martes, 13 de febrero de 2024

CANONIZÓ A MAMA ANTULA


Mama Antula ya es la primera santa argentina
Fue canonizada ayer por el Pontífice, en un evento religioso histórico
Elisabetta PiquéUn enorme tapiz con la imagen de la santa argentina marcó la ceremonia
ROMA (De nuestra corresponsal).– María Antonia de Paz y Figueroa, nacida en Santiago del Estero en 1730 y fallecida en Buenos Aires en 1799, se convirtió ayer en la primera santa argentina, durante un evento histórico encabezado por el también argentino papa Francisco. Conocida como Mama Antula, se le reconoce haber curado milagrosamente a una religiosa en 1900 y al santafesino Claudio Perusini en 2017.
ROMA.– Mama Antula ya es la primera santa argentina. En un evento histórico, Francisco, un papa también argentino, leyendo una fórmula en latín, ayer, a las 9.45 en punto, elevó al máximo honor de los altares a la “beatam Mariam Antoniam a Santo Ioseph de Paz y Figueroa”.
La ceremonia de canonización, que duró una hora y media y tuvo lugar en la Basílica de San Pedro, arrancó y culminó con un saludo entre el Pontífice y el presidente Javier Milei. Estuvo marcada por un enorme tapiz con la imagen de la nueva santa.
Antes de que el Papa proclamara santa a la fundadora de la Casa de Ejercicios Espirituales de Buenos Aires, bellísimos coros de la Capilla Sixtina entonaron el “Veni Creator Spiritus”, el himno para invocar la presencia del Espíritu Santo. El canto fue entonado por los 50 cardenales y obispos presentes –entre ellos, Vicente Bokalic, obispo de Santiago del Estero; el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, y el obispo auxiliar de La Plata y secretario general del Episcopado, monseñor Alberto Bochatey–, en una ceremonia concelebrada por 230 sacerdotes, entre los cuales hubo muchos connacionales, en un clima de gran fervor religioso argentino.
Como prevé el rito de canonización, el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos, leyó una breve biografía de Mama Antula: nació en 1730 en Santiago del Estero, cuando la Argentina aún era un virreinato, y murió el 7 de marzo de 1799 con fama de santidad, después de haber difundido los ejercicios espirituales contra viento y marea en todo el país, tras la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767 y luego de haber ayudado a los más necesitados.
Las letanías de los santos precedieron el momento culminante, cuando el Papa proclamó a Mama Antula santa, la segunda argentina después del cura Brochero, elevado al honor de los altares en 2016. Si bien en noviembre de 1999, durante el mandato de Carlos Menem, Juan Pablo II canonizó a Héctor Valdivielso Sáez (1910-1934), que fue entonces considerado el “primer santo argentino”, este hermano lasallano de familia española nació casualmente en Buenos Aires y vivió la mayor parte de su vida en España, donde murió como mártir.
Durante la ceremonia, en la que Milei estuvo en primera fila, a la derecha del Pontífice, que vestía paramentos blancos, los servicios litúrgicos fueron representativos de la familia antulana. La primera lectura la hizo en español Fernanda González, laica consagrada de la Arquidiócesis de Buenos Aires, responsable de la Santa Casa. La segunda, en italiano, correspondió a una hermana de las pobres bonaerenses, porque su fundadora, Camila Rolón, estuvo en la Santa Casa en Buenos Aires.
La postuladora de la causa, Silvia Correale, acompañada por Emilia y Roxana, dos consagradas de la Santa Casa, e Inés y Ángeles, dos representantes legales de los colegios de Mama Antula, llevó hasta el altar la reliquia ósea
En su sermón, el Papa, reflexionando sobre la primera lectura y el Evangelio que hablaban de la lepra, habló de la importancia de estar cerca de los que la pasan mal. “¡Cuántas personas que sufren encontramos en las aceras de nuestras ciudades! ¡Y cuántos miedos, prejuicios e incoherencias, aun entre los que creen y se profesan cristianos, contribuyen a herirlas aún más! también en nuestro tiempo hay tanta marginación, hay barreras que derribar, ‘lepras’ que sanar”, dijo. “Pero ¿cómo?”, se preguntó. “Veamos lo que hace Jesús. Él realiza dos gestos: toca y sana”, agregó.
Subrayó la importancia de la caridad “escondida de cada día, esa caridad que se vive en la familia, en el trabajo, en la parroquia y en la escuela; en la calle, en las oficinas y en los negocios; esa caridad que no busca publicidad y no tiene necesidad de aplausos, porque al amor le basta el amor”, de la cercanía y de la discreción. Y llamó a seguir el ejemplo de la santa María Antonia de Paz y Figueroa. “Fue verdaderamente una caminante del Espíritu. Recorrió miles de kilómetros a pie, a través de desiertos y caminos peligrosos, para llevar a Dios. Hoy es para nosotros un modelo de fervor y de audacia apostólica. Cuando los jesuitas fueron expulsados, el Espíritu encendió en ella una llama misionera basada en la confianza en la Providencia y en la perseverancia”, destacó. “Invocó la intercesión de San José y, para no cansarlo demasiado, también la de San Cayetano. Por este motivo introdujo su devoción y su primera imagen llegó a Buenos Aires en el siglo XVIII. Gracias a Mama Antula, este santo, intercesor de la Divina Providencia, se hizo camino en las casas, en los barrios, en los transportes, en los negocios, en las fábricas y en los corazones, para ofrecer una vida digna a través del trabajo, la justicia, el pan cotidiano sobre la mesa de los pobres”, evocó. “Recémosles todos a María Antonia, Santa María Antonia de Paz de San José, para que nos ayude mucho”, pidió.
Las ofrendas
Llevaron las ofrendas luego Claudio Perusini, que gracias a un milagro por su intercesión se curó de un ACV ; su esposa, e hijos. Natalia y Leandro, representantes legales de las obras de Mama Antula, y Dolores Rodríguez del Busto, que representa al Refugio de María, un hogar para mujeres en situación de calle que funciona en la Santa Casa. Y familiares de Mamá Antula: Luisa Sánchez Sorondo, Jorge Bayá Casal y Silvia Paz.
Además de la comitiva presidencial, entre los asistentes también hubo un grupo grande de empresarios, liderados por Daniel Funes de Rioja, presidente de la UIA, así como Manuel Wirtz y Leo Dan, que compusieron la canción en homenaje a la nueva santa.
Al retirarse de la inmensa basílica, como ya había hecho antes del inicio de la ceremonia, Milei, vestido de traje y corbata, muy gentilmente y disponible se detuvo a dar la mano o sacarse selfies a los connacionales y fans que se acercaron.
Al mediodía local, cuando, como es tradición, el papa Francisco se asomó desde la ventana de su despacho del Palacio Apostólico para la oración mariana del Ángelus, para alegría de los peregrinos argentinos presentes en la Plaza de San Pedro, lo primero que hizo fue recordar la reciente canonización de la primera santa argentina y pidió a la multitud un aplauso para ella. Entonces se agitaron banderas albicelestes y hubo coros de “¡Mama Antula! ¡Mama Antula!”.
Entre los entusiastas, no solo había peregrinos venidos de Santiago del Estero –cuna de la santa– y del resto del país, sino también de Bélgica, como Magdalena Paz, descendiente de Mama Antula. De la séptima generación de familiares, Paz contó que vive desde hace 25 años en ese país europeo y que viajó con un grupo de ocho amigas para este histórico evento religioso. “Es muy emocionante para mí estar acá”, reconoció. Subrayó que tres cosas la habían impactado de la canonización. “El hecho de que alguien de mi familia haya llegado a la santidad es un modo de decir que la santidad es posible; la misión de promover los ejercicios espirituales que ella tuvo en ese momento de la historia hoy tiene un impacto porque mucha gente no sabe de dónde viene ni a dónde va, ni quién es: esos retiros ayudaban y siguen ayudando. Finalmente, Mama Antula fue canonizada hoy [por ayer], 200 años después de todo lo que hizo, y entonces me hace pensar en que todo lo que uno hace tiene un impacto que podés no ver, pero todo sirve”

