miércoles, 13 de septiembre de 2023

CLAVES AMERICANAS Y TRUMP, BOLSONARO, JOHNSON


Alarmantes pronósticos para la región

Andrés Oppenheimer
Cuando el director de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (Cepal) pronosticó días atrás que la región crecerá apenas un 1,7% este año y un aún más deprimente 1,5% el próximo año, muchos analistas lo interpretaron como un fenómeno temporal. Después de todo, América Latina tiene una larga historia de periódicos auges y bajones económicos.
Sin embargo, lo que más me sorprendió en una extensa entrevista con el secretario ejecutivo de la Cepal, José Manuel SalazarXirinachs, es que teme que América Latina pueda sufrir una “enfermedad de bajo crecimiento” de largo plazo. A menos que los países de la región comiencen a centrarse seriamente en el crecimiento productivo, esta enfermedad pronto podría resultar en mayor agitación política, violencia y crisis migratorias, me señaló.
Según las previsiones de la Cepal, las economías de la Argentina y Chile se contraerán un 3% y un 0,3% respectivamente este año. La economía de México crecerá un 2,9%; la de Brasil, un 2,5%; la de Perú, un 1,3%, y la de Colombia, un 1,2%. Para el próximo año, la mayoría de los países tendrá tasas de crecimiento igualmente mediocres o aún más bajas. La Cepal proyecta que la economía de México, por ejemplo, crecerá solo un 1,8% en 2024.
Solo los países de Centroamérica y el Caribe están teniendo un desempeño razonablemente bueno, en gran parte debido a sus estrechos vínculos comerciales con Estados Unidos. Pero, en general, la desaceleración de la economía de China perjudicará las exportaciones de la región. El desempleo en América Latina crecerá del 6,8% en 2023 al 7,1% en 2024, dice la Cepal.
“Si no logramos elevar la tasa de crecimiento a un 3 o 4% anual, esta enfermedad de bajo crecimiento nos va a traer otros males”, me dijo Salazar-Xirinachs. “Vamos a convertirnos en sociedades cada vez más desiguales y violentas, y vamos a tener más millones de personas emigrando”. Salazar-Xirinachs está instando a los países latinoamericanos a diversificar sus exportaciones, para que no dependan tanto de las ventas de petróleo, soja, cobre y otras materias primas. En la era del ChatGPT y la economía del conocimiento, los bienes y servicios sofisticados son mucho más lucrativos que las exportaciones de productos básicos.
Cuando le pregunté qué es lo que más le preocupa sobre la región, me dijo: “Un debate público pobre o muy polarizado” que no aborde las necesidades urgentes de la región para mejorar la educación, la salud y encarar el cambio climático”. Tiene toda la razón. En mis viajes recientes a la región, y siguiendo diariamente las noticias de México, la Argentina, Colombia y otros países, me es difícil encontrar lugares donde estén teniendo un debate nacional serio sobre la educación de calidad, la tecnología y otros temas claves para el futuro. Como ejemplo, un nuevo estudio sobre el estado de la inteligencia artificial en América Latina pinta un panorama alarmante, pero obtuvo poquísima cobertura en los medios y casi ninguna atención de los gobernantes.
El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) elaborado por 12 instituciones científicas señala que solo el 2,2% de la fuerza laboral latinoamericana tiene habilidades directa o indirectamente relacionadas con la inteligencia artificial, mientras que el promedio mundial es del 3,6%. Lo que es igualmente alarmante, la inversión privada en proyectos de inteligencia artificial en América Latina es apenas un 1,7% del monto que se invierte en EE.UU. y un 5% del de China, dice el estudio.
“La inteligencia artificial va a ser tan omnipresente en nuestras vidas como la electricidad o internet”, me dijo el director ejecutivo de ILIA, Rodrigo Durán Rojas. “Si no hacemos algo para ponernos al día, nos vamos a quedar cada vez más atrás”. América Latina ya no puede esperar crecer gracias a las exportaciones de productos básicos a China. Tiene que empezar a hacer lo que debería haber comenzado a hacer hace años: invertir en educación de calidad, tecnología e innovación. Y, como primer paso, cada país debería poner estos temas en el centro de su agenda nacional

