Por qué es bueno dejar que nuestros hijos se aburran
Si le quitamos el estigma negativo, es algo que puede estimular la creatividad y la resolución de problemas
Catherine Pearson
El aburrimiento es solo una emoción más
NUEVA YORK.– Tengo algunos recuerdos vívidos de los veranos de mi infancia: el olor de la parrilla, el chirriar de las cigarras y la sensación de estar aburridísima. Aunque tenía un horario más o menos estricto y pasaba largas temporadas en campamentos, había semanas en las que mis padres, que trabajaban, no llenaban mi agenda con casi nada, y les importaba poco si yo me sentía ocupada o entretenida.
Tal vez por eso hoy no soy la única que siente que es su deber como madre llenar los días de sus hijos con actividades y oportunidades de aprendizaje. Un estudio citado en un artículo de 2018 en el New York Times reveló que, independientemente de la educación, los ingresos o la raza, los padres creían que los niños que se aburren deben inscribirse en actividades extracurriculares. Como me explicó Erin Westgate, profesora adjunta de psicología de la Universidad de Florida, existe una especie de estigma cultural asociado al aburrimiento. Pero la realidad es que el aburrimiento es “normal, natural y saludable”, afirmó Westgate, cuya investigación se centra en qué es el aburrimiento, por qué lo experimenta la gente y qué le sucede cuando se aburre. “Pese al estigma que lo acompaña, el aburrimiento es una emoción”, señaló Erin Westgate y lo comparó con la luz indicadora del tablero de un auto: “El aburrimiento te dice que lo que estás haciendo en este momento no funciona”. Por lo general, significa que la tarea que estás haciendo es demasiado fácil o demasiado difícil, o que carece de sentido.
Una manera en la que los padres pueden ayudar a los niños (sobre todo a los más pequeños) a que aprendan a gestionar el aburrimiento es trabajar con ellos en el desarrollo de una mayor “granularidad emocional”. Por ejemplo, pueden ayudarlos a distinguir entre sentirse tristes o aburridos. “Nombralo y controlalo”, una frase acuñada por el psiquiatra Dan Siegel, es una técnica que muchos expertos en desarrollo infantil utilizan para ayudar a los niños a identificar sus sentimientos.
“Ellos suelen decir ‘me aburro’ cuando se sienten solos o quieren atención”, señaló Katie Hurley, doctora en trabajo social y autora del libro The Happy Kid Handbook. “Así que puede ser útil preguntarles si están buscando consuelo o compañía”, dijo.
Además, hacé lo posible por normalizar el sentimiento. “Tenemos una tendencia a tratar el aburrimiento como una señal de angustia o una especie de llamada de auxilio”, aseveró Hurley. “Es incómodo, pero no es necesariamente negativo”.
El aburrimiento les ofrece a los niños la oportunidad de experimentar con actividades que les resultan satisfactorias e interesantes. Por ejemplo, si dejás a tus hijos solos en el jardín, es posible que al principio se aburran, pero pueden aprender a evitar esa sensación, o a resolverla, encontrando actividades que les parezcan significativas, ya sea contar bichos, jugar con una pelota o dibujar con una tiza. Si los padres no permiten el juego libre e imaginativo, es posible que los niños nunca descubran su amor innato por la naturaleza, los deportes o el arte, o incluso el placer que pueden encontrar solo relajándose o jugando.
“Los padres le temen al aburrimiento y los estragos que puede causar en casa”, explicó Hurley, pero el tiempo libre deja espacio para el descubrimiento. Hurley recomienda revisar el horario semanal de tu hijo y preguntarte: “¿Hay algo que podamos quitarle y llamarlo simplemente ‘tiempo libre para relajarse’?”.
No obstante, los padres no deben esperar que los niños sepan por instinto qué puede ser significativo para ellos. Ellos deben recordarles a sus hijos las cosas que les interesan o les importan. “Es la diferencia entre dejar al niño en una habitación sin absolutamente nada que hacer y llevarlo a una habitación en la que sabés que hay libros y rompecabezas y que encajarían bien con tu hijo”, dijo Westgate .
Hurley comentó que los niños de 5 años o menores necesitan un menú de opciones específicas para combatir el aburrimiento, o que les hagan preguntas como: “¿Querés jugar con Legos? ¿Querés salir al aire libre?” Además, añadió que los padres suelen sentirse presionados a sentarse en el suelo y jugar con los niños pequeños cada vez que se aburren, pero eso puede impedir que estos aprendan que son capaces de dar rienda suelta a su imaginación. Con niños un poco más grandes, Hurley dice que se les puede decir algo como: “Date un paseo por la casa, pensá en 3 ideas y volvé a decírmelas”. Una vez que los niños pasan de un estado de aburrimiento a la acción positiva, “se abre la creatividad, la resolución de problemas y todo tipo de habilidades de aprendizaje”.
Las pantallas requieren poco esfuerzo, señaló Westgate, por lo que niños y adultos suelen recurrir a ellas para calmar la sensación de aburrimiento. “En el caso de los niños, es lógico que pidan pantallas cuando están aburridos, pero eso no significa que sea lo mejor”.
