miércoles, 25 de octubre de 2023

EL ESCENARIO Y CORTES DE BOLETAS


La traición de Milei al doctor Bilardo
Martín Rodríguez Yebra


Carlos Bilardo obligaba a sus jugadores a practicar los festejos de gol. Trazaba una coreografía, con rol es y posiciones, que debía ejecutarse para evitar una distracción que el rival pudiera aprovechar.
Es mítico su relato de cómo vivió a pie de campo en el Estadio Azteca el gol del siglo de Maradona a los ingleses: “No lo grité. Yo miré para atrás para ver cómo estábamos parados”. La filosofía subyacente en las obsesiones a veces caricaturescas del doctor Bilardo es de un profundo sentido práctico: hay que ser consciente de las limitaciones propias y de que el fracaso espera agazapado a quien se extravía en la euforia de los triunfos pasajeros.
La campaña electoral de Javier Milei desde su triunfo en las PASO representó una verdadera traición al “bilardismo”, del que el candidato libertario se declara devoto. La explosión que provocó en agosto pareció convencerlo de que la onda expansiva era indetenible.
Se arrojó a disfrutar del porvenir sin ordenar a su equipo ni mensurar las capacidades del adversario. Confundió la ventaja que les sacó a los partidos del sistema con la destrucción misma de todas las lógicas intrínsecas de la política.
Con todos los focos apuntados hacia él, se dedicó a construir minuciosamente un techo de hierro. Hizo una colección de enemigos con sus apariciones públicas y con los ejercicios de libre pensamiento de sus referentes en las materias más diversas.
Dio una vuelta olímpica de dos meses, mientras en la cancha seguía jugando un impiadoso profesional de la política como Sergio Massa, rodeado de la maquinaria del peronismo y munida de todos los recursos que un Estado, por quebrado que esté, es capaz de ofrecer. La sucesión de osadías y signos de amateurismo parece interminable:
● Desde el día de las primarias ata● có visceralmente a los dirigentes de Juntos por el Cambio, con la única excepción de Mauricio Macri. A Patricia Bullrich quiso demolerla al retratarla como una “montonera tirabombas”. A los radicales los trató de “basuras”. Como si no hubiera un mañana donde tuviera que pedirles que lo acompañen con el voto. Massa capturó una importante porción de los apoyos que acompañaron a Horacio Rodríguez Larreta en provincias gobernadas por la UCR. ¿Cuántos de ellos lo hicieron con la nariz tapada para evitar la amenazante victoria de un verdugo?
● Se arriesgó a desmentir los pre juicios de su carencia de estructura para gobernar y selló un pacto con Luis Barrionuevo. Difícil encontrar un símbolo más perfecto de eso que él llama “la casta”. Entregó coherencia a cambio de un expertise en las oscuridades de la política electoral. El viejo zorro gastronómico se borró a última hora o usó sus picardías en contra de su nuevo aliado. Lo cierto es que los miles de fiscales que prometió brillaron por su ausencia.
● Introdujo en el debate presidencial la violencia de los años 70, con un desafío al consenso democrático sobre el terrorismo de Estado. Habló de “excesos” de la dictadura, como si no hubiera existido un plan sistemático para asesinar y desaparecer a quienes la junta militar consideraba enemigos. ¿Por qué se metió en ese jardín? “A él le suma mostrarse auténtico, que no oculta sus pensamientos aunque suenen disruptivos para el statu quo”, explicaba a principios de mes uno de los miembros selectos de La Libertad Avanza.
● Con la misma lógica se lanzó a negar el cambio climático, una agenda muy arraigada entre los jóvenes, donde cosecha la gran mayoría de sus votos.
● La cruzada contra el papa Francisco alineó a la Iglesia Católica en su contra. Intentó contener el conflicto, pero terminó la campaña arrastrado otra vez al barro por el economista que presenta como su héroe, Alberto Benegas Lynch (h.). En el acto de cierre propuso sin consultarlo con nadie romper relaciones con el Vaticano. “¿Cómo pudimos permitir que se lance a hablar sin ningún filtro?”, se preguntaban antes del domingo en el búnker libertario.
