jueves, 25 de enero de 2024

PARO Y ROCES




La CGT movió su aparato y amenazó al Gobierno, en un paro con poca fuerza
La central sindical se movilizó junto al kirchnerismo y la izquierda; el comercio abrió con normalidad; a la tarde se resintió el transporte; Moyano apeló a la violencia verbal
Federico González del Solar La CGT, la izquierda y La Cámpora se movilizaron frente al Congreso contra las reformas de Milei
La CGT activó ayer su aparato de movilización para nutrir una marcha frente al Congreso, a la que se sumaron el kirchnerismo y la izquierda, para oponerse a las reformas que impulsa el gobierno de Javier Milei. El dirigente Pablo Moyano fue uno de los oradores centrales y reforzó desde el palco los mensajes amenazantes contra el Gobierno, al apuntar contra el ministro de Economía, Luis Caputo: “Lo van a llevar en andas, pero para tirarlo al Riachuelo”, dijo, en una frase que después intentó relativizar.
El paro, convocado antes de que el Gobierno cumpliera un mes, tuvo un escaso impacto en actividades comerciales y productivas, que se desarrollaron casi con normalidad. Desde la tarde, resintió los servicios de trenes y colectivos, y provocó numerosas cancelaciones en Aeroparque.
A solo un mes y medio de instalado el nuevo gobierno, la CGT concretó el primer paro general contra el presidente Javier Milei, en rechazo al mega-DNU de desregulación de la economía y la ley ómnibus que debate la Cámara de Diputados. Por eso sus principales dirigentes, los triunviros Héctor Daer y Pablo Moyano, encabezaron una masiva movilización ante el Congreso, en la que la central obrera puso más énfasis que en la huelga, que no se sintió con la contundencia de otras jornadas de protesta sindical.
Milei, por su parte, siguió el primer paro en su contra desde la quinta de Olivos (ver aparte).
Durante toda la jornada se implementó con altibajos el protocolo antipiquetes bajo el comando de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, una adversaria declarada del sindicalismo peronista. Los policías se vieron superados por el gran volumen de una convocatoria que reunió a figuras del kirchnerismo duro, y referentes de la izquierda y de movimientos sociales.
En la ciudad de Buenos Aires se plasmó una postal callejera a gran escala de todo el arco político opositor, que se resiste sin concesiones a las reformas impulsadas por el oficialismo y que tuvo réplicas en distintos puntos del país.
La CGT afirmó que en la ciudad se movilizaron unos 600.000 manifestantes y que llegaron a 1,5 millones a nivel nacional, en tanto que la ministra Bullrich le bajó el precio a la convocatoria y sostuvo que solo se movieron unas 40.000 personas en el epicentro de la protesta.
La movilización, que trastocó la circulación en el centro y abrió un nuevo récord en la historia de la democracia moderna –por haberse concretado a solo 45 días de asumido un nuevo gobierno–, concluyó con un acto desde un palco montado sobre la avenida Entre Ríos, de espaldas al Congreso.
“Un peronista no puede votar este DNU que va en contra de los trabajadores, en contra de los jubilados y de la soberanía nacional”, alertó Pablo Moyano, que abrió el acto y antecedió en el uso de la palabra a Daer, el otro integrante de la cúpula cegetista que habló frente a una plaza colmada de agrupaciones y banderas sindicales.
“Les pedimos –a los diputados– que no traicionen a los trabajadores, que no traicionen a la doctrina del peronismo”, continuó Moyano, quien arribó a la plaza cerca de las 14, rodeado de un grupo de gremialistas que le abrieron paso entre la multitud. “Estamos para exigirles a los diputados y diputadas que hacen campaña cantando la marcha peronista y cuando tienen que rechazar una ley que va en contra de lo trabajadores se esconden y tenemos que ir a buscarlos a su despacho”, apuntó.
