¿Un nuevo escalón a la hiperinflación o solo un fogonazo tras la devaluación?
Francisco Jueguen
¿ Los argentinos están ante el riesgo de otra hiperinflación en el país? ¿O sólo se enfrentan a un fogonazo puntual luego de la devaluación oficial en un régimen que venía ya con precios recalentados? No existe una respuesta definitiva. Puede decirse, sí, que hay señales confusas. La sola posibilidad de que puedan formularse estas preguntas indica que una espiralización no puede ser hoy descartada por la profunda crisis de confianza que atraviesa al Gobierno y por el tiempo electoral.
El riesgo de hiperinflación existe. ¿Qué alimenta ese peligroso cóctel con nafta? Los ingredientes son una caja en rojo, la impresión de pesos que nadie quiere y el vacío de poder político. Un menú acompañado por una devaluación desordenada, falta de dólares, una “maquinita” de emisión que funciona con inercia propia y un ministro de Economía, Sergio Massa, que participa de una campaña en la que aún tiene posibilidades –por lo que tensiona la caja– mientras ocupa de hecho la presidencia debido al exilio informal de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.
Hay que decirlo. La posibilidad, ratificada por el gran ganador de las PASO, Javier Milei, de implementar una dolarización agrega una pizca de incertidumbre. Carlos Rodríguez, colaborador cercano del libertario, dijo públicamente que para hacerla inmediatamente se requieren una hiperinflación y un plan Bonex. En definitiva, un homenaje a las recetas de los 80 y 90.
En cambio, en el Palacio de Hacienda afirman que los saltos de agosto y septiembre no son un nuevo escalón para la inflación, sino la reacción aislada a la devaluación de 27% pactada con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Creen que el traslado a precios se calmará por el tipo de cambio fijado a $350 hasta fines de octubre. El calendario del Indec no ayuda; aparte del dato de ayer, se espera –el 27 de este mes– la pobreza del primer semestre, que no traerá buenas noticias. Solo diez días antes de los comicios de octubre, se difundirá el IPC de septiembre. También se esperan dos dígitos. Lo descuentan incluso en el propio Gobierno.
¿Qué pasará con el dólar tras las elecciones de fines de octubre? Se verá con el resultado puesto. Economía dice que no hay fecha aún para la vuelta del crawling peg (microdevaluaciones diarias) pese al pedido del FMI de no atrasar el tipo de cambio si se busca acumular reservas en el Banco Central (BCRA).
“Veremos cómo se compensa fiscalmente la baja del impuesto a las ganancias”, contaron cerca de Massa. El primer paquete de medidas posterior al salto del dólar costó $730.000 millones. La suba del piso mínimo para eximir a los trabajadores de Ganancias pasará una factura de $1 billón a las arcas públicas, según números oficiales. Equilibra calculó que el total del gasto proselitista de Massa llega a $2,5 billones.
Los veteranos profesores de economía, algunos de los que se opusieron públicamente a la dolarización que plantea Milei, están azorados con el despilfarro que hace la política argentina de las posibilidades a futuro. Hay litio, hay cobre, hay Vaca Muerta, hidrógeno verde, economía del conocimiento, agronegocios e industria con valor agregado. Un ejemplo: una empresa argentina acaba de exportar 10 tapones de blindaje para centrales nucleares chinas, un hito histórico. Y no solo fallan los consensos básicos para aprovechar un 2024 que, por caso, ya no tendría la peor sequía en 20 años, como este año. Además, fallan las etiquetas ideológicas: hay populistas con tipo de cambio bajo que solo beneficia a grandes empresas –las que acceden al dólar– o que bajan impuestos a los ricos, y libertarios que para impulsar su plan parecen hasta estar dispuestos a licuar la propiedad privada depositada en los bancos. Ellos niegan, sin embargo, esa posibilidad.