NUEVA YORK.– Tengo algunos recuerdos vívidos de los veranos de mi infancia: el olor de la parrilla, el chirriar de las cigarras y la sensación de estar aburridísima. Aunque tenía un horario más o menos estricto y pasaba largas temporadas en campamentos, había semanas en las que mis padres, que trabajaban, no llenaban mi agenda con casi nada, y les importaba poco si yo me sentía ocupada o entretenida.
Tal vez por eso hoy no soy la única que siente que es su deber como madre llenar los días de sus hijos con actividades y oportunidades de aprendizaje. Un estudio citado en un artículo de 2018 en el New York Times reveló que, independientemente de la educación, los ingresos o la raza, los padres creían que los niños que se aburren deben inscribirse en actividades extracurriculares. Como me explicó Erin Westgate, profesora adjunta de psicología de la Universidad de Florida, existe una especie de estigma cultural asociado al aburrimiento. Pero la realidad es que el aburrimiento es “normal, natural y saludable”, afirmó Westgate, cuya investigación se centra en qué es el aburrimiento, por qué lo experimenta la gente y qué le sucede cuando se aburre. “Pese al estigma que lo acompaña, el aburrimiento es una emoción”, señaló Erin Westgate y lo comparó con la luz indicadora del tablero de un auto: “El aburrimiento te dice que lo que estás haciendo en este momento no funciona”. Por lo general, significa que la tarea que estás haciendo es demasiado fácil o demasiado difícil, o que carece de sentido.
Una manera en la que los padres pueden ayudar a los niños (sobre todo a los más pequeños) a que aprendan a gestionar el aburrimiento es trabajar con ellos en el desarrollo de una mayor “granularidad emocional”. Por ejemplo, pueden ayudarlos a distinguir entre sentirse tristes o aburridos. “Nombralo y controlalo”, una frase acuñada por el psiquiatra Dan Siegel, es una técnica que muchos expertos en desarrollo infantil utilizan para ayudar a los niños a identificar sus sentimientos.
“Ellos suelen decir ‘me aburro’ cuando se sienten solos o quieren atención”, señaló Katie Hurley, doctora en trabajo social y autora del libro The Happy Kid Handbook. “Así que puede ser útil preguntarles si están buscando consuelo o compañía”, dijo.
Además, hacé lo posible por normalizar el sentimiento. “Tenemos una tendencia a tratar el aburrimiento como una señal de angustia o una especie de llamada de auxilio”, aseveró Hurley. “Es incómodo, pero no es necesariamente negativo”.
El aburrimiento les ofrece a los niños la oportunidad de experimentar con actividades que les resultan satisfactorias e interesantes. Por ejemplo, si dejás a tus hijos solos en el jardín, es posible que al principio se aburran, pero pueden aprender a evitar esa sensación, o a resolverla, encontrando actividades que les parezcan significativas, ya sea contar bichos, jugar con una pelota o dibujar con una tiza. Si los padres no permiten el juego libre e imaginativo, es posible que los niños nunca descubran su amor innato por la naturaleza, los deportes o el arte, o incluso el placer que pueden encontrar solo relajándose o jugando.
“Los padres le temen al aburrimiento y los estragos que puede causar en casa”, explicó Hurley, pero el tiempo libre deja espacio para el descubrimiento. Hurley recomienda revisar el horario semanal de tu hijo y preguntarte: “¿Hay algo que podamos quitarle y llamarlo simplemente ‘tiempo libre para relajarse’?”.
No obstante, los padres no deben esperar que los niños sepan por instinto qué puede ser significativo para ellos. Ellos deben recordarles a sus hijos las cosas que les interesan o les importan. “Es la diferencia entre dejar al niño en una habitación sin absolutamente nada que hacer y llevarlo a una habitación en la que sabés que hay libros y rompecabezas y que encajarían bien con tu hijo”, dijo Westgate .
Hurley comentó que los niños de 5 años o menores necesitan un menú de opciones específicas para combatir el aburrimiento, o que les hagan preguntas como: “¿Querés jugar con Legos? ¿Querés salir al aire libre?” Además, añadió que los padres suelen sentirse presionados a sentarse en el suelo y jugar con los niños pequeños cada vez que se aburren, pero eso puede impedir que estos aprendan que son capaces de dar rienda suelta a su imaginación. Con niños un poco más grandes, Hurley dice que se les puede decir algo como: “Date un paseo por la casa, pensá en 3 ideas y volvé a decírmelas”. Una vez que los niños pasan de un estado de aburrimiento a la acción positiva, “se abre la creatividad, la resolución de problemas y todo tipo de habilidades de aprendizaje”.
Las pantallas requieren poco esfuerzo, señaló Westgate, por lo que niños y adultos suelen recurrir a ellas para calmar la sensación de aburrimiento. “En el caso de los niños, es lógico que pidan pantallas cuando están aburridos, pero eso no significa que sea lo mejor”.
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