“Tirarlo al Riachuelo
En el tramo más duro de su discurso, el líder camionero aludió a los dichos del Presidente, quien sostuvo que al ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, había que llevarlo a “pasear en andas” por la inflación lograda en diciembre. “Yo le digo –al Presidente– ante miles de compañeros que si lleva esas medidas de ajuste, de hambre, los trabajadores, los jubilados y los más humildes lo van a llevan en andas, pero para tirarlo al Riachuelo”, disparó Moyano.
Daer también presionó a los legisladores. “Ningún diputado se puede hacer el distraído. El DNU desregula la economía. Quieren destruir los derechos individuales, colectivos, los sindicatos y destruir la acción sindical. Atacan a las organizaciones sindicales, a los trabajadores, a la cultura. Apuntan contra todo lo popular, a privatizar el deporte”, sostuvo el gremialista de sanidad.
El punto de quiebre en la relación con el oficialismo se dio con el DNU dictado por el Presidente, cuyo contenido –a los ojos de la CGT– tenía muy poco que ver con las conversaciones entabladas hasta ese momento con el ministro del Interior, Guillermo Francos.
Aparte de la implementación de un fondo de cese laboral, preanunciado ya en la plataforma electoral de Milei, el oficialismo avanzó con medidas que trastocan la vida interna de los gremios. Entre las modificaciones se encuentra la reducción de la indemnización por despido, la ampliación del período de prueba a ocho meses y la inclusión del bloqueo como causal de despido. Además, el decreto tocó una de las cajas sindicales más importantes, al incluir la necesidad del consentimiento de los afiliados en el aporte de las “cuotas solidarias”.
La convocatoria comenzó a tomar temperatura cerca de las 11, el horario elegido por la mayoría de las organizaciones para concentrar en las distintas esquinas que abrazan a la plaza. “Vengan de este lado de la plaza compañeros. Liberen la avenida Entre Ríos, nos hemos comprometido a dejar la avenida liberada”, fue el mensaje que aludía a lo acordado con las autoridades del Ministerio de Seguridad y Justicia de la ciudad, que se replicó desde temprano en las distintas voces que se alternaron frente al micrófono en la previa al acto.
Pero no hubo caso. Pasado el mediodía la avenida se vio bloqueada, primero por los manifestantes y luego por las fuerzas de seguridad, que establecieron un cordón de contención que, por momentos, debido a algunos roces con los manifestantes, debió reforzarse con una segunda fila de uniformados.
La CGT no marchó sola. La medida de fuerza recogió el descontento de casi todos los sectores opositores al Gobierno. A los camioneros, los estatales, los empleados de comercio y los trabajadores de la construcción –entre muchos otros– se sumaron la CTA y la CTA Autónoma, así como también los distintos espacios que conforman Unión por la Patria, como el Frente Renovador de Sergio Massa, aunque el exministro no fue de la partida, como sí lo fue el gobernador Axel Kicillof.
Además, estuvieron presentes distintas organizaciones de derechos humanos –como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo– y un sinfín de movimientos sociales, algunos de los cuales contaron con terminales políticas durante la gestión de Alberto Fernández, quien pese a verse asediado por la continua pérdida del poder adquisitivo, no debió enfrentar ningún paro general en los cuatro años de su mandato.

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En una movilización pacífica, el protocolo antipiquetes logró evitar desbordes
Milei y Bullrich volvieron a aplicar el plan para mantener el control de la calle; no hubo incidentes
Matías Moreno
Tras la postergación de la sesión para tratar la ley ómnibus en la Cámara de Diputados, el presidente Javier Milei debió conformarse ayer con un triunfo simbólico en la pelea por el control de la calle. En horas cruciales para el programa reformista del oficialismo, que lidia con obstáculos en el Congreso y en la Justicia, el Gobierno aplicó otra vez el protocolo antipiquetes y logró evitar desbordes en la movilización de la CGT.
