Posse dijo que la meta anual de inflación es 139,7%
Proyectó además que el dólar llegará a $1066 a fin de año
Delfina Celichini
El jefe de Gabinete, Nicolás Posse, ayer, durante su exposición en el Senado
El jefe de Gabinete, Nicolás Posse, presentó ayer su primer informe de gestión en el Senado. El funcionario, que cultiva un extremo bajo perfil, expuso sobre la marcha de la administración libertaria frente a un público hostil. Subrayó que una de las prioridades del Gobierno es el orden de la economía. Precisó que se prevé para este año una caída del PBI de 3,5% y se proyectan para fin de año un dólar a $1066 –esto es, una devaluación controlada del orden del 2% mensual– y una inflación del 139,7% interanual.
Nicolás Posse presentó ayer, en una extensa sesión, su primer informe de gestión en el Senado. A cinco meses del desembarco de Javier Milei en la Casa Rosada, el jefe de Gabinete de Ministros, quien cultiva un extremo bajo perfil, expuso sobre la marcha de la administración libertaria frente a un público hostil. Entre otros puntos, destacó las prioridades del Gobierno y subrayó que una de ellas es el orden de la economía. Precisó que se prevé para este año una caída de 3,5% del PBI, y se proyectan un dólar a $1066 –esto es una devaluación controlada del orden del 2% mensual– y una inflación del 139,7% interanual.
Fue la primera vez que el Gobierno blanqueó las estimaciones macroeconómicas de 2024, dado que la administración funciona sin presupuesto y se prorrogó el de 2023. Por eso la oposición le reclamó a Posse que presente un proyecto para “saber adónde quieren llevar al país”. Ocurrió sobre el final de la exposición de ocho horas que hizo el jefe de Gabinete en la Cámara alta.
Como parte del corazón del relato libertario, Posse aprovechó la oportunidad para profundizar la avanzada contra las organizaciones sociales y piqueteras, al catalogarlas como “un esquema de esclavitud moderna”. En las respuestas que envió previamente a los senadores, Posse dio por tierra con otras “vacas sagradas” de La Libertad Avanza: la dolarización y el cierre del Banco Central.
El Senado se convirtió en los últimos días en una olla a presión. La intención del oficialismo de sancionar en solo 15 días las iniciativas de Milei puso en guardia a la oposición, que les marcó la cancha a los libertarios. Después de dos semanas de discusión, los legisladores impondrán cambios a la Ley Bases y el paquete fiscal, lo que dilatará los tiempos de la Casa Rosada.
Discurso monocorde
El desembarco de Posse en la Cámara alta tuvo lugar en una etapa en que el diálogo entre el oficialismo y la oposición pareciera haberse empastado. Pese a que los senadores esperaban al ministro para exigir explicaciones y escenificar su rechazo a algunos de los puntos de las normas impulsadas por el Ejecutivo, logró sortear las afrentas, no entró en las chicanas y mostró solidez en su exposición. Lo hizo, no obstante, con un discurso monocorde, en el que se limitó a leer las respuestas enviadas por su equipo, sin mostrar signos de espontaneidad en el plano político.
A tal punto, que algunos senadores libertarios, como el formoseño Francisco Paoltroni, no pudieron evitar algunos “cabezazos” en pleno recinto. La sesión informativa con el ministro coordinador comenzó puntual, a las 11. El funcionario arribó al Palacio Legislativo con una comitiva de más de 50 personas que lo asistieron desde el Salón Azul para elaborar las respuestas que luego leería en el recinto.
En los palcos de la Cámara se encontraba Ignacio Viale, el nieto empresario de Mirtha Legrand. Según precisó él mismo a través de X, fue invitado por la Jefatura de Gabinete como miembro de la Cámara Argentina de Productoras Independientes de Televisión. También apoyó la presentación del jefe de Gabinete el secretario de Energía, Eduardo Rodríguez Chirillo, quien presenció el discurso de Posse desde uno de los balcones centrales del recinto junto a otros funcionarios del Ejecutivo, con los que se sacó una selfie antes de la sesión.
Al final de su informe previo a las preguntas de los senadores, Posse remarcó la prioridad del Gobierno para “recuperar la credibilidad, los argentinos que tienen en el colchón medio PBI porque la seguridad no está garantizada”. Destacó también el nivel de aprobación que todavía tiene la gestión de Javier Milei y sentenció: “Estamos viviendo un proceso de gran esfuerzo, acompañado por una gran esperanza de los ciudadanos”.
Frente a los aplausos de los senadores libertarios en el recinto, la titular del cuerpo, Victoria Villarruel, pidió respetar las reglas de la Cámara, que impide este tipo de manifestaciones. El vínculo entre la vicepresidenta y Posse, quien ocupa un lugar en la mesa chica del Presidente, no es el mejor. En las negociaciones con la oposición por la Ley Bases y el paquete fiscal, el círculo chico de Milei corrió a Villarruel de las conversaciones y desdibujó su rol en el Senado. A pesar de este desaire, Villarruel recibió a Posse la semana pasada para coordinar su arribo al Palacio Legislativo.
José Rolandi, segundo en la línea de comando de la cartera que conduce Posse, se sentó en el recinto detrás del ministro. Rolandi es uno de los protagonistas indiscutidos de la negociación con la oposición.
