miércoles, 25 de octubre de 2023

OTRO ESCENARIO Y DILEMA EN J X C.


El triunfo de la Argentina feudal
El resultado del domingo retrata lo difícil que es desalojar del poder a quienes han generado una dependencia tan grande y cuentan con tanta capacidad extorsiva

Jorge Fernández Díaz
Sergio Massa...Alfredo Sábat
La escritora satírica Pola Oloixarac se sorprendió la noche del domin por la decepción que imperaba entre los militantes de La Libertad Avanza; los llamó “llorones” y les previno que deberían estar contentos por su líder, dado que consiguió lo que quería: “Dividir a la oposición. Javier Milei va a recibir una estatuilla con una Motosierra de oro, cortesía de Eurnekian y Massa”. Esa amarga ironía de la derrota alude a una verdad obvia que sin embargo fue olvidada y que debería inscribirse de una vez y para siempre en el frontispicio del edificio político argento: “Dividida la oposición, es imposible ganarle al peronismo unificado. Y viceversa”.
La rutilante aparición de un outsider, inscripto en la Nueva Derecha Internacional y con el desaforado discurso del antisistema, trastocó todo el andamiaje de partidos e hizo pensar a los supersticiosos de lo nuevo que su triunfo sería irreductible –como había sucedido en otras latitudes– y que se acababa por lo tanto una era: ya la batalla electoral no se libraba más en el territorio analógico sino en las redes sociales, donde Milei contaba con un ejército de internautas que le ganaba diez a uno a las tropas kirchneristas y republicanas. El “aparato de la vieja política” se había vuelto obsoleto. La realidad, sin embargo, se presentaba un tanto indócil a este teorema entusiasta, puesto que antes y después de las primarias, los candidatos tradicionales ganaron todas y cada una de las elecciones provinciales y municipales. Cuando se jugaba por los porotos, para decirlo en criollo puro, la gente prefería la seriedad a la “locura creativa” o, en todo caso, adhería al “malo conocido” y no a la “bueno por conocer”, y los aparatos reales se mostraban sumamente diligentes: es así que los libertarios cosecharon una increíble cantidad de derrotas distritales, aunque desdeñaron ese dato fundamental, que era una señal de alarma, tal vez porque ya se encontraban en otra frecuencia; flotaban en la suave nube violeta que les había obsequiado las PASO: los votantes podían optar por la “casta” en comicios de cercanías y aun así consagrar a la “anticasta” en elecciones generales. No había de qué preocuparse; viva la libertad, carajo. Los periodistas desconfiamos de ese esoterismo, pero también acabamos resignadamente por aceptarlo. Fue un error: no hay elección más cercana que una presidencial; nunca están más en juego los porotos que cuando se elige al gobernador de la provincia de Buenos Aires y al jefe máximo del Estado.
Javier Milei, tras confirmarse su paso al ballottage
El súbito y electrizante arribo de un “antisistema” es una fatalidad que siempre trastorna los posicionamientos y discursos; incluso también las identidades, puesto que separa lo que estaba unido: aquí liberales que se decían republicanos, resulta que a la hora de la verdad no lo eran tanto y, en consecuencia, migraban alegremente al populismo de derecha y abrazaban de pronto esa nueva causa con la fe de los conversos. Lidiar con un fenómeno semejante no ha sido sencillo para ninguna dirigencia en ningún lugar del planeta. Trump desestabilizó al Partido Republicano y Vox le permitió retener el gobierno a Pedro Sánchez. El lunes 14 de agosto Milei comenzó su proceso de demolición, que no tuvo por objeto al massismo, sino a Patricia Bullrich, sus miserables centristas y sus “viejos meados”. La primera reacción de ella fue ignorar el ataque; luego no pudo sustraerse a devolverle una a una sus invectivas. Pareció entonces que Bullirch emergía de una interna feroz con Rodríguez Larreta y se sumergía por entero en otra interna salvaje con Milei, mientras Massa se entretenía solito con su infame pero efectivo Megaplan Platita, eludía el dramatismo de la superinflación, invisibilizaba en parte su descomunal fracaso gestionario –agregó dos millones de pobres–, y preparaba su campaña del miedo, con la inestimable ayuda, por cierto, del anarcocapitalista, que prometía a viva voz el estallido, el sufrimiento, la enemistad y la cancelación. Exultante por la victoria de Unión por la Patria, Pablo Moyano lo dijo con extraña precisión hace unas horas: “La mejor campaña de Sergio fue el discurso de Milei”. José del Río explicó ayer, como nadie, los incontables “regalos” que el ministro prodigó sin que le importara estar amasando una hiperinflación y un crac macroeconómico, y nos refrescó dos números cruciales de fondo: el kichnerismo ha creado una nueva clase social –los empleados estatales–, que rozan los cuatro millones de personas. En contraposición, los empleados privados en blanco apenas superan los seis millones. Sumado esto a los infinitos cheques en concepto de subsidios a la pobreza que firma cada mes la administración pública tenemos una rápida dimensión del carácter feudal que tomó la Argentina y lo cuesta arriba que se hace desalojar del poder a quienes han generado una dependencia tan grande y cuentan con un piso tan alto y una capacidad extorsiva tan fuerte.
