lunes, 6 de mayo de 2024

OFENSIVA DE LA OPOSICIÓN Y EL ANÁLISIS


Ofensiva de la oposición dialoguista por las jubilaciones y universidades
Tras el debate que rodeó a la sanción de la Ley Bases, este sector legislativo buscará diferenciarse del oficialismo y tratará de imponer una agenda propia con temas sensibles
Laura Serra
La predisposición que mostraron los bloques dialoguistas en la Cámara de Diputados a aprobar –no sin modificaciones– el proyecto de la Ley Bases y el paquete de reformas fiscales se trocará, a partir de ahora, en una actitud más ofensiva. Cumplida su parte al concederle al Gobierno las herramientas que requería para gestionar, ahora los opositores buscarán instalar su propia agenda con vistas al electorado que lo votó y siente los rigores del ajuste de la gestión de Javier Milei.
Después de todo, así es la política: una de cal y otra de arena. No pasaron dos días de la media sanción de los dos proyectos oficialistas que los opositores, reunidos en la Comisión de Educación, le mandaron un aviso al Gobierno: si no ofrece pronto una propuesta de mejora presupuestaria a las universidades nacionales, el Congreso –que tiene facultades constitucionales de fijar el presupuesto anual– impulsará una ley propia.
El financiamiento de la educación superior fue un compromiso que suscribieron casi todos los candidatos presidenciales –incluida Patricia Bullrich, postulada por Juntos por el Cambio– durante la campaña. La excepción fue Milei, el líder de La Libertad Avanza.
La recomposición de los haberes jubilatorios es otro de los desafíos que acometerán los opositores, según pudo saber la nacion. Del ahorro total generado por el Estado en el primer trimestre, el 38% corresponde a la licuación de los gastos en jubilaciones y pensiones, que sufrieron una caída del 35% real en estos tres meses. Merced a este “ahorro”, el presidente Milei pudo ufanarse por cadena nacional de haber alcanzado superávit financiero en el primer trimestre, logro que califica como “un hito que no tiene parangón en la historia del mundo occidental”.
Los opositores creen que llegó la hora de equilibrar los esfuerzos. En la Comisión de Previsión de la Cámara baja ya despacharon tres dictámenes para recomponer el poder adquisitivo de las jubilaciones, no solo los de la mínima. José Luis Espert, celoso custodio de la Comisión de Presupuesto, intentó imponerle un cepo al debate, sin éxito: una mayoría opositora lo conminó a citar para el miércoles próximo a la comisión. En un último intento dilatorio, Espert avisó que no hará nada hasta que la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) no informe sobre el impacto fiscal de esos tres dictámenes opositores.
Buenas (o malas) noticias para Espert: el jueves pasado la OPC ya dio su veredicto sobre las tres propuestas que despachó la Comisión de Previsión. No hay motivos, entonces, para darle largas al asunto, avisan los opositores.
Impactos fiscales
En la Comisión de Presupuesto se discutirán cuatro propuestas. La del oficialismo replica el DNU 274/24 del Ejecutivo que, en líneas generales, impulsa que a partir de julio se aplique una fórmula de movilidad actualizada mes a mes por inflación. Hasta entonces, se otorgarán adelantos a cuenta de la movilidad que resulte de la fórmula hoy vigente (la aprobada durante la gestión de Alberto Fernández) y un incremento extraordinario de 12,5% ya otorgado en abril.
Según la OPC, el costo fiscal de esta fórmula –que se aplicaría tanto a las jubilaciones como a las pensiones no contributivas y las asignaciones familiares– será de 7,14 puntos del PBI para todo el ejercicio 2024, bonos incluidos. El haber jubilatorio mensual sería, en promedio, de $248.846 más bonos por $88.047.
Los tres dictámenes opositores tienen como denominador común el reconocimiento de los 8 puntos que perdieron los haberes jubilatorios por el fogonazo inflacionario de enero pasado (20,6%); el Gobierno solo reconoció el 12,5% de esa suba.
