Salud. La fuga de médicos de guardia agrava la crisis en los hospitales
Agresiones, sueldos bajos y alto estrés, algunas de las razones de las vacantes
María Nöllmann
| Ya no hay toxicólogos, cardiólogos ni terapistas los fines de semana en la guardia del Hospital Piñero
“Todo es demasiado estresante”, resume un médico de la guardia del Hospital Piñero, en el Bajo Flores, para explicar la situación que padece ese sector de forma cotidiana. A las agresiones que reciben de parte de pacientes que esperan horas a ser atendidos, los sueldos bajos, la inflación alta, se suman otras situaciones, como concursos vacantes para ocupar cargos y especialidades como toxicología y cardiología, que dejaron de ofrecerse durante los fines de semana; aumento de casos de dengue y de Covid, y un incremento de personas de la provincia que buscan ser atendidas en la Capital.
Desde la Asociación Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires advierten que “solo los que tengan una vocación a prueba de balas van a seguir trabajando en las guardias de los lugares más vulnerables”. En tanto, desde la Subsecretaría de Atención Hospitalaria afirman que no hay bajas significativas en los planteles de guardia.
La cabina de ingresos de la guardia del Hospital Piñero, en el Bajo Flores, está cubierta por una reja metálica. Protege a la recepcionista cuando, tras horas de espera, los pacientes se impacientan y, en un arrebato de impotencia, comienzan a golpear el cubículo en busca de respuestas. A la derecha, la puerta de durlock de uno de los consultorios tiene un agujero del tamaño de un puño. Es una abertura que simboliza la crisis sanitaria que se agudiza en la ciudad de Buenos Aires, una problemática que Juan, uno de los médicos consultados por la nacion, define como “desesperante”.
“Los fines de semana pasa, por ejemplo, que llegan en ambulancia dos acuchillados, y a la vez en los tres shockrooms tenemos un paciente infartado, uno con diabetes descompensado y otro con EPOC descompensado. Y al mismo tiempo, los pacientes que vienen de afuera por diferentes temas, se ponen nerviosos y empiezan a golpear las puertas y a gritar cosas para que los atendamos. De repente todo es demasiado estresante. A una compañera hace poco le pegaron una piña en la nariz. A mí, hace unos años, también”, cuenta este profesional del Piñero, quien prefiere resguardar su identidad.
Desde que hace dos semanas se viralizó el video de un médico de guardia del Hospital Argerich que, sobrepasado, discute con pacientes de la sala de espera, el desborde de los hospitales porteños tomó especial relevancia en la discusión pública y política.
Desde ambos lados de la avenida General Paz, los funcionarios de la ciudad de Buenos Aires y de la provincia de Buenos Aires lanzaron denuncias cruzadas. El gobierno porteño afirmó que a la actual situación epidemiológica –con el aumento de casos con dengue y coronavirus–, y a la situación económica, que vuelca cada vez más usuarios al sistema de salud público, se suma la cantidad de bonaerenses que se atienden en la Capital, que, según afirman, representan un 40% del total de los pacientes.
Pero desde la Asociación Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires subrayan otro ingrediente que vuelve el cóctel aún más amargo. “Se están yendo médicos de las guardias”, sintetizan. A esta problemática, siguen, se suma una segunda: en los concursos que se realizaron para ocupar los puestos vacíos, no se lograron llenar las plazas.
Zonas complicadas
“Hay vacantes que se producen por jubilación o por abandono de trabajo, y lo que empieza a pasar es que cuesta cubrir estos cargos. Es un fenómeno que se viene profundizando, sobre todo en los hospitales del sur y los que concentran zonas más complicadas, como el Santojanni, el Penna, el Piñero”, afirma el psiquiatra Edgardo Knopoff, vocero de la asociación médica. Detalla que en el área programática del Piñero, hospital donde trabaja, han perdido a cuatro psiquiatras en el último año.
