Asignaciones de la Anses, la nueva disputa entre las fintechs y los bancos
Negocio. Mercado Pago supera los 340.000 beneficiarios de pagos sociales; Ualá multiplicó por 10 su clientela; el foco es sumar clientes para potenciar otros rubros; jubilaciones, en la mira
Esteban Lafuente
El cobro de jubilaciones de la Anses es el próximo negocio que buscan captar las fintechs
El cobro de las asignaciones sociales de la Anses es un nuevo escenario de disputa en el sector financiero local. Tras años de demoras y contramarchas, a comienzos de 2024 las billeteras digitales recibieron luz verde para ser bocas de pago de estos programas (AUH, Alimentar, Progresar) y se abrió un nuevo frente de competencia entre los nuevos actores y los bancos tradicionales.
La funcionalidad de usar las billeteras digitales como plataforma de cobro de prestaciones de la Anses está habilitada desde 2019, por una resolución del organismo previsional. Esto incluye asignaciones como la AUH, la asignación por embarazo, las becas Progresar o la prestación Alimentar, entre otras.
Sin embargo, nunca se implementó de forma plena durante la gestión anterior, e incluso se permitió el cobro de asignaciones como el IFE únicamente a través de bancos tradicionales.
Dentro del segmento de las billeteras digitales y cuentas virtuales (CVU), Mercado Pago es el principal actor que impulsa el nuevo hábito de usuarios, y avanzó en este segmento tras algunos meses de pruebas piloto. La funcionalidad se puso en marcha de forma plena en abril, con 24.000 usuarios y hoy ya cuenta con 340.000 argentinos que reciben sus asignaciones en la plataforma.
Se trata, todavía, de una muestra pequeña, si se tiene en cuenta el universo de beneficiarios de asignaciones de la Anses. Según datos oficiales, la AUH cuenta con 2,24 millones de titulares en todo el país (con uno o más hijos), mientras que los que reciben becas Progresar superan los 1,7 millones. Casi en su totalidad, estas transferencias se cobran a través de plataformas bancarias, y la competencia por atraerlos es el primer paso de la banca digital para crecer con otros negocios, como la entrega de créditos o el uso de medios de pago propios.
Mercado Pago plantea que el crecimiento en estos últimos siete meses se explica por cuestiones de “facilidad” en el manejo de los fondos. Según sostienen, sus usuarios (el 60% de los 340.000 reciben AUH) se volcaron a la billetera porque privilegian “administrar el dinero desde el celular” y “operar sin sucursales”. El 84% de ese universo de personas reconoce usar menos efectivo en el día a día desde que incorporó el cobro de la asignación por la billetera.
A su vez, otro factor diferencial que le permitió a la billetera de la empresa de Marcos Galperin disputarles este segmento a los bancos es el de la cuenta remunerada: el 85% de los que cobran sus asignaciones de la Anses a través de la billetera mantienen su dinero en la cuenta y generan rendimientos a través de esa plataforma.
“La gente sabe que no le gana la inflación, pero está cerca, y siempre es mejor que cero”, dice Paula Arregui, senior VP de Mercado Pago, en referencia a la alternativa de las cajas de ahorro bancarias tradicionales, que no remuneran los fondos de sus clientes.
Otros jugadores
La tendencia también se verifica en la plataforma Ualá, que tiene un modelo particular: además de ofrecer cuentas virtuales, desde 2023 también posee licencia bancaria y puede operar como banco tradicional. Según datos de la empresa, desde febrero la base de clientes que cobran asignaciones de la Anses en la plataforma se multiplicó por 10. Afirman que el 78,5% son mujeres y que, luego, tres de cada cuatro usuarios operan alguno de sus productos de inversión
Arregui enfatiza en el proceso de “mayor inclusión financiera” que genera esta dinámica. Si bien se trata de un universo de personas ya bancarizadas (las asignaciones ya se cobran a través de sucursales bancarias o acreditación directa en cuentas), el foco de la mayor billetera digital del país está en crecer en otros rubros y apalancar en estos nuevos usuarios una expansión de otros negocios propios, como los créditos o el uso de medios de pago.
Según sus datos, dos de cada tres beneficiarios de asignaciones de la Anses que cobran con la billetera luego hacen pagos con códigos QR, 55% usa la billetera para cargar el celular y 33% paga servicios desde esa app. A su vez, destacan que los usuarios reciben el dinero a las 19 del día anterior al asignado para el cobro formalmente por la Anses.