Después del alegato inicial del jefe de Gabinete, se hilvanaron las preguntas de los senadores. Posse leyó las respuestas de las hojas que su equipo le alcanzaba. Entre otros temas, los legisladores le consultaron sobre la privatización de las empresas públicas, obras puntuales en sus provincias y algunos programas específicos, como el que apunta a bajar el embarazo adolescente.
Uno de los reclamos comunes a la mayoría de los senadores fue el estado de las rutas argentinas, algo que puso en el centro de la escena el recorte total de las obras públicas por parte de la Nación. En su respuesta, Posse subrayó que la situación general de la infraestructura vial “es muy mala”. “Son años de abandono y desfinanciamiento. Que el 40% de las rutas estén en mal estado no tiene que ver con los últimos cinco meses”, dictaminó el funcionario nacional.
Ajuste a las provincias
En la misma línea, los senadores también cuestionaron la poda de las partidas presupuestarias destinadas a las provincias, como la que garantiza el Fondo Nacional de Incentivo Docente (Fonid) y los subsidios al transporte.
La senadora Pro Guadalupe Tagliaferri, quien se mostró combativa sobre algunos puntos de las medidas impulsadas por Milei, exigió al ministro la garantización de los tratamientos oncológicos y de la conectividad para los menores de edad. Para resolver estos temas, la legisladora habló de la “obsesión por la gestión”, uno de los pilares que cultivó el exalcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta, su mentor político.
Una de las perlitas de la exposición la protagonizó Posse al responderle una pregunta al santacruceño José María Carambia, a quien llamó “senadora”. Si bien el jefe de Gabinete rectificó rápidamente su error y pidió disculpas, este pequeño desliz evidenció la estrecha noción del ministro respecto del lugar en el que se encuentra. Carambia es uno de los ocho legisladores que serán determinantes para sellar la suerte de los proyectos del Presidente.
Después de un cuarto intermedio que se extendió por cuarenta minutos, el bonaerense Eduardo “Wado” de Pedro (UP) puso sobre la mesa el “conflicto de interés” de algunos funcionarios en relación con la política energética. Para ello, recordó el convenio firmado en octubre del año pasado entre YPF y Petronas. “La inversión más importante de la historia de la Argentina, por US$30.000 millones para la producción de gas natural licuado (GNL) en el puerto de Bahía Blanca”, señaló.
Proyecciones
En su respuesta, Posse solo se limitó a subrayar que “es la misma Petronas la que dice ‘sin RIGI no hay planta de GNL’”. “El RIGI da una seguridad jurídica mayor. El volumen de exportaciones de hoy es igual al de 10 años atrás, si no tomamos acciones diferentes vamos a tener los mismos resultados”, sentenció.
Una consulta de la mendocina Anabel Fernández Sagasti (UP) forzó al ministro a clarificar las proyecciones económicas para el primer año de gobierno. Señaló que se espera una caída de 3,5 puntos del producto, y se proyectan un dólar a $1016 –“esto es un 58% de crecimiento interanual”, aclaró– y un índice de inflación del 139,7% interanual a diciembre de 2024.
En los cierres de los discursos, la senadora cordobesa Alejandra Vigo (Unidad Federal) remarcó la importancia de la agenda federal y se animó a insinuar que acompañará la Ley Bases y el paquete fiscal. “El gobierno debe contar con las herramientas para empezar a gobernar”, dictaminó.
El salteño Juan Carlos Romero (Cambio Federal) cuestionó la falta de nombramientos oficiales en la gestión actual. “No puede haber un señor de la gestión anterior que maneje los ferrocarriles”, objetó. “Yo espero que esos funcionarios sean cambiados. ¿Por qué no concursan los cargos políticos?”, propuso.
A su turno, Alfredo De Angeli (Pro) remarcó la necesidad de una nueva legislación laboral. “No puede ser que tengamos casi el 50% de los empleados en la informalidad, he visto pymes quebrar por juicios laborales. Queremos que le vaya bien al Presidente para que les vaya bien a los argentinos”, sentenció.
El radical correntino Eduardo Vischi mencionó la sensación de “sabor a poco” que le dejó la exposición del jefe de Gabinete. Y explicó: “Vemos a que el Estado se retira, sin conducir a la sociedad a una posibilidad mayor de igualdad”.
Por UP, Juliana Di Tullio cuestionó que Posse haya leído las respuestas. “Hay una diferencia sustancial entre leer y hablar porque cuando uno habla eso implica riesgo, que es lo que demanda su lugar en el Estado nacional”, señaló. Además destacó la “paciencia infinita” del Senado, que “no se condice con el trato del Presidente”. A su vez, el formoseño José Mayans anticipó el rechazo de plano de su bloque. “Es inconstitucional el capítulo de modernización laboral que mandaron al Congreso”, señaló.
El cierre quedó en manos del libertario Ezequiel Atauche. “No elegimos al más chamuyero del Estado para que sea jefe de Gabinete”, dijo el jefe del bloque de LLA, pero recordó: “Por eso les metimos un cachetazo el año pasado”.
