Avances y retrocesos populistas
Claudio Jacquelin
Son como reels de Instagram y videos de TikTok. Hechos, acontecimientos y noticias fugaces se suceden frenéticamente. El gobierno de Javier Milei se mueve al ritmo de su tiempo y lo acelera. El vértigo manda. Números, palabras, decisiones, cambios de nombres, políticas, normas, muchos gritos, algunos argumentos e infinitas descalificaciones. Unos tapan a otros. Pero dejan sedimento.
En ese frenesí, el oficialismo teje y desteje con igual ahínco en casi todos los frentes. Abre disputas que no cierra. Gana y pierde batallas sin cesar. Así, entre los múltiples escenarios en los que se desarrolla la actualidad política, la Cámara de Diputados ofició esta semana de sintetizador del presente.
Por un lado, el ahora un poco menos reluciente jefe de Gabinete, Nicolás Posse, y el ministro del Interior, Guillermo Francos, consiguieron hilvanar (pero aún no bordar) algunos acuerdos mínimos con los sectores dialoguistas para sacar adelante la “Ley de bases”. Casi un logro.
Al mismo tiempo, el pequeño bloque oficialista de la Cámara baja (más anarcolibertario que nunca) se fracturó con escándalo. Como para acentuar su fragilidad operativa y ahondar las dudas sobre su consistencia.
No obstante, la Casa Rosada lo presenta como un paso crucial hacia lo consolidación del mileísmo puro. Todo bajo el control de la hermanísima Karina, “El Jefe”, que se ocupa de lo que el Presidente prefiere no ocuparse. Sobre todo de la construcción política y de otras tareas concretas, contantes y sonantes.
En simultáneo, el Presidente sale de gira por los Estados Unidos y Europa en su rol principal de rockstar de la nueva derecha internacional. Al mismo tiempo que desde los medios tradicionales y sus cuentas en las redes sociales se dedica frenéticamente a fogonear la batalla contra todo aquel que exprese una visión crítica de él, de sus políticas o de sus métodos, dude de sus éxitos o simplemente deje expuestas inoportunas creencias de alguno de sus representantes. Es su “batalla cultural”, como dicen los libertarios. O la disputa lisa y llana por el poder, como enseñan la tradición y los textos.
Entre todos los avances y retrocesos, es esa una materia en la que Milei nunca pone marcha atrás ni ha dejado de acelerar hasta acercarse a las costas del abuso. Nada nuevo en la Argentina, podríamos decir, ni nada que él no hubiera practicado antes de llegar a la Casa Rosada, aunque entonces no tenía las responsabilidades, las obligaciones ni el poder que tiene desde que es presidente de la Nación.
La extensión y la profundización de los ataques al periodismo concretados esta semana alcanzaron un pico que ya dejó atrás el récord que había logrado en sus primeros 100 días de gestión, período en el que el Poder Ejecutivo nacional concentró la autoría del 40% de las agresiones a periodistas, según registró el “Monitoreo de la libertad de expresión” del Foro de Periodismo Argentino (Fopea).
En ningún caso se trató de refutaciones, discusiones o críticas de parte del Presidente, sino de descalificaciones, estigmatizaciones, acusaciones sin fundamentar e insultos que tuvieron como destinatarios a los periodistas en general
El presidente Javier Milei
y por víctimas particulares a profesionales como Jorge Fernández Díaz, Joaquín Morales Solá, Jorge Fontevecchia, Romina Manguel y María Laura Santillán, entre otros y solo por esta semana. Si no se pareciera demasiado a un plan de acción cada vez más consistente, podrían considerarse arrestos y excesos temperamentales.
Preocupación internacional
La permanencia de esos ataques ha empezado a trascender las fronteras. En las últimas dos semanas, funcionarios de al menos cinco embajadas de las principales democracias occidentales han manifestado su inquietud y consultado a periodistas argentinos y corresponsales extranjeros respecto del estado de la libertad de expresión y la libertad de prensa en la Argentina.
Como es obvio, las consultas no fueron hechas por iniciativa propia de los representantes de esos países en la Argentina, sino a instancias de sus respectivos gobiernos. La diplomacia y las relaciones internacionales se desenvuelven en muchos planos. No son unidimensionales, pero a veces convergen. Por ahora, desde afuera miran, suman y restan con interés e inquietud para tratar de hacer un balance de los primeros cuatro meses del nuevo gobierno. Les despierta la misma perplejidad, asombro y expectativa que a la mayoría de los argentinos.
En ese maremagnum constante y revuelto (como el pelo presidencial) aportan su montaña de arena la dirigencia política libertaria y opositora, activistas virtuales y reales del oficialismo y periodistas militantes de nuevo cuño. Incluidas cuentas falsas de redes sociales, que ponen en ridículo hasta al Presidente y al principal ministro del Gobierno, Luis Caputo. Demasiados elementos en acción como para filtrar sin demasiado esfuerzo lo efímero de lo perecedero.