“Desde 2019 fuimos puliendo los procesos y los modelos de crédito, para que esa huella que la persona empieza a dejar con la prestación pueda desencadenar en otras cosas”, dice Arregui, y agrega: “Cuanto más usás, más rastro vas dejando sobre lo que hacés, y eso es lo que nos permite conocer al usuario y empezar, por ejemplo, a prestar líneas de crédito. En nuestras encuestas, el 75% de las personas que reciben con nosotros asignaciones sociales nunca había tenido acceso” a préstamos.
¿La disputa que se viene?
Con la competencia por el cobro de las asignaciones de la Anses ya acelerada, los jugadores se mueven pensando en el próximo paso de esta disputa: las jubilaciones. Se trata de un universo, de acuerdo con datos del organismo previsional, de 7,5 millones de argentinos. Por la regulación vigente, el cobro de estas asignaciones se realiza únicamente a través de cuentas bancarias o en oficinas de la Anses, un punto sobre el que Mercado Pago planea avanzar. “En 2019 todavía existía la validación de la ‘prueba de vida’, donde el jubilado todavía tenía que ir a una sucursal física a hacerlo. Nosotros, al no tener sucursales, en ese momento no había manera de ser parte de las prestaciones a pagar. Ese requisito no está más. En ese momento era más un impedimento, pero ahora empezamos a probar con las funciones que tenemos habilitadas y, viendo los números, sin dudas vamos a ir a algún tipo de charla o negociación para ver si podemos habilitar lo que hoy falta”, reconoce Arregui sobre las perspectivas de la compañía, sin fechas ni plazos.
Como ocurrió en otros segmentos, como los pagos, el uso de los códigos QR y las transferencias entre cuentas, el accionar de la firma de Galperin mantiene desde hace tiempo en guardia a los bancos, mientras las decisiones en materia de regulación se reparten entre el BCRA, el Ministerio de Economía y la Anses.
El fondo de la discusión se da por un negocio que parte de la gestión de los fondos millonarios para pago de jubilaciones y otros programas y se potencia con la capacidad de ofrecer otros productos financieros (tarjetas, créditos, etc.) a los beneficiarios/clientes. Y en ese esquema, hay jubilados “más rentables” que otros desde una mirada del negocio financiero, un grupo entre los que se incluye a los de mayor nivel de ingresos, capacidad de compra y, también, mejor adopción de plataformas digitales.
“Nuestra tecnología es la que nos permite abrir miles de cuentas en el momento, todo desde el teléfono celular, nos permite dar líneas de crédito no basadas en la capacidad humana que tiene un ejecutivo para revisar carpetas, y permite disparar muchas propuestas en simultáneo”, dice Arregui.
Los bancos, en tanto, advierten en off the record sobre un eventual impacto negativo para los jubilados. La dinámica actual del cobro de las jubilaciones impone a estas entidades requisitos en materia de presencia física, sucursales, salas de espera, abastecimiento de cajeros automáticos y cajas personales para los beneficiarios que aún hoy retiran sus haberes en efectivo. “Eso es puro costo”, dicen en el sector bancario.
Existen también cuestiones regulatorias y normativas que imponen a los bancos diferentes requisitos sobre el manejo de fondos, las garantías de los depósitos y los mecanismos ante eventuales problemas de solvencia de las entidades, que cobran mayor relevancia al considerar el importante flujo de dinero que implica el pago de las jubilaciones. “Es injusto que a unos les exijan algo y a otros, no”, plantean
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Advierten sobre efectos cada vez más graves del alcohol en adolescentes
Especialistas coinciden en que hepatitis agudas, coma alcohólico y episodios de blackout son cuadros que aparecen prematuramente
La funcionalidad de usar las billeteras digitales como plataforma de cobro de prestaciones de la Anses está habilitada desde 2019, por una resolución del organismo previsional. Esto incluye asignaciones como la AUH, la asignación por embarazo, las becas Progresar o la prestación Alimentar, entre otras.
Sin embargo, nunca se implementó de forma plena durante la gestión anterior, e incluso se permitió el cobro de asignaciones como el IFE únicamente a través de bancos tradicionales.