“Hay especialidades que ya no tenemos los fines de semana en la guardia, como toxicólogos, cardiólogos, terapistas –suma el médico del Piñero consultado–. Los baches se cubren con algunos médicos que figuran como suplentes o ayudantes”. Desde Médicos Municipales afirman que en la ciudad también se observan bajas en las especialidades más demandadas, como pediatría y clínica.
Consultadas, fuentes de la Subsecretaría de Atención Hospitalaria afirmaron que no hay bajas significativas en los planteles de guardia. “En época de licencias, como las vacaciones, la cobertura de vacantes es un poco más lenta o con un mayor grado de dificultad en servicios nuevos y en algunas especialidades –apuntaron–. La red de servicios actúa en forma integrada para dar atención a la totalidad de las necesidades de los residentes de la ciudad”.
Un residente del Hospital Penna toma el video viral de la guardia del Argerich como referencia para explicar la situación que viven en el centro médico donde trabaja, ubicado en el barrio porteño de Parque Patricios. “La situación, en general, siempre fue un poco como lo que se ve en ese video. Lamentablemente, lo naturalizamos. Ahora cuesta más cubrir los cargos libres porque, además, los salarios quedaron desactualizados. Hay mucha inflación y la última paritaria no fue tan alta”, afirma, y luego se queja de que se aplauda a los médicos por su labor y a la vez no se los reconozca de manera consecuente.
Pero a estos factores, destacan los profesionales de la salud consultados, se suman otros más, que no solo afectan la integridad de su trabajo, sino que además vulneran la calidad de la atención que reciben los pacientes. “La situación de las guardias empeora cada vez más. Se va notando la falta de insumos: a veces no tenemos lo básico, por ejemplo, Salbutamol para los asmáticos. Hay veces que también nos faltan mascarillas. Es desesperante, no sabemos qué hacer. Y además la gente que está esperando desde hace horas se pone ansiosa, y nosotros la pasamos mal”, suma el médico de guardia del Piñero consultado.
Los profesionales médicos dicen que a veces carecen de sábanas y de limpieza en las habitaciones donde duermen durante las guardias y en sus baños. “Si la propuesta de trabajo es tener que ir a atender a un montón de pacientes al mismo tiempo, mientras otra gente en la sala de espera te grita, te golpea la puerta, te filma, y además estás mal pago, con pocos insumos, con falta de medicamentos, la verdad es que es lo menos tentador del planeta. Solo quienes tengan una vocación a prueba de balas van a seguir trabajando en las guardias de los lugares más vulnerables”, suma Knopoff.
Entre las preocupaciones de los médicos de guardia, el residente del Penna consultado destaca la calidad de la atención ofrecida y la experiencia de los pacientes. “Claramente, cuando estamos sobrepasados de pacientes, nuestra calidad de vida laboral y nuestra forma de trabajar empeora un montón. Si trabajás turnos de 12 horas y aparte es un trabajo que requiere lidiar con gente que está enferma, que está esperando hace seis horas y que tiene miedo, angustia, dolor, pasás horas muy tensas”, explica.
“Somos todos seres humanos. Cualquiera que esté muriéndose de dolor, tirado en un banco seis horas, se pone a gritar por atención. Pero yo estoy del otro lado de la situación y entiendo perfectamente a los médicos, que tienen un límite y en un momento se cansan del sistema. Por eso creo que está bueno que se haya viralizado el video de este chico para que se exhiban las condiciones en las que se trabaja en los hospitales públicos”, agrega el residente
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Invertir US$30.000 y cobrar $2500, el drama de la oftalmología
Esa especialidad sufre un desbalance entre invertir en consultorios y lo que recibe por las consultas
“Todo es demasiado estresante”, resume un médico de la guardia del Hospital Piñero, en el Bajo Flores, para explicar la situación que padece ese sector de forma cotidiana. A las agresiones que reciben de parte de pacientes que esperan horas a ser atendidos, los sueldos bajos, la inflación alta, se suman otras situaciones, como concursos vacantes para ocupar cargos y especialidades como toxicología y cardiología, que dejaron de ofrecerse durante los fines de semana; aumento de casos de dengue y de Covid, y un incremento de personas de la provincia que buscan ser atendidas en la Capital.
