sábado, 17 de febrero de 2024

TEMPORADA DEL TEATRO COLÓN


En tiempos de ajustes, el Teatro Colón propone un año de austeridad, pero con grandes títulos
Entre algunas visitas internacionales y la apuesta por figuras locales se anunciaron los títulos de un ciclo marcado por la economía y un presupuesto que su director, Jorge Telerman, considera suficiente
Alejandro Cruz
Jorge Telerman y Gabriela Ricardes en la presentación de la temporada 2024 del Teatro Colón, este jueves 15
El Salón Dorado fue el ámbito elegido para el anuncio de programación de la temporada 2014 del Teatro Colón. Frente a un auditorio colmado de funcionarios, representantes de organismo culturales extranjeros, artistas y periodistas, Gabriela Ricardes, ministra de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, y Jorge Telerman, el director general y artístico del Primer Coliseo se encargaron de anunciar los títulos de un temporada marcada por el signo del ajuste.
Fue ella quien primero tomó la palabra. “El Teatro Colón es un faro, un símbolo para todos los argentinos. En un momento en el cual se está hablando de dificultades, este oasis que tenemos aquí es algo que tenemos que preservar, disfrutar y compartir. Estamos orgullosos del trabajo que ha hecho este equipo para presentarnos una temporada tan adecuada, tan pertinente y con tanta calidad que revaloriza no solo a nuestros grandes creadores sino que incorpora a los nuevos también como forma de sumar otros públicos”, señaló la gestora sobre esta temporada, que considera que mantiene la calidad adecuándose a los tiempos actuales. Puntualmente, ninguno de los funcionarios habló de la crisis económica, pero la realidad no conoce de eufemismos: esta vez no hubo brindis ni bandejas recorriendo los amplios salones que dan a la Plaza Lavalle.
“Desde que empezamos a imaginar este temporada al día de hoy han pasado cosas...”, apuntó Jorge Telerman apenas comenzó a hablar. “Pero nuestra tarea es trabajar con las herramientas del momento, de las circunstancias y adecuarlas para poder dar la mejor propuesta”. A lo largo del año se irán presentando siete títulos líricos, cinco ballets y 20 conciertos del ciclo de abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, así como también cinco conciertos de la Orquesta Estable del Teatro Colón. En la serie de anuncios se destaca una nueva edición del Festival Argerich, con la presencia excluyente de Martha Argerich; como la vuelta de Marianela Núñez, primera bailarina del Royal Ballet de Londres.
Marianela Núñez retornará este año al Colón, en donde fanáticos y admiradores no le faltan
“Estamos aquí para valorizar lo mejor que tenemos: nuestro patrimonio. En el caso del Colón, es el trabajo actual e histórico de nuestros creadoras y creadores argentinos. Es un buen momento para seguir siendo parte del puente que une a la cultura de Buenos Aires con el mundo y también para cumplir con el objetivo de fortalecer, de promover los talentos locales, la creación local. Muchos de ellos están aquí y muchos de ellos en el resto del mundo. Todos los convocados, con una vocación encomiable, abierta y generosa han dicho que sí para estar presentes aquí, en esta temporada 2024″, agregó el experimentado funcionario de cultura.
“El eje de los siete títulos de ópera es una reflexión sobre el poder en su sentido amplio”, agregó sobre la temporada que se iniciará en abril con Ariadna en Naxos; bajo la dirección de escena de Marcelo Lombardero; que continuará con la reposición de Turandot, con puesta de Roberto Oswald; El cónsul, en la visión escénica de Rubén Szuchmacher; Carmen, puesta del catalán Calixto Bieito; Aurora, de Héctor Panizza; Orfeo en los infiernos, de Jacques Offenbach; y el cierre será Un ballo in Maschera, con dirección escénica de Rita Cosentino, toda una línea de programación que se analiza en una nota del crítico Pablo Gianera.
En diálogo posterior  Jorge Telerman consideró que hay varios mojones en esos títulos de ópera ligados a esa reflexión sobre el poder que considera como eje curatorial. “Sobre el poder en términos generales me parece que Carmen es una reflexión fulminante, que cada época la lee a su manera. En lo personal, prefiero más el discurso ditirámbico que moralista; me gusta hablar del poder riéndome de él y eso lo encuentro en Orfeo. Mucho más en época de crisis, nuestra salvación está en reírnos de nosotros mismos en la medida que esa risa sea la forma de corregir el caos. En una época como la nuestra en la cual, de distintas maneras, todos anhelamos que las cosas cambien la reflexión sobre el poder me pareció una buena línea para hacer hablar sobre la época actual obras de otros tiempos y para otros tiempos como son Carmen, Orfero o Ariadna en Naxos”, se explaya mientras los invitados ya van abandonado el Colón.
Gabriela Ricardes, ministra de Cultura, y Jorge Telerman, director del Teatro Colón, en la presentación de la temporada 2024
Bajo la dirección de Mario Galizzi, el Ballet Estable del Teatro Colón presentará cinco títulos, que iniciarán con Carmina Burana en versión de Mauricio Wainrot, quien estuvo presente en el acto que tuvo lugar al mediodía. Habló de ella como un trabajo integral del cual participarán el Coro Estable, el Coro de Niños y la Filarmónica de Buenos Aires. La crítica Constanza Bertolini analiza en este artículo la programación de ballet pensada para esta temporada, atravesada por la situación económica. A ello habrá que sumar los 20 conciertos de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y los títulos del Centro de Experimentación como el Ciclo Contemporáneo. Por otra parte, el Colón será sede de los festivales de Jazz y de Tango.
Si para este año estaba previsto hacer eje en Francia, tal como ocurrió antes con Italia, la realidad del país hizo que ese acuerdo con el país galo quede relegado para el 2025, cuando se estrene la ópera Dementia, con texto de Ariana Harwicz y música de Oscar Strasnoy. “Este año no es prudente tomar muchos compromisos internacionales en la medida en que ni siguiera está del todo normalizado el giro al exterior”, sostuvo el funcionario. Y sobre el presupuesto, término ausente del anuncio, Telerman apeló a un expresión escueta: “Es suficiente”. Y agregó: “Ha tenido que ser mirado con mucha atención la columna de dólares que no solamente responde a contrataciones internacionales sino también a cargas, transporte que se pagan con moneda extranjera. Esa columna, por motivos de público conocimiento, la tuvimos y tenemos que monitorear con mucha atención y debemos atenuarla. El resto de los ítems del presupuesto han sido acompañados por el índice de inflación y, en el de divisa extranjera, nos han pedido tener extrema cautela”, apunta.
Todo este complejo entramado tiene sus consecuencias artísticas. “Una de las misiones del Colón es fortalecer la producción local. En la temporada 2024 hay presencia internacional. Tal vez no aparecen esos nombres rutilantes que, con toda justicia, tienen contratos muy elevados; pero hemos fortalecido la programación local. Seis de las siete óperas están dirigidas por argentinos”, sostuvo el director del Teatro Colón. Y, dato no menor en tiempos de ajustes, desde el lunes ya estarán a la venta los abonos de la temporada 2024, definida a fuego por la situación del país.

