Buenos Aires perdida: el majestuoso palacio de cuatro plantas que fue el símbolo de un barrio porteño
La mansión, ubicada en Flores, perteneció a la familia Ortiz Basualdo y fue demolida en la década de 1940
Silvina Vitale
La imponente mansión perteneció a los Ortiz Basualdo, una de las familias más ricas de la ciudad, y fue, además, imagen de una de las numerosas postales que tuvo el barrio de Flores. De manera que su fotografía viajó a Italia, España y Francia, entre otros de los países de donde provenían los inmigrantes que habitaron la zona.
Tal como lo cuenta Roberto D’Anna, periodista y presidente de Museo Barrio de Flores, durante las décadas de 1890 hasta entrado el siglo XX, las postales eran utilizadas por quienes habían llegado al país y querían enviarles a sus familiares, principalmente en Europa, una vista del lugar donde residían.
El Palacio Miraflores estaba en el centro de la manzanaGentileza Museo Barrio de FloresEn total, Flores tuvo unas 25 postales –al igual que otros barrios importantes como Belgrano o Palermo–, estas mostraban sitios importantes como lo era el Palacio Miraflores, o la Plaza San José –luego llamada General Pueyrredón y más conocida como Plaza Flores–, la Basílica de San José de Flores o la avenida Rivadavia. Sobre esta misma vía, que anteriormente se denominó Camino Real, luego Camino de Flores y, finalmente, en 1857 adoptó su nombre actual, al 6400, se encontraba la gran mansión.
D’Anna reconoce que cuesta imaginar que en una cuadra que hoy está repleta de edificaciones y negocios, totalmente entregada al ajetreo de la gran ciudad, haya existido uno de los palacios más lindos de Buenos Aires. Se ubicaba en el centro de la manzana comprendida entre Rivadavia, la avenida Boyacá, Fray Luis Beltrán y Yerbal. Había sido construido en 1886, sobre un solar de casi ocho hectáreas de parque arbolado que era propiedad de la familia conformada por Inés Indarte y su esposo, el político y estanciero Luis Dorrego, hermano del gobernador de Buenos Aires, Manuel Dorrego, que lo había comprado a los Saturnino Unzué en 1827 en lo que en aquel entonces era el pueblo de San José de Flores.
El periodista aclara que, tiempo después y luego de una sucesión, el inmueble fue subdividido entre los distintos descendientes del matrimonio. A Ángela Dorrego Indart y a Manuel Ortiz Basualdo les correspondió la manzana ubicada en Rivadavia entre Boyacá y Fray Luis Beltrán, donde construyeron el palacete. Cabe destacar que el palacio estaba rodeado por numerosas casas quintas, ya que la zona era uno de los lugares predilectos de los porteños para sus vacaciones de verano.
La familia Ortiz Basualdo vivió allí durante poco más de tres décadas y solían organizar reuniones con los representantes más selectos de la sociedad porteña de ese entonces. Además, era habitual que invitaran a sus amigos a quedarse en la mansión por algunos días y una de las actividades preferidas era salir de caza. Sin embargo, esa práctica se mantuvo hasta 1873 cuando fue prohibida por resolución municipal, luego de que un cazador hiriera a dos pasajeros que iban a bordo del Ferrocarril del Oeste que, actualmente corresponde a la línea ferroviaria Domingo Faustino Sarmiento.
Un gigante lujoso
Según el presidente del Museo Barrio de Flores, el arquitecto que levantó el edificio fue el inglés Charles Ryder, el mismo que diseñó el Palacio Casey, donde se ubica actualmente la Secretaría de Cultura de la Nación, o la lujosa Residencia Maguire, en Recoleta. “El Palacio Miraflores tenía cuatro plantas, una superficie total de 3200 m² y se estima que trabajaban en él quince personas de servicio. Sobre su interior, lo único que se conoce es que contaba con un lujoso salón con motivos arabescos, cuyo mobiliario principal, era un billar ornamentado con un conjunto de luminarias. Mientras que sus jardines, eran admirados por los vecinos por la belleza de sus diseños”, explica.
