Cortocircuitos detrás de un guiño a la casta gremial
Francisco Jueguen
El viernes pasado por la mañana, el titular de la AFIP, Carlos Castagneto, dio una charla sobre la importancia de la “progresividad” en el sistema tributario argentino. El exarquero cuestionó las narrativas que afirman que “los impuestos son uno de los males que hay que eliminar”. Luego afirmó que solo los gobiernos de “raigambre nacional y popular” usan la política tributaria como una herramienta de la justicia social, un concepto bajo ataque de los libertarios de Javier Milei.
Solo unas horas antes, el ministro de Economía y candidato a presidente de Unión por la Patria, Sergio Massa, había prometido –como alguna vez hizo Mauricio Macri en campaña electoral– terminar con el impuesto a las ganancias para “todos los trabajadores”. Ganancias, explicaron luego en la AFIP, es el ícono de la progresividad; es todo lo contrario de lo que significa el “impuesto inflacionario”. Tras la disertación, a Castagneto le preguntaron sobre esa contradicción. No hubo una respuesta clara de parte del hombre cercano a la vicepresidenta Cristina Kirchner.
Massa festejó la suba del piso mínimo de Ganancias a $1.770.000; lo acompañaron los camioneros de Pablo Moyano, entre otros gremios. Ese piso equivale a 22 canastas básicas para un adulto, la línea que delimita la pobreza, que afecta a 4 de cada 10 argentinos. La de ayer es una medida orientada a poco más de 700.000 personas (no incluye a los autónomos) y no a 18 millones de pobres, cuyos bolsillos son saqueados por el 21% de IVA que el Estado recauda por la marejada alta de precios. Esta semana se conocerá el IPC de agosto, el posterior a la devaluación. Se espera que sea de alrededor del 12%.
En palabras de Castagneto, tendría poco de “raigambre nacional y popular” y más de operativo seducción de la casta gremial, a cuyos trabajadores –no informales o cuentapropistas– se les escapan los aumentos en las paritarias gracias a un impuesto distorsionado y una inflación descontrolada. Vale recordar los artilugios que debió usar YPF la semana pasada para que 14.000 trabajadores no tuvieran que dejar sus aumentos de sueldo en las arcas del Estado.
Ahora solo quedarían 90.000 personas arriba del nuevo piso de casi US$2500 al blue, o sea, ellos son los ricos de la Argentina.
Tales incoherencias dentro de la propia coalición de gobierno abren preguntas que se extienden hacia las orillas de otros jugadores del sistema, o como lo denomina Milei, “la casta”. Hay un consenso positivo alcanzado en el país: hay que terminar con el déficit fiscal. Pero es un consenso todavía vacío. Nadie aclara cómo. Contarlo, todos creen, agregará dolor a las consignas proselitistas. Ir al equilibrio –podría tranquilamente decir Milei– es tocar lo sagrado: la caja de esa casta.
Massa avanza con su habitual osadía. Se enarbolará esa semana en la bandera del superávit fiscal, pese a que acaba de resignar ingresos. El viernes, el ministro debería girar su proyecto de presupuesto 2024 al Congreso. Espera ir a un superávit de 1%, pero con trampa. Solo se llegará a ese destino si el costo político del ajuste lo paga el sistema con un acuerdo, algo imposible entre facciones enfrentadas de la clase política. Caso contrario, el rojo llegaría a 1,9% del PBI este año y 0,9% en 2024, según el FMI.
¿Cómo sería ese ajuste socializado? Como intentó Massa, sin suerte, el año pasado. Con una “separata” de gastos tributarios que los legisladores son libres de eliminar para bajar el déficit. Allí se incluyen no solo los principales gastos tributarios vigentes, sino también un conjunto de beneficios impositivos con impacto presupuestario. Por ejemplo, las exenciones en el impuesto a las ganancias al Poder Judicial o asociaciones civiles costarán en 2024 más de $950.000 millones; las alícuotas deIVAreducidas,$2,1billones;losregímenes de promoción económica como los de Tierra del Fuego, $1,1 billones; los regímenes especiales para pymes, $524.000 millones, entre otros. Según los cálculos del equipo de Massa, todos estos representarán 4,68puntosdelPBI,loquesetraduce en $16,4 billones (el doble de lo que representaron durante este año). Un paréntesis sobre los supuestos incluidos en el proyecto: si el Gobierno confía en el acuerdo con el FMI y el reporte del staff, podría hablarse de una inflación promedio este año de 115,2% (ya no de 60%) y una caída del PBI de 2,5%. Para 2024, un rebote de 2% y precios al 80,3%.
