miércoles, 15 de mayo de 2024

LA DISPUTA PERONISTA Y OPINIÓN


Presionado por las críticas internas, Máximo Kirchner llamó a elecciones en el justicialismo
Distanciado de Kicillof, fijó la votación para el 17 de noviembre; el gobernador tiene el respaldo de varios intendentes; otro aspirante es el jefe comunal Gray
Presionado por cuestionamientos internos y su distanciamiento del gobernador Axel Kicillof, el diputado nacional Máximo Kirchner convocó a elecciones de autoridades del PJ bonaerense, que hoy preside, para el 17 de noviembre, fecha en que se celebra el Día de la Militancia. “Confiamos en que implicará una enorme demostración de debate y participación del peronismo provincial y nacional, para interpretar y llevar adelante las demandas de nuestra sociedad”, dice el comunicado firmado por el legislador.
Hace poco más de dos meses comenzaron a circular versiones sobre la posibilidad de que el hijo de Cristina Kirchner ofreciera su renuncia a la jefatura partidaria para facilitar la unidad, ante una resistencia interna con Kicillof, pero una tregua momentánea le permitió a Máximo Kirchner continuar al frente del PJ en la provincia.
Ambos referentes acordaron entonces convocar a la expresidenta y a Sergio Massa a un plenario para “organizar la resistencia” al presidente Javier Milei. Sin embargo, Kicillof se mostró últimamente muy cercano a algunos intendentes, como Mario Secco (Ensenada) y Jorge Ferraresi (Avellaneda), que quieren a Máximo fuera del PJ.
“Al asumir la presidencia del PJ de la provincia de Buenos Aires por pedido de la inmensa mayoría de los intendentes expresé la intención de que quien me sucediera fuese producto del voto de los afiliados”, expresó Kirchner en el comunicado oficial.
El líder de La Cámpora añadió: “El PJ de la provincia, que tengo el honor de presidir, representa el 37,3% del padrón total nacional. Por lo tanto, no solo es adecuado, sino operativamente necesario hacer coincidir los actos electorales en una misma jornada, promoviendo la masiva concurrencia a las urnas para elegir qué destino debe asumir el partido a nivel nacional y provincial”.
Y sumó: “Como siempre, y con la misma convicción con que muchos peronistas nos opusimos al desastroso acuerdo con el FMI que impactó en la economía, limitó nuestra soberanía, empeoró las condiciones materiales de nuestro pueblo trabajador –entre otras consecuencias, constituyendo la base para la derrota electoral en 2023–, confiamos en que esta convocatoria implicará una enorme demostración de debate”.
Luego de que el expresidente Alberto Fernández pidiera una licencia para dar paso al armado de una comisión que desembocará en una elección interna a fin de año, el PJ entró en un proceso de reorganización a nivel nacional.
En la provincia de Buenos Aires, ante la convocatoria a elecciones internas anunciada por Máximo Kirchner, el control partidario será clave para tallar en la reestructuración partidaria, con miras a los comicios parlamentarios de 2025.
Sectores en pugna
Hay, al menos dos sectores interesados en desbancar a Máximo. Uno es el del grupo de intendentes que comulgan con el gobernador Kicillof y el otro es encabezado por Fernando Gray, intendente de Esteban Echeverría, quien cuestionó en la Justicia el llamado a elecciones partidarias en el distrito en 2021.
El intendente Ferraresi trabaja para empoderar a Kicillof y apuntalar al gobernador a la presidencia del PJ nacional y a uno de los jefes comunales al provincial. Sostiene una sorda disputa con La Cámpora en su municipio, que se extiende a distritos vecinos. El último cortocircuito público se dio el viernes pasado, cuando el municipio declaró “ciudadano ilustre” al juez federal Ariel Lijo, postulado por Javier Milei para integrar la Corte Suprema de Justicia. Los concejales que responden a Máximo Kirchner se ausentaron de la sesión en la que se aprobó el reconocimiento al magistrado, para tomar distancia de la jugada del intendente, uno de los interlocutores de Kicillof. Se enrola en este frente su colega de Ensenada.
El otro sector es el de Gray, decidido a avanzar con un frente para pelear con La Cámpora. Gray alternó durante varios años la presidencia del PJ de la provincia con Gustavo Menéndez. El jefe comunal de Esteban Echeverría sumó a su cruzada a Juan Zabaleta, exministro de Desarrollo Social de la Nación, que se enfrentó a La Cámpora cuando intentó consolidar una línea interna “albertista” en el PJ, que nunca prosperó. Incluso, perdió en las PASO de 2023 en Hurlingham.
También Facundo Moyano pretende tallar en el nuevo armado contra La Cámpora. Renunció a su banca de diputado en agosto de 2021, disconforme con el rumbo político y económico de Fernández, aunque en su carta de renuncia marcó distancias de La Cámpora. Dijo que su diálogo con Máximo Kirchner, por entonces jefe del bloque, era casi nulo. Las diferencias estuvieron siempre atadas a la tensión que guía desde hace años la relación entre su padre y Cristina Kirchner.