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Un fantasma del poder, que compartió con Milei momentos difíciles y una indignación decisiva
Maia Jastreblansky
Nicolás Posse
Nicolás Posse conoce personalmente a Cristina Kirchner. Estuvo con ella en dos oportunidades, trece años atrás. Fue cuando trabajaba full time en el Corredor Bioceánico Aconcagua, un proyecto para hacer un túnel a Chile a través de la Cordillera de los Andes. En esos encuentros, el que llevaba la voz cantante era Eduardo Eurnekian, dueño de Corporación América y por entonces jefe de Posse. Pero el empresario llevaba a su empleado para que explicara las bondades de la ambiciosa iniciativa ante la entonces presidenta y funcionarios como Amado Boudou y Julio De Vido.
Aquellos fueron los primeros roces del actual jefe de Gabinete con la alta política. Saltar al otro lado del mostrador ni se le pasaba por la cabeza. En esa época, en Corporación América, Posse tenía su oficina pegada a la de Javier Milei, por entonces un economista excéntrico que pasaba jornadas larguísimas atornillado a su escritorio. Con su personalidad pirotécnica, Milei era visto como un “bicho raro” dentro de la compañía de Eurnekian. “Él era muy distinto del resto… y yo era un poco distinto del resto”, comentó Posse alguna vez para explicar por qué tuvieron buena química.
Por entonces, Posse charlaba con Milei sobre la “decadencia” de la Argentina y los obstáculos que el Estado les generaba a los privados. Indignados con el país, ambos aseguraban que jamás se meterían en la función pública. Años después, terminó entrando en la política de la mano de su amigo.
Según pudo reconstruir la nacion de distintas fuentes, este ingeniero industrial de 58 años, parco y de bajo perfil, aceptó asumir el rol de coordinador de los equipos técnicos de La Libertad Avanza y luego ser jefe de Gabinete con una única condición: le requirió a Milei no dar entrevistas en los medios ni hablar en público más allá de lo que le exige la Constitución. Es decir, no quería ser un vocero del Gobierno como hicieron sus antecesores. Solo hablaría una vez por mes en el Congreso para brindar el informe de gestión previsto por ley.
Ayer lo hizo por primera vez, a cinco meses del inicio de la administración libertaria. Tras prepararse en las últimas semanas para hablar frente al Senado, Posse rompió el hielo en la víspera, publicando su primer video en redes sociales.
Aún así, Posse sigue siendo visto por el resto de la política silvestre como un fantasma con poder. Tiene fuerte incidencia en las grandes cajas del Estado y en materia de seguridad nacional, dos aspectos muy apetecibles en cualquier gobierno. “Vos tenés que aparecer más, te tenemos que ver la cara”, le dijo alguna vez el expresidente de la Cámara de Diputados Emilio Monzó, el “rey de la rosca”, cuando el jefe de Gabinete apareció en las reuniones en torno a la Ley Bases con gobernadores y legisladores de la oposición.
Pese a su intención de pasar por debajo de los radares –o quizá por ello–, el jefe de Gabinete quedó envuelto en rumores desde el día uno y aún no puede escapar del “fuego amigo”. Primero, corrieron versiones que lo ubicaban en disputas con otros miembros del gabinete, en particular con la titular de Capital Humano, Sandra Pettovello, que siempre quiso elegir a su staff y tener autonomía. En los últimos días, entre los libertarios comenzó a crecer la versión de que el propio Milei le estaba poniendo distancia a su jefe de Gabinete tras una fuerte discusión privada. Consultado por LN+ sobre estos trascendidos, el Presidente respondió: “Soy amigo de Posse desde hace 20 años”. Y aseguró que no estaba en duda su continuidad.
En la intimidad, Posse despotrica contra esos rumores y los atribuye a falsas operaciones o a mala praxis de la prensa.
Antes de la política
De familia de médicos, Posse creció en Chacarita, en una casa de clase media. Es egresado de la camada 1983 del St. Brendan’s College, un colegio bilingüe de Belgrano R al que también asistía Jorge Macri, un año más grande que él. Tras hacer un test vocacional, decidió romper la tradición familiar y estudiar Ingeniería Industrial en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). Se graduó con honores en 1989 y completó sus estudios en un programa de Cambridge University.
Antes de recalar en Corporación América, Posse trabajó en Molinos Río de la Plata y en Red Bull, firma austríaca de la bebida energizante, donde llegó a ser CEO regional. Allí conoció a mucha gente. Entre otros, al brigadier retirado Jorge Antelo, que recaló en la Jefatura de Gabinete como secretario de Estrategia Nacional y que hoy es el hombre de Posse para coordinar las áreas de Defensa, Seguridad y la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Pese a que ahora pretenden controlar juntos la seguridad nacional de la Argentina, Posse y Antelo se conocieron en un evento menos pretencioso: un campeonato de aviones de papel organizado por la bebida que “da alas”. Había un premio para el avioncito que volara más lejos y otro para el que se mantuviera más tiempo en el aire.
En 2007, Posse inició su paso por Corporación América como CEO de Interbaires, la empresa dueña de los duty free shops.
El primer día que se vieron, Milei y Posse hablaron de música. De adolescentes, los dos habían integrado bandas de garaje. El economista había cantado en Everest, un conjunto stone, y el ingeniero había tocado el bajo en un grupo igualmente ignoto para el público general. Posse le regaló a Milei un disco del tenor italiano Enrico Caruso –ya por entonces al Presidente le gustaba la ópera– y el economista se lo retribuyó con un disco de obras inéditas de Elvis Presley.