Nuestro país, no obstante, se ha convertido últimamente en un gran lago de cisnes negros: la sociedad pintó de violeta el mapa y sesenta días más tarde lo tiñó de celeste. Así como Milei trabajó en las postrimerías de agosto la falsa idea de que había triunfado y la historia estaba sellada, hoy Massa ya es considerado el presidente electo. Tiendo a creer, por las características de su triunfo, que el “brillante” ministro de Economía está en lo cierto, pero darle por ganado el ballottage, con este pueblo en fase maníaco-depresiva, no sería prudente. Algunos de nosotros, con el apabullante resultado de las primarias en la mano, salimos a estudiar la larga y rica historia del libertarismo y los siniestros trucos de Steve Bannon; tal vez deberíamos seguir con nuestros libros de siempre, sobre todo con el “Fouché” de Stefan Zweig y con “Conducción política” de Juan Perón. Esperaremos un mes más para ver qué ala de la biblioteca nos convoca, porque todo sigue abierto en la Argentina. Y porque la sociedad continúa siendo insondable. Se ha revelado que el enorme “voto escondido” –de quienes no respondían encuestas y eludían blanquear su decisión íntima– era lisa y llanamente un voto vergüenza. Y no era para menos. El filósofo Rolo Villar lo describe con puntual contundencia: “El dinosaurio votó al meteorito”. El domingo ganó el sistema corporativo que provocó esta hecatombe económica y social. Ganaron las matufias que lo sostienen y los corruptos impunes que lo frecuentan: ellos pueden seguir navegando tranquilos en sus suntuosas naves; a sus víctimas directas no parece importarles. Tal vez ser un millonario corrupto se haya convertido en una vocación aspiracional en esta nación venal y degradada. Ganó el “mecanismo”, como le decían los brasileños al Lava Jato. Ganó el fullero, que no solo hace trampa, sino que despierta admiración por su praxis. Tras la larga noche kirchnerista, quizá ya aventada la chavización que alguna vez tuvo en mente la Pasionaria del Calafate, la sociedad parecía pugnar inconscientemente por una suerte de neomenemismo. Milei por fuera y Massa por dentro aspiran ahora a encarnar esa aventura. Para algunos republicanos, es como elegir entre un vampiro y un licántropo.