Más allá de este punto en común, los tres dictámenes impulsados por la oposición guardan ciertas diferencias:
La UCR y Hacemos Coalición Federal proponen una fórmula de movilidad a actualizarse mensualmente en base al último índice de precios al consumidor (IPC). Incluye un aumento adicional a aplicarse en marzo de cada año, consistente en un 30% de la variación de la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (Ripte) por sobre la variación del IPC del último año, siempre que ésta resulte positiva. Establece,además, que ningún haber mínimo puede quedar por debajo del valor de la canasta básica total (CBT) por adulto.
Según la OPC, este dictamen tendría un impacto fiscal –con el bono compensatorio por canasta básica– de 7,57 puntos del PBI (contemplando haberes jubilatorios, asignaciones familiares y pensiones). Sería superior en 0,4 punto del PBI respecto del dictamen oficialista. El ingreso jubilatorio mensual sería de $263.512 más el bono compensatorio de $107.166.
Unión por la Patria institucionaliza el bono de $70.000 para los haberes mínimos e incluye un aumento por única vez del 30% para todas las prestaciones, “de forma tal de compensar lo perdido en los últimos meses”. Preserva la actual fórmula de movilidad, de actualización trimestral, basada en el promedio entre la variación de los recursos tributarios de la Anses y la de los salarios, pero incluye el componente inflacionario: todos los meses se harán adelantos en función del IPC. Si al momento de la actualización trimestral la fórmula actual arroja una movilidad mayor que la de la inflación, se otorgará la diferencia.
Según la OPC, esta propuesta tendrá un costo fiscal de 9 puntos del PBI, es decir, 2,14 superior a la del oficialismo. Eso sí, el haber promedio llegaría a $391.772.
Del ahorro generado por el Estado nacional en el primer trimestre, el 38% corresponde a la licuación de gastos en jubilaciones y pensiones
Alternativa de la izquierda
Por último, el dictamen del Frente de Izquierda tendría el mayor impacto fiscal: según la OPC, sería de 14 puntos del PBI.
En efecto, esta bancada propone una fuerte suba del haber mínimo previsional ($685.041 para los jubilados y pensionados), mientras que los haberes superiores al mínimo deberían ser actualizados proporcionalmente a dicho incremento respetando las escalas.
Espert intentará frenar la recomposición jubilatoria con un argumento que ya esgrimió en una entrevista a la nacion: no autorizarán ninguna suba del gasto público sin la correspondiente contrapartida en recursos. Tal vez sin darse cuenta, Espert encontró la solución al problema cuando, en la sesión pasada, accedió a incorporar un artículo en el paquete fiscal a propuesta de Nicolás Massot, de Hacemos Coalición Federal.
Ese artículo insta al Gobierno a que en 60 días presente un proyecto de ley tendiente a incrementar los recursos corrientes de la administración en hasta un 2% del PBI mediante la supresión o modificación de exenciones tributarias y beneficios impositivos que gozan distintas empresas y actividades. “Aquí puede estar la fuente de financiamiento para compensar a los jubilados”, desliza Massot.
Las propuestas de la oposición apuntan a recuperar los ocho puntos que perdieron los haberes jubilatorios frente a la inflación
Ganancias: rebelión de senadores patagónicos
El gobernador de Chubut, Ignacio Torres, anticipó que los senadores de las provincias patagónicas votarán en contra del capítulo del paquete fiscal que modifica el impuesto a las Ganancias, porque perjudica a trabajadores de la región como los petroleros. “Hay un dilema que se podría haber resuelto. Vamos a votar en contra porque el proyecto presenta marcadas asimetrías. Los patagónicos pedíamos que se contemplara el ítem zona desfavorable en el mínimo no imponible”, dijo. Y argumentó que “el costo de vida en nuestras provincias es mucho más alto” y que muchos médicos, por ejemplo, se irían de la provincia. “El tema tampoco tenía un costo fiscal representativo para el Gobierno”, sostuvo Torres.