Tras esa sintonía inicial, el proyecto del Corredor Bioceánico los tuvo trabajando codo a codo por casi una década. Los sinsabores del proyecto unieron a la dupla en una estrecha amistad. La cercanía era tal que Posse le presentó a Milei un psicólogo de su confianza para que el economista aprendiera a “administrar su energía”. Ya como presidente, alguna vez Milei contó que hizo terapia y que Posse y el actual ministro del Interior, Guillermo Francos, lo ayudaron mucho en momentos difíciles.
Posse también pasó uno de los momentos más duros de su vida cerca de Milei. Fue cuando se frustró el ambicioso proyecto del Corredor Bioceánico Aconcagua, que pretendía unir a la Argentina con Chile con un tren de alta tecnología y que requería una inversión de 4000 millones de dólares. Quienes hablaron del tema con el jefe de Gabinete aseguran que para él fue una época difícil. “Diez años de trabajo y enorme sacrificio personal tirados a la basura”, dijo alguna vez. En su despacho de la Casa Rosada tiene una maqueta del proyecto que nunca se hizo y al que le dedicó una década de vida.
El ministro coordinador tiene una fijación con la Cordillera: es montañista y escaló varias veces el Aconcagua. También es maratonista y aficionado a la navegación y al esquí. Tiene otro pasatiempo de menor vértigo: los rompecabezas, una actividad que comparte con su única hija.
Salto al Estado
El jefe de Gabinete no se olvida de que fue durante el gobierno de Mauricio Macri que la iniciativa del bioceánico quedó en la nada. Un funcionario macrista dijo a la nacion: “Jamás se iba a hacer algo así… era demasiada plata”.
Quizás ese mal recuerdo explique por qué Posse siempre fue reticente a recibir sugerencias de Macri para armar equipos. Si bien acudió a la cantera macrista para completar casilleros, nunca quiso que fueran imposiciones del líder de Pro.
Posse armó equipos técnicos durante todo 2023. Pero con la llegada al poder real hubo dificultad para completar los lugares. Para nadie es un secreto que el jefe de Gabinete audita minuciosamente el perfil de cada incorporación. Hay quienes dicen que lo hace asesorado por importantes bufetes de abogados. Para la elaboración de la Ley Bases, Posse también se respaldó en estudios jurídicos de renombre.
En su perfil de LinkedIn, Posse se autodescribe como una persona “de alta flexibilidad y resiliencia”. Puertas adentro del Gobierno suele decir que es un “generalista” y que por eso puede estar encima de todos los temas. Pero hay dos asuntos que lo ocupan especialmente: las empresas del Estado y la Inteligencia nacional. Al frente de la AFI, Posse colocó a Silvestre Sívori, un joven de su extrema confianza. Lo rodeó de cinco militares retirados en distintos cargos del organismo. Aunque por ley la Inteligencia depende de la Presidencia de la Nación, el jefe de los espías no se reporta ante Milei sino ante el jefe de Gabinete, a quien visita asiduamente en la Casa Rosada.
Posse tiene un conjunto de asesores –con o sin cargo– que lo ayudan como controllers de las áreas. En el Gobierno algunos vieron allí un “shadow cabinet” de fiscalización interna. En ese grupo estaba, por caso, el abogado del Grupo Techint Julio Cordero, verdadero responsable de la política laboral de Milei hasta que, con la salida de Omar Yasín (el primer elegido de Pettovello), finalmente fue oficializado como secretario de Trabajo. Otro caso es el del presidente de la Fundación Güemes, Mario Lugones, que conoce a Posse desde hace una década. Las prepagas pueden dar cuenta de que Lugones es quien realmente mueve los hilos en el área de Salud frente al bajísimo perfil del ministro del área, Mario Russo. El hombre de Posse para los temas de energía es Carlos Bastos, exsecretario del área durante el menemismo.
Posse también tiene interés en la relación con las empresas tecnológicas y por eso rápidamente absorbió al área de telecomunicaciones y licencias satelitales cuando el exministro de Infraestructura Guillermo Ferraro fue desplazado. Dentro de la Jefatura de Gabinete, esa área quedó bajo la órbita del secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Alejandro Cosentino, un funcionario que acapara cada vez más poder.
Para controlar a las sociedades del Estado, Posse designó a Mauricio González Botto, otro hombre sin paso previo por la política que pretende sanear las empresas públicas para privatizarlas. El nombre de González Botto cobró trascendencia tras el choque de trenes en Palermo, cuando se supo que estaba entre los destinatarios de un memo interno que, el 3 de mayo, había advertido sobre las urgencias del sistema de ferrocarriles.
El jefe de Gabinete no cree en las reuniones periódicas con los ministros. Con el único que entabló una rutina fue con el titular de Economía, Luis Caputo, con quien acordó almorzar una vez por semana. La restricción de caja que baja desde la cima del Gobierno deriva en numerosos problemas de gestión, por momentos graves, que abarcan desde la conflictividad con las universidades hasta los riesgos vinculados a la seguridad ferroviaria. Hechos que no hacen más que ratificar para Posse aquella convicción que encadenó sus primeras charlas con aquel economista “muy distinto del resto” de la Corporación América: la necesidad de reducir el Estado a su mínima expresión.