Desde la Asociación Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires advierten que “solo los que tengan una vocación a prueba de balas van a seguir trabajando en las guardias de los lugares más vulnerables”. En tanto, desde la Subsecretaría de Atención Hospitalaria afirman que no hay bajas significativas en los planteles de guardia.
La cabina de ingresos de la guardia del Hospital Piñero, en el Bajo Flores, está cubierta por una reja metálica. Protege a la recepcionista cuando, tras horas de espera, los pacientes se impacientan y, en un arrebato de impotencia, comienzan a golpear el cubículo en busca de respuestas. A la derecha, la puerta de durlock de uno de los consultorios tiene un agujero del tamaño de un puño. Es una abertura que simboliza la crisis sanitaria que se agudiza en la ciudad de Buenos Aires, una problemática que Juan, uno de los médicos consultados por la nacion, define como “desesperante”.
“Los fines de semana pasa, por ejemplo, que llegan en ambulancia dos acuchillados, y a la vez en los tres shockrooms tenemos un paciente infartado, uno con diabetes descompensado y otro con EPOC descompensado. Y al mismo tiempo, los pacientes que vienen de afuera por diferentes temas, se ponen nerviosos y empiezan a golpear las puertas y a gritar cosas para que los atendamos. De repente todo es demasiado estresante. A una compañera hace poco le pegaron una piña en la nariz. A mí, hace unos años, también”, cuenta este profesional del Piñero, quien prefiere resguardar su identidad.
Desde que hace dos semanas se viralizó el video de un médico de guardia del Hospital Argerich que, sobrepasado, discute con pacientes de la sala de espera, el desborde de los hospitales porteños tomó especial relevancia en la discusión pública y política.
Desde ambos lados de la avenida General Paz, los funcionarios de la ciudad de Buenos Aires y de la provincia de Buenos Aires lanzaron denuncias cruzadas. El gobierno porteño afirmó que a la actual situación epidemiológica –con el aumento de casos con dengue y coronavirus–, y a la situación económica, que vuelca cada vez más usuarios al sistema de salud público, se suma la cantidad de bonaerenses que se atienden en la Capital, que, según afirman, representan un 40% del total de los pacientes.
Pero desde la Asociación Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires subrayan otro ingrediente que vuelve el cóctel aún más amargo. “Se están yendo médicos de las guardias”, sintetizan. A esta problemática, siguen, se suma una segunda: en los concursos que se realizaron para ocupar los puestos vacíos, no se lograron llenar las plazas.
Zonas complicadas
“Hay vacantes que se producen por jubilación o por abandono de trabajo, y lo que empieza a pasar es que cuesta cubrir estos cargos. Es un fenómeno que se viene profundizando, sobre todo en los hospitales del sur y los que concentran zonas más complicadas, como el Santojanni, el Penna, el Piñero”, afirma el psiquiatra Edgardo Knopoff, vocero de la asociación médica. Detalla que en el área programática del Piñero, hospital donde trabaja, han perdido a cuatro psiquiatras en el último año.
“Hay especialidades que ya no tenemos los fines de semana en la guardia, como toxicólogos, cardiólogos, terapistas –suma el médico del Piñero consultado–. Los baches se cubren con algunos médicos que figuran como suplentes o ayudantes”. Desde Médicos Municipales afirman que en la ciudad también se observan bajas en las especialidades más demandadas, como pediatría y clínica.
Consultadas, fuentes de la Subsecretaría de Atención Hospitalaria afirmaron que no hay bajas significativas en los planteles de guardia. “En época de licencias, como las vacaciones, la cobertura de vacantes es un poco más lenta o con un mayor grado de dificultad en servicios nuevos y en algunas especialidades –apuntaron–. La red de servicios actúa en forma integrada para dar atención a la totalidad de las necesidades de los residentes de la ciudad”.