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La montaña rusa de un presidente virtual
El paso de la Ley Bases en Diputados fue un homenaje a la política tradicional; el Senado abre dudas, mientras golpea la recesión; el Pacto de Mayo y las versiones de cambios en el gabinete
Martín Rodríguez YebraJavier Milei, en un momento clave de su gestión

Las redes sociales son una gigantesca torre de Babel, anárquica y sin límites, donde se libra una guerra permanente por un bien escaso: la atención. Nadie como el presidente Javier Milei encarnó tan cabalmente esa lógica en la política argentina desde su irrupción en el escenario electoral.
Quienes lo enfrentan navegan a menudo en el desconcierto por perder de vista ese detalle. Intentan descifrar una estrategia donde impera solamente el presente furioso.
Arrebatos, insultos, contradicciones, hipérboles y otros recursos estridentes alimentan el discurso del nuevo poder, que parece blindado a la réplica porque no apunta a la razón, sino a emociones urgentes. El surgimiento de un presidente virtual –en el sentido de su destreza en la comunicación digital– significó un shock para el sistema cinco meses atrás. Pero lo vivido en los últimos días revela una notable evolución del modelo.
En paralelo a la agitación del Twitter presidencial operó por primera vez con éxito un gobierno terrenal que obró el milagro pagano de la aprobación de un paquete de reformas en la Cámara de Diputados con la famélica escudería de 40 votos (de 257) que tiene el oficialismo libertario. La clave del éxito fue una pregunta con el sello de “la casta”: “¿Qué necesitás?”. La oyeron gobernadores, sindicalistas de la CGT, líderes partidarios, dirigentes universitarios y legisladores sueltos que terminaron por contribuir a la media sanción de dos proyectos de enorme complejidad y ambición.
“Supimos rever los pasos y entender los errores cometidos en el pasado”, se sinceró Guillermo Francos, el ministro del Interior, en alusión al fiasco de febrero, cuando la anterior versión de la ley fundacional del mileísimo se estrelló al ritmo de una rabieta presidencial.
Lo evidente del viraje pragmático puede ocultar una característica más original. Milei está descubriendo una fórmula de gobernabilidad en la que puede sentirse cómodo: la convivencia entre el presidente virtual y el gobierno analógico. Solo le toca hacer pequeñas concesiones, como abstenerse de romper con algún exabrupto una negociación en curso en las horas críticas de la votación. O dedicarles unos generosos agradecimientos a los aliados que cumplieron los acuerdos, como hizo con Cristian Ritondo, Silvia Lospennato (Pro), Rodrigo de Loredo (UCR) y Miguel Pichetto (Hacemos).
Son cada vez más habituales los relatos de interlocutores de Milei que lo describen recluido en la residencia de Olivos, dispuesto a conversar de los temas que le interesan, sin limitaciones de tiempo ni nadie que lo interrumpa con asuntos apremiantes. Pueden ser la macro, teorías económicas o detalles del libro que acaba de publicar. Sus diálogos con medios de comunicación también suelen extenderse más de lo que duran los programas a los que ha sido invitado.
Los ministros actúan con márgenes de delegación mayores de lo usual. En Economía y en Seguridad ejerce un control más constante. Son áreas en las que celebra haber designado a Luis Caputo y a Patricia Bullrich, a quienes en otro presente dedicó severas descalificaciones humanas y profesionales.
Karina Milei, con su aura de “jefe” a cuestas, se alineó con los ruegos de Francos. Ella puso el cuerpo en el Congreso para licuar desconfianzas. Se requiere una Milei para garantizar que otro Milei no va a dinamitar con palabras un pacto en marcha.
El nuevo objetivo del “ala tradicional” del Gobierno es que el Presidente reciba en formato mano a mano a gobernadores decisivos para que el paquete de reformas se convierta en ley en el Senado.
Pocas cosas cuida más celosamente Milei que la comunicación. Es verificable por las métricas digitales que dedica varias horas del día a su cuenta de Twitter. “Lo importante es que hablen de vos”, le aconsejan los asesores que responden a Santiago Caputo. Una máxima con el sello de Jaime Durán Barba.