A sabiendas de que la nueva doctrina de la Casa Rosada enfrentaba una prueba de fuego, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, supervisó desde temprano el estricto operativo que desplegaron efectivos de la Policía Federal, la Gendarmería y la Prefectura Naval en los accesos a la Capital y las estaciones de trenes, donde se hicieron controles para lograr un efecto disuasivo y desalentar la concurrencia de manifestantes a la protesta, el mayor desafío que enfrentó Milei en las calles desde que arrancó su gestión. A la tarde tenía previsto reunirse con el Presidente en Olivos para evaluar el operativo.
Pese al gran despliegue de efectivos de las fuerzas de seguridad, la administración nacional y el gobierno de la ciudad no pudieron impedir que haya cortes de calles, sobre todo, en las inmediaciones del Congreso. La circulación estuvo interrumpida en la Avenida de Mayo y en la 9 de Julio por la masiva afluencia de manifestantes.
Si bien el Gobierno intentó montar una puesta en escena para ratificar que no tolerará los piquetes o manifestaciones violentas, la protesta de la CGT se desarrolló sin que se registraran incidentes. Los sindicalistas hicieron una demostración de fuerza y enviaron una señal de disconformidad con el rumbo de la gestión de los libertarios, pero decidieron no escalar el conflicto social en plena primavera de la gestión de Milei. Tanto las autoridades nacionales como porteñas destacaron que la movilización fue “pacífica”.
Bullrich se mantuvo hiperactiva toda la jornada. Por la mañana, recorrió el barrio de Flores y Esteban Echeverría. Quería marcar un contraste entre la manifestación de los sindicalistas y los ciudadanos que optaron por no adherir a la huelga.
Minutos después de que concluyera el acto de la CGT, Bullrich se mostró satisfecha. Dijo que el Gobierno había “alcanzado los logros en materia de orden y seguridad”. En su cartera estiman que participaron unas 40.000 personas en la movilización. Según la CGT, la protesta fue “masiva”: calculan que hubo más de 600.000 concurrentes en el acto central.
El nuevo protocolo antipiquetes solo puede ser aplicado en los territorios que están bajo jurisdicción federal, por lo que el operativo estuvo a cargo de Waldo Wolff, su par porteño, y Diego Kravetz, secretario de Seguridad de la Ciudad. De hecho, Bullrich dispuso un bloqueo con gendarmes y efectivos de la Federal en el Puente Pueyrredón, que provocó un airado rechazo de Héctor Daer, uno de los jefes de la CGT, quien reclamó que la Justicia “ordene a las fuerzas de seguridad que garanticen los derechos de libertad de reunión, manifestación, protesta y libre asociación” a 3000 manifestantes de la Uocra que pretendían ingresar a la ciudad. “Quisieron pasar caminando y no los dejamos”, aseguran cerca de Bullrich.
Nuevos roces
La articulación para controlar la marcha de la CGT volvió a provocar roces entre la Ciudad y la Nación. Wolff y Kravetz tienen otra metodología para impedir piquetes y apuestan al diálogo con las organizaciones sindicales y de izquierda para “ordenar” la movilización. Argumentan que garantizaron la circulación en Hipólito Yrigoyen y en Rivadavia y aseguran que, por el volumen de la convocatoria, decidieron cortar de forma momentánea todos los carriles de Avenida de Mayo para concentrar el ingreso de militantes por esa vía e impedir bloqueos en la 9 de Julio y el metrobús. “El balance fue positivo”, señalaron en la Ciudad.
Fuera de micrófono, colaboradores de Bullrich despotrican contra la Ciudad: los acusan de tener una actitud concesiva o “tibia” frente a los manifestantes. En el gobierno de Jorge Macri repiten que el accionar entre la Nación y la Ciudad estuvo coordinado y sostienen que asignaron 1440 efectivos al operativo. En la cúspide de la Ciudad celebraron que la jornada haya transcurrido sin incidentes o desbordes. En la intimidad hay funcionarios porteños que no ocultan su malestar con Bullrich: consideran que su actitud es “intransigente” y “provocativa”.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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