El jefe de Gabinete, Nicolás Posse, presentó ayer su primer informe de gestión en el Senado. El funcionario, que cultiva un extremo bajo perfil, expuso sobre la marcha de la administración libertaria frente a un público hostil. Subrayó que una de las prioridades del Gobierno es el orden de la economía. Precisó que se prevé para este año una caída del PBI de 3,5% y se proyectan para fin de año un dólar a $1066 –esto es, una devaluación controlada del orden del 2% mensual– y una inflación del 139,7% interanual.
Nicolás Posse presentó ayer, en una extensa sesión, su primer informe de gestión en el Senado. A cinco meses del desembarco de Javier Milei en la Casa Rosada, el jefe de Gabinete de Ministros, quien cultiva un extremo bajo perfil, expuso sobre la marcha de la administración libertaria frente a un público hostil. Entre otros puntos, destacó las prioridades del Gobierno y subrayó que una de ellas es el orden de la economía. Precisó que se prevé para este año una caída de 3,5% del PBI, y se proyectan un dólar a $1066 –esto es una devaluación controlada del orden del 2% mensual– y una inflación del 139,7% interanual.
Fue la primera vez que el Gobierno blanqueó las estimaciones macroeconómicas de 2024, dado que la administración funciona sin presupuesto y se prorrogó el de 2023. Por eso la oposición le reclamó a Posse que presente un proyecto para “saber adónde quieren llevar al país”. Ocurrió sobre el final de la exposición de ocho horas que hizo el jefe de Gabinete en la Cámara alta.
Como parte del corazón del relato libertario, Posse aprovechó la oportunidad para profundizar la avanzada contra las organizaciones sociales y piqueteras, al catalogarlas como “un esquema de esclavitud moderna”. En las respuestas que envió previamente a los senadores, Posse dio por tierra con otras “vacas sagradas” de La Libertad Avanza: la dolarización y el cierre del Banco Central.
El Senado se convirtió en los últimos días en una olla a presión. La intención del oficialismo de sancionar en solo 15 días las iniciativas de Milei puso en guardia a la oposición, que les marcó la cancha a los libertarios. Después de dos semanas de discusión, los legisladores impondrán cambios a la Ley Bases y el paquete fiscal, lo que dilatará los tiempos de la Casa Rosada.
Discurso monocorde
El desembarco de Posse en la Cámara alta tuvo lugar en una etapa en que el diálogo entre el oficialismo y la oposición pareciera haberse empastado. Pese a que los senadores esperaban al ministro para exigir explicaciones y escenificar su rechazo a algunos de los puntos de las normas impulsadas por el Ejecutivo, logró sortear las afrentas, no entró en las chicanas y mostró solidez en su exposición. Lo hizo, no obstante, con un discurso monocorde, en el que se limitó a leer las respuestas enviadas por su equipo, sin mostrar signos de espontaneidad en el plano político.
A tal punto, que algunos senadores libertarios, como el formoseño Francisco Paoltroni, no pudieron evitar algunos “cabezazos” en pleno recinto. La sesión informativa con el ministro coordinador comenzó puntual, a las 11. El funcionario arribó al Palacio Legislativo con una comitiva de más de 50 personas que lo asistieron desde el Salón Azul para elaborar las respuestas que luego leería en el recinto.
En los palcos de la Cámara se encontraba Ignacio Viale, el nieto empresario de Mirtha Legrand. Según precisó él mismo a través de X, fue invitado por la Jefatura de Gabinete como miembro de la Cámara Argentina de Productoras Independientes de Televisión. También apoyó la presentación del jefe de Gabinete el secretario de Energía, Eduardo Rodríguez Chirillo, quien presenció el discurso de Posse desde uno de los balcones centrales del recinto junto a otros funcionarios del Ejecutivo, con los que se sacó una selfie antes de la sesión.
Al final de su informe previo a las preguntas de los senadores, Posse remarcó la prioridad del Gobierno para “recuperar la credibilidad, los argentinos que tienen en el colchón medio PBI porque la seguridad no está garantizada”. Destacó también el nivel de aprobación que todavía tiene la gestión de Javier Milei y sentenció: “Estamos viviendo un proceso de gran esfuerzo, acompañado por una gran esperanza de los ciudadanos”.
Frente a los aplausos de los senadores libertarios en el recinto, la titular del cuerpo, Victoria Villarruel, pidió respetar las reglas de la Cámara, que impide este tipo de manifestaciones. El vínculo entre la vicepresidenta y Posse, quien ocupa un lugar en la mesa chica del Presidente, no es el mejor. En las negociaciones con la oposición por la Ley Bases y el paquete fiscal, el círculo chico de Milei corrió a Villarruel de las conversaciones y desdibujó su rol en el Senado. A pesar de este desaire, Villarruel recibió a Posse la semana pasada para coordinar su arribo al Palacio Legislativo.
José Rolandi, segundo en la línea de comando de la cartera que conduce Posse, se sentó en el recinto detrás del ministro. Rolandi es uno de los protagonistas indiscutidos de la negociación con la oposición.