Dentro del segmento de las billeteras digitales y cuentas virtuales (CVU), Mercado Pago es el principal actor que impulsa el nuevo hábito de usuarios, y avanzó en este segmento tras algunos meses de pruebas piloto. La funcionalidad se puso en marcha de forma plena en abril, con 24.000 usuarios y hoy ya cuenta con 340.000 argentinos que reciben sus asignaciones en la plataforma.
Se trata, todavía, de una muestra pequeña, si se tiene en cuenta el universo de beneficiarios de asignaciones de la Anses. Según datos oficiales, la AUH cuenta con 2,24 millones de titulares en todo el país (con uno o más hijos), mientras que los que reciben becas Progresar superan los 1,7 millones. Casi en su totalidad, estas transferencias se cobran a través de plataformas bancarias, y la competencia por atraerlos es el primer paso de la banca digital para crecer con otros negocios, como la entrega de créditos o el uso de medios de pago propios.
Mercado Pago plantea que el crecimiento en estos últimos siete meses se explica por cuestiones de “facilidad” en el manejo de los fondos. Según sostienen, sus usuarios (el 60% de los 340.000 reciben AUH) se volcaron a la billetera porque privilegian “administrar el dinero desde el celular” y “operar sin sucursales”. El 84% de ese universo de personas reconoce usar menos efectivo en el día a día desde que incorporó el cobro de la asignación por la billetera.
A su vez, otro factor diferencial que le permitió a la billetera de la empresa de Marcos Galperin disputarles este segmento a los bancos es el de la cuenta remunerada: el 85% de los que cobran sus asignaciones de la Anses a través de la billetera mantienen su dinero en la cuenta y generan rendimientos a través de esa plataforma.
“La gente sabe que no le gana la inflación, pero está cerca, y siempre es mejor que cero”, dice Paula Arregui, senior VP de Mercado Pago, en referencia a la alternativa de las cajas de ahorro bancarias tradicionales, que no remuneran los fondos de sus clientes.
Otros jugadores
La tendencia también se verifica en la plataforma Ualá, que tiene un modelo particular: además de ofrecer cuentas virtuales, desde 2023 también posee licencia bancaria y puede operar como banco tradicional. Según datos de la empresa, desde febrero la base de clientes que cobran asignaciones de la Anses en la plataforma se multiplicó por 10. Afirman que el 78,5% son mujeres y que, luego, tres de cada cuatro usuarios operan alguno de sus productos de inversión
Arregui enfatiza en el proceso de “mayor inclusión financiera” que genera esta dinámica. Si bien se trata de un universo de personas ya bancarizadas (las asignaciones ya se cobran a través de sucursales bancarias o acreditación directa en cuentas), el foco de la mayor billetera digital del país está en crecer en otros rubros y apalancar en estos nuevos usuarios una expansión de otros negocios propios, como los créditos o el uso de medios de pago.
Según sus datos, dos de cada tres beneficiarios de asignaciones de la Anses que cobran con la billetera luego hacen pagos con códigos QR, 55% usa la billetera para cargar el celular y 33% paga servicios desde esa app. A su vez, destacan que los usuarios reciben el dinero a las 19 del día anterior al asignado para el cobro formalmente por la Anses.
“Desde 2019 fuimos puliendo los procesos y los modelos de crédito, para que esa huella que la persona empieza a dejar con la prestación pueda desencadenar en otras cosas”, dice Arregui, y agrega: “Cuanto más usás, más rastro vas dejando sobre lo que hacés, y eso es lo que nos permite conocer al usuario y empezar, por ejemplo, a prestar líneas de crédito. En nuestras encuestas, el 75% de las personas que reciben con nosotros asignaciones sociales nunca había tenido acceso” a préstamos.
¿La disputa que se viene?
Con la competencia por el cobro de las asignaciones de la Anses ya acelerada, los jugadores se mueven pensando en el próximo paso de esta disputa: las jubilaciones. Se trata de un universo, de acuerdo con datos del organismo previsional, de 7,5 millones de argentinos. Por la regulación vigente, el cobro de estas asignaciones se realiza únicamente a través de cuentas bancarias o en oficinas de la Anses, un punto sobre el que Mercado Pago planea avanzar. “En 2019 todavía existía la validación de la ‘prueba de vida’, donde el jubilado todavía tenía que ir a una sucursal física a hacerlo. Nosotros, al no tener sucursales, en ese momento no había manera de ser parte de las prestaciones a pagar. Ese requisito no está más. En ese momento era más un impedimento, pero ahora empezamos a probar con las funciones que tenemos habilitadas y, viendo los números, sin dudas vamos a ir a algún tipo de charla o negociación para ver si podemos habilitar lo que hoy falta”, reconoce Arregui sobre las perspectivas de la compañía, sin fechas ni plazos.
