Control de deserción y 190 días de clase: cuáles son las propuestas que impulsa el referente de educación de Patricia Bullrich
“Es más útil abrir un diálogo que imponer un conjunto de decisiones a capa y espada”, dice Fabio Quetglas; plantea un pacto con las familias, las empresas y los sindicatos
Lucila Marin
Fabio Quetglas“Es evidente que esta metodología de conflictividad no ha funcionado. Entonces, quizás la construcción de un consenso por reformas que dignifiquen la educación termina siendo más útil para todos los actores que una pelea”, plantea Fabio Quetglas, el elegido por Patricia Bullrich como referente en Educación a la hora de plantear sus equipos de gobierno
Quetglas se graduó como abogado en la Universidad de Buenos Aires (UBA), es magíster en Gestión de Ciudades por la Universidad de Barcelona y en Desarrollo Local por la Universidad de Bolonia. Fue investigador del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec ). Actualmente, además de diputado nacional por Buenos Aires (UCR), es director de la Maestría en Ciudades de la UBA.
Quetglas remarca que “la visión que quieren transmitir” es la necesidad de poner la educación en el centro de la agenda pública. En ese sentido, propone un proyecto de ley para declarar la educación como esencial, un plan de formación docente, el cumplimiento de 190 días de clases y un programa de alfabetización. Cree posible un “pacto por la educación” que incluya a todos los actores: familias, empresas y sindicatos.
“El equipo quiere hacer una reforma profunda que es una verdadera epopeya, porque es mover a toda la sociedad hacia la educación y, en ese sentido, es más útil abrir un diálogo con una visión donde la educación tiene esta relevancia que imponer un conjunto de decisiones a capa y espada”, plantea.
—¿Qué implica que la educación sea esencial?
—El derecho administrativo argentino establece restricciones a los servicios públicos con la condición esencial, como la guardia médica o los servicios de seguridad, limita la posibilidad de quienes son parte del servicio de tener huelgas. Quizás se puede pensar en dejar habilitados algunos mecanismos de protesta o por un día, eso se va a instrumentar, pero lo importante es que así como no sostener una guardia hospitalaria pone en riesgo la vida de una persona, no sostener el servicio educativo también establece una serie de riesgos, con la única diferencia que no lo verificamos inmediatamente.
—Lo intentaron hacer en la ciudad con el subte y los gremios estaban en contra.
—Esta es nuestra visión y los gremios tienen su visión. Y, justamente, el pluralismo consiste en eso, en que convivan en una sociedad visiones. Nosotros lo vamos a poder llevar adelante si una mayoría social nos vota en las elecciones, si una mayoría de legisladores construyen esto como ley y si después la Corte determina que esta ley no viola garantías constitucionales. No creo que esto sea una solución mágica, pero lo que sí creemos es que la Argentina tiene que establecer puntos fundacionales de una nueva visión de la educación en la cual no es un hecho optativo, entre otras cosas porque los chicos aprenden algo y para poder consolidarlo precisan de la rutina.
La visión de este equipo que acompaña a Patricia [Bullrich] tiene que ver con que esa epopeya cotidiana que los argentinos hacemos para que nuestros jóvenes estén en la escuelas requiere que todos pongamos algo. Nosotros simbólicamente queremos decir: las escuelas no se cierran. Vamos a trabajar para que sean mejores, para que los docentes trabajen en mejores condiciones, vamos a tener un canal muy abierto de diálogo porque cualquier transformación que hagamos es con los docentes. Ellos son los actores centrales de esta dinámica. Queremos crear un plan nacional de capacitación docente en servicio para que se capaciten todos los años. El eje central de nuestra política va a ser la calidad.
—Pero en la práctica, ¿qué se puede hacer con el conflicto permanente que hay con los gremios?
—Tenemos 24 jurisdicciones y no todas son homogéneamente conflictivas. Quizás tengamos que aprender de aquellas que han logrado tener tasas de conflictividad que podríamos llamar aceptables. Yo soy un defensor en todos los órdenes de la vida del diálogo y creo que esta visión hay que compartirla con las familias, las empresas y los sindicatos, porque la idea de que hay que poner la educación en el centro de la conversación pública nacional no es teórica. Si uno tiene una visión clara y sabe qué instrumentos construir para jerarquizar el rol docente se los tiene que presentar a los sindicatos docentes y, quizás, podamos llegar a un pacto por la educación.
—¿Cuáles serían esos elementos a construir?