Hacen falta señales
Los fundamentals de la economía argentina no serían hoy el problema más acuciante, piensan algunos expertos. Sí, en cambio, la falta de credibilidad. ¿Cómo se resuelve? Para los que no leen papers económicos, vale usar el cine. Una mente brillante, estrenada en el triste 2001 de la Argentina, retrata la vida de John Nash, el matemático que ganó el Premio Nobel en 1994 por sus aportes a la teoría del juego. Una de las cosas que mostró aquella famosa escena del bar es que las señales sirven para coordinar determinadas acciones (o equilibrios) difíciles de sostener en el tiempo.
“Si un político vende que va a tener un Banco Central independiente, pero tiene déficit fiscal, a ese no se le puede creer nada. Va a necesitar imprimir plata. Pero si uno te dice que va a tener un superávit de 2%, pero que aún no tiene definido qué hace con el BCRA, es otra cosa, porque la señal clave es que va a arreglar las cuentas. No va a emitir”, simplificó un curtido economista.
El plan de Massa no da hoy las señales correctas que espera el mercado. Devaluó sin un plan integral, armó un “plan platita” más amplio de lo esperado por el Fondo, la emisión sigue creciendo (el stock de pasivos remunerados está en 13,7 puntos del PBI; las Leliq llegaron a $20 billones; en agosto se cancelaron adelantos transitorios, pero se giraron utilidades, se volcaron $900 millones por la ejecución de puts bancarios tras las elecciones primarias, sumados a la compra de bonos para sostener precios, y hubo además una emisión “virtuosa” de $514 millones por compra de dólares, según LCG) y pese a que su figura política desancló la política económica de la interna oficialista, la pareja presidencial se esconde.
A contramano, en Economía creen que, luego del bimestre agosto-septiembre la inflación “debería bajar bastante”. Esas expectativas estarían ancladas, pese a que Massa lo critique, en la letra de molde estampada en el último acuerdo con el FMI. De hecho, en el staff report de la quinta y sexta revisión, el organismo internacional prevé una baja a un 5% mensual de la inflación. Es probable, sin embargo, que el Fondo mire con asombro las medidas de Massa.
En el acuerdo, el ancla para normalizar la economía es la fiscal. El ministro se comprometió bajar 16% el gasto, retirar subsidios a la luz y el gas en segmentos medios y bajos, a reducir salarios públicos en el segundo semestre, mantener la fórmula actual para los jubilados (que les ha dado pérdidas reales), limitar el ingreso a la moratoria previsional y frenar transferencias a empresas públicas y provincias, muchas de ellas, destinadas al gasto de capital (obra pública). La duda es, claro, ¿cumplirá Massa si mantiene sus chances electorales? El mundo de los privados está mirando eso.
Con los ingresos, Massa suma pesos gracias a la generalización del “impuesto a los bienes internacionales”, como denominó a la extensión del impuesto PAIS a las importaciones, una devaluación fiscal que agregó costo país a los productos en los supermercados. Ese impacto llegó en agosto. Ese gravamen se cobra por anticipado. A eso se suma la imposibilidad de los importadores de usar los saldos disponibles con la AFIP a través de certificados de exclusión de Ganancias e IVA. Pero el mayor aporte a la recaudación lo hacen los pobres con la inflación.
Pese al riesgo de espiralización, y más allá de que el contexto internacional –y el clima– puede ayudar al país en 2024, el espíritu de época trae alguna buena noticia. Todas las narrativas políticas que componen la oferta electoral prometen eliminar el déficit fiscal. El orden de las cuentas dejó de ser una mala palabra. El problema, claro, es la accountability sobre la política.
Hacia adelante
Massa tenía previsto proponer, con “separata” (un documento anexo que estimula al Congreso socializar el ajuste bajando más de 4 puntos del PBI), un de superávit de 1% del producto para 2024; si no habrá gradualismo a lo Mauricio Macri. Tanto Patricia Bullrich como Javier Milei prometen equilibrio fiscal inmediato. Ninguno dice cómo lograrán esa meta con 40% de pobreza.
