martes, 22 de octubre de 2024

PROCESO, ANTISEMITISMO Y JÓVENES INVERSORES




EE.UU.: peculiaridades electorales
Rubén M. Perina
WASHINGTON


Para seguir el proceso electoral en EE.UU. conviene conocer sus peculiaridades. Todo sistema electoral tiene dos componentes: uno, referente a la organización y administración del proceso de votación; el otro, al método de elegir presidentes.
Sus peculiaridades lo distinguen del sistema electoral argentino y de otros que observé como jefe de Misión de Observación Electoral de la OEA, en Paraguay, Guatemala, República Dominicana y Venezuela. Ellas se vinculan a la naturaleza federal y descentralizada del sistema político, marcado por la separación de poderes y múltiples pesos y contrapesos, por un histórico y fuerte apego a los gobiernos estatales y por la desconfianza en un gobierno central, lejano y tiránico.
Veamos la organización y administración de una elección presidencial: EE.UU. no cuenta con un código electoral nacional. Cada uno de los 50 estados tiene sus propias reglas electorales, su forma de votar. Tampoco existe una autoridad electoral federal, responsable de organizar, administrar, supervisar, juzgar la validez de las elecciones y certificar al ganador. Carece además de un sistema unificado de conteo de votos, o un centro nacional que agregue y sume los resultados de las mesas. El proceso se maneja en cada estado por una secretaría de Estado. En el nivel nacional, es el proceso del Colegio Electoral el que certifica y proclama el ganador (aunque son los medios, con sus proyecciones estadísticas, los que primero anuncian los resultados).
Tampoco existe un padrón electoral nacional, lo que permitiría –teóricamente– registrarse y votar en uno o más estados; y no se requiere documento “estándar” de identificación nacional para votar. Para algunos, estas prácticas son una invitación al fraude. Por otro lado, tampoco es obligatorio votar, y se vota siempre el primer martes de noviembre, un día laborable (este año, el 5 de noviembre). En general solo vota un poco más del 50% de los aptos para votar. En 2020 votaron 155 millones (81 para
Biden,74 para Trump). Para los críticos, ambas prácticas desalientan y reducen la participación.
Sin embargo, otra peculiaridad del sistema, de hecho, facilita el voto: la mayoría de los estados permiten el voto anticipado; es decir, es posible votar unos días antes del día de los comicios, en lugares preestablecidos; y también existe el voto por correo. En California, Colorado, Oregon y otros estados es la única forma de votar. Ambas prácticas en teoría generan la posibilidad de violar el secreto del voto. Pero el 70% de los votantes confían en este modo de votar, y no hay pruebas de fraude, como proclamó Donald Trump. Quizás sea así por predominar en la cultura política el respeto a las normas y el celo de cada uno por su voto.
En la forma de elegir presidente, lo destacable es el Colegio Electoral.
Este mecanismo, pilar del sistema de separación de poderes y múltiples pesos y contrapesos, fue creado para prevenir una posible tiranía de la mayoría, que podría resultar de la elección directa del presidente. Los padres fundadores del país buscaban con él asegurar la preeminencia de los estados sobre el gobierno central y evitar la sobrerrepresentación y concentración de poder en los estados más poblados y más ricos. Así lo previeron en The Federalist.
De allí la elección indirecta del presidente, en la que los votantes eligen un candidato y una lista de electores en cada estado. Sus miembros son seleccionados por las autoridades partidarias estatales, y su número equivale al número de representantes (diputados) que le corresponde al estado según su población, más sus dos senadores. El triunfador (aunque sea por un voto) se lleva todos los electores del estado (excepto en Maine y Nebraska, que otorgan electores al ganador de sus distritos electorales).
Este año, los electores deben reunirse en cada estado el 17 de diciembre, fecha perentoria, para votar por su candidato. El gobernador debe certificar la lista de electores y sus votos y la debe enviar al presidente del Senado nacional para el 25 de diciembre. En sesión conjunta de las dos Cámaras del Congreso, presidida por el vicepresidente, el 6 de enero de 2025, se contarán los votos y se certificarán el resultado y el ganador. Es presidente el candidato que obtiene 270 de 538 posibles votos, y asume la presidencia el 20 de enero de 2025.
Lo peculiar del sistema es que puede concluir con un resultado dual: un candidato puede ganar el voto popular en el nivel nacional y perder en el Colegio Electoral, como ocurrió en 2000, cuando Al Gore le ganó a G. W. Bush por más de 500.000 votos en el nivel nacional, pero perdió el Colegio Electoral por 271 a 266, porque perdió Florida por unos 600 votos. Igual pasó en 2016, cuando Hillary Clinton le ganó a Trump en el nivel nacional por 3 millones de votos, pero perdió el Colegio Electoral por 304 a 227, ya que Trump ganó los estados pendulares de Michigan, Pensilvania y Wisconsin.
En los estados pendulares o “indecisos” de este año (Arizona, Georgia, Michigan, Nevada, North Carolina, Pensilvania, Wisconsin) cualquiera de los candidatos puede ganar. Allí se concentran las campañas y las encuestas, que dan una pugna muy pareja. En el resto de los estados no hay dudas de quién gana.
Las complejidades y peculiaridades electorales le agregan incertidumbre a un proceso electoral ya marcado por la polarización y la intransigencia política. Un nuevo resultado dual bien podría provocar otra crisis política como en 2020. Trump ya anunció que podría no reconocer su derrota, como lo hizo ese año.