—Por ejemplo, sobre la carrera hay mucho para trabajar, sobre las reformas normativas estatutarias también. Es evidente que la conflictividad es parte del problema y hay un problema que excede la conflictividad y es que la Argentina es un país que se empobreció, se estancó, ha sufrido una ciclicidad económica muy dura y muy adversa. Hay que poner todo eso en conversación. Hace 20 años que cada vez que tienen un problema paran y han sacrificado un montón de días. Pero eso no funcionó. Si en vez de probar con el conflicto, ¿probamos con el acuerdo, los chicos en clase, la gente volviendo a valorar de manera creciente a la educación pública? Si lo único que sabemos hacer es pelearnos, funcionarios, gremialistas y familias tenemos que reaprender. Yo respeto a todos los actores del sistema y todos los actores tienen mucho para dar, pero la obligación es que la escuela eduque lo mejor posible a los chicos. Tenemos que construir un entorno institucional que dignifique la tarea de enseñar.
—¿Cómo se logra en un contexto con salarios bajos por un lado y por otro teniendo en cuenta los indicadores donde dos de cada tres chicos son pobres?
—Se hace trabajando todos los días, teniendo criterio. Obviamente que nos gustaría que los docentes ganen más, pero si la Argentina no resuelve su equilibrio general macroeconómico, los docentes van a ganar cada día menos por la inflación. Tenemos que inscribir un programa de educación en el marco de un programa de gobierno que tiene que tener como una prioridad muy clara la estabilización macro en defensa de los salarios. Que la Argentina funcione bien económicamente tiene impacto decisivo en la educación, en la medida que la economía mejore hay que asignar más recursos.
—¿Qué porcentaje del PBI se debería destinar para educación?
—Primero, la Argentina tiene que empezar a hacer crecer su PBI, porque sino podemos tener mucho como porcentaje de un PBI que se derrumba. Nosotros establecimos, y después no se cumplió, pero rigidizamos la lógica presupuestaria estableciendo la meta del 6%. En los años en que arañamos el 6% se veía que había obras de infraestructura escolar, la conflictividad tendía a bajar, entonces pareciera ser que ese umbral, si en algún momento lo podemos conseguir, le permite el sistema funcionar razonablemente.
Pero la Argentina tiene que hacer algo con la formación para la innovación. El mundo educativo, no sólo el sistema educativo que tenemos, tiene mucho que hacer en relación al futuro. Si nosotros nos proponemos que la gente adulta tenga capacidad y flexibilidad para ingresar a un nuevo rol laboral, que los jóvenes adultos tengan una segunda oportunidad formativa, que las personas a las que antes se llamaba de tercera edad tengan alguna oportunidad formativa, todo eso que nos hace una mejor sociedad implica una inversión enorme de recursos. Si la Argentina pacifica su sistema educativo y se proyecta, esta agenda tiene que expresarse porque es una agenda de educación de futuro pero no en término tecnológicos nada más. Uno de los problemas que tiene la educación argentina es que pareciera no educar para el hoy.
Fabio Quetglas—¿Hicieron algún tipo de auditoría o diagnóstico sobre cómo está el sistema y cuáles serían los primeros puntos en los que trabajar?
—Tenemos esa información. El Ministerio de Educación de la Nación tiene una capacidad limitada para auditar el sistema educativo. Vamos a promover como un eje la cultura de medir, empezando por medir a los funcionarios. La eficiencia en el gasto o la calidad de la supervisión en términos estratégicos es una responsabilidad de los funcionarios. Hay que crear una cultura con la idea de que no hay forma de mejorar si no medimos. Gobernar un sistema tan descentralizado, complejo y asediado se tiene que hacer con una carta de navegación lo más precisa posible. Si no construimos ese tejido de información, vamos a gestionar en base a prejuicios y no vamos a estar funcionando bien y aparte la legitimidad de la decisión nunca es la misma cuando te apoyás en una información bien construida, es el dato que enriquece el diálogo.
—Pero entonces, ¿cuáles serían esos puntos?
—Vamos a tener un programa reformista. Voy a trabajar con mis colegas del Consejo Federal [de Educación] y los voy a ayudar. Hay que mover al sistema educativo desde los incentivos positivos hacia los lugares que queremos que vayan.
—¿Cómo?
—Vamos a suponer que quisiéramos que los alumnos egresen todos en la escuela pública en condición de bilingüismo fluido. Podemos medir los resultados en lengua y premiar a las instituciones que lo hacen mejor, copiar las buenas prácticas. Definís los objetivos y ponés los recursos en función de sus objetivos. El equipo quiere hacer una reforma profunda que es una verdadera epopeya, porque es mover a toda la sociedad hacia la educación y, en ese sentido, es más útil abrir un diálogo que imponer un conjunto de decisiones a capa y espada. Queremos ir hacia la esencialidad, los 190 días de clase, la alfabetización temprana, establecer un seguimiento para detectar de manera rápida una situación de fragilidad o de abandono. Si un chico no va cinco días seguidos y no presenta un certificado médico, que alguien pueda alertar rápidamente, operar los mecanismos institucionales y sociales de los que disponemos para contener ese chico en la escuela, eso ya se aplica en Mendoza y se podría aplicar en todas las jurisdicciones.