Como ocurrió en otros segmentos, como los pagos, el uso de los códigos QR y las transferencias entre cuentas, el accionar de la firma de Galperin mantiene desde hace tiempo en guardia a los bancos, mientras las decisiones en materia de regulación se reparten entre el BCRA, el Ministerio de Economía y la Anses.
El fondo de la discusión se da por un negocio que parte de la gestión de los fondos millonarios para pago de jubilaciones y otros programas y se potencia con la capacidad de ofrecer otros productos financieros (tarjetas, créditos, etc.) a los beneficiarios/clientes. Y en ese esquema, hay jubilados “más rentables” que otros desde una mirada del negocio financiero, un grupo entre los que se incluye a los de mayor nivel de ingresos, capacidad de compra y, también, mejor adopción de plataformas digitales.
“Nuestra tecnología es la que nos permite abrir miles de cuentas en el momento, todo desde el teléfono celular, nos permite dar líneas de crédito no basadas en la capacidad humana que tiene un ejecutivo para revisar carpetas, y permite disparar muchas propuestas en simultáneo”, dice Arregui.
Los bancos, en tanto, advierten en off the record sobre un eventual impacto negativo para los jubilados. La dinámica actual del cobro de las jubilaciones impone a estas entidades requisitos en materia de presencia física, sucursales, salas de espera, abastecimiento de cajeros automáticos y cajas personales para los beneficiarios que aún hoy retiran sus haberes en efectivo. “Eso es puro costo”, dicen en el sector bancario.
Existen también cuestiones regulatorias y normativas que imponen a los bancos diferentes requisitos sobre el manejo de fondos, las garantías de los depósitos y los mecanismos ante eventuales problemas de solvencia de las entidades, que cobran mayor relevancia al considerar el importante flujo de dinero que implica el pago de las jubilaciones. “Es injusto que a unos les exijan algo y a otros, no”, plantean
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Advierten sobre efectos cada vez más graves del alcohol en adolescentes
Especialistas coinciden en que hepatitis agudas, coma alcohólico y episodios de blackout son cuadros que aparecen prematuramente
Gabriela Origlia
Cada vez es más baja la edad de inicio de los chicos en el consumo de alcohol
Hepatitis agudas, coma alcohólico, episodios de blackout y hasta cirrosis. Son algunos de los cuadros graves que los especialistas empiezan a ver tempranamente en los adolescentes como consecuencia del consumo frecuente y en exceso de alcohol. Apuntan a las previas, en las que se normalizó el auge de bebidas de alta graduación alcohólica, incluso cuando se realizan en entornos familiares.
Los médicos reconocen que ven estas patologías en jóvenes menores de 20 años, cuando antes no era habitual. Lo relacionan con el inicio a edad cada vez más baja del consumo de alcohol en los chicos, alrededor de los 13 años.
Psicólogos y asociaciones de padres reclaman que las familias reviertan el estado de “resignación” ante el fenómeno e instrumenten cambios y límites en la relación con los chicos.
Cada vez es más baja la edad de inicio de los adolescentes en el consumo de alcohol y, aunque el fenómeno no resulta nuevo, esta tendencia preocupa y alerta de manera creciente a los especialistas. Los médicos se encuentran con cuadros graves como pancreatitis, hepatitis agudas y cirrosis avanzadas en jóvenes de menos de 20 años. La clave, coinciden las fuentes consultadas por la nacion, está en “las previas” (reuniones que realizan antes de las salidas) y también en la incapacidad de la mayoría de las familias para poner límites. La situación “se naturalizó”, sintetizan.
“Cuando me desperté, vi que no tenía ropa interior”; “no sé qué pasó, tengo un blanco”; “tomo porque me animo a hacer cosas que de otra manera, no”; “si no tomo, mis amigos me cargan”. Esas son algunas de las frases que médicos, psicólogos y terapeutas escuchan cada vez más frecuentemente. Ante la consulta sobre la actitud de los padres ante la situación, en las respuestas se repiten conceptos como “resignación” e “impotencia”. El consumo de alcohol convive con el auge de las apuestas online y con las tecnoadicciones.