En cuanto a su estilo arquitectónico, Juan Antonio Lázara, doctor en Historia y Teoría de las Artes de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y profesor titular de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), considera que se trata de una villa suburbana ecléctica que se puso en boga desde finales del siglo XIX, en plena euforia económica previa a la crisis del 90. “Se trata de una arquitectura de quintas extremadamente recargada y suntuosa, tal como el caso del Palacio Videla Dorna, en Caballito, que remite a la Francia del Segundo Imperio”, asegura el experto. Estas se diseminaron tanto en Flores como en Belgrano, y el Palacio Miraflores fue uno de los ejemplos más destacados de este estilo.
Un aspecto a considerar de estas quintas eran sus miradores, de acuerdo refiere Lázara a lo largo del siglo XIX las quintas tenían miradores, pero de carácter neoclásico o más discretos, como por ejemplo el de la Residencia Presidencial de Olivos o el del Palacio Pueyrredón, sin embargo, en plena euforia económica esos miradores se volvieron recargados, eclécticos y con elementos que recordaban a los campaniles italianos románicos y pre renacentistas, aunque con remates amansardados a la francesa. “La torre del Palacio Miraflores evoca campaniles italianos, pero también a torres francesas. La referencia más apropiada es la de la Catedral de Uzès, en Francia, aunque hay torres en Italia que podrían ser también referentes. Por otra parte, la cubierta anticipa formas del art Nouveau”, advierte.
Explica, además, que muchos de estos “palacios”, eran en realidad quintas que lucían miradores del nuevo estilo suntuoso, por ejemplo, se pueden comparar el Palacio Miraflores con la Quinta Uriburu en Villa Elisa, camino a La Plata, construida en 1893 por el arquitecto Gustav Duparc, que luego fue demolida o también con la residencia de Sánchez Elía levantada entre 1891 y 1893, también de Duparc. “Todas tenían un mirador que rompía con la tradicional simetría clasicista del período anterior. Con estas torres de reminiscencias castillezcas, estos edificios buscaban romper la simetría para configurar el estilo pintoresquista de la época, que también se observaba en las residencias de Mar del Plata que fueron demolidas en su mayoría”, aclara el doctor en Historia.
Final anunciado
El avance de la ciudad le puso un punto final a esta residencia, que tuvo “la mala suerte” de ubicarse sobre la principal avenida del creciente barrio de Flores. D’Anna sostiene que, para 1920, la familia se había mudado y comenzó a funcionar en sus salones el Club de Flores, institución fundada en 1867, “gracias a sus grandes celebraciones y espectáculos el carnaval del barrio adquirió por esa época mucha trascendencia. Además, otro dato curioso es que en el salón de arabescos se fundó la Asociación Patriótica de San José de Flores, en 1938, que aún hoy funciona como la entidad más antigua de Flores. Por otra parte, unos meses después fue presentada allí la Junta de Estudios Históricos del barrio”, explica el presidente del Museo Barrio de Flores. Lamentablemente, debido a las hipotecas que pesaban sobre el bien y las especulaciones inmobiliarias a raíz del gran avance comercial en la avenida Rivadavia, la lujosa construcción fue demolida en la década de 1940. “Se le quitó a los vecinos la posibilidad de visitar un importante patrimonio del barrio”, admite.
Por su parte, Lázara considera que el 99% de estas residencias se demolieron porque con la integración de Flores y Belgrano al distrito federal, el desarrollo de la red tranviaria y ferroviaria y la inmigración europea, los descendientes de estas familias vieron una oportunidad. Entonces, optaron por lotear las propiedades en base a la grilla diseñada por la municipalidad y lograron altos rendimientos inmobiliarios.
Sin embargo, parece ser que algo del gigante palacete aún se conserva. Según cuenta D’Anna, “se cree que las imponentes rejas originales de la más hermosa y majestuosa mansión que Flores supo tener forman parte del frente de una casa sobre la calle Rivera Indarte, a unas diez cuadras de donde se ubicaba el palacio”, asegura. Se dice que este tramo de la reja fue comprado durante la demolición y reutilizado por la familia dueña de la vivienda, de manera que esto podría ser lo último que se conserva del bellísimo Palacio Miraflores.
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