Hay que convencerse que, así como estamos, si no hacemos nada, la educación no va a mejorar. Para que la educación mejore nos tenemos que comprometer con acciones, recursos, mirada, trabajo, esfuerzo, consensos. Es evidente que esta metodología de conflictividad no ha funcionado entonces quizá la construcción de un consenso por reformas que dignifiquen la educación termina siendo más útil para todos los actores que una pelea.
Cuando uno pone una visión y dice mover la sociedad hacia la educación estamos diciendo muchas cosas. En la Argentina hay miles de empresas que tienen aulas o espacios e invierten plata en formación de sus trabajadores, pero ¿qué pasa si nosotros lo multiplicamos por 10? Vamos a suponer que permitimos que la mitad se desgrave impositivamente porque quiero que muchas empresas formen a las personas que ingresan y sean más competentes para el trabajo que te van a proveer. Eso podría ser el eslabón que vincule las personas hoy asistidas por la ayuda social con el mundo productivo real que sin un eslabón formativo es muy difícil.
—En la plataforma mencionan una nueva carrera de formación docente en el ámbito estatal, ¿qué implica?
—Hoy hay más de 1500 centros de formación docente y una gran dispersión. Vamos a tratar, con incentivos también, de construir estándares porque los chicos de todo el país merecen tener una educación calificada y la base son docentes calificados. Algunos países tienen un solo instituto de formación, en un país federal me parece demasiado poco, pero sí que haya criterios más unificados. El centro federal de los títulos es a partir de estándares. Entonces, puede haber un compromiso compartido Estado federal-provincia para obtener un título que lo vas a poder ejercer afuera de tu provincia.
—¿A qué se refieren cuando hablan de organizar las ofertas de las escuelas de manera modular y flexible?
—Un poco más parecido al sistema de créditos universitarios, donde puedas aprender en un módulo la formación en una especificidad y la etapa dos del primero la puedas posponer o no tomarla según tus intereses, y vas completando con créditos la formación. La ventaja es el nivel de interés que tiene quien lo toma y ese es uno de los grandes problemas que tiene la educación hoy.
—¿Cómo se pueden mejorar las condiciones edilicias de las escuelas?
—Una sugerencia importante es que piensen en la descentralización. En una municipalidad grande es mucho más fácil administrar con un fondo, podés agarrar grupos de cinco escuelas y licitar el mantenimiento y abrir empresitas de siete u ocho trabajadores. Hay que desburocratizar lo más posible, la tecnología lo permite. Estaría bueno quizás en alguna provincia hacer una prueba piloto ayudado por el Estado federal y si funciona trasladarlo a las otras jurisdicciones.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
iPhone 15: los precios y 8 características clave de los nuevos smartphones de Apple
El nuevo iPhone 15 tiene un nuevo conector, y está fabricado en titanio para las versiones más sofisticadas
Ricardo Sametband
Apple presentó hoy sus nuevos iPhone 15, tal como se esperaba. Y en esta ocasión la compañía integró en estos nuevos modelos varios cambios, algunos más trascendentales que otros, pero que representan una verdadera actualización respecto del modelo del año pasado. El anuncio llega mientras la compañía enfrenta un problema serio en China, su mercado más grande, donde el gobierno de ese país prohibió a funcionarios y empleados públicos usar los teléfonos de Apple, como respuesta a una puja geopolítica entre China y Estados Unidos.
Puerto USB-C en dos versiones
Los cuatro nuevos modelos de iPhone 15 tienen, ahora, un conector USB-C, el mismo que se usa en Android hace años. Apple abandona el conector Lightning que usa desde 2012, obligada por una reglamentación europea que entra en vigencia en 2024. La buena noticia es que cualquier cable y cargador de Android debería ser compatible para cargar el teléfono o transferir datos. Pero hay diferencias: los iPhone 15 Pro y Pro Max permiten transferir datos a mayor velocidad que el modelo común. La carga de la batería es, a priori, la misma para los cuatro: el 50% de la batería en media hora, usando un cargador de 20 watts (no provisto en la caja).
Titanio vs. aluminio
Otra diferencia entre modelos está en el cuerpo. Los modelos iPhone 15 Pro y Pro Max están hechos en titanio pulido, un material muy resistente y comparativamente liviano; la compañía usa varias técnicas en su fabricación para lograr cuatro tonalidades (negro, blanco, azul y natural) siempre sobre el color base del titanio, que es oscuro). Los iPhone 15 y 15 Plus, en cambio, están fabricados en aluminio, como los modelos anteriores, y tienen cinco colores (negro, azul, rosa, amarillo y verde).
