoría relevante, pero aún se mantiene un importante guarismo. En términos generales no han bajado los homicidios, con un ingrediente de narcotráfico que comenzó también en el gobierno anterior, pero que allí está pese a también incuestionables avances.
En este panorama hoy nadie puede cantar victoria. Ni los que integramos la Coalición República, ni los desafiantes frentistas. Todo indica que la definición será cabeza a cabeza, como fue la anterior y en el referéndum de la Ley de Urgente Consideración, que ganó el gobierno también ajustadamente.
En medio de una revolución tecnológica, detener los cambios en educación, comprometer la estabilidad del sistema de seguridad social y caer en arcaicas visiones corporativas sería una apuesta hacia el pasado. Y no la imprescindible búsqueda de una mayor competitividad, una integración social que hoy más que nunca se define en las aulas y una creciente apertura hacia el desafiante y convulso mundo que nos toca hoy afrontar. Por lo que, pese a todo, mantenemos una optimista perspectiva de que la Coalición Republicana revalide su mandato.
No creemos estar confundiendo deseos con realidades.
Es verdad que el tema seguridad, como en todo el mundo, luce como un persistente malestar; el Frente Amplio tuvo una gestión desastrosa, que hizo que las rapiñas crecieran de 9000 por año a 30.000
Expresidente de Uruguay

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Los contrarios juegan para Milei
Más allá del logro que representó para el Gobierno, la media sanción de la Ley Bases tiene un valor que excede la cuestión parlamentaria: expresa el fenomenal giro ideológico que, si el proyecto prospera en el Senado, estará dando la sociedad