Un residente del Hospital Penna toma el video viral de la guardia del Argerich como referencia para explicar la situación que viven en el centro médico donde trabaja, ubicado en el barrio porteño de Parque Patricios. “La situación, en general, siempre fue un poco como lo que se ve en ese video. Lamentablemente, lo naturalizamos. Ahora cuesta más cubrir los cargos libres porque, además, los salarios quedaron desactualizados. Hay mucha inflación y la última paritaria no fue tan alta”, afirma, y luego se queja de que se aplauda a los médicos por su labor y a la vez no se los reconozca de manera consecuente.
Pero a estos factores, destacan los profesionales de la salud consultados, se suman otros más, que no solo afectan la integridad de su trabajo, sino que además vulneran la calidad de la atención que reciben los pacientes. “La situación de las guardias empeora cada vez más. Se va notando la falta de insumos: a veces no tenemos lo básico, por ejemplo, Salbutamol para los asmáticos. Hay veces que también nos faltan mascarillas. Es desesperante, no sabemos qué hacer. Y además la gente que está esperando desde hace horas se pone ansiosa, y nosotros la pasamos mal”, suma el médico de guardia del Piñero consultado.
Los profesionales médicos dicen que a veces carecen de sábanas y de limpieza en las habitaciones donde duermen durante las guardias y en sus baños. “Si la propuesta de trabajo es tener que ir a atender a un montón de pacientes al mismo tiempo, mientras otra gente en la sala de espera te grita, te golpea la puerta, te filma, y además estás mal pago, con pocos insumos, con falta de medicamentos, la verdad es que es lo menos tentador del planeta. Solo quienes tengan una vocación a prueba de balas van a seguir trabajando en las guardias de los lugares más vulnerables”, suma Knopoff.
Entre las preocupaciones de los médicos de guardia, el residente del Penna consultado destaca la calidad de la atención ofrecida y la experiencia de los pacientes. “Claramente, cuando estamos sobrepasados de pacientes, nuestra calidad de vida laboral y nuestra forma de trabajar empeora un montón. Si trabajás turnos de 12 horas y aparte es un trabajo que requiere lidiar con gente que está enferma, que está esperando hace seis horas y que tiene miedo, angustia, dolor, pasás horas muy tensas”, explica.
“Somos todos seres humanos. Cualquiera que esté muriéndose de dolor, tirado en un banco seis horas, se pone a gritar por atención. Pero yo estoy del otro lado de la situación y entiendo perfectamente a los médicos, que tienen un límite y en un momento se cansan del sistema. Por eso creo que está bueno que se haya viralizado el video de este chico para que se exhiban las condiciones en las que se trabaja en los hospitales públicos”, agrega el residente
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Invertir US$30.000 y cobrar $2500, el drama de la oftalmología
Esa especialidad sufre un desbalance entre invertir en consultorios y lo que recibe por las consultas
Alejandro Horvat
Advierten sobre los perjuicios en la calidad
La crisis en el sistema de salud afecta a todas las especialidades médicas, pero en especial a las que requieren de una importante inversión en máquinas e instrumentos para evaluar a los pacientes. Por eso, la Cámara de Medicina Oftalmológica (Cameof) emitió un comunicado donde describe que para sus profesionales montar un consultorio cuesta unos US$30.000, mientras que las prepagas y obras sociales suelen pagarles un promedio de $2500 por consulta. Advierten que la disparidad entre el costo y los ingresos, más la demora en los pagos, irremediablemente va a impactar en la calidad de la prestaciones.
“En números concretos, una consulta oftalmológica debería valer US$20 en virtud de la necesaria amortización de los equipos y tecnología necesaria para realizarla. Montar un consultorio oftalmológico cuesta más de US$30.000; pero una consulta con el oftalmólogo en la Argentina, en promedio, se paga $2500 por parte de las empresas de medicina prepaga”, describe Juan Ibarguren, secretario general de la Cameof.