En todos los planos se reproduce la misma dinámica. El respiro que anteayer concedió la CGT en la civilizada reunión que mantuvo con Posse y Francos en la Casa Rosada fue interrumpido en menos de 24 horas por la agitación de la convocatoria a un paro general para dentro de casi un mes y una movilización para el 1º de mayo, más la participación en la marcha contra el ajuste a las universidades nacionales, que se hará el próximo 23 de este mes. Serán tres semanas de superacción. No hay contradicción. Lo que ocurre en la dimensión sindical puede resultar paradigmático.
Debajo de la espuma de la reacción de los jerarcas sindicales contra la política del Gobierno queda la concesión (verbal) de la dirigencia a discutir lo que hasta ayer era indiscutible, como es la legislación laboral. También quedó la predisposición oficial de homologar los aumentos salariales acordados en las negociaciones paritarias que Caputo (Toto) puso en el freezer.
Son postales de los tiempos que corren. Para entender mejor matices y dualidades se aconseja observar una diferencia clave en las fotos cegetistas de ayer y anteayer. En el diálogo en la Casa Rosada estuvo Hugo Moyano; en la declaración de guerra, su hijo Pablo. Juegos de roles.
Sindicalistas, políticos opositores y funcionarios, todos sobreactúan promesas y compromisos de pago de cumplimiento difuso, que las partes aspiran por igual a poder cobrar algún día. Dependerá de quién tenga poder para ejecutarlo llegado el momento. Dependerá de los resultados de la economía y la paciencia social. Hoy se lo disputan en una pulseada permanente e incierta, que, al menos en el terreno simbólico, va ganando el Gobierno, a pesar de sus avances y retrocesos en la práctica.
Los hechos y los temas dominantes en la agenda pública demuestran que el Presidente no deja de correr fronteras que parecían inmodificables y varias de las cuales la sociedad hace mucho demandaba que se movieran y nadie se atrevía a hacerlo después de demasiados años de frustraciones, más de una década de estancamiento de la economía y del fracaso de todas las fuerzas políticas que lo precedieron.
La desregulación económica, la revisión del ordenamiento laboral, la lucha contra la dirigencia establecida y los privilegios están entre esas demandas. Un reseteo del sistema, en definitiva. Ese es el gran mandato y la gran promesa. El punto de confluencia de la oferta y la demanda política de 2023.
Milei sigue hoy encarnando y alimentando la expectativa de ese cambio radical como para entender la permanencia de su popularidad en medio de tan pocas efectividades conducentes, tantos ajustes sobre los bolsillos y tantos ataques sobre los símbolos hasta hace nada sagrados y sobre algunos derechos conseguidos.
La Corte
Los excesos suelen resultar artilugios eficaces para ocultan o disimular concesiones y defecciones. Así han gozado de tolerancia y aceptación, al menos hasta ahora, la designación de funcionarios de “la casta”, la continuidad de los beneficios a sectores privilegiados y prebendarios. O, más recientemente, la postulación para integrar la Corte de uno de los jueces más sospechados y con más terminales en los grupos de poder, como Ariel Lijo.
Unmagistradoquegozadeapoyos tan variados que algunos objetores han sido destinatarios de gestiones de buenos oficios para tratar de hacerles cambiar de opinión de parte de antiguos jueces, empresarios, lobistas de fuste, periodistas famosos y hasta de conocidos barrabravas. Singularidades del “fenómeno barrial”, como le gusta autodefinirse con sorna y orgullo el mileísmo.
Nada es muy original. Los tópicos se repiten, como en otros procesos disruptivos. Pero no carecen de eficacia. Campaña permanente, construcción de enemigos, fabricación de amenazas, disputa constante por el relato, y el dominio de la agenda pública.
Son escenas de hoy pero pueden ser situaciones de ayer, repuestas con un cambio de vestuario y una inversión del espacio desde el que se representan. Todo arropado por el sex appeal de la figura del antihéroe. El contrapoder. Las víctimas rebelándose contra sus victimarios. Aunque se lo haga desde el poder. Populismo de manual. Solo cambian el signo y la dirección.
Ayer fue el kirchnerismo, y más aún el cristinismo, apalancado en un mayoritario apoyo popular y en una grey militante hasta el fanatismo y sostenido por sectores del establishment real y plataformas de amplificación comunicacional que agrietaba las medianeras de los vecinos y ampliaba sus fronteras, al compás de un clima de época fraguado al calor del colapso de la hegemonía neoliberal.
Hoy domina la contracara del mileísmo, con apoyo popular y de sectores del establishment (otros) potenciado por una parte creciente del viejo y, sobre todo, del nuevo aparato comunicacional y una espontánea, pero no inorgánica, militancia fanática.