Según los datos de la Encuesta Nacional sobre Consumos y Prácticas de Cuidado 2022, que es la última oficial disponible (realizada por el Indec y la Sedronar), la edad media de inicio en el consumo de alcohol es de 17,1 años en varones y de 18,5 años en mujeres. Los expertos sostienen que no es lo que ven en la realidad: precisan que no hay mayores diferencias entre los sexos y las clases sociales, salvo el precio de las bebidas que compran.
Enrique Orchansky, pediatra con 40 años de experiencia, docente de la cátedra de Pediatría de la Universidad Nacional de Córdoba y autor de varios libros sobre la infancia, enfatiza: “Hace diez años veíamos que empezaban a tomar entre los 15 y 16, ahora ya es a los 13. Ese es el promedio del debut. Físicamente no están en condiciones de recibir tanto alcohol, es lo que llamamos ‘consumo excesivo episódico’, un ‘atracón’ de alcohol”.
Silvia Cabrerizo, pediatra toxicóloga del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y secretaria del Grupo de Trabajo de Adicciones de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), refuerza con que hace unas décadas las cirrosis se veían en gente de más de 60 años “y hoy a los 20 esto está pasando: hígados muy dañados. Hay casos de intoxicación aguda, depresión sensorial, coma alcohólico, episodios de blackout en los que quedan vulnerables y no saben qué pasó”.
La Tercera Encuesta Mundial de Salud Escolar de 2018 reveló que el 77,1% de los adolescentes argentinos de 13 a 15 años consumió alcohol por primera vez antes de los 14. Además, siete de cada diez compraron bebidas alcohólicas pese a la prohibición por ley. En ese punto, Cabrerizo advierte que el desarrollo cerebral termina entre los 21 y los 25 años, es decir, “no se condice la seguridad legal con lo biológico; cuanto más precoz el consumo, más daño”.
Ambos médicos apuntan que en las previas circula alcohol de alta graduación, como gin, vodka, ron (unos 40 gramos cada 100 ml) y fernet (28 cada 100). La cerveza es más frecuente en adolescentes de más edad. Pero el hígado, hasta alrededor de los 20 años, no puede procesar tanto alcohol masivamente. “La intoxicación aguda cede después de seis u ocho horas, pero a largo plazo es un tóxico sistémico y puede llevar a cirrosis, pancreatitis, alteraciones neuropsiquiátricas, hematológicas, síndrome de abstinencia”, sintetiza Cabrerizo.
Orchansky cuenta que tiene un paciente que está por cumplir 18 años y espera un trasplante hepático; consume alcohol desde los 14 en las previas. Además de esos daños, están los provocados al desarrollo neuronal, el “efecto idiosincrático”. Aclara que cada persona responde distinto a la misma dosis de alcohol: “A algunos no les hace nada; a otros les rompe las uniones neuronales, hay falta de concentración, problemas de sueño, pérdida de masa muscular”.
Padres y pares
La Fundación Padres viene trabajando con el alcoholismo entre niños y adolescentes desde hace unas dos décadas. “El problema se profundizó y se naturalizó –dice María Pía del Castillo, psicopedagoga y directora ejecutiva de la entidad–. La ludopatía digital desplazó la atención del consumo de alcohol, pero es muy complejo lo que se vive. Estamos atravesando un momento de salud mental delicado en esas edades, que encuentran una vía de escape en estas adicciones. Hay muchos daños asociados”.
Para el psicólogo Alejandro Schujman, el foco del problema es el “estado de resignación y apatía de los adultos. Domina la creencia de que todos toman y de que es una cuestión habilitada”, señala, y añade que el problema se registra en todo el
Silvia Cabrerizo sociedad arg. de pediatría
“a los 20 esto está pasando: hígados muy dañados. Hay casos de intoxicación aguda, depresión sensorial, coma alcohólico, episodios de blackout”
mundo. Reconoce que también juega un papel importante la presión de los pares. Un factor que mencionan las fuentes es que, por ejemplo, a los chicos que practican deportes no les insisten en que tomen; como “un punto de anclaje que es un factor de protección al que el grupo no contradice”, describe Schujman.