Massa, en su discurso victorioso, descubrió de repente la independencia del Poder Judicial, la educación pública, los valores institucionales, la seguridad y el orden, todas cuestiones devaluadas por su propio gobierno. Le tomamos la palabra, ministro
Con plena conciencia de sus debilidades, el libertario dio por finalizada expresamente el domingo la campaña de hostigamiento iniciada por “las fuerzas del cielo” contra los tibios que vomitará Dios y contra el “cobarde centrismo”. El centro, que ya no parecía una ancha avenida hace dos meses, hoy se presenta como una autopista de diez carriles, y los dos contendientes finales buscan salirse de la banquina y pescar en el tránsito revuelto. Massa, en su discurso victorioso, descubrió de repente la independencia del Poder Judicial, la educación pública, los valores institucionales, la seguridad y el orden, todas cuestiones devaluadas por su propio gobierno. Le tomamos la palabra, ministro. También para que deponga la lógica amigo-enemigo, grieta que usted ahora denuncia, que cavaron los Kirchner y que falsamente prometió alguna vez desmontar Alberto Moderado. Ese acting de un Massa bruscamente republicano se llevó a cabo ante una multitud que voceaba la modernísima consigna “Patria sí, colonia no”. De paso, sería interesante que Sergio no prometa más nada, por más virtuoso que sea, hasta cumplir al menos la promesa inicial de bajar la inflación. Aunque, claro está, su cosecha dominguera podría llegar a convencerlo de que la “maquinita” genera pobreza pero también conquista voluntades, y que puede seguir administrando el incendio sin peligro de quemarnos vivos a todos. Porque si gana el ballottage heredará la bomba atómica que con tanto esmero preparó para su sucesor y el peronismo deberá entonces levantar su pesada hipoteca y probar de su propia medicina. Que es ácida e indigesta. También lograría concretar el sueño (o pesadilla) del quinto gobierno kirchnerista, evidencia incontrastable de que al degollado le gusta el cuchillo. Habrá que ver si, llegado ese momento, a Cristina le agrada tanto ser reemplazada por un nuevo líder del justicialismo, y si no maldecirá alguna vez la hora en que deseó con todas sus fuerzas un triunfo de su socio, a quien considera un tahúr. Una cosa es asegurar el bastión y la cueva; otra muy distinta es ceder de hecho el timón a un Fouché que de mínima intentará jubilarla. Un nuevo género de intrigas se iniciaría entonces: se le aconseja a Kicillof que, por las dudas, duerma con un ojo bien abierto. Su respaldo en las urnas –luego de popularizarse su ineptitud como gobernador y la devastación completa que produjo su “modelo”– ratifica que la colonización ideológica y operativa del peronismo feudal ha sido muy efectiva y crea adicción. El escritor satírico Chuck Palahniuk siempre dice: “Si tu adicción no se renueva y mejora constantemente, eres un perdedor”.

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Massa o Milei: el dilema que sacude a Juntos por el Cambio tras una larga noche de furia
El expresidente Macri y los radicales ya chocan por el eventual posicionamiento de la coalición opositora con vistas al ballottage entre Unión por la Patria y La Libertad Avanza
Matías MorenoRitondo, Larreta, Macri, Bullrich y Petri, luego de la derrota del domingo
Gerardo Morales reaccionó con rabia cuando escuchó las palabras de Patricia Bullrich y se bajó de forma intempestiva del escenario que había sido montado en el salón Ombú del complejo de Parque Norte, sede del búnker de Juntos por el Cambio. Aún abrumada por la estrepitosa derrota en las urnas, Bullrich anticipaba que no contemplaba “felicitar” a Sergio Massa, el ganador de las elecciones y artífice de una remontada sorprendente, por haber sido parte del “peor gobierno de la historia”. E iba más allá al advertir que ella “nunca” sería “cómplice de las mafias que destruyeron al país”. Al jefe de la UCR, que lo habían convencido de que formara parte de la postal de unidad, lo dominó la ira. Es que interpretó en la melodía de esos dichos un guiño sutil al libertario Javier Milei. Los jefes radicales que estaban en el lugar compartieron su estallido de bronca. Sintieron un nuevo des trato por parte de la la dura de Pro porque no se había cumplido con lo pactado en la previa: acotar el mensaje a un agradecimiento a los votantes y no anticipar posicionamientos de cara al ballottage. Fuera de micrófono, arrojaban sus sospechas de que Mauricio Macri la había persuadido para que marcara con claridad el límite de Pro: Massa y el kirchnerismo.
El derrumbe electoral puso en jaque a Juntos por el Cambio, el gran derrotado de los comicios generales. Sin lugar en el ballottage, la coalición opositora que tenía mayores chances de desbancar al PJ de la Casa Rosada, ante todo por la recuperación que tuvo en las legislativas de 2021 y la desgastante crisis económica para el kirchnerismo, naufragó en la cruzada por reconquistar el poder. La interna encarnizada por los liderazgos y la eterna discusión sobre la identidad fagocitó la capacidad electoral del frente. Se tironearon el juguete y lo rompieron. Un síntoma del proceso autodestructivo: hace dos años no logran ungir un jefe de interbloque de JxC en Diputados ni renovar con profundidad la representación en la mesa nacional. El ultraliberal Milei, el abanderado del fenómeno antisistema, les arrebató el concepto del cambio y los desplazó como la principal fuerza opositora. Y el inesperado triunfo de Massa, el ministro de Economía que surfea con una inflación desbocada y escándalos de corrupción, hurgó en las heridas. Las horas que transcurrieron después de que se conocieran los datos del escrutinio fueron una odisea para las autoridades de Juntos por el Cambio.