Este desfase, explica Omar López Mato, vocal general de la Cameof, lleva a un progresivo deterioro de la capacidad asistencial. “Este desfinanciamiento lleva a una pérdida de calidad y atraso tecnológico. No podemos tener medicina del primer mundo con valores inferiores a los costos. Aún quedan resabios de lo que supimos ser, pero no se puede sobrevivir mucho más si se asfixia al sector. Eso implica mala calidad prestacional, dificultad en tener personal idóneo médico y enfermería”.
Este panorama, resalta López Mato, desincentiva la inscripción de aspirantes a las residencias de oftalmología, y muchos intentan seguir su formación en el exterior.
El mes pasado, la medicina prepaga, en promedio, aumentó las cuotas un 40%, y se espera otro fuerte incremento este mes. Esa suba en las cuotas de sus afiliados, dice Ibarguren, no se tradujo en un alza suficiente para los prestadores médicos.
“El fundamento central para justificar el aumento de las cuotas de medicina prepaga para este nuevo ciclo, entre otras cuestiones, es por el aumento de la estructura de costos de los prestadores de servicios de salud. Algunas prepagas han ofrecido a los prestadores un incremento del 36%. El valor ofrecido de aumento ascendería a $3400 por consulta, pero al pagarse a los 90 días promedio, el oftalmólogo percibirá $2950. Un valor que lejos está de los necesario para amortizar equipos, mantenerlos, pagar a la secretaria, el alquiler, los servicios y los impuestos”, resalta Ibarguren.
¿Se cobran copagos?
“Como cámara no aconsejamos cobrar copagos que no estén autorizados ni incluidos en el contrato. Proponemos que las autoridades lo permitan como válvula de escape a esta situación. El copago se usa en muchos países y actúa como un regulador del sistema. En otras provincias y en el Gran Buenos Aires se cobra, pero como cámara queremos que se reconozca la jerarquía de la consulta y las prestaciones que incluyen a médicos y a otros profesionales”, dice López Mato.
El comunicado de la Cameof advierte que en el gobierno de Alberto Fernández la inflación acumulada llegó al 1175%, tomando como referencia los datos del Indec. En ese período, según la Unión Argentina de Salud (UAS), que nuclea a las principales entidades de medicina prepaga, los sueros aumentaron 1907%, la ropa descartable 1832%, las placas 1569% y los medicamentos en general un 1850%.
Según los relevamientos de la Cameof, el incremento de la estructura de costos es, en promedio, de 1379%, aunque hay subas de insumos específicos que llegan al 3000% y hasta el 5000%. Superando por lejos en el caso de estos últimos el valor de las plazas más caras del planeta. Por ende, el retraso en los aranceles que deben ser adecuados es de cerca del 700%, señalan desde la Cameof.
“No se vive la falta de insumos de meses atrás, pero la actualización en los valores de dichos insumos implica un desbalance entre lo que se paga y lo que abonan los gerenciadores guiados por cifras que se han distorsionado. Y en insumos también están incluidos los repuestos de máquinas de cirugía y diagnóstico que se han tornado obsoletas y cuyos repuestos ya no se consiguen o son difíciles de conseguir a precios convenientes”, argumenta López Mato.
se comunicó con la UAS para consultarles cómo prevén el esquema de aumentos en las cuotas y en los montos que las empresas luego pagarán a los prestadores, pero aún no dio una respuesta.
La crisis en el sistema de salud afecta a todas las especialidades médicas, pero en especial a las que requieren de una importante inversión en máquinas e instrumentos para evaluar a los pacientes. Por eso, la Cámara de Medicina Oftalmológica (Cameof) emitió un comunicado donde describe que para sus profesionales montar un consultorio cuesta unos US$30.000, mientras que las prepagas y obras sociales suelen pagarles un promedio de $2500 por consulta. Advierten que la disparidad entre el costo y los ingresos, más la demora en los pagos, irremediablemente va a impactar en la calidad de la prestaciones.