María Zysman, psicopedagoga y directora de la ONG Libres de Bullying, ratifica que a los 12 o 13 años hay chicos y chicas que “coquetean” con el alcohol, y vuelve sobre el querer ser parte. “Si para pertenecer tienen que tomar, lo hacen, y a veces en las mismas casas admiten que sea así. Los padres esperan que otros pongan los límites –como ya vimos con la norma del uso de celulares en clase que salió en la ciudad de Buenos Aires– y las escuelas reciben a los chicos borrachos porque si no terminan acusadas de abandono de persona. Entonces es como un acuerdo tácito”, detalla.
Los dos pediatras subrayan que la actitud de los padres puede ser “por desconocimiento o por naturalización”. Cabrerizo sostiene que “no se percatan del riesgo que implica esa cantidad de alcohol. El festejo pasa por consumir y se pierde la noción de riesgo”. Por su lado, Orchansky considera que hay una minoría que les prohíbe tomar a sus hijos (“y de ese grupo, pocos lo logran”). Califica como el “más peligroso” al grupo que esgrime “organizo en casa y controlo”; el médico insiste en que “creen que tienen el control, pero los chicos llegan con botellas. No dimensionan, no quieren o no pueden ver el peligro”.
Los deliveries que entregan alcohol a quien lo pide sin ningún chequeo y la venta en kioscos son moneda corriente. Por efectos del alcohol en exceso hay impulsos violentos, peleas, pérdida de control sobre las acciones. “Hay historias de actos graves en el corto plazo y otros que terminan en tragedias –continúa Schujman–. En las fiestas de 15, hay piquetes si les plantean que no habrá alcohol, extorsionan a la cumpleañera y a la familia. Los padres deben recuperar el sentido común, si a un nene de 3 años no le dejan meter el dedo en el enchufe, a uno de 14 no lo tienen que dejar tomar”.
Claves hacia una solución
Que los padres asuman su rol es el primer paso hacia una solución que mencionan todos los que hablaron Detrás alinean que haya más charlas entre los jóvenes, que los que sufren las consecuencias del consumo excesivo relaten al resto lo que sucede. También, que el alcohol deje de ser protagonista de las publicidades.
“Los papás no nos estamos bancando el aburrimiento –admite Zysman–. Los chicos juntan figuritas y si les faltan, van y las compran. No quieren que esperen, que tengan frustraciones y, entonces, nada les alcanza. La adolescencia tiene angustia existencial y el alcohol anestesia. Encima, es de fácil acceso. Las redes, en las que pasan mucho tiempo, les muestran alcohol, diversión, influencers, todo junto. Todos esos factores generan un escenario complejo”.
Del Castillo subraya que en la fundación trabajan para que los padres “nos hagamos cargo de lo que nos corresponde, poner límites, empujar la autoestima, lograr comunicación familiar” y también en campañas como “Menores ni una gota”, impulsada junto con la Federación Argentina de Destilados y Prevención, y otra que realizan con Cervecería y Maltería Quilmes, “Entrenadores de valores”.
Una experiencia que Schujman realiza y que en varios casos funciona es la de armar redes de familias que “pongan fin al disparate”. Sostiene que los chicos “se niegan, protestan, organizan fiestas paralelas”, pero algunos grupos logran su objetivo. “Los padres tienen que decidirse a tomar las riendas. Ningún adolescente se va a traumar, sí lo hará si sufre un coma alcohólico. Hay que gestionar espacios saludables que contrapesen”, concluye
Hepatitis agudas, coma alcohólico, episodios de blackout y hasta cirrosis. Son algunos de los cuadros graves que los especialistas empiezan a ver tempranamente en los adolescentes como consecuencia del consumo frecuente y en exceso de alcohol. Apuntan a las previas, en las que se normalizó el auge de bebidas de alta graduación alcohólica, incluso cuando se realizan en entornos familiares.
Los médicos reconocen que ven estas patologías en jóvenes menores de 20 años, cuando antes no era habitual. Lo relacionan con el inicio a edad cada vez más baja del consumo de alcohol en los chicos, alrededor de los 13 años.
Psicólogos y asociaciones de padres reclaman que las familias reviertan el estado de “resignación” ante el fenómeno e instrumenten cambios y límites en la relación con los chicos.