Los nuevos iPhone 15 Pro y Pro Max están hechos de titanio, que tiene un tratamiento para lograr 4 tonalidadesUn botón para activar funciones nuevas
Una tercera diferencia entre los dos modelos Pro (los fabricados con titanio) respecto de los otros dos es que incluyen un botón programable en un costado (llamado “botón de acción”), que reemplaza la perilla que tiene el iPhone desde sus inicios. Ese switch permitía silenciar el teléfono; este permite elegir entre varias funciones más, como activar la cámara, encender la linterna, o cargar el grabador. También, claro, puede poner el teléfono en silencio o no.
El nuevo iPhone 15 Pro tiene un botón programable en su costadoEl procesador, otra diferencia entre los modelos
Otra diferencia entre los cuatro nuevos iPhone 15 está en su procesador, el cerebro electrónico que gestiona las aplicaciones y todas las funciones del teléfono. En el caso de los modelos más sofisticados (los iPhone 15 Pro y Pro Max) tienen el chip más avanzado de la compañía, el A17 Bionic, mientras que los iPhone 15 y 15 Plus llevan en su interior el que fue el tope de línea del año pasado, el A16 Bionic. ¿Son grandes las diferencias? Apple dice que sí, sobre todo para otorgarle más realismo a los videojuegos, y mejorar el procesamiento de las fotos que toman sus cámaras, pero en la práctica sería raro que alguien lo note en el día a día (de la misma manera que quien tiene hoy un iPhone 14 Pro Max no verá enormes diferencias de rendimiento respecto del modelo nuevo).
Los nuevos colores del iPhone 15Nuevo zoom para el Pro Max
Al igual que en generaciones anteriores, este año Apple diferencia sus modelos por tamaño, rendimiento y también por las cámaras. En el caso del iPhone 15 y 15 Plus, tienen dos cámaras: un sensor de 48 megapixeles con una lente normal, y un sensor de 13 megapixeles con una lente gran angular. El iPhone 15 Pro agrega un teleobjetivo: una cámara con una lente que le permite 2 aumentos. Y el iPhone 15 Pro Max tiene un teleobjetivo de 5 aumentos, el primero de la compañía. Usa un sistema de prismas para alejar el sensor de la lente sin tener que hacer más grueso el teléfono.
El zoom 5x del iPhone 15 Pro Max tiene un sistema de prismas para alejar el sensor de la lente y lograr los aumentos requeridosUna isla dinámica para todo
¿No hay características compartidas? Sí, algo presente en los cuatro modelos es la isla dinámica en el borde superior de la pantalla, que debutó primero en el iPhone 14 Pro, y que ahora está en los cuatro modelos: es una perforación en la pantalla que esconde los sensores para el sistema de identificación biométrica del iPhone (llamado Face ID), y que Apple usa para jugar con el diseño de sus notificaciones en pantalla.
Los dos tamaños del iPhone 15, ambos con la isla dinámicaTamaños clásicos de pantalla, y conexión satelital
Apple también mantiene respecto de los modelos anteriores es el tamaño de la pantalla OLED: 6,1 pulgadas para el iPhone 15 y 15 Pro; 6,7 pulgadas para el iPhone 15 Plus y 15 Pro Max. Y los cuatro modelos del iPhone 15 tienen, ahora, conectividad satelital para hacer una llamada de emergencia (solo disponible, por ahora, en el hemisferio norte).
Los precios de la familia de iPhone a partir de la llegada del iPhone 15Los precios de la familia iPhone 15
El iPhone 15 mantiene los precios del año pasado, salvo para el iPhone 15 Pro Max, que es más caro que su equivalente de 2022.El iPhone 15 tendrá un precio base internacional de 799 dólares por 128 GB, que sube a 899 dólares por 256 GB y 1099 dólares por 512 GB de almacenamiento.
El iPhone 15 Plus tendrá un precio de 899 dólares por 128 GB, 999 dólares por 256 GB, y 1199 dólares por 512 GB de almacenamiento.
El precio del iPhone 15 Pro va de 999 a 1499 dólares (de 128 GB a 1 TB de almacenamiento, respectivamente).
El iPhone 15 Pro Max, el más caro del grupo, tiene un precio que va de 1199 a 1599 dólares (de 128 GB a 1 TB de almacenamiento, respectivamente).
El dato para tener en cuenta, en todo esto, es que en la primera mitad de este año el 14 Pro Max fue el teléfono más vendido del mundo, pese a ser uno de los más caros, por lo que Apple claramente está apostando a hacer aún más rentable este modelo.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.