● Se esmeró por mostrar su admiración por el judaísmo y su alineamiento con el Estado de Israel. Pero no pudo impedir que su ministro de Educación in pectore, Martín Krause, se metiera en una polémica desafortunada al decir: “Imagínense si la Gestapo hubiera sido argentina, ¿no hubiera sido mucho mejor? En vez de matar 6 millones de judíos, seguramente eran muchos menos porque hubiera habido coimas, ineficiencias de todo tipo, se hubieran quedado dormidos. Pero eran alemanes”.
● Su asesora de imagen personal y ahora diputada electa Lilia Lemoine aportó su balde de arena al espanto de votantes ajenos con su propuesta de permitir a los hombres que renuncien a la paternidad de sus hijos. Flaco favor le hizo al plan de revertir la desproporción de género que exhibe el voto libertario.
● Mientras Massa alimentaba el miedo al “ajuste salvaje”, Milei se paseaba sonriente con una motosierra de utilería por el conurbano, reino de los subsidiados. Se permitió decir que cuanto más alto estuviera el dólar sería mejor para él y su dolarización. Y opinó como si fuera el consultor económico de otras épocas que quien tuviera un depósito a plazo fijo en pesos haría bien en no renovarlo. La corrida posterior le permitió al ministro de Economía ocultar su propia responsabilidad. ¿Y no fue también un toque de atención para el votante independiente el daño que podría causar una dolarización desordenada?
● No pudo contener su alergia al disenso con permanentes acusaciones sin nombres ni pruebas al periodismo y a dirigentes de partidos que ahora necesita seducir. La indignación hacia ellos convivió con una ligera indiferencia a los excesos del kirchnerismo. Y al mismo tiempo alentó la guerra de guerrillas en redes sociales, con foco principal en los simpatizantes de Juntos por el Cambio. Los “viejos meados”, en la jerga libertaria.
● El acto de cierre de campaña de la semana pasada fue la traición definitiva al doctor Bilardo. Empezó con una sucesión de imágenes de explosiones atómicas y edificios que se derrumban y terminó con el vaticinio del propio Milei de que iba a ganar en primera vuelta. A esas alturas sabía que era inalcanzable. Pero se arrojó igual a mostrar la vara con la que debía juzgarse su desempeño del domingo.
Finalmente las urnas lo mostraron estancado en el 30%, con una cosecha casi idéntica, pueblo por pueblo, que en agosto. Sumó unos 600.000 votos, mientras hubo casi 4 millones de electores nuevos.
Bilardo se agarraría la cabeza. Un festejo desordenado del gol de las PASO le permitió el empate (o algo más) a su adversario más eficiente. El propio Milei suele responder con ironía resultadista a quienes le cuestionan sus métodos: “¿Sabés cuál es la diferencia entre un loco y un genio?: el éxito”. El partido sigue y a él le queda un mes para probar en qué lado de esa frontera quedará parado.
El libertario atacó visceralmente a los dirigentes de Juntos por el Cambio
A los radicales los trató de “basuras”
Selló un pacto con Luis Barrionuevo, un símbolo perfecto de la “casta”
La cruzada contra el papa Francisco alineó a la Iglesia Católica en su contra
No pudo contener su alergia al disenso con permanentes acusaciones sin nombres ni pruebas al periodismo

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Los cortes de boleta de los intendentes impactaron sobre Bullrich y Massa
Casi sin excepciones, los jefes comunales de Juntos por el Cambio superaron en votos a su candidata; en el PJ, moderaron la brecha
Marcelo Veneranda y Javier Fuego Simondet
El corte de boleta que sufrió Patricia Bullrich, incluso de parte de algunos de sus intendentes más cercanos, más una lealtad de los caciques peronistas hacia Sergio Massa que parece haberse renovado –y en algunos casos, renacido– aparecen como los datos más significativos cuando se analiza cómo operó en las elecciones el corte de boleta en el conurbano y algunos distritos claves del interior bonaerense.