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Una programación con el imperativo “no hay plata”
Pablo Gianera

El anuncio de la temporada 2024 del Teatro Colón se hizo esperar, y ahora, una vez presentada la programación, no sería fácil concluir que la espera valiera tanto la pena. Claro que esta conclusión comporta una expectativa. Habrá quien celebre que se le sirva en el mismo año Ariadna en Naxos, de Richard Strauss; Carmen, de Georges Bizet; Turandot, de Giacomo Puccini, y Un ballo in maschera, de Giuseppe Verdi. También es claro que la satisfacción de estos abonados (y de los asistentes que no lo son) pide que se busque el equilibrio con la de quienes esperarían otros títulos. Pero además, de los siete títulos de la temporada lírica (que pueden ser ocho si se añade Einstein on the Beach, de Philip Glass, en el programa Colón Contemporáneo), cuatro son reposiciones, a veces de puestas muy recientes, del año pasado.
En realidad, la temporada 2024 del Colón es casi una temporada de emergencia, de una austeridad radical que no puede ni pretende disimularse. La presentación está precedida por unas palabras de Jorge Telerman, director general y artístico del teatro. Dice allí Telerman: “El presente impone una mayor austeridad. La respuesta del Colón es mirar a su patrimonio, no como un objeto de museo sino como el sostén y la fuerza sobre la que se edifica… Este año, algunas de las grandes producciones de ópera recientes volverán a ver la luz, como parte de la revalorización de nuestro repertorio.” Pasado en limpio: no hay plata.
Así las cosas, la temporada lírica se inicia el viernes 12 de abril con la reposición de Ariadna en la versión que Marcelo Lombardero hizo en 2019, ahora con dirección musical de Günter Neuhold y Carla Filipcic Holm en el papel principal. El centenario de la muerte de Puccini será conmemorado en mayo con otra reposición, la de Roberto Oswald para Turandot, cuya parte musical estará este año a cargo de Carlos Vieu, y tendrá a Martina Serafín como Turandot, a Jaquelina Livieri como Liù y a Marcelo Puente como Calaf. La tercera reposición será en agosto, cuando suba la versión de El cónsul, de Menotti, imaginada por Rubén Szuchmacher. los estrenos, se cuentan (en julio) la puesta -muy discutida y varias veces revisada- que hizo de Carmen Calixto Bieito; Aurora, de Héctor Panizza, en septiembre, con dirección escénica de Betty Gambartes y Daniela Tabernig en el papel principal, y Orfeo en los infiernos, de Jacques Offenbach (en noviembre), con dirección musical de Christian Baldini y puesta de Pablo Maritano, y por fin, en noviembre, Un ballo in maschera, de Verdi, en una nueva puesta de Rita Cosentino.
Hay que agregar a los títulos líricos una reposición más, la de Martín Bauer de Einstein on the Beach, de Glass (en abril), y el estreno en agosto de Kassandr(x). Por el lado internacional -el nervio dolarizado y por lo tanto el más sensible al dolor del recorte- hay que señalar sin embargo la persistencia del Festival Argerich (del 3 al 18 de agosto) y el regreso de la pianista china Yuja Wang. Pero también en este caso estamos un poco a ciegas, porque, si bien la actuación de Yuja Wang está prevista para el 11 de marzo, el programa está todavía indefinido, lo mismo que el del Festival Argerich, del que lo único seguro es que volverá Charles Dutoit.