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Milei, o la misma película con otros actores
Welber Barral Doctor en Derecho Internacional, exsecretario de Comercio Exterior de Brasil


En 1980 y 1990, se llamaba “efecto Orloff” a los intentos casi simultáneos de la Argentina y Brasil de controlar la hiperinflación, todos sin mucho éxito. Curiosamente, la expresión no venía de ningún economista ruso, sino de una publicidad de vodka. En el anuncio, una persona se veía a sí misma en un bar, y ese reflejo le decía: “Soy vos mañana”. Hoy, al recordar la sorpresa que generó en la campaña electoral brasileña de 2018 la aparición de un casi desconocido diputado –que terminó siendo presidente– que se presentaba como la solución ideal al sentimiento antipolítica que reinaba en el país, el “efecto Orloff” vuelve como un déjà vu.
Los electores reaccionaban entonces contra los políticos tradicionales, sus manejos y negociaciones, la corrupción y la incapacidad del Estado para responder a las demandas de grupos sociales que se empobrecían de modo visible. Mucho de lo que vimos en la campaña electoral de 2018 (y lo que se ve ahora en la Argentina) repite el manual de la alt right (derecha alternativa) norteamericana, fenómeno político que se expande desde hace una década. El modelo repite a través de diferentes vías –medios de comunicación y redes sociales– verdades parciales o falsedades totales para aprovechar el resentimiento colectivo. Sus enunciados van desde la normalización de lo inverosímil (la Tierra es plana) hasta el ataque directo a los actores tradicionales por medio del deep state o “la casta”.
Por eso la sensación de déjà vu es inevitable cuando se ve a Javier Milei. La construcción del personaje combina las patillas de San Martín con la melena de Boris Johnson, la teatralidad trumpista y el desbocado estilo bolsonarista. Tal como esos referentes, Milei se muestra como el antipolítico con soluciones inéditas que han sido omitidas por el grupúsculo tradicional, que ahora puede ser finalmente alejado. Es la remake de una película en la que cambian los actores, pero el argumento sigue siendo el mismo. Durante la campaña electoral, estos personajes logran el apoyo de actores respetados de diferentes ámbitos que les hacen llegar propuestas de las reformas necesarias. La élite económica pronostica, inreformas correctamente, que controlará al personaje. Los políticos tradicionales, amilanados, miran atónitos el insólito fenómeno mediático. El problema principal de esta película es que ya conocemos el final, y no es un final feliz.
La ruptura está fundamentada en el conflicto, para el cual solo hay propuestas simplistas. Una vez que está instalado en la silla del poder, el personaje solo puede mantenerse ahí con la producción de crisis diarias, frases efectistas y la creencia de sus seguidores más fanáticos de que la ruptura no ocurre por el boicot que ejercen las castas. Y entonces, la imposibilidad material o política de implementar sus promesas lleva, inevitablemente, a más ataques al establishment y sus instituciones. En la versión brasileña de esta película, esos ataques llevaron a tomar decisiones trágicas y anticiencia durante la pandemia, que afectaron la salud y la educación de la población: la pérdida de 700.000 vidas y un retraso en la formación, cuyo impacto se sentirá en las próximas décadas, así lo atestiguan.
En la economía, la incapacidad para dialogar e implementar las necesarias dañó el crecimiento durante 4 años. Las consecuencias políticas no fueron menos graves. Al asalto a la institucionalidad –con ejemplos literales como la invasión en Brasilia y en el Capitolio–, se sumó el aislamiento del mundo. ¿El resultado? Sociedades fracturadas, que dependen de la estabilidad de sus poderes judiciales para evitar un conflicto civil de resultados imprevisibles.
Para quien vio esas películas –aun con las peculiaridades nacionales–, las conclusiones son las mismas: no hay salvación institucional fuera de la política; no hay milagros económicos que lleven a la alquimia de monedas; los personajes exóticos sin contenido no logran reformas; las sociedades complejas evolucionan solo con mecanismos que permiten la creación de consensos y no por medio de conflictos permanentes. Ojalá la sociedad argentina pueda comprender estas lecciones y evitar así la segura resaca del día después.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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