Los demás contendientes a la presidencia también hablan de “déficit cero inmediato” o de “pasar la motosierra”, pero los detalles desde los equipos técnicos escasean. “Responsabilidad fiscal con déficit cero inmediato”, dice el escueto programa de Patricia Bullrich. No hay números. Lo mismo pasa con Milei, cuya plataforma propone una reforma previsional y privatizar las empresas públicas para reducir el gasto. En su plan de gobierno se explica que se quiere bajar el gasto 15 puntos del PBI, pero no se afirma cómo. Magia.
Según el Iaraf, en 2024 se requerirá un esfuerzo fiscal mínimo del 3,7% del PBI para alcanzar el equilibrio fiscal. Massa, ayudado por la alta inflación, está haciendo el ajuste. El gasto representaría 19,8% del PBI en 2023 (en 2022 era 20,3%). Se apunta a achicar los subsidios, a licuar salarios de empleados públicos y jubilaciones en el segundo semestre, y a bajar las transferencias a empresas públicas y las provincias.
Por el lado de los ingresos, Massa extendió el impuesto PAIS a casi todas las importaciones (fue lo que más subió en la recaudación de agosto) y se obligó a las empresas a pagar anticipos por esas compras (además de cobrar las percepciones incluidas en los tipos de cambio diferenciales); se suma que a las empresas se les negó usar los certificados de exclusión de Ganancias e IVA. Es un paquete que emula el impuesto a la riqueza y el “gravamen de aumento de la renta por la guerra” (anticipos compulsivos de ganancias en 2022).
Massa pidió que con los pesos extras no se compren dólares ni bienes dolarizados. Es un camino pedregoso. El sector privado –que en agosto tuvo bloqueado el CEF– comenzó a notar un nuevo “error” en la página de la AFIP. Se lo conoce como “F24” y bloquea el sistema. Hubo compromiso de solucionarlo el fin de semana. A eso se sumó una aclaración del BCRA para los CEO y accionistas de empresas. Si sus firmas acceden al dólar oficial, esos directivos no pueden comprar MEP. La aclaración del Banco Central de la semana pasada buscó contener versiones.¿Existíael temor de que se usaran pesos extras en operaciones por cuenta y orden de terceros para comprar dólares para esos directivos? Ahora quedó claro que está prohibido.
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“Compren un autito argentino, no me vayan a comprar dólares”
Plantado en el escenario junto a la cúpula de la CGT, y luego de anunciar formalmente la suba del piso de Ganancias a $1.770.000, Sergio Massa no tardó demasiado en pedir el voto de los militantes gremiales que lo rodeaban en la Plaza de Mayo. Pero antes, eso sí, el candidato a presidente de Unión por la Patria deslizó otro ruego, directamente ligado a una de las urgencias que enfrenta su gestión en el Palacio de Hacienda: “Compren un autito, no me vayan a comprar dólares”, imploró a la audiencia.
“Por un lado, quiero pedirles que cuidemos nuestra economía y que si tienen que ahorrar, compren un autito, algún bien producido en la Argentina, no me vayan a comprar dólares”, fue el pedido del ministro de Economía, que apuntó directamente a la crisis de reservas del Banco Central, un problema que impacta no solo en la capacidad del Estado de afrontar sus compromisos internacionales, sino en el estrangulamiento de las importaciones de insumos para la industria local, con su inevitable impacto sobre los niveles de actividad.
Lejos de ahondar en las responsabilidades detrás de ese escenario, Massa dio una vuelta de página para pedirles el voto a los militantes. “Lo segundo que les quiero pedir, con un enorme respeto: en los próximos 45 días se juega el futuro de la Argentina. Lo que se juega es si somos un país que defiende la educación pública, el trabajo y la industria nacional, que defiende la soberanía y su moneda, o si somos un país en el que los trabajadores pierden sus derechos, pierden la posibilidad de educar a sus hijos de manera gratuita y perdemos el país de desarrollo industrial.
“Les quiero pedir de todo corazón, pensando en el país, en el futuro, en el trabajo y en aquello que no tienen trabajo, en la industria nacional y la universidad pública, que hagamos todo el esfuerzo posible para construir, el 22 de octubre, el triunfo de los trabajadores, el triunfo del peronismo, el triunfo del futuro. Depende de ustedes, o volvemos al 2015 o caminamos para adelante”, completó el candidato.
No fue la única crítica que el candidato dirigió a la oposición, que anticipó su rechazo al proyecto que enviará al Congreso, donde ya se opuso al blanqueo enviado por Massa. “Esperamos que aquellos que no nos permiten cobrar impuestos a los que tienen plata en el extranjero al menos se dignen a aceptar que los trabajadores y trabajadoras no paguen más el impuesto a las Ganancias”, disparó.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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