Después del alegato inicial del jefe de Gabinete, se hilvanaron las preguntas de los senadores. Posse leyó las respuestas de las hojas que su equipo le alcanzaba. Entre otros temas, los legisladores le consultaron sobre la privatización de las empresas públicas, obras puntuales en sus provincias y algunos programas específicos, como el que apunta a bajar el embarazo adolescente.
Uno de los reclamos comunes a la mayoría de los senadores fue el estado de las rutas argentinas, algo que puso en el centro de la escena el recorte total de las obras públicas por parte de la Nación. En su respuesta, Posse subrayó que la situación general de la infraestructura vial “es muy mala”. “Son años de abandono y desfinanciamiento. Que el 40% de las rutas estén en mal estado no tiene que ver con los últimos cinco meses”, dictaminó el funcionario nacional.
Ajuste a las provincias
En la misma línea, los senadores también cuestionaron la poda de las partidas presupuestarias destinadas a las provincias, como la que garantiza el Fondo Nacional de Incentivo Docente (Fonid) y los subsidios al transporte.
La senadora Pro Guadalupe Tagliaferri, quien se mostró combativa sobre algunos puntos de las medidas impulsadas por Milei, exigió al ministro la garantización de los tratamientos oncológicos y de la conectividad para los menores de edad. Para resolver estos temas, la legisladora habló de la “obsesión por la gestión”, uno de los pilares que cultivó el exalcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta, su mentor político.
Una de las perlitas de la exposición la protagonizó Posse al responderle una pregunta al santacruceño José María Carambia, a quien llamó “senadora”. Si bien el jefe de Gabinete rectificó rápidamente su error y pidió disculpas, este pequeño desliz evidenció la estrecha noción del ministro respecto del lugar en el que se encuentra. Carambia es uno de los ocho legisladores que serán determinantes para sellar la suerte de los proyectos del Presidente.
Después de un cuarto intermedio que se extendió por cuarenta minutos, el bonaerense Eduardo “Wado” de Pedro (UP) puso sobre la mesa el “conflicto de interés” de algunos funcionarios en relación con la política energética. Para ello, recordó el convenio firmado en octubre del año pasado entre YPF y Petronas. “La inversión más importante de la historia de la Argentina, por US$30.000 millones para la producción de gas natural licuado (GNL) en el puerto de Bahía Blanca”, señaló.
Proyecciones
En su respuesta, Posse solo se limitó a subrayar que “es la misma Petronas la que dice ‘sin RIGI no hay planta de GNL’”. “El RIGI da una seguridad jurídica mayor. El volumen de exportaciones de hoy es igual al de 10 años atrás, si no tomamos acciones diferentes vamos a tener los mismos resultados”, sentenció.
Una consulta de la mendocina Anabel Fernández Sagasti (UP) forzó al ministro a clarificar las proyecciones económicas para el primer año de gobierno. Señaló que se espera una caída de 3,5 puntos del producto, y se proyectan un dólar a $1016 –“esto es un 58% de crecimiento interanual”, aclaró– y un índice de inflación del 139,7% interanual a diciembre de 2024.
En los cierres de los discursos, la senadora cordobesa Alejandra Vigo (Unidad Federal) remarcó la importancia de la agenda federal y se animó a insinuar que acompañará la Ley Bases y el paquete fiscal. “El gobierno debe contar con las herramientas para empezar a gobernar”, dictaminó.
El salteño Juan Carlos Romero (Cambio Federal) cuestionó la falta de nombramientos oficiales en la gestión actual. “No puede haber un señor de la gestión anterior que maneje los ferrocarriles”, objetó. “Yo espero que esos funcionarios sean cambiados. ¿Por qué no concursan los cargos políticos?”, propuso.
A su turno, Alfredo De Angeli (Pro) remarcó la necesidad de una nueva legislación laboral. “No puede ser que tengamos casi el 50% de los empleados en la informalidad, he visto pymes quebrar por juicios laborales. Queremos que le vaya bien al Presidente para que les vaya bien a los argentinos”, sentenció.
El radical correntino Eduardo Vischi mencionó la sensación de “sabor a poco” que le dejó la exposición del jefe de Gabinete. Y explicó: “Vemos a que el Estado se retira, sin conducir a la sociedad a una posibilidad mayor de igualdad”.
Por UP, Juliana Di Tullio cuestionó que Posse haya leído las respuestas. “Hay una diferencia sustancial entre leer y hablar porque cuando uno habla eso implica riesgo, que es lo que demanda su lugar en el Estado nacional”, señaló. Además destacó la “paciencia infinita” del Senado, que “no se condice con el trato del Presidente”. A su vez, el formoseño José Mayans anticipó el rechazo de plano de su bloque. “Es inconstitucional el capítulo de modernización laboral que mandaron al Congreso”, señaló.
El cierre quedó en manos del libertario Ezequiel Atauche. “No elegimos al más chamuyero del Estado para que sea jefe de Gabinete”, dijo el jefe del bloque de LLA, pero recordó: “Por eso les metimos un cachetazo el año pasado”.