Milei tiene una percepción afilada de esa necesidad. La masiva marcha contra los recortes al presupuesto universitario lo descolocó la semana anterior en gran medida porque se vio desafiado en la lucha por la atención. Otros ocuparon su lugar. no fue casual que de inmediato apareciera en público con un discurso provocador como el que pronunció en la Fundación Libertad. Desde entonces, dedicó energía a recorrer canales de TV y radios.
Las redes y los micrófonos le ofrecen el codiciado placer de hacer oposición desde el poder. Atacar a “la casta” para que no se note que se negocia con ella.
La lucha por los votos
En el Senado se da un capítulo mucho más explícito del “¿qué necesitás?”. El objetivo de máxima del Gobierno es romper el bloque que a grandes rasgos responde a Cristina Kirchner. Son 33, 4 menos de los que se requieren para bloquear cualquier iniciativa. El gobernador catamarqueño, Raúl Jalil, prometió trabajar sobre sus senadores, seducido por la posibilidad de inversiones mineras en su provincia y algún trato de preferencia en el envío de fondos. Lucía Corpacci, su antecesora y actual senadora, sugirió que no se prestará a ese plan.
“Va a ser más fácil de lo que creen”, augura un funcionario de la Casa Rosada. Apunta a convencer a los senadores de Santa Cruz, delegados del gobernador Claudio Vidal. Tienen casi convencidos a los misioneros de Carlos Rovira, siempre “independiente” cuando no gobierna el peronismo. Y dicen haber avanzado con cuentapropistas sin jefe, como el correntino Camau Espínola. Esperan que los restos de Juntos por el Cambio –Pro y la UCR– se comporten como lo hicieron en Diputados.
Con sus matices, en los dos bloques prevaleció la voluntad de que no los acusen de obstaculizar a un gobierno que mantiene buenos índices de apoyo popular.
Hubo discursos antológicos, como el de De Loredo. Habló de un “ajuste cruel” y dijo que no le gusta el destino al que Milei dirige a la Argentina, pero justificó el apoyo del bloque radical. “Les quitamos las excusas”, afirmó, como si con el voto positivo le diera también un castigo al Presidente.
Ese espíritu se filtraba también en dirigentes de la primera línea de Pro, más cautos en público. “Cuando salga la ley tienen que dejar de psicopatearnos. Se acabó el cuento de la vieja política que pone palos en la rueda”, dice un dirigente de indeleble sello macrista.
A Mauricio Macri le espera un desafío delicado en su inminente reasunción como presidente de Pro. El partido que fundó hace 20 años tiene que encontrar una nueva razón de ser ante el imán de un gobierno que llevó a la práctica algunas de sus ideas económicas y sedujo a gran parte de sus votantes, a pesar de renegar de los principios republicanos que fueron la bandera del macrismo en la era K.
Ruidos de Mayo
El anunciado Pacto de Mayo suma angustia al partido de Macri. Lo que buscan los operadores de Milei es trazar una cancha y mostrar quién está de cada lado. Firmar un documento –aunque solo contenga aspiraciones sin mayor desarrollo– implica elegir bando, antes de un año electoral que se definirá en términos plebiscitarios. Estás con
Milei o contra Milei, es la narrativa en la que trabajan los libertarios. El sueño: que del lado opuesto de la cancha solo queden el kirchnerismo, la izquierda y el ala progresista de la UCR.
“Hay que actuar con inteligencia”, advierte un referente central de Pro. Por ejemplo, Jorge Macri habló con su primo sobre la conveniencia de sumarse a ese acto del Gobierno si antes el ministro Caputo no le cumple la promesa de girar parte de los fondos de coparticipación de la ciudad de Buenos Aires que recortó Alberto Fernández en 2020 y que siguen retenidos por la nación contra lo que ordenó la Corte Suprema.
La agitación por lo que pueda pasar el 25 de Mayo creció a partir de versiones desde el interior del Gobierno de que se analiza a continuación un posible cambio de gabinete. En Pro hay una fila que espera el reparto de sortijas, mientras muchos escépticos perciben la trampa que podría significar entrar en esta gestión. El camino que abrió Bullrich al volverse mileísta muestra la posibilidad de una disolución dentro del oficialismo.