Todo expuesto desde la expuesta (y exagerada) debilidad, una fragilidad que se sostiene en aquellos pilares y en la decisión y la convicción de un líder iluminado convencido de estar haciendo lo correcto, lo único que se debe y puede hacer para cambiar, para hacer que el país crezca y para dejar atrás una historia de fracasos que arrasó con los sueños de varias generaciones de argentinos.
Los otros (el enemigo) son los que no quieren la transformación, los que pretenden sostener el statu quo decadente que los beneficia, los que apuestan al fracaso para ocultar los propios y/o en defensa de sus intereses, obviamente espurios, inconfesables, egoístas, corrompidos y perversos.
El debate está cancelado y esa es la batalla que se libra en estos días de agitación creciente.
Todo funciona mientras el poder pueda apreciarse como contrapoder y hasta que los resultados lleguen. Los avances y los retrocesos mantienen la incertidumbre. Tanto como sostienen la expectativa. Como en las redes, nunca faltan contenidos para entretenerse.
Varios países miran con inquietud los ataques al periodismo
La fractura libertaria en Diputados conspira contra los progresos por la “Ley de bases”
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Guste o no, el plan de Caputo está escrito
Florencia Donovan
La soja podrá ser peronista, pero los bancos podrían resultar ser mileístas. Un dato empezó a generar cierto alivio en las últimas horas en el equipo económico, que se ilusiona ahora con poder sostener el superávit fiscal registrado en el primer trimestre del año hasta junio sin tener que seguir poniéndole más tensión a la licuadora. Y es que comenzaron a llegar las declaraciones juradas de los bancos por las ganancias obtenidas en 2023, con resultados por encima de lo previsto. Según adelantan, en su conjunto, el sistema financiero podría aportarle al Tesoro más de un billón de pesos adicional a lo que estaba previsto. Paradojas de la economía: los miles de millones de pesos en Leliq que terminó pagando Alberto Fernández, y que supuestamente iban a ser para los jubilados, le darán un empujón más que importante a Javier Milei.
Después del fortísimo ajuste registrado en los últimos meses, el Gobierno tendrá en junio tal vez su mes más desafiante en materia fiscal, no solo porque ese mes se ajustan las jubilaciones, sino también porque es cuando el Estado debe pagar aguinaldos. Pero, a cuatro meses y dos días de iniciado el Gobierno, el mercado empieza a tener algunas certezas de la gestión libertaria:
● Para empezar, el programa económico de Luis Caputo está siguiéndose casi al pie de la letra con respecto a lo que se había ideado antes de que en la Argentina Milei asumiera la presidencia. En la City, no pocos recuerdan una charla que hacia fines de noviembre dio el ahora presidente del Banco Central (BCRA), Santiago Bausili, para clientes del Banco Comafi. “Habrá tasa positiva en dólares para anclar expectativas, que idealmente será real positiva pensando en la inflación macroeconómica, pero inevitablemente negativa contra la inflación de los primeros meses”, explicaba entonces Bausili. En esa línea, ayer el BCRA bajó su tasa de interés de referencia, del 80 al 70%. La tasa en pesos está lejos de alcanzar la inflación, pero con el dólar planchado es más que atractiva medida en moneda dura.
Crédito en pequeñas dosis
● La fuerte baja de tasas en pesos está llevando a que algunas entidades empiecen a ofrecer en pequeñas dosis créditos a tasas realmente agresivas. El Galicia fue el primero, pero ayer también el Nación sorprendió con promociones con tarjeta con descuentos de hasta 25% y seis cuotas sin interés para la compra de indumentaria. No son los únicos. Parece una suerte de reedición de los “Super Miércoles” o “Vamos los Jueves” o las megapromos bancarias con tarjeta que solían impulsar el consumo tras la crisis de 2001. Los bancos saben, en definitiva, que el negocio de financiar al Estado no será eterno. Aunque a la vieja usanza kirchnerista, esta semana, el BCRA apeló a un mecanismo contable para habilitar a los bancos a comprar más bonos públicos de cara a la licitación que se hizo ayer. En rigor, volvió a ofrecerles a las entidades un seguro o put, como se conoce en la jerga financiera, para que adquieran los bonos que esta semana emitió el Tesoro.
● También Bausili había descartado en su momento cualquier iniciativa de desdoblamiento cambiario. “No habrá desdoblamiento formal, no hay dólares para abastecer la demanda en el libre. Se manejará y simplificará el sistema actual, conviviendo con el cepo”, había dicho entonces. Las reservas netas, aunque vienen creciendo en US$8700 millones en el trimestre, seguirían siendo levemente negativas, a juzgar por el cálculo del Fondo Monetario Internacional (FMI), tal como informa hoy Javier Blanco en la nacion. Se entiende luego que Milei, con poco tacto, haya descartado de plano la propuesta de Domingo Cavallo, quien públicamente le sugirió avanzar en un desdoblamiento para evitar que se siga atrasando el tipo de cambio.