La disyuntiva que enfrentan los líderes de Pro, la UCR y la Coalición Cívica, los partidos fundadores del espacio, es crucial con vistas a la segunda vuelta del 19 de noviembre: ¿el límite es Massa o Milei? Un sector del radicalismo, encabezado por Morales y el tándem que conforman Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti, arquitecto de Evolución Radical, ya adelantó que no hay posibilidad de que apoyen al libertario, quien confesó en varias oportunidades que lanzaba dardos contra una foto de Raúl Alfonsín. Trató de “fracasados” y “colectivistas” a los radicales y definió al partido centenario como “la internacional socialista”. Morales ya anticipó que planea movilizar a su partido para debatir intramuros y concordar una postura. No está definido ni la fecha ni el formato. Podría ser una convención nacional o una reunión de cúpula, pero aún no activó la maniobra. En el grupo de WhatsApp de la UCR reina el silencio. Solo hubo señales de Luis Naidenoff y Mario Negri, que se comunicó con Bullrich. En el entorno del jujeño lamentaron el tono del mensaje de Bullrich. Consideran que volvió a confrontar con el kirchnerismo sin interpretar la señal de las urnas.
En cambio, destacaron la convocatoria al gobierno de unidad de Massa. “Ahora se define entre el sistema y el antisistema”, dicen cerca del jujeño. Tanto Morales como Lousteau despotrican contra Macri, a quien responsabilizan por haber desgastado a JxC, esmerilado a Larreta y Bullrich y generado una grieta con sus frases sobre Milei. Los leales de Macri lo defienden: recuerdan que Bullrich salió tercera en Jujuy, el terruño de Morales. Hay dudas también en Pro sobre el llamativo resultado en Corrientes, bastión de Gustavo Valdés, y Chaco, donde Leandro Zdero, aliado del correntino venció a Jorge Capitanich en las provinciales. “Morales y Lousteau son el 30% del radicalismo”, brama un macrista. Otros fieles del expresidente son más duros: “No veo votos radicales en el 23% de Pato. ¡Se abrieron de gambas!”, apunta un armador. Sospechan de un acuerdo previo a las PASO con Massa. Las risas de Morales y Valdés en el acto de gobernadores del norte junto al ministro aún generan reproches en Pro.
Apuntado por la mayoría de sus socios –el larretismo, un sector de la UCR y Carrió–, Macri aún no movió sus fichas. Ayer reunió a dirigentes cercanos en sus oficinas. Deja trascender que priorizará la unidad de JxC y la protección de Jorge Macri, el eventual sucesor de Larreta, y los gobernadores electos Ignacio Torres (Chubut) o los aliados Claudio Poggi (San Luis) y Marcelo Orrego (San Juan). “Es muy pronto aún. Primero, sostener a JxC. No somos dueños de los votos”, repiten quienes hablaron con él. Afirman, además, que no hubo contactos con Milei.
Sin embargo, hay fieles de Macri que ya exhiben señales de apertura al diálogo con el libertario para frenar a Massa, su peor enemigo. Si hay un dirigente que el expresidente aborrece en la política es al tigrense. Lo apodó “ventajita” después de que el vínculo se quebrar a definitivamente en pleno gobierno de Cambiemos por el blanqueo de familiares. “Para la mayoría deJxCellí mi te es Massa, pero tampoco vamos a ir corriendo a los brazos de Milei”, avisa un pope de Pro.
Una eventual aproximación de Macri a Milei no contará con el aval de Horacio Rodríguez Larreta y su tropa en Pro: el jefe porteño sería más proclive a promover una salida intermedia. Es decir, dar libertad de acción o promover la abstención. Esa opción sobrevoló ayer en la charla de Macri con Cristian Ritondo, Hernán Lombardi, Martín Yeza, Fernando de Andreis, Daro Nieto, Jorge Macri, Federico Angelini y Jorge Triaca. Como los radicales, acordaron convocar a una cumbre para debatir el tema.