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Una construcción colectiva
Valeria Shapira

“¿Qué tiene que ver el antisemitismo con una obra en construcción? ¿Es un edificio para una institución judía?”. Una usuaria de X despotricaba hace unos días en la red social y ensayaba conspiraciones después de pasar por un emprendimiento inmobiliario porteño donde un cartel reza: “Construyamos un país sin antisemitismo”. No hay allí nada oculto: el Foro Argentino Contra el Antisemitismo (FACA) –integrado por judíos y no judíos– lanzó una campaña a la que se sumaron y se suman argentinos para decirle no al antisemitismo en el país.
Mientras la usuaria de X desperdicia un espacio valioso en el que sería mejor aplaudir el compromiso de quienes entienden que se trata de una causa urgente, un desarrollador de real estate no judío hace lo contrario: pide el archivo del cartel, lo imprime, lo cuelga en su obra en construcción y dice, emocionado: “Es necesario que lo hagamos todos, porque este es un tema de toda la sociedad”. Una joven arquitecta judía hace lo propio y avisa: “Es mi primer proyecto, y siento que tengo el deber de colgarlo”. Ambos son la contracara de lo que indican las preocupantes cifras sobre el incremento del antisemitismo explícito, del silencio y de la indolencia que el profesor Julián Schvilderman relató hace unos días en estas mismas páginas.
Por haber padecido el nazismo, nuestros abuelos probablemente no hubieran imaginado lo que vimos hace pocos días, un año después de la masacre terrorista más sangrienta desde la Shoá: la bandera de Israel y la inscripción Bring them home now iluminando la Puerta de Brandemburgo, en Berlín. Contra todo pronóstico desalentador, las sociedades democráticas están haciendo flamear esas banderas, escribiendo el mensaje en sus carteles, para que el mundo entienda que la judeofobia solo nos vuelve a lo más oscuro.
En la Argentina hay antisemitismo. Pero también hay principios, como se demostró el 7/10 cuando miles –judíos y no judíos– pidieron por los secuestrados sobre la avenida Estado de Israel. Desde el sur del sur se le dijo al mundo que a volver a bailar, y se alzó la voz para acompañar a ese soldado argentino-israelí que escribió en una pared de Gaza un mensaje a los hermanos Iair y Eitan Horn, todavía en manos de Hamas: “Gordos, los seguimos buscando”.
Enarbolar un mensaje contra el antisemitismo (en una obra en construcción, en el pecho, en los medios) es casi un imperativo que interpela a todos los argentinos. Si la mayoría es silenciosa, indiferente o cómplice habrá que seguir educando contra el prejuicio y la ignorancia. La conspiración no amedrenta y la convicción es férrea: no vamos a parar.