● El mercado ahora está convencido de que no habrá devaluaciones adicionales en el corto plazo. La apuesta del Gobierno en algunos sectores es ganar competitividad vía la apertura de importaciones y la baja de aranceles, no vía el tipo de cambio. En esa línea apuntan las últimas medidas de rebajas de aranceles para herbicidas y fertilizantes.
● El superávit fiscal no es negociable. Es tal vez la señal más celebrada por los inversores internacionales, aun sabiendo que el equilibrio es producto en gran medida de pisar gastos, como es el caso de la deuda que tiene el Estado con las generadoras de electricidad, y que hoy se estima en más de US$2000 millones. Ya en noviembre Bausili confiaba en privado que el “80% del recorte necesario no pasa por el Congreso, aunque no es fácil”. Con las generadoras de electricidad, la idea del Gobierno es intentar sostener un flujo mínimo mensual –en marzo se les transfirieron $110.000 millones– hasta que se vayan ajustando las tarifas, y en el medio, negociar una salida para la deuda acumulada. En Finanzas niegan que vayan a darles un bono en dólares, como en algún momento trascendió. Entre las empresas, reina el desconcierto. No tienen interlomo cutores. Si hay algo que empieza a caracterizar la gestión económica es un personalismo absoluto de Caputo, quien delega poco y solo entre sus hombres de estricta confianza, que vienen trabajando con él incluso desde antes de llegar a la función pública. “Si hay algo bueno es que, por primera vez, Economía funciona con un solo liderazgo, no hay ministros compitiendo entre sí como en el macrismo; Caputo define todo –explica un hombre que está en el gabinete–. Pero si hay algo malo también es que solo Caputo define”, resumió.
Cambio de nombres
● Entre los empresarios ya se sabe que la última palabra en materia económica es la de Caputo. Las reuniones con las líneas intermedias o incluso con algunos ministros solo son protocolares. De ahí, por caso, que en las empresas de medicina prepaga estén esperando reunirse con el ministro de Economía para poder definir cómo seguir con sus políticas de precios. Ayer, volvieron a reunirse funcionarios en la Casa Rosada; la idea del Gobierno sería, más allá de la denuncia que investiga Defensa de la Competencia, avanzar también por vía judicial ante lo que consideran es una presunta cartelización del sector o, cuanto menos, un caso de abuso de posición dominante colectivo. En su cuenta de X, el presidente Milei apuntó directamente a Claudio Belocopitt por el aumento “desmedido” de los precios de las prepagas, y generó una interna en la Unión Argentina de Salud (UAS), cámara que agrupa a las empresas del sector y que preside el dueño de Swiss Medical. Algunos socios están convencidos de que si no cambian de interlocutor no obtendrán buenos resultados en su negociación con el Gobierno. Si solo fuera una cuestión de nombres…
● Otra figura que gana protagonisen la estructura de Economía es Pablo Lavigne, el secretario de Comercio, que viene de trabajar en la consultora del exministro Hernán Lacunza y que ya había trabajado en el ex-Ministerio de Producción del gobierno de Mauricio Macri. Algunos creen que, una vez que esté avanzada su gestión en la secretaría –“que para un libertario, no debería existir”, explican–, podría ser candidato a ocupar la dirección de la Aduana, tal vez uno de los puestos más complicados dentro de la estructura estatal, históricamente objeto de fuertes presiones. Lavigne no solo habría avanzado en la desregulación de una cantidad de sectores, sino que además es el responsable de terminar con la exclusividad de la tarjeta SUBE para el transporte.
● El círculo de confianza de Javier Milei no cambia demasiado con los meses. Entre los empresarios, son pocos los que realmente gozan de la intimidad del Presidente. Además de Eduardo Elsztain, dueño de IRSA, se encuentran Alec Oxenford, fundador de OLX; Sebastián Braun, uno de los herederos de La Anónima y Banco Galicia, y Eduardo Bastitta, de +Colonia y Plaza Logística. Braun y Bastitta viajaron ahora con el Presidente a Miami –también tendrían previsto participar del Latam Tech Forum, en la misma ciudad–, ya lo habían acompañado en septiembre del año pasado en su viaje a Nueva York, cuando antes de ser electo, viajó a visitar la tumba del rebe de Lubavitch.
En definitiva, la hoja de ruta de Milei parece bastante constante. Lo que todavía no se sabe es cómo seguirá una vez que este período de “transición”, tal cual lo denominan los propios protagonistas en Economía, termine. Pero a esta altura, cabe pensar que también el plan postransición ya está en armado. Qué contiene y quién lo ejecutará es todavía un misterio.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.