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Un nepo-baby, en busca de la meritocracia perdida
Luciana Vázquez

Ayer Máximo Kirchner, el hijo de Cristina Kirchner en su rol de presidente del PJ bonaerense, sorprendió a propios y ajenos con una novedad política: el “nepo-baby” del kirchnerismo apuesta ahora a la fórmula Milei, es decir, la búsqueda frenética de la legitimidad del voto, justo cuando el capital político del apellido Kirchner ya no alcanza para sostener el privilegio del hacer política como resultado de una herencia. La convocatoria a elecciones partidarias para el 17 de noviembre en el principal distrito electoral del país es la prueba más clara de la acentuación de una debilidad de los dos Kirchner, de Cristina y de su hijo Máximo.
Es un cambio de época para la vida política del perokirchnerismo, un proceso que se cocinó a fuego lento de la desconexión con el votante y al compás de las derrotas históricas que el peronismo viene sufriendo desde 2021, sobre todo, aunque el proceso arrancó en 2015. En 2024, llegó la hora de acusar recibo. Más que la voluntad de poder, la convocatoria a elecciones es fruto de las presiones de una interna que el apellido Kirchner ya no puede contener.
El principal dato es que el dedo de la expresidenta y la marca identitaria por excelencia, el apellido de la dupla Néstor y Cristina, dan cada vez más muestras de agotamiento. La interna bonaerense dentro del PJ, que enfrenta a Axel Kicillof, por un lado, y al intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, por el otro, contra el hijo de la dos veces presidenta, expone el gradual vaciamiento del poder disciplinador del apellido Kirchner y, también, del dedo de Cristina Kirchner. El príncipe, y la reina, cada vez más al desnudo en su pérdida de influencia política.