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Jóvenes inversores
Una reciente resolución de la Comisión Nacional de Valores (CNV) habilitó a jóvenes a partir de los 13 años a invertir en el mercado de capitales con autorización de los padres. La norma señala que “resulta fundamental impulsar el desarrollo de nuevas iniciativas orientadas a promover diferentes herramientas e instrumentos que faciliten el acceso de los jóvenes al sistema financiero, así como también fomentar el ahorro e impulsar la educación financiera desde edades tempranas”.
Los jóvenes de entre 13 y 17 años ya podían abrir sin cargo una caja de ahorro en pesos, contar con una tarjeta de débito y realizar pagos o extracciones en cajeros automáticos. También, invertir en fondos comunes de inversión, plazos fijos y billeteras virtuales. Contarán, además, con la posibilidad de abrir subcuentas comitentes acompañados por un representante legal. Podrán así constituir plazos fijos, participar en fondos comunes de inversión, comprar y vender acciones, Cedear, obligaciones negociables, hacer cauciones y operar con billeteras virtuales.
Frente a esta situación, además de otorgar su autorización, los padres deben acompañarlos, monitoreando y supervisando la operatoria. Muchas veces la tendencia a asua mir riesgos puede exacerbarse en los más jóvenes. Los padres se verán obligados a capacitarse para desempeñar su rol; para muchos será un aprendizaje compartido.
Es clave para el éxito de la iniciativa impulsada por la CNV que los jóvenes reciban educación financiera. A partir de marzo 2025, todos los colegios públicos y privados de la ciudad de Buenos Aires incluirán programas de este tipo para dotar a los alumnos de las herramientas que les permitan tomar decisiones informadas, así como para evitar caer en estafas o fraudes, un peligro omnipresente en entornos digitales. Así lo anunció Jorge Macri el pasado 7 de octubre, Día de la Educación Financiera.
La activa ONG Junior Achievement Argentina ha sido pionera en esta materia. Desde 1991, prepara a jóvenes para el mundo del trabajo, inspirándolos a convertirse en protagonistas de su futuro y emprendedores de sus propias vidas. Más de un millón de jóvenes pasaron por programas como Manejá tu plata, Cuentas contigo, Economía personal, Finanzas personales o Planificá tu futuro.
Sin pretender menoscabar el indiscutible valor de educar en finanzas a los jóvenes, la resolución de la CNV enciende polémicas. Por ley, un menor de edad no puede trabajar, por lo tanto, el dinero por invertir será siempre de un adulto, lo cual presupone una fiscalización acorde para evitar operaciones de blanqueo. Promover el ahorro y la inversión a edades tempranas no debe ser sinónimo de alentar actividades de corte especulativo entre quienes convendría que, en lugar de saborear el dinero fácil, se incorporaran productivamente al mundo del trabajo cuando les llegue la oportunidad. No faltarán quienes en su inocencia o inexperiencia también se dejen encandilar con espejitos de colores, de esos que abundan en internet, a la hora de invertir. Los jóvenes son particularmente vulnerables. La ausencia del imprescindible control parental, una responsabilidad que ningún mayor debería pasar por alto, puede sumar indeseadas consecuencias.
Muchos expertos asimilan invertir en la Bolsa con timbear, habida cuenta del riesgo de operar en mercados volátiles. Cuando hoy asistimos a tan preocupantes como crecientes índices de ludopatía por juego online entre los menores de edad, convendrá encender las alarmas para que, más allá de apoyar su temprana formación financiera, evitemos empujar a muchos de ellos por caminos equivocados. Una vez más, los buenos ejemplos y el acompañamiento parental serán claves.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA   

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