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Los dos milagros atribuidos a María Antonia
Claudio Perusini recibió el segundo y ayer participó de la ceremonia
Mama Antula fue beatificada en 2016, luego de que el Vaticano reconociera su primer milagro: su intercesión en la sanación de la religiosa Rosa Vanina, del Instituto de las Hijas del Divino Salvador, quien recuperó la salud sin ninguna explicación médica en el año 1900.
El segundo milagro que se le atribuye es la curación de Claudio Perusini en el Hospital de Santa Fe, en 2017. El hombre sufría un “ictus isquémico con infarto hemorrágico en varias zonas, coma profundo, sepsis, shock séptico resistente con fallo multiorgánico”, según lo que informó el Vaticano. Su pronóstico era poco alentador, porque tenía lesiones cerebrales irreparables. Sin embargo, después del rezo de varios de sus amigos y familiares a Mama Antula, al cabo de unos días mostró una notable mejoría. Y tras unos meses de fisioterapia logró moverse con independencia.
Perusini, que ayer estuvo en Roma, tiene 66 años y es profesor de filosofía. “Hace algunos meses me llamó Francisco. Quería verificar en persona cómo me había recuperado”, recordó en octubre, cuando se anunció la canonización de Mama Antula, en diálogo con la nacion.
Con su mujer, María Laura, viven en Lago Posadas, en el noroeste de Santa Cruz, los meses más cálidos, y después vuelven a Santa Fe para el invierno. En Lago Posadas, Claudio trabajó como director de un colegio secundario hasta 2017, cuando se jubiló.
El 25 de julio de ese año, a las 5, se levantó para ir al baño y, cuando volvió a la cama, tuvo un ACV. En el Hospital Cullen, de Santa Fe, a la esposa le dijeron primero que le quedaban 48 horas y luego que eran apenas 24. tenían que despedirse.
Llegó entonces un amigo de la familia, el sacerdote Ernesto Giovando, que rezó por él y le dejó una estampa de Mama Antula en el monitor al que estaba conectado. Le indicó a María Laura que le rezaran, que recientemente había sido considerada beata y que seguramente concedería milagros.
La madre de Claudio estaba desolada. Le habían dicho que era cuestión de horas. Por eso no quiso atender cuando la llamaban por teléfono. Hasta que alguien le aclaró: “no es del hospital, es el papa Francisco”. Lo atendió y hablaron por media hora. Claudio lo había conocido, como Jorge Bergoglio, cuando asistía al Colegio Inmaculada de Santa Fe. Después, había estado en contacto con él en distintos momentos, durante su formación en la Compañía de Jesús.
Mientras toda la familia le rezaba a Mama Antula, ocurrió lo que nadie pensaba. A esa altura, el diagnóstico terminal se había evaporado. Las mejoras no solo se vieron en lo que podía hacer: los médicos se sorprendieron de que las tomografías, resonancias y otros estudios revelaban que las lesiones cerebrales se habían revertido

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