domingo, 14 de enero de 2024

MANJARES DE NOVELA....LIBRO DELICIOSO




Manjares de novela. Recetas de grandes autores para amantes de la lectura y la buena comida
Un libro publicado en España repasa cincuenta platos que aparecen en ficciones reconocidas y se recrean para saborear entre página y página con una invitación a prepararlos en casa
Texto Andrea AguilarEditorial ladera NorteEl chupe de camarones del Nobel Vargas Llosa
El olor a borsch del patio de casa de los Pustaválov, al que se refiere Chéjov en su cuento “Querida”; el plato de chuletas, papas asadas y tomate en rodajas que Sam Spade, el detective protagonista de El halcón maltés, come en el John’s Grill de San Francisco, el mismo que frecuentaba su autor Dashiell Hammett; o el laborioso estofado boeuf en daube con el que en Al faro Mrs. Ramsay agasaja a sus invitados y se inquieta porque llegan con retraso y aquello amenaza con aguar la velada, según escribe Virginia Woolf, son recreados en todo su esplendor literario y gastronómico en Cocina de autor, recetas para amantes de la lectura (Ladera Norte). “Pensamos este libro como un juego para la gente a la que le encanta leer. Pesaron más los libros que la comida, pero también buscamos un equilibrio entre platos de pescado, carne y vegetarianos”, explica la escritora Berta Vias Mahou, coautora junto a su esposo, Antón Casariego, de este peculiar recetario-antología literaria.

De la carne guisada del coronel Buendía de García Márquez al pollo frito de Harper Lee, pasando por la lubina en salsa del Gatopardo, de Lampedusa, las hojas de col rellenas de James Joyce, el arenque en abrigo de piel de Gógol o el Tafelspitz de los Von Trotta en La marcha Radetzky, de Joseph Roth, este repaso de grandes clásicos de la literatura universal, con mantel de por medio, abarca principalmente los siglos XIX y XX, con las notables excepciones de Cervantes y Diderot. Hay autores europeos y americanos (las truchas que comen en España los personajes de Hemingway, el pollo al limón de Silvina Ocampo o el chupe de camarones de Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa). Y los géneros son variados: novela policíaca (Georges Simenon y su quiche Lorraine; Agatha Christie y el lenguado Veronique), de amor (Orgullo y prejuicio, de Jane Austen; Anna Karenina, de Tolstói), hay diarios (Marisa Madieri), poesía (Pablo Neruda y su “Oda al caldillo de congrio”) y hasta diálogos filosóficos (Diderot con Jacques el Fatalista y su amo).
En su canon literario-gastronómico dice Vias que han buscado la igualdad entre hombres y mujeres, aunque reconoce que en las escritoras detecta, en muchos casos, que conceden menos importancia a la comida, quizá porque han tenido “una cierta aversión a ser tildadas de amas de casa”. Ella se muestra orgullosa de haber incluido en el libro la merluza en salsa de muselina de Los fuegos de otoño, de Irène Némirovsky, y a la primera escritora que recibió el Premio Nobel, la sueca Selma Lagerlöf, con su salmón asado con volovanes.
“Partimos de unos cuantos platos que sabíamos que debían estar, como las codornices en sarcófago de El festín de Babette, de Isak Dinesen, la carne de vaca a la gelatina de Proust o los tomates verdes fritos de Fannie Flagg”, explica Vias Mahou, traductora de francés y alemán, algo que, reconoce, ha pesado en la selección de obras. Este es un menú personal de gustos literarios y gastronómicos en el que Vias y Casariego se explayan como anfitriones. Ahí radica la originalidad de esta obra, que acerca libros y autores cuya fama puede intimidar, así como algunas recetas –todas para principales– bastante elaboradas. Y si en el plano literario ofrecen sin acartonamiento ni pedantería la información necesaria para explicar quién es el autor, de qué trata su novela y cómo aparece esa comida, en el gastronómico proponen acompañamientos, dan consejos para hacer que la receta resulte más económica y muestran el mismo desenfado ilustrado.
Vias explica que el caldo para este volumen surgió más en su trabajo como escritora que en el de traductora. “Mientras trabajaba en Venían a buscarlo a él (Acantilado), un libro en el que reconstruyo los últimos días de Albert Camus, a quien llamo Jacques como el personaje de El primer hombre, descubrí que el día que murió en el accidente de coche había comido empanada de morcilla con compota de manzana. Era un plato que mi madre preparaba y lo metí en mi libro, con receta incluida, convirtiendo a mi madre en la dueña del restaurante”, explica.
Fue Camus quien les dio el hilo del que fueron tirando durante años: “Antón iba rescatando platos que encontrábamos en novelas. Compartía la afición a la cocina con mi madre”. Todo eso queda reflejado en este libro, para el que Vias y Casariego no solo recabaron la información, compraron los ingredientes y prepararon las recetas, sino que también montaron las mesas con detalles que hacen referencia al autor y al libro en cuestión, y tomaron ellos mismos las fotografías. “Ha sido un año contra reloj con las compras y la cocina. Una maratón para sacar las recetas, terminar la selección y traducir los textos donde aparecen esas comidas”, asegura Vias.
Hubo algún percance, algún plato que no quedó redondo, pero lograron salvarlo para la foto, recuerda divertida. Su propuesta de 52 recetas es una invitación a hacer una por semana a lo largo de un año: “Y que cada uno cambie o improvise lo que quiera”. Con esa intención incluyen al final del libro un espacio de notas para el lector, de manera que pueda apuntar “cuándo, con quién, cómo” en las fichas en blanco que han dejado para cada autor. © El País, SL

Un recetario personal
En La mano de Marguerite Yourcenar (del Nuevo Extremo), la chilena Sonia Montecino y la francesa Michèl Esarde revelan el placer y los hábitos culinarios de la autora de Memorias de Adriano. el volumen incluye un recetario encontrado por las autoras en la biblioteca de la Universidad de Harvard. “Yourcenar no tenía intención de construir un recetario cuando envió a la biblioteca aquellas hojas sueltas con sus recetas predilectas, que usaba para sus comidas íntimas. Nosotras las compilamos dándoles una función de transmisión. sin embargo, el hecho de que las haya incluido entre los documentos que consideró dignos de archivar en Harvard indica que consciente o inconsciente mente los consideraba válidas trazas ”, declaró Sarde en una entrevista cuando se publicó el libro en 2015.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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