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Un fantasma del poder, que compartió con Milei momentos difíciles y una indignación decisiva
Maia Jastreblansky
Nicolás Posse conoce personalmente a Cristina Kirchner. Estuvo con ella en dos oportunidades, trece años atrás. Fue cuando trabajaba full time en el Corredor Bioceánico Aconcagua, un proyecto para hacer un túnel a Chile a través de la Cordillera de los Andes. En esos encuentros, el que llevaba la voz cantante era Eduardo Eurnekian, dueño de Corporación América y por entonces jefe de Posse. Pero el empresario llevaba a su empleado para que explicara las bondades de la ambiciosa iniciativa ante la entonces presidenta y funcionarios como Amado Boudou y Julio De Vido.
Aquellos fueron los primeros roces del actual jefe de Gabinete con la alta política. Saltar al otro lado del mostrador ni se le pasaba por la cabeza. En esa época, en Corporación América, Posse tenía su oficina pegada a la de Javier Milei, por entonces un economista excéntrico que pasaba jornadas larguísimas atornillado a su escritorio. Con su personalidad pirotécnica, Milei era visto como un “bicho raro” dentro de la compañía de Eurnekian. “Él era muy distinto del resto… y yo era un poco distinto del resto”, comentó Posse alguna vez para explicar por qué tuvieron buena química.
Por entonces, Posse charlaba con Milei sobre la “decadencia” de la Argentina y los obstáculos que el Estado les generaba a los privados. Indignados con el país, ambos aseguraban que jamás se meterían en la función pública. Años después, terminó entrando en la política de la mano de su amigo.
Según pudo reconstruir la nacion de distintas fuentes, este ingeniero industrial de 58 años, parco y de bajo perfil, aceptó asumir el rol de coordinador de los equipos técnicos de La Libertad Avanza y luego ser jefe de Gabinete con una única condición: le requirió a Milei no dar entrevistas en los medios ni hablar en público más allá de lo que le exige la Constitución. Es decir, no quería ser un vocero del Gobierno como hicieron sus antecesores. Solo hablaría una vez por mes en el Congreso para brindar el informe de gestión previsto por ley.
Ayer lo hizo por primera vez, a cinco meses del inicio de la administración libertaria. Tras prepararse en las últimas semanas para hablar frente al Senado, Posse rompió el hielo en la víspera, publicando su primer video en redes sociales.
Aún así, Posse sigue siendo visto por el resto de la política silvestre como un fantasma con poder. Tiene fuerte incidencia en las grandes cajas del Estado y en materia de seguridad nacional, dos aspectos muy apetecibles en cualquier gobierno. “Vos tenés que aparecer más, te tenemos que ver la cara”, le dijo alguna vez el expresidente de la Cámara de Diputados Emilio Monzó, el “rey de la rosca”, cuando el jefe de Gabinete apareció en las reuniones en torno a la Ley Bases con gobernadores y legisladores de la oposición.
Pese a su intención de pasar por debajo de los radares –o quizá por ello–, el jefe de Gabinete quedó envuelto en rumores desde el día uno y aún no puede escapar del “fuego amigo”. Primero, corrieron versiones que lo ubicaban en disputas con otros miembros del gabinete, en particular con la titular de Capital Humano, Sandra Pettovello, que siempre quiso elegir a su staff y tener autonomía. En los últimos días, entre los libertarios comenzó a crecer la versión de que el propio Milei le estaba poniendo distancia a su jefe de Gabinete tras una fuerte discusión privada. Consultado por LN+ sobre estos trascendidos, el Presidente respondió: “Soy amigo de Posse desde hace 20 años”. Y aseguró que no estaba en duda su continuidad.
En la intimidad, Posse despotrica contra esos rumores y los atribuye a falsas operaciones o a mala praxis de la prensa.
Antes de la política
De familia de médicos, Posse creció en Chacarita, en una casa de clase media. Es egresado de la camada 1983 del St. Brendan’s College, un colegio bilingüe de Belgrano R al que también asistía Jorge Macri, un año más grande que él. Tras hacer un test vocacional, decidió romper la tradición familiar y estudiar Ingeniería Industrial en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). Se graduó con honores en 1989 y completó sus estudios en un programa de Cambridge University.
Antes de recalar en Corporación América, Posse trabajó en Molinos Río de la Plata y en Red Bull, firma austríaca de la bebida energizante, donde llegó a ser CEO regional. Allí conoció a mucha gente. Entre otros, al brigadier retirado Jorge Antelo, que recaló en la Jefatura de Gabinete como secretario de Estrategia Nacional y que hoy es el hombre de Posse para coordinar las áreas de Defensa, Seguridad y la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Pese a que ahora pretenden controlar juntos la seguridad nacional de la Argentina, Posse y Antelo se conocieron en un evento menos pretencioso: un campeonato de aviones de papel organizado por la bebida que “da alas”. Había un premio para el avioncito que volara más lejos y otro para el que se mantuviera más tiempo en el aire.
En 2007, Posse inició su paso por Corporación América como CEO de Interbaires, la empresa dueña de los duty free shops.
El primer día que se vieron, Milei y Posse hablaron de música. De adolescentes, los dos habían integrado bandas de garaje. El economista había cantado en Everest, un conjunto stone, y el ingeniero había tocado el bajo en un grupo igualmente ignoto para el público general. Posse le regaló a Milei un disco del tenor italiano Enrico Caruso –ya por entonces al Presidente le gustaba la ópera– y el economista se lo retribuyó con un disco de obras inéditas de Elvis Presley.