No faltarán tentaciones populistas que traten –como hace el kirchnerismo– de echar culpas de la inflación a las empresas privadas y a su rentabilidad. Las compañías criollas serían, para el perimido relato de los “técnicos” cristinistas, las más avariciosas de todo el planeta. Y eso que algunas están en otros países sin inflación. Si se ampliaron márgenes es como cobertura ante la crisis de precios, brechas e incertidumbre a la hora de reponer mercadería que genera el propio Gobierno con sus políticas. Es una ventaja de adaptación que tienen las empresas y de la que carecen los pobres.
No hay que perder las esperanzas con la Argentina. Un buen diagnóstico es el principio de una solución. Si es consensuado por la política, como parece pasar actualmente, puede ser la base para una política pública duradera, a su vez, la clave para generar mayor credibilidad. Es posible sortear los riesgos palpables de repetir la historia de los 80 y dejar atrás el mal trago inflacionario que agobia a todos los argentinos en la actualidad. Solo hay que dar señales claras y contundentes
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Economía adelantó un “efecto arrastre” para este mes
Lo anticipó el viceministro, Gabriel Rubinstein, en un comunicado en la red X
La Secretaría de Política Económica, a cargo de Gabriel Rubinstein, adelantó en un comunicado –que se dio a conocer en redes sociales– que la cifra de inflación para septiembre será similar a la de agosto debido a un efecto “arrastre”, como consecuencia del salto devaluatorio del 22% impulsado por Sergio Massa un día después de las PASO.
“En agosto, el alto nivel de inflación ha estado influido por las subas del tipo de cambio nominal, en especial el salto del 14 de agosto. En septiembre, se evidenciará también el efecto ‘arrastre’ derivado de dicha devaluación”, pronosticó el viceministro luego de que el Indec divulgara el dato inflacionario mensual más alto en los últimos 30 años.
En lo que a octubre, noviembre y diciembre refiere, el escrito publicado en la red social X (la ex Twitter) destacó: “En adelante, esperamos una significativa reducción de las tasas de inflación [para después de septiembre], lo cual podría evidenciarse en las mediciones de las tasas semanales de inflación”. El resto del comunicado pone la lupa sobre los rubros con mayor aumento tuvieron durante agosto.
Fuerte salto
“Alimentos y bebidas lideró la inflación del mes con un incremento del 15,6%, debido aumento de la carne (24,6%) tras meses de estabilidad”, adujo el documento de la Secretaría de Política Económica. “También se registraron aumentos de dos dígitos en alimentos como pan y cereales (12,2%), infusiones (12,2%), azúcar y dulces (11,8%), frutas (11,2%) y verduras (18,2%)”, sumó.
Luego profundizó: “Otros rubros que aceleraron su tasa de inflación, afectados por la dinámica del tipo de cambio oficial de mediados de agosto, fueron medicamentos (18,3%), equipamiento y mantenimiento del hogar (14,1%), restaurantes y hoteles (12,4%), recreación y cultura (11,6%) y autos (11,1%), entre otros”.
“Además, se registraron aumentos de bienes y servicios regulados como combustibles (11,1%), gasto en prepagas (8,6%) y educación (8,7%)”, cierra.
Tanto el Ministerio de Economía, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) creen que si se aplica el acuerdo sellado entre ambos, la suba mensual de precios puede descender a un 5% mensual a partir de octubre. Sin embargo, en el propio Fondo ven con algunas dudas las últimas medidas tomadas por el ministro de Economía y candidato de Unión por la Patria, Sergio Massa, ya que implica más gasto y por lo tanto va en contra de la aceleración de la consolidación fiscal reclamada por el organismo al gobierno argentino. Para el año, el Fondo prevé una inflación promedio de 115% (el doble de la del presupuesto). Sin embargo, economistas creen que puede ser mucho más elevada
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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