Asociados con la “traición” luego de cada comicio, la lectura de los cortes de boleta nunca es lineal. Además del reparto efectivo de papeletas con combinaciones hechas a la medida de cada vecino, en cada elección se juegan también la valoración real de las gestiones locales, provinciales y nacionales, más el acierto de las campañas que, en el caso de Massa, puede medirse en puntos del PBI con reducciones impositivas, bonos y aumentos varios. Así y todo, el domingo dejó varios casos de cortes significativos.
En la tercera sección electoral, Bullrich sufrió cortes en los tres distritos de Juntos por el Cambio. En Lanús, la tijera no le alcanzó a Diego Kravetz para defender el bastión de Néstor Grindetti, candidato a gobernador. Kravetz obtuvo ocho puntos más que Bullrich (26,4%), pero aun así perdió el municipio frente al camporista Julián Álvarez.
En otro distrito amarillo, Lobos, Jorge Etcheverry sumó nueve puntos (43,4%) más que Bullrich (34%) y cuatro más que Grindetti (39,2%). En Magdalena, Lisandro Hourcade ganó la elección con el 42%, nueve puntos más que Bullrich y cuatro más que Grindetti
En la primera sección, el corte en intendencias de Juntos por el Cambio fue notorio. Tres de Febrero y San Miguel fueron dos ejemplos. Los intendentes Diego Valenzuela y Jaime Méndez lograron la reelección, pero Bullrich y Néstor Grindetti quedaron en segundo lugar.
En Tres de Febrero, Valenzuela consiguió el 46,8%, 15 puntos más que Grindetti (31,5%) y casi 20 frente a Bullrich (27,7%). Algo similar a lo ocurrido en las PASO, cuando hubo 30.000 votos de diferencia entre Valenzuela y Horacio Rodríguez Larreta, con quien jugó en la interna.
En San Miguel, Méndez llegó al 47,9%, 30.294 votos más que los que logró Grindetti (30,9%) y 35.718 más que Bullrich (26,5%). En las PASO el corte había sido de unos 28.000.
En Campana, el intendente Sebastián Abella, logró la reelección con un 57% (35.744 votos): fueron 20 puntos (13.461 votos más) de diferencia sobre Grindetti (37,2%) y 11.864 más que Bullrich, que quedó segunda en ese distrito. En San Isidro y Vicente López hubo un corte que rondó los 10.000 votos, pero Bullrich y Grindetti ganaron.
Bullrich también padeció el corte en otros distritos emblemáticos de la provincia. En La Plata, el intendente de Pro, Julio Garro, apeló a la tijera para reelegirse: con 38,13% de los votos, superó en ocho puntos a Bullrich y en seis a Grindetti. Su rival, Julio Alak, consiguió dos décimas más (38,33%), pese a sacar menos votos que Massa (39,9%) y Kicillof (42,2%). La pelea se definirá voto a voto, en la Justicia Electoral.
En Mar del Plata, el intendente Guillermo Montenegro fue reelegido con 41,2%, once puntos y 37.511 votos por encima de Bullrich y siete sobre Grindetti. En San Nicolás, Santiago Passaglia sucederá a su hermano Manuel. Logró 42%, 15 puntos más que Bullrich, que fue tercera.
Renovada lealtad
Massa, en cambio, volvió a contar con el apoyo de los intendentes en los distritos más poblados de la tercera sección electoral. En La Matanza, con 1,16 millones de electores, Fernando Espinoza repitió la conducta de las PASO: elevó su caudal propio (53,6%) sin afectar a Massa y Kicillof. Muy similar al segundo distrito más poblado, Lomas de Zamora, donde Federico Otermín elevó su caudal hasta el 49,8%, sin perjudicar a Massa y Kicillof, que sumaron más que él.
A ese grupo se sumó Quilmes, donde la camporista Mayra Mendoza cosechó el 50,8%, con casi los mismos votos que el gobernador y apenas un punto más que Massa. En otro distrito muy relevante por su población, Almirante Brown, Mariano Cascallares sacó cuatro puntos más que Massa (54 a 50,5%) y aventajó por solo dos puntos a Kicillof.