“Al asumir la presidencia del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires por pedido de la inmensa mayoría de los intendentes, expresé la intención de que quien me sucediera fuese producto del voto de los afiliados”, planteó Máximo Kirchner en el comunicado de ayer. En la interna justicialista que quedó inaugurada con el anuncio del joven Kirchner, hay varias cuestiones en juego. Por un lado, lo más táctico, el derecho a blandir en alto la lapicera para la conformación de las listas para 2025.
Por otro, una revisión estructural del modo de construir poder dentro del peronismo. Ese es el punto con más consecuencias para la Argentina, más allá de la interna peronista. Después de dos décadas bajo influjo kirchnerista, el peronismo se pregunta: ¿cómo se conquista el poder partidario y dónde se legitima? No hay muchas opciones: o es vía una interna democrática, es decir, con el voto de los afiliados, o, como se ha dado en los últimos largos años, es vía el dedo de Cristina Kirchner: el nepotismo kirchnerista que habilitó al hijo mayor del matrimonio a ser percibido, y autopercibirse, heredero de un imperio político solo es entendible por la fascinación ejercida por Néstor y Cristina Kirchner sobre el peronismo.
Fue la prepotencia de la hegemonía kirchnerista en sus años dorados la que permitió la ilusión óptica de un Máximo Kirchner como líder legítimo e incuestionado, incluso cuando el compromiso con esa tarea haya llegado más bien tarde y sin la pasión política propia de muchos herederos políticos que lo tienen todo antes de, siquiera, haberlo deseado.
El problema de legitimidad
En el comunicado de Máximo Kirchner están las huellas del problema. Primero, su falta de legitimidad de origen: en diciembre de 2021, el hijo de Cristina Kirchner se convirtió en presidente del PJ bonaerense por un consenso de dirigentes de la provincia de Buenos Aires que avalaron su lista. Ese es el punto que le cuestionó entonces el mismo Fernando Gray: “Las banderas se ganan, no se arrebatan”, fue el reproche que le hizo en aquellos días. Es decir, la falta de democracia interna dentro del peronismo, también en versión kirchnerista, como uno de los problemas estructurales que hoy emergen: la falta de elección susMáximo tituida por un acuerdo de cúpulas.
Para un sector del peronismo bonaerense, y del peronismo en general, las derrotas acumuladas sirven como argumento para cuestionar a una dedocracia kirchnerista que se aisló en su autorreproducción y en la utopía de la repetición al infinito del apellido Kirchner en el centro del poder. A ese ensimismamiento hereditario le atribuyen parte de la responsabilidad de la pérdida de votos peronistas en manos de Milei.
El presente no hace más que poner a Máximo Kirchner en evidencia: mientras Gray es intendente de Esteban Echeverría, un distrito que ganó con votos, y Kicillof es gobernador y ganador del padrón más grande de la Argentina, Máximo Kirchner debe su lugar político a su apellido, y su lugar partidario, a un acuerdo de la “casta” kirchnerista.
En definitiva, a diferencia de Kirchner, quien todavía no se decidió a conquistar ningún distrito electoral y liderar desde funciones ejecutivas, Kicillof es dueño de una proeza para el peronismo: haber retenido la provincia de Buenos Aires justo en un año histórico para la saga de derrotas del peronismo. La meritocracia electoral está del lado de Kicillof y de Gray.
En política, los votos son la medida más apropiada del mérito político: la capacidad de representar la voluntad de los votantes, un intangible deseado y envidiado que ordena el mapa del poder político. Genera autopercepciones en quienes pueden dar prueba de ese mérito en triunfos electorales y percepción disciplinada entre quienes mejor reconocen ese mérito, siempre escurridizo y nunca duradero, es decir, los políticos.
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“El hijo de Cristina Kirchner” busca encontrar su ancla de legitimidad. Ser “hijo de” lo redujo a la condición de “nepo-baby”, la etiqueta que pesa sobre los hijos de celebridades de Hollywood que siguen los mismos pasos que sus padres. Con el paso de los años kirchneristas, convocar a elecciones internas y peronismo se ha vuelto casi un oxímoron.
La hegemonía de los Kirchner no necesitó de la compulsa electoral. El llamado a elecciones internas en noviembre no es una muestra de evolución democrática al estilo “renovador” de los años 80, la salida por arriba a la crisis que acarreó la derrota electoral peronista de 1983. Por ahora, es todo un símbolo de una creciente debilidad política.
La convocatoria a elecciones internas plantea otra cuestión: ¿es el momento oportuno para esa prueba de fuego electoral? ¿Es el momento de jugar con todo a la interna y mostrar la lógica amigoenemigo entre la propia tropa o es el momento de consolidar el todo para plantear al gobierno de Javier Milei como el enemigo?
Todo parece indicar que la convocatoria de Máximo Kirchner puede quedar atrapada en un “internismo” más propio de radicales en años acumulados de sinsabores electorales y poder adverso.
Pero, además, las ideas de la expresidenta enfrentan un problema: una capacidad reducida de imponerse como verdad. “Liderazgo sin conducción táctica”. Esa es la síntesis que plantea el nuevo escenario en relación con la influencia de la madre de Máximo Kirchner: aunque todavía es innegable el peso específico de Cristina Kirchner dentro del peronismo, su influencia en la lógica partidaria de recuperación y acumulación del poder y del voto es la que está más cuestionada.
El camino del kirchnerismo está lleno de paradojas. En 2009, fue el impulsor de una de las instituciones más democratizadoras del acceso al poder partidario, las PASO: el voto de los argentinos en una interna nacional abierta y obligatoria como la igualdad de oportunidades para aquel político sin estructura hereditaria o histórica, pero con la ambición suficiente de hacerse un lugar en el mapa político.
Fue el kirchnerismo, también, el que en 2023 tergiversó las PASO y llevó a un candidato precocinado, Sergio Massa, y uno muleto, Juan Grabois: en esa pseudointerna perdió cualquier chance de conectar con la ciudadanía. Fueron las PASO 2023, precisamente, las que le dieron la oportunidad a un outsider como Milei de infligirle una derrota histórica al perokirchnerismo convertido en una maquinaria perfecta de obturar el cambio político y de reproducir la pretensión hegemónica de los Kirchner. La meritocracia electoral volvió a barajar y dar de nuevo las fichas: con Milei, el mapa político de la Argentina quedó de cabeza.
Hay un dato político extrapartidario que apunta en el mismo sentido: la decisión del gobierno de Milei de derribar el nombre de “Néstor Kirchner” del Centro Cultural Kirchner para empezar a llamarlo Palacio Libertad.
La falta de reacción política y ciudadana por parte de los votantes más leales al kirchnerismo es otro dato político revelador de la pérdida de poder del apellido Kirchner. La interna peronista toma nota.
Es un cambio de época para la vida política del perokirchnerismo, un proceso que se cocinó a fuego lento

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