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La danza abre el telón, con pocas novedades y un par de estrellas
Constanza Bertolini
Ni más ni menos: serán cinco programas, como el año pasado o el anterior, los que conforman en 2024 la temporada del Ballet Estable. Es para destacar que, esta vez, le toca a la danza abrir el telón del año en la sala mayor del Teatro Colón. El primer título con el que oficialmente comenzará la actividad, el 12 de marzo, es Carmina Burana, obra del coreógrafo Mauricio Wainrot sobre la cantata de Carl Orff que, coincidentemente, está cumpliendo 25 desde su estreno en Bélgica y que tan bien conocemos. La vimos en el San Martín, en el Luna Park, hasta en el Obelisco. Pero, al menos en Buenos Aires, todavía no se había presentado así, como ahora: con bailarines, orquesta y coros en vivo. De modo que con todos los elencos de la casa en el escenario, en el foso y en los palcos, estas once funciones traerán de algún modo una nueva experiencia –como se ha hecho en Uruguay (de hecho, del Sodre proviene la producción) o más recientemente en San Juan–.
Por la senda del repertorio cláEntre sico continuará la temporada, con la siempre esperada visita de Marianela Núñez, la argentina que lleva la corona del Royal Ballet de Londres. Regresará en junio para hacer La Bella Durmiente, en versión del director de la compañía, Mario Galizzi. Entre los críticos y los balletómanos –no solo de aquí ni de Sudamérica, sino de manera global– hay consenso sobre la excepcionalidad de Núñez en el rol de Aurora; quien no lo haya comprobado, podrá hacerlo en tres de las diez funciones agendadas (13, 23 y 25). En esta oportunidad, su partenaire será un bailarín del Estable.
La bisagra del año, como es habitual, estará dada en agosto por un programa mixto: tres obras que irán de la pura escuela francesa de Suite en Blanc, de Serge Lifar –gran desafío técnico que vimos sortear el año pasad–- a un regreso que todas las generaciones de bailarines argentinos han querido bailar, el Adagietto de Mahler, en versión del gran Oscar Araiz. Cierra el tríptico Bolero X, una verdadera novedad del coreógrafo de Tel Aviv Shahar Binyamini (discípulo de Ohad Naharin y el Gaga Movement), con torsos desnudos y ondulantes sobre la insistente música de Ravel.
Giselle, romántico de románticos, que siempre revive desde su primera vez en 1841, lo hará una vez más en la versión de Gustavo Mollajoli que habitualmente pone el Colón a partir del 15 de octubre.
El final de este año de pocas novedades, marcado por regresos y apenas un puñado de nombres internacionales, en la austeridad de una coyuntura sin dólares, vuelve a anotar el título de ballet que es un pasaje a la India: La bayadera. Había sido anunciado para cerrar 2023 y, sin que medien explicaciones oficiales sobre la suspensión de la nueva producción que se preparaba en los talleres del teatro, ahora se coloca otra vez en el lugar del broche de oro, pero ya no en la versión de Rudolf Nureyev (tampoco en la de Natalia Makarova, que tantas veceshainterpretadoestacompañía), sino con la coreografía original de Petipá en manos de Galizzi, que toma por tercer año las riendas del Ballet Estable. Aquí aparece otra excepción a la escasez de divisas: Kimin Kim en el rol de Solor, en las funciones del 18 y 22 de diciembre. El coreano bailará con dos Nikiya y Gamzati del Estable. Como están dadas las cosas, será una temporada para que salgan a lucirse los bailarines de la casa, que con todo alcanzarán las 45 funciones.


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