¿Dónde hubo menos corte? En Avellaneda, Jorge Ferraresi obtuvo el 56,6%, siete puntos más que Massa y casi seis más que Kicillof. En las primarias, la distancia con Massa y Juan Grabois había sido de 10. En Berazategui, Juan José Mussi consiguió 55,6%, siete puntos más que Massa y cinco más que Kicillof. En las primarias, el corte fue de 12 puntos sobre los presidenciables y siete sobre el gobernador.
El ultrakirchnerista Mario Secco, en Ensenada, había cosechado el 58,6% de los votos en las PASO, casi 16 puntos más que el 42,8% de Massa y Juan Grabois (5000 votos menos) y siete más que Kicillof (51,3%). Pero este domingo se separó menos de sus aliados: con el 62,94% de los votos, la distancia fue de casi cinco puntos con el gobernador y menos de ocho puntos sobre Massa.
En Ezeiza, Gastón Granados, hijo del cacique del distrito, achicó la tijera, pero no mucho: con 52% de los votos, en las PASO había obtenido 18 puntos más que Massa-Grabois y diez más que Kicillof. Este domingo, Granados creció hasta los 60 puntos; bajó la brecha con Massa y Kicillof a 13 y 10.
A contracorriente se movió un alfil de Insaurralde, Nicolás Mantegazza. Profundizó el corte de las PASO: consiguió la reelección en San Vicente con un impresionante 67,1% de los votos, 16 puntos más que Massa y doce más que Kicillof.
La primera mantuvo el corte
En la primera sección, algunos intendentes peronistas moderaron la tijera, pero el grueso mantuvo la estrategia. La movida no puso en riesgo a Massa y Kicillof.
En Tigre, donde el intendente Julio Zamora había apelado al corte para ganarle la interna a Malena Galmarini, la mecánica se presentó en una versión más leve. Zamora ganó con el 50,2% (118.967 votos), 18.172 más que Kicillof y 14.511 más que Massa. En las PASO, el intendente no había estado en la boleta con Massa por el enfrentamiento que sostienen, y había sacado 14.072 votos más que el ministro.
Pilar volvió a exhibir una diferencia en la cantidad de votos entre el intendente y los candidatos a gobernador y presidente. Federico de Achával cosechó el 57,4% (117.955). Fueron 22.002 votos más que Kicillof, que llegó al 46,9%, y 27.418 más que Massa, que alcanzó un 43,2%. El corte se había mostrado ya en este distrito en las PASO, cuando De Achával sacó 31.299 votos más que la suma de Massa y Grabois.
San Fernando, donde gobierna el massista Juan Andreotti, el corte se redujo. Andreotti se impuso con el 57,2% (56.316 votos), 12.301 votos más que Kicillof (44,8%) y 11.316 más que Massa (43,6%).
En Escobar, Ariel Sujarchuk mantuvo la tónica. Logró 52,2% (73.659 votos), 10.099 más que el tramo provincial y 10.351 más que el nacional. En las PASO, había obtenido 11.259 votos más que Massa y Grabois.
La dinámica se repitió en Mercedes, gobernada por el camporista Juan Ignacio Ustarroz. En las PASO, la boleta del intendente traccionó 6723 votos más que la presidencial; en las generales, Ustarroz sacó un 52,7% y la diferencia con Massa, que llegó al 34,9% fue casi igual: 6666 votos más para el intendente. Logró 6290 votos más que Kicillof.
También en Malvinas Argentinas se mantuvo el corte de las PASO. Leonardo Nardini fue reelecto con el 59,9% (121.196 votos). Obtuvo 12.767 sufragios más que Kicillof, que llegó al 52,9%, y 12.246 más que Massa (50,5%). En las PASO, había sumado 13.054 votos más que Massa y Grabois.
En el resto de los distritos peronistas de la primera sección, las diferencias no fueron relevantes entre los tramos de boleta.

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