Los libertarios con más tablas alimentan las internas. Claman que se requieren política y funcionarios muy atentos, ante la convicción de que el Presidente tiene otras prioridades. Una cosa es delegar en gestores experimentados y otra en ministros a los que los sorprende una crisis una vez desatada. Lo que pasó con las universidades fue el ejemplo perfecto.
“Por ahora Milei es reacio a mover a los grandes nombres”, dice alguien que lo trata a diario. Pero el ambiente se siente cargado.
En Pro y la UCR preocupa la recesión. El último informe de Orlando Ferreres y Asociados marca que en marzo la caída de la actividad fue del 9,7% interanual. números dignos de 2002. La recuperación en V que augura Milei no coincide con los pronósticos que manejan las principales consultoras.
El precio del dólar es otra alarma. El Presidente amplió su explicación de que no hay atraso cambiario. Acepta ahora que la Argentina está “cara en dólares”, pero no por su política cambiaria, sino por la estructura productiva y fiscal.
Los críticos insisten en marcarle que lo que lo trajo hasta aquí (ajuste fiscal, la licuación y tipo de cambio estable) puede no servir para lo que viene. Lo mismo le pasa con la política. Los “opositores dialoguistas” advierten que vienen dificultades. La diferenciación puede ser la nueva normalidad.
La Cámara de Diputados trabaja ya en una agenda de gastos que incluye un proyecto para reponer el porcentaje licuado a las jubilaciones antes de la aplicación de la nueva fórmula atada al IPC. Un sector apunta a reimponer el Fondo nacional de Incentivo Docente (Fonid) y blindar por ley el presupuesto universitario. Diputados de la Coalición Cívica buscan masa crítica para instalar la discusión incómoda sobre el régimen industrial de Tierra del Fuego, a salvo del catálogo de “curros” que descubre a diario el gobierno de Milei.
Furia española
La agitación parlamentaria coincidirá con otro raid internacional de Milei, con escalas en Los Ángeles y Madrid. En ambos casos, sin agenda de Estado.
La visita a España será en los días previos al Pacto de Mayo. Irá a un congreso del partido ultraderechista Vox, a cuya lógica argumental apeló el Presidente para responder el viernes a una burla impresentable del ministro socialista Óscar Puente.
En un comunicado oficial, Milei usó por primera vez un argumento xenófobo, al advertir que el gobierno español de Pedro Sánchez “pone en riesgo a las mujeres al permitir la inmigración ilegal”. En Madrid causó estupor la frase, en especial porque vino del líder de la Argentina, uno de los países que más gente han sumado en los últimos años al padrón de extranjeros en España.
Otro de los argumentos desató ironías crueles. Milei repudió a Sánchez porque, a su juicio, “puso en peligro a la clase media con sus políticas socialistas que solo traen pobreza y muerte”. La Argentina, con su economía en ruinas y en plena recesión, alza el dedo contra un país que vive un boom de consumo y empleo y que superó este mes la media de crecimiento de la Unión Europea.
En el plano local como en el internacional, el presidente virtual no persigue la razón, sino la atención. A los diplomáticos les toca subsanar las palabras altisonantes, con el agravante de que la geopolítica suele ser más reacia que los devaluados dirigentes locales a consentir la lógica disruptiva de Milei. Harían bien en evitar el contagio. El viaje a Pekín de la canciller Diana Mondino para enmendar agravios al régimen comunista terminó envuelto en las nubes de una afirmación fuera de todo registro: que los chinos “son todos iguales”.
Cosas como estas torturan a muchos opositores dialoguistas de Pro, el radicalismo y afines. El Gobierno debería estar atento. Aquel que acompaña actos y expresiones que su conciencia rechaza anida una rebelión interna que tarde o temprano lo puede convertir en el más fervoroso de los enemigos.
El nuevo objetivo del “ala tradicional” es que Milei reciba a los gobernadores

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