Larreta hace un par de semanas contemplaba el voto en blanco para fijar una postura respecto del rechazoa“dos malas opciones” para el país. En el campamento del jefe porteño se lamentaban anteayer por los errores no forzados en la interna con Bullrich. Con el diario del lunes en la mano, analizan que la idea de sumar a Juan Schiaretti era acertada, pero fue mal ejecutada por Larreta y Morales. A su vez, se quejan de que la apuesta de Bullrich por ubicarse en el centro y sumar a Larreta llegó demasiado tarde. La desligan a la exministra de esa responsabilidad y apuntan contra sus asesores y armadores. Los seguidores del alcalde centran su bronca en Macri: “Nos destrozó”, dijo un dirigente de Larreta.
En shock por el tercer puesto, muy lejos de los esperado, los bullrichistas son extremadamente cautos: “Aún no nos reunimos para hablar”, dice uno de los armadores de la exministra. ¿Bullrich le perdonará a Milei haberla tratado de “montonera tirabombas”? Desde el Hotel Libertador, el economista amagó con arrepentirse y pidió “barajar y dar de nuevo para terminar con el kirchnerismo”. Está claro que, necesitado de sufragios para repuntar, ya tomó el discurso de campaña de la exministra.
Otro obstáculo para una eventual aproximación de Macri y su facción de Pro a las filas libertarias “de las fuerzas del cielo” es el ajustado resultado de la Ciudad. Jorge Macri quedó al borde de ganar en primera vuelta. R esta saber si esa mínima ventaja que debe sacar la conseguirá en el escrutinio definitivo o si Massa le hará un favor y negociará con Leandro Santoro para que desista de competir. Así, el tigrense evitaría movilizar al macrismo en su bastión el mismo día que se jugará su suerte con Milei. En caso de que haya ballottage en la Ciudad, los radicales que responden a L oust ea u y Daniel Angelici, aliados de Jorge Macri, volverían a acompañar al primo del expresidente con la condición de que no haya un pacto con Milei a nivel nacional. Interrogantes que abre la debacle en la compulsa.
Todavía perplejos por el cachetazo electoral, los jerarcas opositores improvisaron anteanoche una cumbre en la “sala de situación” del búnker en Parque Norte. “Yo con Macri no me siento”, le avisó Morales a Bullrich. El titular de la UCR había llegado acompañado por Lousteau y la tropa radical. “Nos vamos a dividir. La elección aún está abierta”, aventura un radical que apoyó a Bullrich. La CC, a cargo de Maximiliano Ferraro, ya adelantó su postura :“No votaremos por ninguna de las dos opciones ”, expresa ron. Esperan, además, motorizar una cumbre para analizar la derrota.
Hubo escenas que retratan el dramatismo con el que transitaron la dolorosa caída. Por caso, Ritondo tuvo que contener a Yeza, uno de los más afectados por el golpe, pero sobre todo porque corrió riesgo el triunfo de su delfín en Pinamar. Larreta llamó a Graciela Ocaña para que regresara al búnker después de que le bloquearan el ingreso por error. Y a Macri, que llegó escoltado por Juliana Awada y su hija Antonia, lo vieron deambulando entre sus custodios. El expresidente no logra entender cómo una mayoría de los votantes decidieron acompañar a Massa pese al descalabro económico y los casos de corrupción. “No esperábamos esto”, se lamentan cerca de Macri. Sus feligreses sugieren que no presionó a Bullrich para que endureciera su discurso contra Massa y el kirchnerismo, gesto que disgustó a los radicales.
Elisa Carrió, que elogió el discurso de Bullrich, pero comenzó a criticar con dureza a Macri –lo acusa de haber pergeñado la estrategia que llevó al espacio a la derrota–, pululaba por los pasillos cuando se topó con uno de sus adversarios más acérrimos: el “Ta no” Angelici,elhistó rico operador judicial del macrismo. Angelici estaba charlando con Yacobitti y Martín O campo, su lugar teniente en la Legislatura. Pese a su marcada enemistad y la atmósfera de tristeza por la pérdida de votos, intercambiaron bromas en tono irónico. “¡Así que compraste una bóveda en el cementerio de Recoleta !”, lo encaró Carrió. Sorprendido, el “Tano” remató con sonrisa socarrona: “No la compré, son permisos de puesto para uso precario”. Por esas horas el clima de velorio ya se había apoderado del búnker.


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