Francisco Olivera
Milei

Más allá del logro que representó para el Gobierno haber dado su primer paso en minoría en el Congreso, la media sanción de la Ley Bases tiene un valor que excede la cuestión parlamentaria: expresa el fenomenal giro ideológico que, si el proyecto prospera en el Senado, estará dando la sociedad. En 2015, durante su campaña electoral, Macri se sintió obligado a prometer que no privatizaría ni YPF ni Aerolíneas Argentinas y que mantendría la asignación por hijo. Hoy, en cambio, en medio de un ajuste sin precedente, los legisladores están a punto de tocar parte de esas vacas sagradas: el paquete incluye privatizaciones, prohibición de controles de precios para petroleras y empresas de electricidad, el fin de la moratoria para jubilados sin aportes y una reforma laboral.
Cambios drásticos que Milei no solo no disimula, sino de los que incluso se jacta. “Algunos prometen ajustes: yo los hago”, le dijo a Luis Majul esta semana en radio El Observador. Esta nueva atmósfera frustra por ahora a opositores que venían soñando desde diciembre con un marzo explosivo. No habrá por el momento ni gobierno débil ni calles en llamas ni pochoclo.
¿A qué se debe esta luna de miel más larga de lo previsto? El consultor Juan Germano lo atribuye a desilusiones provocadas por administraciones anteriores. “Es la demanda del ‘sacame de acá’: todo lo que sea statu quo es negativo. Los políticos se pasaron de conservadores”, dice. Una atmósfera que desconcierta en primer lugar al peronismo, todavía en plena crisis de liderazgo. Basta con observar las reacciones que cada gesto o declaración de Cristina Kirchner provoca internamente. El acto del sábado pasado en Quilmes, por ejemplo. “A esa foto de familia le faltaron diez intendentes”, se quejó un referente del conurbano. Le objetan, además de lo insuficiente de la convocatoria, el timing: que ella haya reaparecido cuatro días después de una marcha universitaria histórica que había mostrado al peronismo unido y con dos de sus presidenciables en la plaza, Massa y Kicillof. “Fue la primera piña que le entró en serio al Gobierno y se la dejamos servida: como decía Néstor, nos dicen kirchneristas para bajarnos el precio”, evaluó un legislador.
El malestar con la expresidenta había empezado en realidad dos días antes. Ese jueves, Germán Martínez, Máximo Kirchner, Paula Penacca y Cecilia Moreau, cuatro de los diputados más afines al Instituto Patria, habían convocado a una sesión especial para debatir el Fondo de Incentivo Docente y el financiamiento universitario, y no alcanzaron a reunir el quorum. ¿Había necesidad de mostrar ese fracaso cuando todo el peronismo celebraba todavía los efectos del éxito de la marcha? “No nos dieron tiempo de gritar el gol, algo que siempre forma parte del triunfo porque motiva a los propios y desmoraliza al adversario”, se oyó en el PJ.
Pero no es la primera vez que Cristina Kirchner irrumpe luego de un traspié del Gobierno. Ya lo había hecho en febrero, ocho días después de que se cayó la ley ómnibus en la Cámara de Diputados, cuando regresó a escena publicando en las redes un documento de treinta y tres páginas. ¿La necesidad de mantener la iniciativa le impide advertir que le hace un favor al Gobierno? ¿No le importa? Los peronistas no consiguen explicárselo sin caer en elucubraciones incomprobables.
No han podido aún reponerse de la derrota de octubre, algo que en realidad afecta a toda la oposición. Hoy, según algunos sondeos, Lousteau y Rodríguez Larreta tienen mejor imagen dentro de Unión por la Patria que en el espacio más cercano a Macri. Y nadie parece tener una estrategia ganadora. Las circunstancias empujaron el miércoles, por ejemplo, a Kicillof a la protesta de la CGT; es exactamente la foto que quería el Gobierno y que espera que se repita el jueves en el paro.
Para Milei es el escenario ideal. Estas debilidades coinciden con la desaceleración de la inflación, principal demanda del 57% que lo votó en la segunda vuelta, justo en los meses que él había proyectado más difíciles. Como Albistur. Pero el respaldo en las encuestas se mantiene. La última de Jorge Giacobbe, que le da 52% de imagen positiva, incluye una pregunta: “Respecto del esfuerzo económico que el Presidente les pide a los argentinos, ¿qué opinas?”. El 50,5% contesta: “Creo que tiene mucho sentido, porque dentro de poco vamos a estar mejor”; otro 13,6% dice: “Me gustaría que tenga sentido, pero tengo dudas de que vaya a funcionar bien”, y apenas un 33,5% rechaza todo de plano: “Creo que no tiene ningún sentido, porque este no es el camino correcto”.
Que la paciencia no se haya agotado no la vuelve eterna. El Gobierno necesita resultados rápidos y visibles. Se juega una final todos los meses en cada IPC. Es acaso lo que llevó a Luis Caputo a postergar esta semana los aumentos en las tarifas y a insistir en la presión para que las prepagas reviertan los precios. Aun sabiendo que consolida desequilibrios. En el sector de la salud, incluso agrega un problema: clínicas, sanatorios y hospitales privados contaban con los aumentos de las prepagas para encarar la paritaria que acaba de abrirse. Oroño, un grupo prestador de Rosario, anunció esta semana que suspendía por ese motivo la atención de afiliados de OSDE, y es probable que otras empresas imiten la medida. Hasta ahora, el Gobierno no se inmuta. “Es un problema entre privados”, contestó Caputo cuando se lo plantearon en el Ministerio de Salud.
Pero nada es gratis. Detrás de estas restricciones están los honorarios de los médicos, el salario del personal y la atención de los pacientes. Lo sabe Héctor Daer, líder del Sindicato de la Sanidad, que volvió a endurecerse anteayer en un Zoom con las compañías. Todos vienen de meses complicados: los ingresos de los trabajadores caen y los prestadores dicen no estar en condiciones de ofrecer ningún aumento. Las fundaciones Favaloro y Fleni pagaron el último aguinaldo en cuotas.
La política no debería entrometerse, pero es inevitable. Hay funcionarios que siguen asociando las prepagas al universo de Massa. Desconfían de Claudio Belocopitt pese a que el dueño de Swiss Medica desapareció de esas reuniones. Y algunos hasta malinterpretan conversaciones de WhatsApp. Una en particular, del chat de la industria: el miércoles, en medio de la discusión por la paritaria, y al enterarse de que ninguna empresa estaba dispuesta a otorgar subas para abril, el representante de Recursos Humanos de Swiss Medical se mostró sorprendido. Alguien le insistió en que era obvio, que cualquier aumento era de cumplimiento imposible, y el ejecutivo se refirió a Belocopitt: “Claudio no está al tanto de esto”. ¿Qué estaba pasando? ¿Quería una empresa diferenciarse del resto? ¿No dificultaba todavía más el panorama? ¿Era una decisión política?
El Gobierno parece sentirse cómodo con algunas teorías conspirativas. Corre el riesgo de demorarse en ese pantano. Las soluciones dolorosas tienen un plazo de aplicación: no abundan los momentos en que una sociedad está dispuesta a asimilar malas noticias.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/INDECQUETRABAJA

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