Cada vez es más baja la edad de inicio de los adolescentes en el consumo de alcohol y, aunque el fenómeno no resulta nuevo, esta tendencia preocupa y alerta de manera creciente a los especialistas. Los médicos se encuentran con cuadros graves como pancreatitis, hepatitis agudas y cirrosis avanzadas en jóvenes de menos de 20 años. La clave, coinciden las fuentes consultadas por la nacion, está en “las previas” (reuniones que realizan antes de las salidas) y también en la incapacidad de la mayoría de las familias para poner límites. La situación “se naturalizó”, sintetizan.
“Cuando me desperté, vi que no tenía ropa interior”; “no sé qué pasó, tengo un blanco”; “tomo porque me animo a hacer cosas que de otra manera, no”; “si no tomo, mis amigos me cargan”. Esas son algunas de las frases que médicos, psicólogos y terapeutas escuchan cada vez más frecuentemente. Ante la consulta sobre la actitud de los padres ante la situación, en las respuestas se repiten conceptos como “resignación” e “impotencia”. El consumo de alcohol convive con el auge de las apuestas online y con las tecnoadicciones.
Según los datos de la Encuesta Nacional sobre Consumos y Prácticas de Cuidado 2022, que es la última oficial disponible (realizada por el Indec y la Sedronar), la edad media de inicio en el consumo de alcohol es de 17,1 años en varones y de 18,5 años en mujeres. Los expertos sostienen que no es lo que ven en la realidad: precisan que no hay mayores diferencias entre los sexos y las clases sociales, salvo el precio de las bebidas que compran.
Enrique Orchansky, pediatra con 40 años de experiencia, docente de la cátedra de Pediatría de la Universidad Nacional de Córdoba y autor de varios libros sobre la infancia, enfatiza: “Hace diez años veíamos que empezaban a tomar entre los 15 y 16, ahora ya es a los 13. Ese es el promedio del debut. Físicamente no están en condiciones de recibir tanto alcohol, es lo que llamamos ‘consumo excesivo episódico’, un ‘atracón’ de alcohol”.
Silvia Cabrerizo, pediatra toxicóloga del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y secretaria del Grupo de Trabajo de Adicciones de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), refuerza con que hace unas décadas las cirrosis se veían en gente de más de 60 años “y hoy a los 20 esto está pasando: hígados muy dañados. Hay casos de intoxicación aguda, depresión sensorial, coma alcohólico, episodios de blackout en los que quedan vulnerables y no saben qué pasó”.
La Tercera Encuesta Mundial de Salud Escolar de 2018 reveló que el 77,1% de los adolescentes argentinos de 13 a 15 años consumió alcohol por primera vez antes de los 14. Además, siete de cada diez compraron bebidas alcohólicas pese a la prohibición por ley. En ese punto, Cabrerizo advierte que el desarrollo cerebral termina entre los 21 y los 25 años, es decir, “no se condice la seguridad legal con lo biológico; cuanto más precoz el consumo, más daño”.
Ambos médicos apuntan que en las previas circula alcohol de alta graduación, como gin, vodka, ron (unos 40 gramos cada 100 ml) y fernet (28 cada 100). La cerveza es más frecuente en adolescentes de más edad. Pero el hígado, hasta alrededor de los 20 años, no puede procesar tanto alcohol masivamente. “La intoxicación aguda cede después de seis u ocho horas, pero a largo plazo es un tóxico sistémico y puede llevar a cirrosis, pancreatitis, alteraciones neuropsiquiátricas, hematológicas, síndrome de abstinencia”, sintetiza Cabrerizo.
Orchansky cuenta que tiene un paciente que está por cumplir 18 años y espera un trasplante hepático; consume alcohol desde los 14 en las previas. Además de esos daños, están los provocados al desarrollo neuronal, el “efecto idiosincrático”. Aclara que cada persona responde distinto a la misma dosis de alcohol: “A algunos no les hace nada; a otros les rompe las uniones neuronales, hay falta de concentración, problemas de sueño, pérdida de masa muscular”.
Padres y pares
La Fundación Padres viene trabajando con el alcoholismo entre niños y adolescentes desde hace unas dos décadas. “El problema se profundizó y se naturalizó –dice María Pía del Castillo, psicopedagoga y directora ejecutiva de la entidad–. La ludopatía digital desplazó la atención del consumo de alcohol, pero es muy complejo lo que se vive. Estamos atravesando un momento de salud mental delicado en esas edades, que encuentran una vía de escape en estas adicciones. Hay muchos daños asociados”.