“En números concretos, una consulta oftalmológica debería valer US$20 en virtud de la necesaria amortización de los equipos y tecnología necesaria para realizarla. Montar un consultorio oftalmológico cuesta más de US$30.000; pero una consulta con el oftalmólogo en la Argentina, en promedio, se paga $2500 por parte de las empresas de medicina prepaga”, describe Juan Ibarguren, secretario general de la Cameof.
Este desfase, explica Omar López Mato, vocal general de la Cameof, lleva a un progresivo deterioro de la capacidad asistencial. “Este desfinanciamiento lleva a una pérdida de calidad y atraso tecnológico. No podemos tener medicina del primer mundo con valores inferiores a los costos. Aún quedan resabios de lo que supimos ser, pero no se puede sobrevivir mucho más si se asfixia al sector. Eso implica mala calidad prestacional, dificultad en tener personal idóneo médico y enfermería”.
Este panorama, resalta López Mato, desincentiva la inscripción de aspirantes a las residencias de oftalmología, y muchos intentan seguir su formación en el exterior.
El mes pasado, la medicina prepaga, en promedio, aumentó las cuotas un 40%, y se espera otro fuerte incremento este mes. Esa suba en las cuotas de sus afiliados, dice Ibarguren, no se tradujo en un alza suficiente para los prestadores médicos.
“El fundamento central para justificar el aumento de las cuotas de medicina prepaga para este nuevo ciclo, entre otras cuestiones, es por el aumento de la estructura de costos de los prestadores de servicios de salud. Algunas prepagas han ofrecido a los prestadores un incremento del 36%. El valor ofrecido de aumento ascendería a $3400 por consulta, pero al pagarse a los 90 días promedio, el oftalmólogo percibirá $2950. Un valor que lejos está de los necesario para amortizar equipos, mantenerlos, pagar a la secretaria, el alquiler, los servicios y los impuestos”, resalta Ibarguren.
¿Se cobran copagos?
“Como cámara no aconsejamos cobrar copagos que no estén autorizados ni incluidos en el contrato. Proponemos que las autoridades lo permitan como válvula de escape a esta situación. El copago se usa en muchos países y actúa como un regulador del sistema. En otras provincias y en el Gran Buenos Aires se cobra, pero como cámara queremos que se reconozca la jerarquía de la consulta y las prestaciones que incluyen a médicos y a otros profesionales”, dice López Mato.
El comunicado de la Cameof advierte que en el gobierno de Alberto Fernández la inflación acumulada llegó al 1175%, tomando como referencia los datos del Indec. En ese período, según la Unión Argentina de Salud (UAS), que nuclea a las principales entidades de medicina prepaga, los sueros aumentaron 1907%, la ropa descartable 1832%, las placas 1569% y los medicamentos en general un 1850%.
Según los relevamientos de la Cameof, el incremento de la estructura de costos es, en promedio, de 1379%, aunque hay subas de insumos específicos que llegan al 3000% y hasta el 5000%. Superando por lejos en el caso de estos últimos el valor de las plazas más caras del planeta. Por ende, el retraso en los aranceles que deben ser adecuados es de cerca del 700%, señalan desde la Cameof.
“No se vive la falta de insumos de meses atrás, pero la actualización en los valores de dichos insumos implica un desbalance entre lo que se paga y lo que abonan los gerenciadores guiados por cifras que se han distorsionado. Y en insumos también están incluidos los repuestos de máquinas de cirugía y diagnóstico que se han tornado obsoletas y cuyos repuestos ya no se consiguen o son difíciles de conseguir a precios convenientes”, argumenta López Mato.
se comunicó con la UAS para consultarles cómo prevén el esquema de aumentos en las cuotas y en los montos que las empresas luego pagarán a los prestadores, pero aún no dio una respuesta.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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