Tras esa sintonía inicial, el proyecto del Corredor Bioceánico los tuvo trabajando codo a codo por casi una década. Los sinsabores del proyecto unieron a la dupla en una estrecha amistad. La cercanía era tal que Posse le presentó a Milei un psicólogo de su confianza para que el economista aprendiera a “administrar su energía”. Ya como presidente, alguna vez Milei contó que hizo terapia y que Posse y el actual ministro del Interior, Guillermo Francos, lo ayudaron mucho en momentos difíciles.
Posse también pasó uno de los momentos más duros de su vida cerca de Milei. Fue cuando se frustró el ambicioso proyecto del Corredor Bioceánico Aconcagua, que pretendía unir a la Argentina con Chile con un tren de alta tecnología y que requería una inversión de 4000 millones de dólares. Quienes hablaron del tema con el jefe de Gabinete aseguran que para él fue una época difícil. “Diez años de trabajo y enorme sacrificio personal tirados a la basura”, dijo alguna vez. En su despacho de la Casa Rosada tiene una maqueta del proyecto que nunca se hizo y al que le dedicó una década de vida.
El ministro coordinador tiene una fijación con la Cordillera: es montañista y escaló varias veces el Aconcagua. También es maratonista y aficionado a la navegación y al esquí. Tiene otro pasatiempo de menor vértigo: los rompecabezas, una actividad que comparte con su única hija.
Salto al Estado
El jefe de Gabinete no se olvida de que fue durante el gobierno de Mauricio Macri que la iniciativa del bioceánico quedó en la nada. Un funcionario macrista dijo a la nacion: “Jamás se iba a hacer algo así… era demasiada plata”.
Quizás ese mal recuerdo explique por qué Posse siempre fue reticente a recibir sugerencias de Macri para armar equipos. Si bien acudió a la cantera macrista para completar casilleros, nunca quiso que fueran imposiciones del líder de Pro.
Posse armó equipos técnicos durante todo 2023. Pero con la llegada al poder real hubo dificultad para completar los lugares. Para nadie es un secreto que el jefe de Gabinete audita minuciosamente el perfil de cada incorporación. Hay quienes dicen que lo hace asesorado por importantes bufetes de abogados. Para la elaboración de la Ley Bases, Posse también se respaldó en estudios jurídicos de renombre.
En su perfil de LinkedIn, Posse se autodescribe como una persona “de alta flexibilidad y resiliencia”. Puertas adentro del Gobierno suele decir que es un “generalista” y que por eso puede estar encima de todos los temas. Pero hay dos asuntos que lo ocupan especialmente: las empresas del Estado y la Inteligencia nacional. Al frente de la AFI, Posse colocó a Silvestre Sívori, un joven de su extrema confianza. Lo rodeó de cinco militares retirados en distintos cargos del organismo. Aunque por ley la Inteligencia depende de la Presidencia de la Nación, el jefe de los espías no se reporta ante Milei sino ante el jefe de Gabinete, a quien visita asiduamente en la Casa Rosada.
Posse tiene un conjunto de asesores –con o sin cargo– que lo ayudan como controllers de las áreas. En el Gobierno algunos vieron allí un “shadow cabinet” de fiscalización interna. En ese grupo estaba, por caso, el abogado del Grupo Techint Julio Cordero, verdadero responsable de la política laboral de Milei hasta que, con la salida de Omar Yasín (el primer elegido de Pettovello), finalmente fue oficializado como secretario de Trabajo. Otro caso es el del presidente de la Fundación Güemes, Mario Lugones, que conoce a Posse desde hace una década. Las prepagas pueden dar cuenta de que Lugones es quien realmente mueve los hilos en el área de Salud frente al bajísimo perfil del ministro del área, Mario Russo. El hombre de Posse para los temas de energía es Carlos Bastos, exsecretario del área durante el menemismo.
Posse también tiene interés en la relación con las empresas tecnológicas y por eso rápidamente absorbió al área de telecomunicaciones y licencias satelitales cuando el exministro de Infraestructura Guillermo Ferraro fue desplazado. Dentro de la Jefatura de Gabinete, esa área quedó bajo la órbita del secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Alejandro Cosentino, un funcionario que acapara cada vez más poder.
Para controlar a las sociedades del Estado, Posse designó a Mauricio González Botto, otro hombre sin paso previo por la política que pretende sanear las empresas públicas para privatizarlas. El nombre de González Botto cobró trascendencia tras el choque de trenes en Palermo, cuando se supo que estaba entre los destinatarios de un memo interno que, el 3 de mayo, había advertido sobre las urgencias del sistema de ferrocarriles.
El jefe de Gabinete no cree en las reuniones periódicas con los ministros. Con el único que entabló una rutina fue con el titular de Economía, Luis Caputo, con quien acordó almorzar una vez por semana. La restricción de caja que baja desde la cima del Gobierno deriva en numerosos problemas de gestión, por momentos graves, que abarcan desde la conflictividad con las universidades hasta los riesgos vinculados a la seguridad ferroviaria. Hechos que no hacen más que ratificar para Posse aquella convicción que encadenó sus primeras charlas con aquel economista “muy distinto del resto” de la Corporación América: la necesidad de reducir el Estado a su mínima expresión.
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