Para el psicólogo Alejandro Schujman, el foco del problema es el “estado de resignación y apatía de los adultos. Domina la creencia de que todos toman y de que es una cuestión habilitada”, señala, y añade que el problema se registra en todo el
Silvia Cabrerizo sociedad arg. de pediatría
“a los 20 esto está pasando: hígados muy dañados. Hay casos de intoxicación aguda, depresión sensorial, coma alcohólico, episodios de blackout”
mundo. Reconoce que también juega un papel importante la presión de los pares. Un factor que mencionan las fuentes es que, por ejemplo, a los chicos que practican deportes no les insisten en que tomen; como “un punto de anclaje que es un factor de protección al que el grupo no contradice”, describe Schujman.
María Zysman, psicopedagoga y directora de la ONG Libres de Bullying, ratifica que a los 12 o 13 años hay chicos y chicas que “coquetean” con el alcohol, y vuelve sobre el querer ser parte. “Si para pertenecer tienen que tomar, lo hacen, y a veces en las mismas casas admiten que sea así. Los padres esperan que otros pongan los límites –como ya vimos con la norma del uso de celulares en clase que salió en la ciudad de Buenos Aires– y las escuelas reciben a los chicos borrachos porque si no terminan acusadas de abandono de persona. Entonces es como un acuerdo tácito”, detalla.
Los dos pediatras subrayan que la actitud de los padres puede ser “por desconocimiento o por naturalización”. Cabrerizo sostiene que “no se percatan del riesgo que implica esa cantidad de alcohol. El festejo pasa por consumir y se pierde la noción de riesgo”. Por su lado, Orchansky considera que hay una minoría que les prohíbe tomar a sus hijos (“y de ese grupo, pocos lo logran”). Califica como el “más peligroso” al grupo que esgrime “organizo en casa y controlo”; el médico insiste en que “creen que tienen el control, pero los chicos llegan con botellas. No dimensionan, no quieren o no pueden ver el peligro”.
Los deliveries que entregan alcohol a quien lo pide sin ningún chequeo y la venta en kioscos son moneda corriente. Por efectos del alcohol en exceso hay impulsos violentos, peleas, pérdida de control sobre las acciones. “Hay historias de actos graves en el corto plazo y otros que terminan en tragedias –continúa Schujman–. En las fiestas de 15, hay piquetes si les plantean que no habrá alcohol, extorsionan a la cumpleañera y a la familia. Los padres deben recuperar el sentido común, si a un nene de 3 años no le dejan meter el dedo en el enchufe, a uno de 14 no lo tienen que dejar tomar”.
Claves hacia una solución
Que los padres asuman su rol es el primer paso hacia una solución que mencionan todos los que hablaron Detrás alinean que haya más charlas entre los jóvenes, que los que sufren las consecuencias del consumo excesivo relaten al resto lo que sucede. También, que el alcohol deje de ser protagonista de las publicidades.
“Los papás no nos estamos bancando el aburrimiento –admite Zysman–. Los chicos juntan figuritas y si les faltan, van y las compran. No quieren que esperen, que tengan frustraciones y, entonces, nada les alcanza. La adolescencia tiene angustia existencial y el alcohol anestesia. Encima, es de fácil acceso. Las redes, en las que pasan mucho tiempo, les muestran alcohol, diversión, influencers, todo junto. Todos esos factores generan un escenario complejo”.
Del Castillo subraya que en la fundación trabajan para que los padres “nos hagamos cargo de lo que nos corresponde, poner límites, empujar la autoestima, lograr comunicación familiar” y también en campañas como “Menores ni una gota”, impulsada junto con la Federación Argentina de Destilados y Prevención, y otra que realizan con Cervecería y Maltería Quilmes, “Entrenadores de valores”.
Una experiencia que Schujman realiza y que en varios casos funciona es la de armar redes de familias que “pongan fin al disparate”. Sostiene que los chicos “se niegan, protestan, organizan fiestas paralelas”, pero algunos grupos logran su objetivo. “Los padres tienen que decidirse a tomar las riendas. Ningún adolescente se va a traumar, sí lo hará si sufre un coma alcohólico. Hay que gestionar espacios saludables que contrapesen”, concluye
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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